Acceso deficiente al agua afecta a cubanas

El problema influye de manera diferente en la vida de hombres y mujeres, determinó un estudio sobre el tema en un barrio habanero.

Jorge Luis Baños - IPS

El problema del agua define el estado emocional y las rutinas de vida de no pocas mujeres e, incluso, tiene un impacto en la salud.

La Habana, 12 abr.-   Las mujeres sufren con mayor rigor la falta de acceso directo al servicio de agua potable y saneamiento, con especial impacto sobre su salud, diagnosticó una investigación académica realizada en 166 hogares del barrio Jesús María, del municipio capitalino de La Habana Vieja.

El estudio abarcó 166 hogares, compuestos por un total de 528 personas, en las cuales prevalece la población femenina: 56.1 por ciento (296) frente al 43.9 por ciento (232) de hombres, explicó la profesora Reina Fleites, del departamento de Sociología de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.

El agua es mucho más que un componente de la naturaleza. “Su apropiación y uso incide sobre procesos de diferenciación social y aspectos de la salud que no solo son biológicos”, comentó la académica al presentar los resultados de la investigación, en una conferencia impartida en el Colegio Universitario de San Gerónimo de La Habana.

El 57 por ciento de los hogares encuestados son dirigidos por mujeres, con niveles educacionales tanto bajos como altos. El 61.9 de la población estudiada es mestiza y negra, 16, 7 por ciento trabaja en servicios y 14,1 por ciento son trabajadoras domésticas no remuneradas.

Al indagar por las dificultades de acceso al agua y saneamiento según género, se observó que las peores situaciones se viven en hogares encabezados por mujeres. Al respecto, en 23 de 40 hogares sin conexión domiciliaria de agua, el jefe de familia es una mujer.

También está encabezado por una mujer el 70 por ciento de las viviendas donde el estado de las conexiones es de regular a malo. La mayoría de las personas entrevistadas afirmaron que casi todos los días, o cada dos o tres días, deben cargar agua hasta sus viviendas.

Si bien prevalecen los hogares donde la carga es compartida, no es desestimable el número de hogares donde se identifica a la mujer como la encargada de realizar esa tarea. Otras fuentes de información ratifican que el agua llega en horarios en que solo están las mujeres y los niños en casa, de modo que ellas deben cargarla.

“En resumen, si se suma hogares donde cargan solo mujeres y donde se comparte, hacen un total de 81, para un 49 por ciento”, indicó la experta en su conferencia sobre desigualdades de género en el acceso al agua potable y al saneamiento en el barrio de Jesús María.

El estudio concluye que la situación es más difícil para las mujeres, quienes, además de cargar el agua hacia sus viviendas, llevan el peso de las tareas domésticas, fundamentales en la reproducción de la vida cotidiana que requiere de este preciado líquido.

Entre otros resultados preliminares de la investigación, la especialista mencionó que se visualizaron relaciones de hegemonía entre los piperos (hombres que trabajan en el sistema de “pipas” o carros cisternas) sobre mujeres que necesitan el agua.

La vida de las mujeres gira entorno a ese líquido, define sus estados emocionales, relaciones, rutina de vida y tiene un impacto múltiple sobre su salud, aunque no siempre lo visualizan y suelen mostrarse más preocupadas por el de los otros miembros de la familia, advirtió Fleites.

La presentación fue parte del IV Ciclo de Conferencias Antropología, Mujer y sociedad, coordinado por la Alianza francesa, el Museo Antropológico Montané y el Colegio Universitario de San Gerónimo de La Habana. (2012)

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