Cardenal cubano inaugura el décimo Seminario Internacional en La Habana

La conferencia de Ortega, arzobispo de La Habana, abundó en el efecto que ha tenido el trabajo de la iglesia en la sociedad cubana de estos tiempos.

Archivo IPS Cuba

El cardenal cubano ofreció ejemplos del impacto social de la iglesia, entre los que se destacan la visita del Papa a la isla en 1998

La Habana, 21 feb.- Con un recorrido por las principales características del trabajo de la Iglesia Católica en Cuba durante el período revolucionario, el cardenal Jaime Ortega Alamino inició el Seminario Internacional del Programa de Diálogo con Cuba. El evento tiene lugar en la Casa San Juan María Vianney del 20 al 24 de febrero.

La conferencia de Ortega, arzobispo de La Habana, abundó en el efecto que ha tenido el trabajo de la iglesia en la sociedad cubana de estos tiempos. Para ello fijó su atención en los 52 años del período revolucionario, caracterizando la acción de la iglesia en varios lapsos dentro de ese ciclo.

En una primera etapa, después del triunfo insurreccional “la iglesia como organización quedó disminuida, aplastada, y sin medios para comunicar con el pueblo y con los fieles”, dijo el líder eclesiástico.

Su análisis describió un segundo período, que sigue a la confrontación inicial, en el cual “la comunidad cristiana vivió como una iglesia del silencio”. Desde 1962 la iglesia adoptó una actitud de “paciencia, perseverancia y prudencia”, evaluó el cardenal.

A la vez, describió una serie de sucesos donde religiosos y creyentes en general fueron víctimas de duras políticas gubernamentales.

“Un sacerdote fue enviado a la cárcel, donde pasó diez años, se crearon campos de trabajo a los cuales fueron llevados los hombres jóvenes de la iglesia católica y de otras iglesias y comunidades cristianas”, aseveró Ortega.

La tercera de las etapas esbozadas por el arzobispo comenzó en 1981, con el proceso de Reflexión Eclesial Cubana, y culminó en 1986, con el Encuentro Eclesial Cubano (ENEC).

El cuarto y último período llega hasta la actualidad, y está caracterizado por un cambio de perspectiva de la iglesia, donde el diálogo adquiere un rol central. “Debemos dialogar entre creyentes y no creyentes, entre la iglesia y las autoridades, entre los católicos de Cuba y los que viven en el extranjero”, reclamó Ortega.

Con una postura optimista el cardenal cubano ofreció ejemplos del impacto social de la iglesia, entre los que se destacan la visita del Papa a la isla en 1998, la celebración de la Navidad como día de fiesta civil, el comienzo de las visitas de religiosos a las cárceles, la proliferación de publicaciones católicas, la extensión de las manifestaciones públicas de la fe religiosa, así como el desarrollo del diálogo entre la iglesia y las autoridades.

Sobre el proceso de cambios económicos en la isla, el arzobispo también se manifestó: “Esto nos implica a todos, y la buena marcha de estas transformaciones no depende solamente de las autoridades (…), sino de la comprensión adecuada, por parte del pueblo, de las medidas que comienzan a tomarse, y de nuestra capacidad crítica para expresar nuestras divergencias”.

Ortega dio detalles del proceso de liberación de los presos sancionados en el 2003 por hechos relacionados a posturas o acciones políticas. Explicó que el proceso de salida hacia España es progresivo, y que ya suman 70 los que están en el país europeo.

“Quedan de este grupo seis en prisión, de los cuales algunos desean viajar a los Estados Unidos y otros permanecer en Cuba”, abundó. Aseguró que “existe la promesa clara y formal del gobierno cubano de que todos esos presos serán puestos en libertad”.

Uno de los presos liberados está en la República Checa y ha pedido regresar a Cuba, caso similar al de muchos familiares que también están pidiendo retornar, refirió Ortega.

El cardenal anunció tener “la certeza moral de que próximamente serán puestos en libertad tanto esos prisioneros, como otros de un grupo mayor de reclusos”.

Más adelante en su discurso, profundizó en el tema la importancia de la libertad religiosa para la vida de un país: “podemos afirmar que el desarrollo de un pueblo se facilita cuando se da la liberación de las potencialidades productivas de hombres y mujeres; pero a la par de esta liberación para favorecer el ordenamiento económico y el progreso, es necesaria la liberación espiritual”.

El arzobispo culminó su intervención con un llamado a la reconciliación nacional y al perdón mutuo.

Durante la ceremonia de inauguración, presentaron sus saludos el canónigo Josef Blomenhofer, y los profesores Bernhard Mayer y Horst Sing, de Alemania. Seguidamente,  Raúl Fornet-Betancourt, coordinador del Programa de Diálogo con Cuba, dictó unas las palabras introductorias al encuentro (2011).

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