A debate las restricciones en la gestión cultural

Los mecanismos estatales no logran responder a las necesidades de consumo cultural en Cuba, advirtieron investigadores y artistas.

Jorge Luis Baños - IPS

La bloguera y promotora cultural del sitio web Cubaliteraria, Sandra Álvarez, reveló los conflictos que enfrentan personas como ella, con un trabajo cultural independiente a través de su bitácora Negra cubana tenía que ser

La Habana, 28 sep.- Las estructuras existentes en el país para el trabajo y la promoción cultural no aprovechan al máximo la creatividad de gestores y comunicadores, coincidieron especialistas convocados por la Casa de las Américas para debatir sobre el tema.

“Esto funciona de un modo muy aislado, heroico, con escaso uso de las capacidades tecnológicas…, muchas veces, a contrapelo de las instituciones y de las directivas”, resumió el crítico y escritor Víctor Fowler durante el III Taller Gestión cultural: comunicación y periodismo, que sesionó entre el 19 y 21 de este mes en la institución habanera.

El comunicador, en tanto orientador del gusto e ideólogo, debe concebir proyectos, lo cual no equivale a la realización de “actividades”, aclaró Fowler, en referencia a uno de los equívocos más comunes en las prácticas de este sector profesional de la isla caribeña.

Por otra parte, señaló, las actividades no tienen sentido si no abren puertas hacia el futuro, si no se planifican en el tiempo. A su juicio, esa proyección a largo plazo no ocurre en el país salvo en contadas excepciones.

Algunos proyectos e instituciones muestran, sin embargo, una mayor coherencia para satisfacer las demandas de consumo cultural de la población cubana. En ese caso, destacó a la Muestra Joven, un festival que apoya la creación y difusión del audiovisual hecho por realizadores menores de 35 años.

Esta iniciativa, pensada desde el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), tropieza actualmente con algunas barreras burocráticas tras haberse acercado al mundo de la producción independiente, explicó la docente e investigadora Danae C. Diéguez.

“El pensamiento institucional en general, atravesado por el verticalismo, se contrapone a la idea de gestión y dirección participativa que intentamos mantener como el equipo promotor de sinergias y equidad interna. La Muestra ha logrado incluir a hombres y mujeres jóvenes de todo el país”, subrayó.

Un engranaje burocrático adverso afecta también al Centro Teórico-Cultural Criterios, el cual, a pesar de haber publicado a más de 300 autores de campos como la estética, la filosofía y la comunicación, no es una entidad reconocida legalmente. Por esa razón, no tiene derecho a recibir ayuda económica extranjera para el trabajo editorial y la organización de conversatorios y cursos.

Su director, el intelectual Desiderio Navarro, opinó que en la isla persisten actitudes negativas hacia el avance de cualquier institución que se proponga construir un pensamiento “otro” sobre la cultura.

Navarro consideró que en la sociedad cubana hoy sería pertinente revisar qué factores objetivos obstaculizan el aprovechamiento de iniciativas de este tipo, en lugar de producir más acciones. El silencio en torno al pensamiento “diferente” puede llegar a neutralizar por completo sus propuestas, alertó.

La bloguera y promotora cultural del sitio web Cubaliteraria, Sandra Álvarez, reveló los conflictos que enfrentan personas como ella, con un trabajo cultural independiente a través de su bitácora Negra cubana tenía que ser, y otro que responde a los intereses institucionales.

“Necesitamos vivir con las instituciones, pero la legitimidad que ellas nos brindan a veces pone determinados límites a las aspiraciones de quienes, como yo, consideramos que no es posible hacer comunicación sin tomar partido”, dijo la trabajadora del sitio del estatal Instituto Cubano del Libro. (2012)

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