Audiovisual aboga por visibilizar la violencia infantil

El realizador Eric Corvalán Pellé, autor del documental No es el camino, hizo con anterioridad un corto sobre el tema del racismo en Cuba.

Jorge Luis Baños - IPS

La familia debe conocer las manifestaciones de violencia infantil y prevenirlas, opinaron especialistas.

La Habana, 26 de sep.- Abrir los ojos de la sociedad sobre la existencia en Cuba de violencia contra niños y niñas como un primer paso hacia su eliminación, persigue el documental No es el camino, del realizador Eric Corvalán.

El más reciente trabajo audiovisual de Corvalán fue estrenado en La Habana el 25 de septiembre, como muestra de adhesión del Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR) al mandato del secretario general de la Organización de Naciones Unidas de celebrar los 25 de cada mes, el Día Naranja por la no violencia contra la mujer y la infancia.

Al decir de Gabriel Coderch, coordinador de OAR, se trata de abordar este flagelo que, pese a la ausencia de violencia institucional, existe en la sociedad, pues padres y madres, abuelos, tíos y tías, entre otros ejercen de una forma u otra violencia contra la infancia y debe ser subsanado.

En No es el camino los criterios de las personas entrevistadas en las calles son varios y oscilan desde “aquí no hay violencia infantil” hasta “está haciendo mucho daño”, “es solapada” y “es horrible y hay que tomar medidas”.

Para los estudiosos del tema, psicólogos, psiquiatras infantiles, forenses y juristas que respondieron a las preguntas de Corvalán, el fenómeno existe, está naturalizado, no se identifica como tal, requiere una atención más puntual y nuevas leyes y una articulación entre todos los sectores e instituciones que se relacionan con el asunto.

De acuerdo con Mareelén Díaz Tenorio, psicóloga e investigadora sobre el tema familia, “es difícil que exista alguna sociedad del planeta donde podamos decir que no existe violencia en la familia. Cuba se diferencia en que no es invisible a sus propios ojos, pero sí existe, como lo han demostrado estudios e investigaciones”.

Según los diferentes criterios expresados, clasifican como violencia infantil miradas, gestos, gritos, golpes, ofensas, negligencia, ignorar los deseos de los niños, maltrato psicológico y hasta querer hacerlos adultos antes de tiempo, y pueden encontrarse tanto en la casa, la escuela y la calle.

Para la psicóloga y profesora Aurora García Morey, se entiende por violencia cualquier tipo de daño y agresión, sea esta física, moral, material o negligente, en el cual un maltratador o un victimario ejerce una agresión sobre un niño. Esto puede ser casual, accidental o no intencional, pero basta que exista cualquier afectación de su moral, integridad y su sexualidad, para ser considerado como violencia”.

“Lo peor de todo es que está oculta y, lamentablemente, se produce sobre todo en los lugares donde menos debía ocurrir”, opinó el doctor Cristóbal Martínez, presidente del Grupo Nacional de Psiquiatría Infantil.

Según los expertos no pueden olvidarse manifestaciones como el silencio condenatorio, el maltrato por permisividad y los abusos lascivos, generalmente provenientes de personas cercanas a las familias que tratan de acercarse a los menores con engaños. Al respecto, consideró la psicóloga Ana María Cano, “la familia debe conocer todas estas manifestaciones para prevenirlas”.

La violencia infantil deja profundas huellas y marca para toda la vida. “Si se atrapa a tiempo y se atiende favorablemente, el niño se recupera y puede no tener secuelas”. Sin embargo, el maltrato puede conducir a trastornos emocionales, psicológicos o de personalidad, para relacionarse y establecer la confianza, en el aprendizaje, el sueño o conductas manifiestas de agresividad, de violar reglas, explicó a la Redacción de IPS Cuba el psiquiatra infantil Yánn Víctor Suárez.

El documental aborda también la necesidad de adopción de leyes específicas para el tema familia y violencia infantil. En el intercambio se insistió en la necesidad de atemperar el Código de Familia cubano, aprobado en 1975, a los nuevos tiempos y en que la existencia de leyes no elimina el problema, sino que se necesita del interés y concurso del Estado, las organizaciones y los ciudadanos.

A juicio del realizador, “la violencia no es el camino correcto, es un tema que es importante tocar y debatir no solo en las comunidades, sino también dentro de las instituciones y del país”.

La idea surgió, comentó, de andar por las calles, ver lo que sucede cotidianamente. “Pasé un taller internacional sobre violencia, me percaté que se hablaba mucho de la familia y poco de los niños y reflexioné: `si hay violencia contra la mujer, en los niños debe haber más, porque son sensibles y tiernos, pero no tienen quien los escuche, son los más desvalidos”.

“Hice una investigación, me adentré en las comunidades e incluso en aquellas donde se hace muy buen trabajo, no hay un seguimiento. Aunque se hable de la existencia de una infraestructura, en la práctica esta no funciona. La violencia existe y necesitamos hablar sobre ella. El documental es real, reflexivo y no tiene nada que no ocurra en la vida real”, consideró Corvalán.

Una de las preocupaciones en torno a este audiovisual es quienes serán sus espectadores y donde se presentará. Al respecto, el realizador explicó que por lo pronto participará en circuitos internacionales en Chile, Argentina, Brasil y España, así como en Estados Unidos, en el evento que organiza el documentalista estadounidense Michael Moore, no así en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana, pues se culminó después de lanzada la convocatoria a la edición de 2012.

Para la profesora Olga Mesa, presidenta de la Sociedad Cubana de Derecho Civil, también entrevistada en el documental, la violencia en Cuba no se compara con otros países pero existe. No es el camino debería ponerse en la televisión cubana y estar al alcance de la población, así como a instancias de gobiernos, espacios de juristas, psicólogos y todo el mundo porque tiene que ver con todas las personas.

El documental presentado en la sede de OAR, una organización de inspiración cristiana, sin ánimo de lucro ni proselitismo religioso, que tiene como objetivo esencial contribuir al desarrollo social sostenible, tuvo la contribución financiera de las embajadas de Canadá, Noruega, Francia y Suiza y el apoyo de la Asociación Nacional de Audiovisuales. (2012)

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