Adolescentes aprenden sobre violencia hacia mujeres y niñas

Las técnicas se seleccionaron en correspondencia con las características de esa etapa de la vida.

Archivo IPS Cuba

Los talleres formaron parte de la Jornada Nacional por la No Violencia hacia la Mujer 2014.

La Habana, 28 oct.- Adolescentes como Patricia González y Yasley Ochoa recibieron conocimientos y herramientas para identificar y enfrentar la violencia hacia las mujeres y las niñas en un ciclo de talleres con estudiantes de la enseñanza secundaria de dos municipios habaneros.

El proyecto “Adolescentes por la no violencia, la equidad de género y la defensa de los derechos de la niñez”, desarrollado por el no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero” (OAR) y la Federación de Mujeres Cubanas, estuvo acompañado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia en Cuba.

La experiencia acercó a muchachas y muchachos de los barrios de Cayo Hueso (Centro Habana) y Querejeta (Playa) a temas relacionados con la autoestima, la sexualidad, las inequidades entre mujeres y hombres basadas en desequilibrios de poder y los derechos de las niñas y los niños.

Con tres sesiones de trabajo para cada grupo, la iniciativa estuvo dirigida a generar una cultura de paz hacia las mujeres y las niñas, la equidad entre los géneros y la defensa de sus derechos.

Entre los fines específicos, el proyecto se propuso dar herramientas para reconocer la violencia hacia las mujeres y las niñas en los diferentes espacios donde conviven los y las adolescentes, sus distintas manifestaciones, las condiciones que pueden propiciar su surgimiento, desarrollo y el impacto que puede tener en esas edades.

“He aprendido mucho sobre la niñez y la violencia. Ahora sé que no es necesaria para la vida y las consecuencias que puede traer para las niñas”, dijo a la Redacción IPS Cuba Patricia González, de 12 años.

Mientras Yasley Ochoa, de la escuela Mártires de Humboldt 7, dijo no saber que hablarles en mala forma, ofenderlas o empujarlas eran formas de violencia.

El taller se propuso enseñar cómo enfrentar situaciones de violencia, tanto en condiciones de víctima como de testigos de situaciones de agresión, y desarrollar habilidades comunicativas en el público meta para la promoción de la paz y la realización de acciones educativas elementales con sus pares.

“Pensamos que tratándose de adolescentes no podíamos entrar de lleno en el tema de la violencia, sino que debíamos comenzar por los sucesos de esta etapa de la vida: los cambios en sus cuerpos, las relaciones con la familia y entre pares”, señaló la psicóloga Maite Díaz, de OAR, quien condujo las sesiones en ambos grupos.

“Luego les explicamos que la violencia es intencional, produce daños físicos y psicológicos y tiene diversas manifestaciones. Les mostramos ejercicios y audiovisuales. Les indicamos mirar críticamente los videoclip para detectar la violencia simbólica y qué hacer ante situaciones de esta naturaleza”, abundó sobre el ciclo realizado este mes.

Con el empleo de la metodología de la educación popular, donde el conocimiento se construye en grupo, las y los adolescentes reconocieron sus mejores cualidades y defectos y también analizaron mitos sobre masculinidad y el papel que la sociedad les ha otorgado a las mujeres.

A juicio de Díaz, “aunque no podemos decir que tras tres sesiones son conocedores del tema, por lo menos sí tienen algunas herramientas que les permitirán enfrentarse a la vida de mejor manera. Saben de inequidades entre mujeres y hombres y han leído sobre los derechos de la niñez y la adolescencia”.

En las sesiones, las niñas sobre todo expresaron sus opiniones sobre cómo la sociedad, históricamente machista, ubicó siempre a los hombres en primer lugar y se construyeron mitos como que la mujer no es buena conductora o que los hombres no tienen lugar en la cocina.

Para Thalía Machado, de 12 años, alumna de la escuela secundaria básica Protesta de Baraguá, lo más importante que aprendió en el taller fue “el lugar que tienen las mujeres y la niñas en la sociedad y que tienen iguales derechos que los hombres”.

La sistematización de esta experiencia permitiría a organizaciones e instituciones extender estos conocimientos en la enseñanza para que la adolescencia esté mejor preparada para la vida. (2014)

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