Especialistas de Cuba miran la enfermedad renal crónica con enfoque de género

Un panel indicó que son esenciales la prevención de los factores de riesgo y el cuidado de la salud de mujeres con esa dolencia.

El 10 por ciento de las mujeres adultas en el mundo padece de enfermedad renal crónica.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La Habana, 11 abr.- Los roles socialmente asignados a mujeres y hombres pudieran marcar diferencias para quienes padecen Enfermedad Renal Crónica (ERC), un asunto que especialistas consideran insuficientemente estudiado y que requiere de investigaciones y profundización.

El tema fue debatido en la última sesión científica de la no gubernamental Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad, el 6 de abril, donde un panel de expertos de la Sociedad Cubana de Nefrología expuso las características y complicaciones de esta enfermedad silenciosa.

De acuerdo con el médico Jorge Félix Pérez, presidente de la Sociedad Cubana de Nefrología, la ERC ocupó en 2017 la posición 13 entre las causas de muerte en Cuba, mientras factores de riesgo como la hipertensión arterial y la diabetes mellitus tenían en 2010 una prevalencia de 30,9 y 10,1 por ciento.

Desde 1999, en Cuba se registra un incremento progresivo de pacientes en diálisis, hasta llegar a 295 por millón de habitantes, según un anuario de salud en preparación, dijo.

Una mirada diferente

“El ritmo de vida acelerado, las influencias del entorno social, ecológico y personal impactan de manera significativa a las personas del siglo XXI, provocando en ellas problemas de salud (diabetes, hipertensión arterial y síndrome metabólico) que pueden derivar en enfermedades del riñón”, explicó la nefróloga Sayli Álvarez.

“En el caso de las mujeres, que usualmente nos ponemos en la escala del último, vamos a dejar la enfermedad para el final porque los niños están creciendo, el esposo tiene que seguir… (Ese comportamiento) nos lleva ser más hipertensas, descuidar el ejercicio y una dieta adecuada, lo que conduce a la ERC”, dijo.

Álvarez recalcó que 10 por ciento de las mujeres adultas en el mundo padece de enfermedad renal crónica, que se encuentra entre las primeras 20 causas de muertes femeninas.

La ERC requiere diálisis cuatro o cinco horas varias veces por semana lo que implica tener una fístula, abandonar el trabajo, enfrentar problemas matrimoniales y una vida nueva.

Esta dolencia, indicó la médica, requiere del acompañamiento permanente de un equipo multidisciplinario que pueda guiar a través de la enfermedad a quienes la padecen.

Existen estudios sobre la disfunción sexual en hombres que padecen ERC, sin embargo, son escasas las investigaciones sobre mujeres.

Una investigación realizada en 2013 con 659 mujeres atendidas en 27 clínicas de diálisis de Europa y Sudamérica, arrojó que cuatro de cada cinco padecía algún tipo de disfunción sexual, destacó.

La ERC, en sus diferentes fases, provoca trastornos psicológicos y orgánicos. Entre los orgánicos en mujeres con tratamiento conservador se encuentran alteraciones del ciclo menstrual, la disminución de la libido y el orgasmo, fatiga, taquicardia, vaginitis, infertilidad e insomnio.

Cuando requieren diálisis, en ellas aparece el aliento urémico, cambios de coloración de la piel, prurito, disnea, problemas estéticos con la fístula o el catéter y vaginitis atrófica. Y las mujeres con trasplante renal sufren aumento de peso, acné, vello no deseado, cicatrices quirúrgicas, obesidad, vaginitis e infecciones urinarias recurrentes.

Entre los trastornos psicológicos, están alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, problemas sociales y de convivencia, tendencia al aislamiento y cambios conductuales.

Estrés, ansiedad, sentimientos de inferioridad por cambios estéticos (hirsutismo, obesidad, cicatrices) y miedo a dañar el riñón durante el contacto sexual, sufren las mujeres con trasplante renal.

Existen alteraciones específicas en las edades extremas.

“Niñas y niños sufren mucho, están alejados de la escolaridad, tienen miedo a la vida, hay bullying (acoso escolar) en las escuelas por tener un catéter, la familia tiende a sobreproteger, las jovencitas tienen miedo (…) porque piensan: ¿quién se va a enamorar de mí?”, reveló Álvarez.

En la tercera edad aparece la depresión y la menopausia empeora la disfunción sexual de la paciente con ERC.

Retos

La sobrecarga “está afectando la salud de las mujeres, la hipertensa, la diabética, la que padece síndrome metabólico, la proteinuria… adónde van, a la ERC”, sostuvo Álvarez.

La médica recomienda sabernos cuidar, guiar nuestra vida y ocuparnos de la enfermedad, ser responsables de hacer ejercicios, darnos el tiempo suficiente para poder hacer las cosas que nos gustan, y transmitir ese modelo de generación en generación.

A juicio de la nefróloga, debería reconsiderarse el tratamiento laboral hacia estos pacientes, de manera que puedan reincorporarse al trabajo a tiempo parcial para contribuir a mejorar su calidad de vida.

Por su parte, la psiquiatra Ada Alfonso alertó que la ERC para las mujeres tiene una implicación no solo cuando enferma, sino también el rol que ellas tienen en la atención y cuidado de algún miembro de la familia que la padece.

“Aun cuando en diálisis hay menor número de mujeres que de hombres, se trata de mujeres en situación de cuidado en el hogar, porque más allá de los avances en materia de igualdad, ellas siguen responsabilizadas por el cuidado de los hijos, parejas, ancianos y todo lo `cuidable´, en condiciones muy complejas”, remarcó. (2018)

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