¡Auxilio: Estamos en la adolescencia!

¿Conocen madres y padres, educadores y los propios adolescentes qué ocurre en ese complejo período de la vida de las personas? ¿Poseen herramientas para coadyuvar a que el proceso transcurra de manera adecuada? ¿Están “locos” las y los adolescentes? ¿Son descomedidos porque sí?

Para muchos la adolescencia es una etapa bastante convulsa.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La adolescencia suele ser percibida por los adultos -en Cuba y en el mundo- como una etapa de turbulencia máxima, que los descoloca. No pocas veces se sienten incapaces de coadyuvar con eficiencia para que el proceso transcurra de manera adecuada.

Uno de los errores más frecuentes en la conducta de padres, maestros, profesores y otros actores familiares y sociales,durante ese período de desarrollo, crecimiento y consecución de la independencia de todas las personas, es imponer, a ultranza, ciertas pautas.

Es inútil desear, pedir –y a veces exigir–, idílica y erróneamente, una adolescencia apacible, de una proyección madura, casi adulta. Para llegar a B (esa proyección madura, adulta), quienes transitan por la adolescencia tienen que salir de A (la infancia, lo vivido). El recorridono se realiza en línea recta y por un camino liso.

La persona adolescente experimenta en sí misma una revolución biopsicosocial “de ahora para ahora”. La vive. No la analiza. No puede. De “repente”, ha sido lanzada al “vacío” por fuerzas internas que no controla (maduración cerebral, hormonas, etc.), en medio de la incertidumbre, sin la certeza de que el avance hacia el futuro soñado para sí, como hombre o mujer, será feliz.

Uno de los problemas que influyen de manera más negativa en el acompañamiento y contención eficaz al adolescente es la falta de conocimientos y herramientas de la mayoría de los adultos, en relación con tan sensible etapa de la vida de las personas. Los progenitores no han sido dotados de la necesaria (in)formación. Tampoco puede afirmarse que los educadores y la sociedad estén capacitados en el grado deseable.

El vacío en la formación de los seres humanos para el buen desempeño de los roles maternos y paternos -desde las edades más tempranas de su descendencia- y de otros actores sociales llamados a influir y acompañar positivamente a infantes y adolescentes, no es privativo de Cuba.

Sin victimizar a las y los adolescentes,podría afirmarse que en general están bastante solos y, a veces, hasta mal acompañados en esa etapa de sus vidas, aun cuando las intenciones de los adultos puedan ser, o parezcan, buenas, debido a la falta de herramientas adecuadas.

 

En medio del camino

En Cuba hay un millón 381.135 personas de 10 a 19 años de edad, que constituye 12,3 por ciento de la población, de acuerdo con el Anuario Estadístico de Cuba de 2015.

¿Qué le ocurre al adolescente (muchacha o varón), más allá de la superficie de esa conducta en muchos casos alocada, irreverente y rebelde?

Los estudiosos dividen ese período vital en tres partes:

1.-Pubertad: A partir de los 10 años. Es el período de la madurez sexual; abarca aproximadamente cuatro años. Dos pertenecen a la preadolescencia, momento en el cual el organismo se prepara para la reproducción; en los dos años siguientes se completa el proceso.

2.- Adolescencia (inicial), que se extiende hasta los17 años (algunos autores consideran que es hasta los 15).

3.- Adolescencia final o juventud (de los 15 / 17 años hasta los 18 /19).

A lo largo (y hondo) del ciclo, las y los adolescentesexperimentancambios internos y externos. Algunos son visibles en su aspecto físicoe influyen en su equilibro psíquico. Popularmente se le llama “la edad de las hormonas revueltas”. El espejo deviene objeto de primer orden. Los y las adolescentes observan las transformaciones de su cuerpo y pueden caer en crisis, si no les satisfacen los cambios (pueden irritarse, deprimirse).Aparecen alteraciones de los sentimientos, como ansiedad, tristeza, euforia y otras.

La efervescencia hormonal estimula los deseos sexuales y la necesidad de acercamiento y experimentación sexual. Surgen dudas acerca de la orientación sexual que, en algunos casos, pudieran ser dramáticas para quienes no se definan como heterosexuales, debido a la homofobia aún presente en la familia y en la sociedad, con más o menos fuerza.

Las y los adolescentes sienten el impulso -casi irrefrenable- de filosofar, buscar la verdad y tener su propio criterio. Si los propios adolecentes, así como padres, maestros y otros actores sociales, poseyeran más información acerca de este ciclo vital, con seguridad, interactuarían de manera más adecuada y las controversias -por citar un caso-, podrían fluir por cauces más reposados y ser más provechosas.

De acuerdo con estudios realizados por Rubén Gur, de la Universidad de Pennsylvania, en Filadelfia, los adultos se comportan diferente, no porque tienen una estructura cerebral distinta, sino porque usan las mismas estructuras que los adolescentes, en otra forma. “Un lóbulo frontal totalmente desarrollado coordina impulsos que le vienen de diferentes partes del cerebro”, explica Gur. Y pone un ejemplo ¿extremo?: “Si alguien te insulta, tu cerebro emocional dice `mátalo´, pero tu lóbulo frontal te dice que tú estás en un coktail de una fiesta, de modo que contestas solo de forma cortante”.

Para lograr sus objetivos, los adolescentes usan mecanismos cerebrales diferentes a los de los adultos.

Por lo regular, los análisis de los jóvenes en esta etapa carecen de objetividad, son egocéntricos y filtrados por el tamiz de las contradicciones que experimentan: rechazo-aceptación o dependencia-independencia. Ellos intentan construir su sistema de valores, juicios y normas a través de criterios personales ajenos, para separarse del modelo parental. Pueden adoptar una postura dogmática o ser presas de la angustiante duda.

En medio de este complejo periodo, las personas se plantean por primera vez en su vida temas relevantes relacionados con su futuro, en asuntos tales como el amor, el éxito y la salud. De todo lo anterior puede inferirse que las y los adolescentes, más que críticas, reprimendas y castigos, necesitan ser comprendidos, apoyados y guiados, sin autoritarismo ni blandenguería, sino con “conocimiento de causa”, organicidad, amplitud de miras y firme inteligencia.

El y la adolescente quieren tener su personalidad y la desarrollarán de acuerdo con su ideario, su realidad y su grupo de amistades, quienes influyen más que la familia. Es cuando aparecen ciertas formas de vestir y la dedicación a determinadas actividades, a las que se someten como pruebas de valor.

Lo visible sonel desarrollo físico (tanto en muchachas como en varones);los cortes y color de cabellos desusados hasta ayer; los tatuajes, piercing, las ropas a veces estrafalariaspara la percepción de los adultos, la manera de hablar (el vocabulario) y la forma de responder, que puede ser en algunos casos desafiante, desagradable y hasta grosera. La ¿necesidad? de “pasarse de rosca” o “tensar la cuerda” para ver hasta dónde dan; quién puede más; o por el simple hecho de divertirse (y hasta burlarse)solos o en grupo, a cualquier coste, en especial de los adultos.

El grupo se convierte en su ámbito preferido. El espaciodonde son (o creen ser), verdaderamente, él o ella. Están entre iguales que lo comprenden. Los adolescentes ansían zafarse de las “amarras” tutelares que les “impiden” lograr la apetecida libertad e independencia. Muchas veces se sienten incomprendidos e infelices; sin embargo, el grupo es distinto, los cobija. Un buen grupo de pertenencia es una influencia altamente positiva, aunque no garantiza que “nuestro” adolescente vaya a ser un joven magnífico. Hay un pasado cercano que pesa. Los errores de ayer en la educación saltan a la vista. Es el resultado -ahora tangible- de lo que se hizo mal. Los padres intentan revertir, en muy poco tiempo, aquello que se ha construido, como mínimo, durante una década, cuando él y la adolescente “van por mal camino”.

Puede haber, y hay, divergencias. Adultos y adolescentes se colocan en posturas opuestas, no del todo armónicas o francamente incompatibles. Esta es una circunstancia demasiado frecuente e indeseable, porque impide o entorpece el diálogo y elascendiente positivo. (En grado de fricción máxima: las y los adolescentes se atrincheran en su posición, se tornan cada vez más rebeldes e, incluso, ingobernables. El adulto -por su parte-, está parapetado en la suya. De tal situación puede esperarse el peor de los resultados.)

El conflicto no impedirá que las y los adolescentes se conviertan en adultos. La pregunta es: ¿qué tipo de personas adultas? Eso dependerá de la calidad de la educación en la niñez y en la adolescencia vivida, en el hogar, la escuela y la sociedad.

 

El viaje es largo

Es tan adolescente una persona de 12 años de edad, como otra de 17, aunque se comprende que hay una sensible diferencia entre ellas.

A lo largo del proceso, las y los adolescentes se hacen numerosas peguntas, que van desde “¿quién soy yo?”,¿seré alto o tendré bonitos senos?, hasta “¿cómo es mi familia?”, “¿mis padres me quieren?, ¿me satisfacen o no los modos de ser y actuar de mis padres?”,“¿qué lugar ocupo en mi familia, el grupo, la escuela, el barrio?”

Se reconocen como individuos, más que nunca antes,y pueden sentirse en conflicto por diferentes causas. Viven un período proclive a los embarazos precoces, las enfermedades de trasmisión sexual, las adicciones por diferentes causas (depresión, autoestima baja, necesidad de sobresalir, parecer “más hombre” o “más mujer”, etcétera.), entre otros riesgos que pueden cambiarles la vida.

Hay otros factores que atraviesan la adolescencia de manera nociva, entre ellos: la falta de privacidad y confidencialidad; los accidentes y traumatismos.

Las calidades de las familias influyen de manera decisiva en la descendencia, para bien o para mal. En los tiempos que corren, no existe un modelo único, ideal, de familia, sino tipos y grados de funcionamiento. La clave para una convivencia armónica y el mejor escenario para la formación de infantes y adolescentes es el buen funcionamientode su familia.

Ser parte de una (llamada) buena familia, no garantiza una adolescencia “adulta”. Probablemente, la o el adolescente haga el viaje por un camino menos accidentado, pero ello no lo eximirá de las vivencias que, inexorablemente, experimentará, ni privará a la familia de afrontar situaciones complejas que le exigirán procesar y tomar difíciles decisiones in situ. No hay recetas. Se impone pensar.

Esa etapa de la vida, como las anteriores y hasta las posteriores, estará signada por las condiciones materiales y el nivel de vida (en La Habana o en Tokio). Una situación que, en la actualidad cubana, marca diferencias que pueden lesionar la autoestima de quienes no estén “a la altura”. Circunstancia en particular sensible entre adolescentes, sean más o menos competitivos.

Hay una serie de acontecimientospropios de la adolescencia como ciclo vital, sin embargo, existen tantos tipos de adolescentes como personas, aunque nos parezca que son iguales, perogrullada al margen.

 

En esta esquina

Para las madres y los padres, la convivencia puede tornarse complicada a partir de los 12 años de edad de las hijas e hijos, porque protestan “por todo”, no colaboran, se cierran en su cuarto (si lo tienen), se van por horas para la calle o se la pasan en la casa de algún amigo o amiga, en el mejor de los casos. Pugnan por extender el horario de llegada a la casa cuando salen y mienten para conseguir sus propósitos.

La reacción más frecuente de los padres –no por ello la mejor– es la oposición autoritaria sobre la base de una serie de prohibiciones “por tu bien”.

 

En esta otra

Para que el “destete” sea menos doloroso, las y los adolescentes comienzan a descalificar a los padres (“están viejos”, “no saben”, “no entienden nada”). Esta es una actitud que suele acompañar el proceso de independencia.

Las y los adolescentes se refugian en el grupo. Juntos le dan el frente a las incomprensiones de que son objeto por parte de los adultos. Al grupo pertenecen solo los coetáneos afines. Entre ellos se evidenciará la popularidad o no de sus miembros y se construirán las primeras relaciones de igual a igual. No habrá otro momento en la vida de las personas en que el grupo sea tan importante. (Este grupo permanecerá por siempre en el recuerdo. Sucede a veces que algunos de sus miembros se mantienen relacionados a lo largo de sus existencias.) Los adolescentes gustan de sobresalir y se esmeran por ser populares, de acuerdo con su personalidad.

Las relaciones entre muchachas y varones son bastante igualitarias. El ejercicio de la sexualidad es hoy día más precoz y liberal.

Las relaciones efectivas con amigos contribuyen a desarrollar una imagen positiva de sí y mejores estilos sociales. En el grupo se forman la identidad personal y la autonomía.

 

Peligros y desafíos

Transitar por la adolescencia con déficit de afecto y disciplina, sin brújula, es una de las catapultas para desembocar en la violencia y la drogadicción, presentes, como nunca antes en la historia, en las sociedades. Los y las adolescentes, están dispuestos a experimentarlo “todo”. No siempre se hallan en condiciones de distinguir adecuadamente las fronteras entre lo conveniente y lo que no lo es en absoluto. Por líneas generales, recibirán de buen grado los estímulos nuevos, los desafíos y riesgos, por peligrosos que pudieran ser.

Hoy los varones priorizan y se esmeran en la construcción de su imagen corporal, sobre la base de cambios externos y artificiales inusitados, sin dejar de ser machos, varones, masculinos (más o menos machistas). Es la “era” de la variedad de cortes de cabellos (largos, cortos, “al cero”, similares a los femeninos o más atrevidos), de la poda de las vellosidades, los arreglos de cejas… De interpelarse con frases como, “pipo” o “papi”. De besarse en la mejilla al saludarse con un “anacrónico”: “¿qué bolá, asere?”. Las muchachas ven con muy buenos ojos esas ¿modas?

La aparición y desarrollo de las llamadas nuevas tecnologías handado lugar a lo que pudiera calificarse como una tercera revolución industrial, con cambios profundos en todos los órdenes de la vida.

Los padres son “analógicos”; las hijas e hijos, “digitales”. Esa diferencia coloca al joven y la sociedad (familia, escuela, etc.) en puntos de la senda que no son necesariamente los mismos. Una travesía que, a futuro, pudiera dar lugar a cambios cerebrales impensados. ¿En qué puede derivar que los dedos pulgares de las manos sean ejercitados como nunca antes “desde que el mundo es mundo”, para escribir, cuando cada vez se usan más las teclas y menos los lápices?

No se pude ignorar el fenómeno de que hoy, y cada día más, las personas prefieren los móviles, tables, laptops,videojuegos,la navegación por Internet y la participación en Facebook (en el caso de Cuba, el llamado “paquete” audiovisual y la conexión wifi, en sus peculiares áreas de conexión) a las relaciones interpersonales en vivo.

Las nuevas tecnologías son portadoras, sin duda, de un cambio significativo a nivel mundial. Marcan un antes y un después, incluso para aquellas sociedades y personas imposibilitadas de acceso en un grado conveniente.

Cuba intenta ir al paso, aunque diversas razones harto conocidas, económicas y políticas, le impiden estar al nivel de los países desarrollados, no obstante los esfuerzos que realiza.

La importancia para el desarrollo del uso de las nuevas tecnologías es innegable. Las naciones que no accedan correrán serio riesgo de quedarse en un ¿nuevo tipo? de subdesarrollo, en el concierto de las relaciones internacionales, de producción, comercio, comunicación, etc. Podría hablarse hasta de analfabetismo ciberespacial y digital.

A nivel micro, para las personas, pueden enumerarse a prioriuna buena cantidad de beneficios y también algunos riesgos de signo negativo, como el desarrollo del individualismo, la incultura (se difunden mensajes de baja monta y alta violencia) y la adicción. Peligros de los que no escapan infantes y adolescentes de la sociedad cubana, pese a que debe añadirse que, en comparación con otras sociedades,son cuantitativamente menores. Esa realidad (material) no exime al país de precaverse de las consecuencias indeseables para las personas, en especial la niñez y la juventud.

Este nuevo escenario abre campos de estudio y acción inéditos, que no deberán de ser postergados.

Debido a la realidad material (personal y nacional) y la educación temprana del ejercicio de la solidaridad,muchas de las niñas, los niños y adolescentes cubanos comparten,en el ámbito doméstico,laptops, tables, móviles, xbox y otros medios; se organizan y “ponen en red”para interactuar colectivamente. Esa es una práctica excelente, que debe estimularse.

 

¿Una buena pregunta?

La mayoría de las personas tiene la percepción de que la “pesadilla” de la adolescencia pasará y, por fin, llegará la madurez; y con ella, la paz. Por su parte, quienes la viven, ansían ser grandes e independientes. (Sucederá indefectiblemente. Es un ciclo complejo de la vida de las personas.)

¿Lo ansían? Ojo: sucede que, cada vez más en el mundo, la adolescencia se alarga. No pocos jóvenes se resisten a crecer, a volar y abandonar el nido, porque afuera los aguarda una dura realidad: falta de empleos; trabajos precarios, en el mejor de los casos; carestía de la vida.

En el caso cubano, los reales problemas económicos y de vivienda, entre otros, influyen en que las y los jóvenes se queden en el hogar de origen, lo cual crea muchos problemas de convivencia, al permanecer, a veces, hasta cuatro generaciones interactuando en un espacio más o menos reducido. Ello les impide alcanzar un nivel mayor de madurez, fraguado en la independencia, sobre la base de las decisiones propias, la solvencia personal y la autonomía.

A ello debe añadirse que, si bien el acceso a la educación en Cuba es gratuito y la enseñanza es obligatoria hasta noveno grado, una gran parte de las y los adolescentes consideran que debe elegir una “carrera” que le aporte bastante liquidez, por lo cual barajan entre las mejores opciones aquellas relacionadas con el turismo y otras fuentes de empleo más redituables en centros del Estado o negocios particulares.

Estas y otra razones estimulan los proyectos de emigraciónde numerosos jóvenes. El doctor Antonio Aja, estudioso de temas migratorios, ha expresado que “nuestros jóvenes de­ben encontrar y reconocer al escenario de la sociedad cubana como el de su futuro y no solo el del presente”.

Las y los adolescentes cubanos de hoy nacieron con posterioridad a los años gloriosos de la Revolución triunfante de 1959 y después de los años más duros del llamado Período Especial, la cruda crisis económica que se inició con la pasada década del 90.

Son más pragmáticos que las generaciones precedentes (como la de sus abuelos alfabetizadores, por ejemplo) y tienen mayor apego a los bienes materiales.La sociedad cubana lesofrece hoy un panorama atravesado por asimetrías de toda índole y una población envejecida en alto grado. Un panorama que, visto fríamente, puede ser desolador. Lo encontraron “todo” hecho. No existe un hondo sentimiento de gratitud, como el que sí pueden sentir sus padres y abuelos.

 

Escuelas de madres y padres

En los medios nacionales de comunicación y algunos foros se insiste en el tema de la atención a las personas de la tercera edad, debido a la dramática realidad demográfica cubana y los retos que comporta en el corto y mediano plazos. Hay cierto vacío -en mi opinión- respecto a la adolescencia. Se observa una fragmentación en el discurso, dirigido a temas puntuales como la violencia, el consumo de drogas, las enfermedades de trasmisión sexual, la homofobia… Falta un enfoque integral respecto a esta masa de la población y sus peculiaridades, cuando la brecha entre la juventud y la tercera edad es más estrecha que nunca. Virtualmente, hay más adultos mayores que jóvenes.

Vale preguntarse, ¿cómo puede sentirse un adolescente, en medio de un panorama con seguridades, pero poco amable, rodeado de una mayoría de personas de más de 60 años de edad? No se puede pasar por alto que esas seguridades han estado “siempre”, por lo que son consideradas normales. Derechos establecidos. Y que, por “ley”, los distancia, con una actitud muy distinta ante la vida y un modo muy diferente de percibir la realidad.

La generación de paso posee una instrucción y una cultura superiores a la de la pasada década de los 60 y las sucesivas. Es más pragmática y materialista. Tiene sus propios sueños. Urge pensar y accionar de manera holística -con y sobre ella-, desde los complejos desafíos económicos, políticos y sociales, en medio de una red de apoyo frágil y lesionada por no pocos traumas.

Si algún país está en condiciones de obrar a favor de una cultura de la familia, es Cuba. Posee la inteligencia y la infraestructura, de manera que la atención a la niñez, la adolescencia y la tercera edad, por ejemplo, no esté tan dividida y desarticulada.

Un enfoque en el que confluyan cuestiones relevantes que, en la actualidad, son fuentes de campañas: por la no violencia, contra la drogadicción, la homofobia, la exclusión… Temastodos que tienen un enorme peso en la dinámica familiar y docente.

Tendrían que existir escuelas de madres y padres, para dotarlos del conocimiento de cada etapa de la vida de esas personas que moldearán en la llamada célula base de la sociedad. Información que deberá de ser parte de los contenidos de la educación desde la enseñanza primaria. Escuelas en las que se ofrezca a la familia –desde un enfoque biopsicosocial– herramientas para la formación de valores, la ética del cuidado, el compromiso, el manejo del conflicto de diferente índole (con soluciones ganar-ganar), la negociación y el cultivo de la inteligencia emocional, entre otras. Bien podría dedicarsea ello un curso de Universidad para Todos, en la televisión nacional. Hay una enorme disgregación en el abordaje de temas relacionados con el embarazo, los primeros años de vida, la mujer…, como si la prioridad dependiera de la pujanza y recursos materiales de la institución que los impulsa. La mirada es puntual, no holística. Ese es un problema visible. Habría de evitar que, mientras nos ocupamos de la enorme masa poblacional de la tercera edad, se nos “vaya de las manos” la que engrosará, en muy poco tiempo, la de la juventud. El próximo año, con la retirada del presidente Raúl Castro, comienza un nuevo ciclo de la Historia (más reciente) de Cuba, en el que las generaciones que han acompañado a los líderes históricos no ocuparán posiciones de vanguardia. (2017)

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