Bioplastificante cubano pasa prueba de fuego

Por vez primera, se produjo hormigón a escala industrial en Cuba usando un aditivo plastificante creado a partir de microorganismos eficientes.

Foto: cortesía de Fernando Martinera

El uso de plastificantes en Cuba puede representar hasta el 15 por ciento del costo de un metro cúbico de hormigón.

La Habana, 5 ago.- Para mediados de 2014 se prevé que el sector de la construcción disponga de un aditivo de factura nacional, que mejora las propiedades de los hormigones producidos hasta el momento, informó el ingeniero José Fernando Martirena.

El pasado 31 de julio se realizó la primera fundición a escala industrial usando un hormigón producido con un aditivo denominado “MEF” (micro-organismos eficientes Finlay), anunció vía correo electrónico a medios de prensa Martirena, director del estatal Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM).

El MEF es el producto resultante del trabajo de colaboración entre dicho centro, ubicado en la central Villa Clara, a 268 kilómetros de La Habana, la Estación Experimental de Forrajes “Indio Hatuey” y  el Instituto “Carlos J. Finlay”, entre otras entidades.

Para la experiencia constructiva, “se produjeron 4 metros cúbicos de hormigón en la planta de pre-mezclado de la Empresa Constructora de Obras para el Turismo, ECOT, que construye los hoteles de la cayería norte de Villa Clara”, amplió el investigador.

A su juicio, “esta primera fundición será entonces recordada como el momento histórico que permitió convencer a los incrédulos de las bondades del bioplastificante”.

En el documento enviado a la prensa, Martirena citó a José Artiles, técnico al frente de la dosificación del hormigón, por parte de la Unidad Básica de la Industria de Materiales de la ECOT.

“El aditivo produce unas interesantes mejoras en la laborabilidad de las mezclas de hormigón, que hacen más humano el trabajo de colocación (…)  El hormigón resultante es mucho más coherente y no presenta problemas como la exudación o segregación del árido”, valoró Artiles.

No obstante, el director del CIDEM puntualizó que “el plastificante, provisionalmente denominado “MEF”, está aún en su fase de desarrollo”.

“El principal problema en la actualidad es la alta dilución con la que se produce, que obliga a usar altas dosis del producto para lograr el efecto deseado. El equipo trabaja en dar solución a este problema, y se espera que en breve se puedan anunciar buenas noticias”, continuó.

Más adelante, advirtió que “este producto podría ser presentado, a mediados del 2014, a las autoridades técnicas cubanas para su certificación para la comercialización y uso”.

El estudio y desarrollo de ese aditivo plastificante en hormigones data de 2008.

El pasado año el estatal Instituto “Carlos J. Finlay” decidió montar una producción industrial de microorganismos eficientes con el objetivo de abastecer el mercado agropecuario y doméstico cubano.

“Hoy hay montada una capacidad de producción industrial de unos 12 millones de litros anuales”, aseguró Martirena.

El CIDEM comenzó a colaborar, desde mediados de 2012, en “el desarrollo de un producto industrial con propiedades plastificantes, que pudiera ser comercializado a la industria cubana”.

A partir de ese momento, se formó un equipo multidisciplinario, integrado por microbiólogos, químicos e ingenieros civiles, que “ha estudiado y modificado el producto hasta llevarlo a un punto donde ha podido ser usado como sustituto de los plastificantes comerciales”, apuntó el especialista.

Además, estimó que para el empleo del MEF “fue crucial la colaboración con la Asociación Económica Internacional, AEI-UCM-BBI, que construye en la cayería norte (de la isla de Cuba), que desde los inicios mostró interés en favorecer la introducción inmediata de este resultado con carácter experimental en sus obras”.

La producción y venta internacional de aditivos plastificantes, que permiten al hormigón alcanzar la consistencia deseada con la menor cantidad de agua posible, constituye un monopolio perteneciente a empresas ubicadas en países industrializados, principalmente europeos.

Un metro cúbico de hormigón de 30 megapascal consume entre tres y 12 litros de estos aditivos, que hoy se producen en Cuba de forma cooperada con empresas europeas. El precio de cada litro oscila de uno a cinco dólares. (2013)

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