Activistas rompen el silencio sobre mujeres afro en América Latina

Las mujeres negras y mestizas constituyen un grupo en desventaja por la doble discriminación de género y raza en América Latina y el Caribe.

Maritza Arango y Margarita Montalvo integrantes del proyecto La muñeca negra posan para la foto en el interior de la habitación utilizada como taller de confecciones, en el municipio de La Lisa, La Habana, Cuba, en diciembre de 2017.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

LA HABANA, 23 dic 2017 (IPS) – Juguetes, ropas y bisutería a partir de material reciclado nacen de las manos de las 18 artesanas del proyecto comunitario “La muñeca negra”, que busca el empoderamiento económico de mujeres afrodescendientes en un municipio periférico de la capital de Cuba.

“En nuestros barrios, la mujer negra es un poco marginada y cuesta trabajo su desarrollo económico”, explicó Maritza Arango en diálogo con IPS. Esta técnica estomatológica durante años, hoy forma parte de la coordinación de la iniciativa artística y social con 37 años de labor en el municipio de La Lisa, en el extremo oeste de La Habana.

Con diferencias por países, las mujeres negras y mestizas constituyen un grupo en desventaja por la doble discriminación de género y raza en América Latina y el Caribe, donde viven al menos 130 millones de personas afrodescendientes, que representan 21 por ciento de los habitantes del área más desigual del planeta.

En busca de cambiar esa realidad, el activismo regional tiende puentes para visibilizar la situación de la olvidada franja femenina en el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, declarada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2015 a 2024, y aún no se hacen sentir acciones de cambio en favor de su desarrollo.

Irene Esther Ruiz, del grupo Afrocubanas, interviene durante un encuentro organizado por La red Barrial Afrodescendiente, en la sede de la Casa Comunitaria de Pogolotti, en el municipio Marianao, La Habana, Cuba, en diciembre de 2017.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

De rostros oscuros y alegres, las muñecas negras son el símbolo del proyecto comunitario de La Lisa, que desde hace dos años tiene un perfil de economía solidaria y femenina, además del creativo y social, con que fue fundado por la artista y actual directora, Margarita Montalvo.

“El objetivo (del proyecto) es atraer principalmente a las mujeres que están en las casas, son trabajadoras del hogar o jubiladas, para que socialicen y se incluyan”, describió Arango. Ofrecen cursos gratuitos de manualidades a adultos y niñas y niños mayores de siete años, de los cuales hoy entrenan a 14.

Gracias a capacitaciones en temas de género, “La muñeca negra” dio un giro en su misión y hoy se enfoca también a la participación económica. “Hay muchas que son trabajadoras del hogar, otras tienen trabajos inestables y con poco poder adquisitivo”, valoró Arango sobre las mujeres de su comunidad que el proyecto intenta apoyar.

Con 36 por ciento de personas afrodescendientes en su población de 11,2 millones de habitantes, Cuba es el segundo país de Latinoamérica con más habitantes negros y mestizos, solo superado por Brasil, donde abarcan más de la mitad de la población, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Y le siguen con proporciones menores Colombia, Costa Rica, Panamá, Ecuador, México, Venezuela y Perú.

Una mujer acomoda ramos de flores para la venta en el precario mercado Pequeño Haití, en República Dominicana.

Foto: Dionny Matos_IPS

La Cepal reporta cada año en sus informes sociales, cuya edición de 2017 se lanzó el miércoles 20 de este mes, la situación más vulnerable de las mujeres negras y mestizas, un grupo donde los bajos ingresos y la indigencia azotan más que en los otros segmentos poblacionales, además de que sufren estereotipos que las vinculan al trabajo doméstico o sexual.

Incluso en la isla caribeña, donde la pobreza califica de “con amparo” porque el gobierno socialista garantiza acceso gratuito a la salud, la educación y a otras asistencias sociales, y ostenta avances en emancipación femenina, especialistas observan desventajas entre las mujeres afro por las desigualdades históricas y la discriminación.

“Las mujeres afrodescendientes son las grandes ausentes en las políticas públicas en el ámbito del desarrollo”, afirmó Dorotea Wilson, una activista veterana y coordinadora general de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, desde la capital de Nicaragua.

“Aunque en la actualidad, el racismo es identificado más como un problema social y cultural, la estructura económica de los países está basada en un modelo racista, que tiene evidentes manifestaciones de exclusión económica”, recordó la luchadora feminista vía correo electrónico.

A su juicio, “esta ausencia de políticas públicas incide en que los problemas se agudicen”.

Como deudas con ese grupo, señaló la falta de seguridad sobre las tierras, la elevada tasa de enfermedades contagiosas e infecciosas, el deficiente acceso a servicios básicos de salud, educación, agua potable, alcantarillado, electricidad y caminos; y el escaso apoyo a programas de empleo productivo y a la defensa de su patrimonio cultural.

La red creó en 2016 un observatorio en línea regional para “que los objetivos e intenciones del Decenio Internacional, se traduzcan efectivamente en la mejora de nuestra calidad de vida y en el ejercicio de todos nuestros derechos”, explicó Joanna Wetherborn, coordinadora del equipo a cargo del observatorio.

Hasta el momento se han incorporado 11 de los 22 países previstos a participar: Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú, Uruguay, Bolivia, Ecuador y México, desde donde las activistas reportan todo lo que se implementa en sus naciones para disminuir las brechas raciales y de género.

Y por ahora monitorean 13 de 17 temas como: lucha contra el racismo, derecho a una vida sin pobreza, derechos civiles, justicia, acceso a la educación y salud integral, sexual y reproductiva; no a la violencia hacia las mujeres, visibilidad en estadísticas nacionales, acceso a los recursos naturales y económicos y el patrimonio cultural.

Un estudio, apoyado por la Organización de Estados Americanos y publicado este año, investigó la agenda de movilizaciones de las mujeres afro en Latinoamérica.

Las activistas de las 15 organizaciones participantes señalaron como prioridad el empoderamiento de las mujeres negras y mestizas y coincidieron en el poco impacto que ha tenido la declaración de un decenio internacional para la población afrodescendiente.

Para ellas, el decenio aún no ha provocado cambios “en políticas públicas ni en mejoras sustanciales en las condiciones de vida”. Y propusieron impulsar la incidencia política para lograr avances durante el período señalado por la ONU.

“Se han realizado actividades puntuales pero no se ha hecho lo suficiente”, consideró Liliana Dolis, la coordinadora del no gubernamental Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas (Mudha), sobre la movilización por el decenio en República Dominicana, donde existen conflictos con los migrantes negros del vecino Haití.

“Una de las limitaciones es la negación de nuestras raíces negras y la falta de recursos para trabajar”, remarcó Dolis. Y observó que la situación de discriminación resulta triple en el caso de las dominico-haitianas por su género, raza y nacionalidad.

Cuba se apresta a sumarse al observatorio de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora y organizarse por el decenio.

“No hemos logrado coordinar con las instituciones como es debido, ni hay un programa colectivo”, lamentó Gisela Arandia, coordinadora de la red en Cuba, donde se unen proyectos como “La muñeca negra”. “Se están haciendo actividades espontáneas por los grupos, pero todavía este tema carece de la prioridad que amerita”, subrayó.

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