Comunidades cubanas meditan por una cultura de paz

En la isla existen unas 10 agrupaciones que regularmente incorporan técnicas de meditación.

Jorge Luis Baños - IPS

Las meditaciones en espacios abiertos y zonas verdes del centro habanero invitan a la paz y al cuidado del ambiente.

LA HABANA, abr (IPS) – Cuando las presiones de la vida cotidiana atentan contra la salud humana, hay quienes en Cuba promueven la meditación como ejercicio para el cuidado de la mente, el cuerpo y la formación de una cultura de paz.  

“La gente busca caminos hacia la paz interna, para vivir alejados del estrés. Disponer de mecanismos para la relajación es hoy una necesidad a gritos, presente en todas partes”, dijo a IPS el promotor cultural Juan Dávila, quien identifica alrededor de 10 grupos en esta isla caribeña que regularmente incorporan estas técnicas.

Dávila coordina desde 2009 el proyecto socio-cultural comunitario OM Meditación, Salud y Creación, desarrollado en áreas del Casco Histórico de la capital cubana y con el apoyo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH).

De manera autogestionada, OM Meditación organiza encuentros masivos en parques y plazas, imparte cursos y traza alianzas con colectivos capitalinos y de las ciudades de Holguín y Santiago de Cuba, a 689 y 847 kilómetros de La Habana, respectivamente.

Esta tradición, inserta en culturas como el budismo, el hinduismo, el judaísmo y las de los pueblos originarios de América, se extendió en este país caribeño hace alrededor de 20 años.

“Se trabaja con un enfoque inclusivo y de confluencia de saberes, para agrupar a todas las formas serias y regularizadas de la meditación”, explicó el seguidor de la Ascensión de los Ishayas, una de las técnicas practicadas en la isla junto a la trascendental, activa y del budismo zen (corriente que sigue las enseñanzas de Buda), entre otras.

Hoy se siguen numerosas modalidades como las anteriores, difíciles de comprender, y maestros y terapeutas crean otras nuevas. Pero siempre deben tener rasgos como alcanzar un estado de concentración sobre el presente, liberar la mente, focalizar el pensamiento solo en Dios, la respiración o la recitación constante de palabras.

Proyectos de salud y comunitarios, investigadores y grupos religiosos se integran para este fin con instituciones como la Sociedad Cultural “José Martí”, la Facultad de Ciencias Médicas de Holguín, el Instituto Superior de Diseño, la Dirección Nacional de Medicina Natural y Tradicional y el Centro de la Danza, entre otras.

“Construimos un espacio ecuménico para compartir estos conocimientos en un trabajo dirigido hacia la comunidad, el cuidado del ambiente y la convivencia integrada del ser humano con la naturaleza”, detalló Dávila, quien define la meditación como “el tronco común” para unir iniciativas de diverso corte.

A fines de marzo, 40 personas relacionadas con OM celebraron la primera meditación colectiva en la Quinta de los Molinos, futuro parque ecológico habanero, donde el proyecto tendrá una nueva sede.

Entre sus metas, está adscribirse a la organización no gubernamental Sociedad Civil, Patrimonio, Comunidad y Medio Ambiente, acompañada por la OHCH.

Con sus propios recursos y el apoyo de instituciones de la OHCH, OM convocó en 2011 al primer Encuentro Internacional de Meditación, para tender redes entre seguidores en Cuba y otras latitudes, al cual asistieron más de 400 personas.

Ahora se prepara la segunda edición para junio, con tiempo para citar a todos los grupos del país. Entre ellos se encuentra “Arcoíris de Cuba”, coordinado desde 1999 por la terapeuta floral Liana Liz Pérez, quien invita a la meditación y “promueve el equilibro individual y colectivo”.

“Los esfuerzos comunitarios están revolucionando el pensamiento y la ciudadanía”, enfatizó la farmacéutica, en diálogo con IPS.

“No convocamos a una sanación: solo al crecimiento integral y espiritual comunitario a través de la terapéutica floral”, dijo sobre el programa sito en el municipio habanero de Marianao.

Liz Pérez imparte un taller sobre el uso con fines curativos de esencias de flores silvestres en el Aula Ecológica de la Quinta de los Molinos.

Durante el siglo XX, tradiciones de este tipo se popularizaron en el orbe, cayeron en el mercado de consumo y se rodearon de mitos. Algunas personas, incluso en Cuba, suelen creer que métodos de la medicina natural y tradicional, como la meditación, curan todos los padecimientos y llegan a rechazar o negar la medicina occidental.

Para Martha Pérez, jefa del Departamento de Medicina Natural y Tradicional del Ministerio de Salud Pública, su ejercicio representa “un componente del estilo de vida, como los ejercicios o la dieta, que parte de una decisión personal de cómo vivir”.

“No debemos presentarla como una panacea capaz de curar una u otra enfermedad, pues podemos crear falsas expectativas”, señaló la médica en conversación con IPS.

Opinó, además, que “la práctica de ejercicios que combinan la respiración, el movimiento y la meditación pueden favorecer no solo al individuo sino también al ecosistema en que vive”.

El ingeniero aeronáutico Roberto González, de 62 años, libera su mente desde hace dos décadas con esta técnica milenaria. Narró a IPS que lo ayuda a “vivir con mucha alegría y lucidez mental”. “Soy mejor esposo, padre, compañero, trabajador y más útil para la sociedad”, apuntó.

El Ministerio de Salud Pública desarrolla desde 1991 un programa en medicina natural y tradicional, una de las alternativas trazadas para afrontar en el sector el impacto de la crisis económica que soportó el país en esos años. Así se extendieron terapias como la acupuntura, y maestros de meditación dictaron los primeros seminarios.

Es de reconocer que algunos usos y la forma de divulgar estas prácticas causan reticencias entre una parte de la comunidad médica local y científicos de ramas afines a los servicios de salud. No obstante, la meditación constituye “un campo virgen dentro de las ciencias cubanas”, comentó a IPS el médico Rafael Bestard.

El especialista, que la aplica al tratamiento de desórdenes psiquiátricos y las adicciones, aseguró que “mejora el comportamiento social”. Sus seguidores, sostuvo, ven crecer su “autoconfianza”, rendimiento laboral y se reducen los conflictos sociales, un obstáculo para la cultura de paz. (FIN/2012)

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