¿Cómo matizar el dominante color blanco de las universidades cubanas?

La solución estaría en políticas que contribuyan específicamente a la inclusión, propone una experimentada investigadora.

Las brechas de género y raza en el acceso a la educación superior persisten.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La Habana, 12 sep.- A revertir la tendencia de un menor acceso y continuidad de los estudios superiores por parte de personas negras y mestizas, llaman investigaciones que demuestran esta inequidad poco debatida por la resistencia institucional a reconocer las brechas por color de la piel y género en el país.

“Las brechas que se presentan a este nivel están atravesadas y fuertemente asociadas al sexo y el color de la piel”, aseguró la profesora Yulexis Almeida, de la Universidad de La Habana, que desarrollaen la actualidad el estudio “Acceso a la educación superior: brechas por color de la piel y género”.

Como parte de resultados preliminares, Almeida encontró que, en el curso 2016-2017,accedió a la educación superior 70 por ciento de quienes optaron por esa enseñanza.

      La propuesta de Almeida

 

Ante estas realidades, apuntó la investigadora, “las políticas no pueden estar centradas en la ampliación de la matrícula sin incorporar las nociones de equidad en el acceso, el aprovechamiento, y la culminación de los estudios”, a la vez que “la selección basada exclusivamente en los méritos constituye un mecanismo formal que no garantiza la democratización ni la inclusión”.

Para la profesora, el acceso a estudios superiores debe verse como un proceso que contempla la entrada, permanencia y egreso “en aras de garantizar no sólo equidad de oportunidades sino equidad de resultados”.

Esto, consideró, “sólo es posible reconociendo los puntos de partida de los diferentes grupos sociales y los marcadores de diferencia que configuran las disímiles posiciones que ocupan en el entramado social y que en determinadas situaciones y circunstancias actúan como costos de oportunidad que gravitan en las trayectorias del estudiantado a lo largo del ciclo de formación”.

Almeida recomendó también “lograr nexos más estrechos entre investigación y toma de decisiones, que en la actualidad resultan insuficientes y dificultan el aprovechamiento de los resultados científicos en este campo, entre otros factores, porque el intercambio entre ambas lógicas es eventual, asistemático e instrumental y porque la investigación se produce en dominios institucionales, que aportan visiones útiles pero fragmentadas”.

Para perfeccionar el trazado de políticas que combinen estilos universalistas con principios focalizados en losgrupos sociales con mayores desventajas entre ellos personas jóvenes negras y mestizas, aconsejó “incorporar de manera explícita la variable racial interconectada con otras de influencia social”.

Sin embargo, el análisis de este parámetro según el color de la piel evidencia que los estudiantes blancos mostraron mayor éxito en los exámenes de ingreso (72,18 por ciento accedió) mientras que entre las personas negras accedió 62,01 por ciento,yde las mestizas ingresaron 66,58 por ciento.

La persistencia de brechas de género y raza en el acceso a la educación superior y los bajos por cientos de la tasa bruta de escolarización motivaron a Almeida a profundizar en este tema.

A juicio de la estudiosa, aunque en Cuba se han hecho esfuerzos continuos por masificar y universalizar estos estudios y se ha logrado acortar las brechas históricas en este nivel, “perviven inequidades que justifican el re-examen de los mecanismos orientados a asegurar condiciones más simétricas en esta esfera”.

El análisis de Almeida sobre el acceso a la universidad en las modalidades de curso regular diurno (CRD) y curso por encuentro (CPE), arrojó que el acceso de personas negras y mestizas estuvo muy por debajo de lo alcanzado por las y los estudiantes blancos.

Si bien la tendencia se repite en la totalidad de las personas negras y mestizas, es más aguda en el caso de los varones, que estánsubrepresentados, “no sólo respecto a sus pares raciales sino en relación a la totalidad del grupo”, al igual que en CRD.

Este panorama “contrastacon las cifras censales para la población comprendida entre 18 y 24 años en la que los hombres rebasan a las mujeres”, alertó.

Las encuestas aplicadas por Almeida recabaron que se da un proceso de feminización basado en una sobrerrepresentación de mujeres blancas, que oculta las inequidades que afrontan las mujeres negras para su inclusión en este nivel de enseñanza.

Las respuestas a las entrevistas sugieren“también otra posible brecha por color de la piel, que tiene que ver con una mayor concentración de estudiantes por color de la piel en determinadas carreras, aspecto que no ha sido explorado en los estudios sobre el acceso a la educación superior en Cuba”, indicó.

Para la investigadora, “la racialización en los tipos de estudios es invisible a la estadística”, lo que puede estar relacionada con factores que determinan que el acceso a una determinada carrera sea más competitivo que a otras, como relación demanda-oferta, valores de cierre en el escalafón de otorgamiento y reconocimiento social de las mismas.

Estudios revelaron desde los años 80 del siglo XX una mayor presencia en el estudiantado universitario cubano de alumnosde piel blanca, descendientes de familias blancas, de madres y padres profesionales y dirigentes, lo cual disminuyó las posibilidades de movilidad social ascendente para los hijos e hijas de los sectores obreros, campesinosy la población negra.

No solo el acceso

Almeida aborda también el proceso de municipalizaciónde la enseñanza universitaria, emprendida por las autoridades a inicios de los 2000, como una vía para propiciar el acceso a jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, muchos procedentes de grupos sociales con menores ventajas y baja presencia en las aulas universitarias.

En 2004-2005, indicó la investigación, 77 por ciento del total de estudiantes de esa modalidad procedía del sector obrero y 51 por ciento eran personas negras y mestizas, mientras que en los cursos regulares diurnos 79 por cientoprovenía de familias de profesionales y 63 por ciento eran blancos.

Al respecto, consideró que “la concepción del acceso limitada a la entrada introduce un sesgo que oculta una dimensión más amplia que abarca la permanencia y egreso como aspectos interconectados”. “Hay que valorar en su integralidad para comprender el verdadero alcance de los procesos de inclusión que se generan”, propuso.

A su juicio, la equidad lograda en la entrada no es sostenible en los resultados concretos obtenidos porque “los bajos índices de promoción son un indicador cuantitativo que refleja aspectos cualitativos relacionados con fallas en la calidad del tipo de curso, el proceso docente educativo y las capacidades institucionales para garantizar la permanencia de un estudiantado en su heterogeneidad”. (2017)

Un comentario

  1. Samuel

    Este artículo no dice nada….El acceso a la Universidad es mediante pruebas de ingreso, no por el color de piel. Hay que buscar más abajo. Probablemente hay otros factores que determinan esta diferencia en el acceso a la universidad como puede ser que el sector más empobrecido sigue siendo el de mestizos y negros por diversas razones etnico-culturales y socio-politicas también. No solo la pobreza incide en esta brecha. ¿Cómo percibe este segmento de la poblacion los estudios universitarios? Es una manera de salir de la pobreza o una pérdida de tiempo teniendo en cuenta los bajos ingresos que suelen devengar los profesionales actualmente. En su defecto, ¿qué hacen en vez de estudiar en la Universidad? ¿Qué los impulsa a eso? Es un estudio pendiente cuyos resultados no agradaran, pero si no se hace seguirá la brecha.

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