Conflictivo o pacífico: ¿cuál es la alternativa?

No hay recetas para dar salida o solución a los conflictos; sí estrategias diversas según el conflicto de que se trate y las particularidades del contexto.

Archivo IPS-Cuba

En nuestros días resulta frecuente escuchar la idea de “mejor evitar problemas” o rechazar a una persona por considerarla “conflictiva”. Pero, realmente ¿es posible evadir los conflictos, darles la espalda e ignorarlos? Los conflictos forman parte de la vida cotidiana y están presentes en todas las actividades humanas.

Para nadie es un secreto la existencia de disputas generacionales entre padres e hijos, diferencias entre hermanos, en la pareja, la intolerancia de la cultura machista, o la exclusión por razones de índole sexual, racial, religiosa y étnica, entre otras. Las diferencias en valores, estilos de vida, formas de asumir los problemas se manifiestan entre parientes, jefes y subalternos, compañeros de trabajo, políticos, socios y entre integrantes de una comunidad. Estas divergencias constituyen el basamento del origen y desarrollo de los conflictos.

No es posible escapar a su influencia, se tropieza a diario con ellos. El conflicto es una constante de la vida social. Está presente en todas las actividades humanas y puede ser asumido de diferentes formas, según sean los intereses, las necesidades, las posiciones y las relaciones de poder de quienes estén implicados.

Entonces, es válido preguntarse: ¿qué se conoce sobre ellos? ¿En qué medida se dispone de preparación para asumirlos y enfrentarlos?

Conflicto y vida cotidiana

A lo largo de los siglos, distintas sociedades le han dado al conflicto la calificación de inmoral o censurable; en el argot popular se le asignaban las expresiones de chismes, pleitos, enredos, y el conflicto se empleaba como el equivalente a una agresión o confrontación bélica, como sinónimo de ataques y querellas. También se asoció con la violencia, la destrucción e irracionalidad, desde una perspectiva patológica, causante de los desórdenes sociales y la guerra.

Con el transcurso de los años se ha asumido una visión más dinámica; se considera el impacto del conflicto a diferentes niveles, que van desde una disputa familiar en una escala microsocial, hasta la lucha de clases y la guerra entre naciones. La existencia de conflictos no deviene, necesariamente, una guerra; pero la guerra es inseparable de los conflictos. También se valoran como una posibilidad de cambio y transformación positiva.

El conflicto se ha definido de múltiples formas por los teóricos del tema, ya bien sea desde una perspectiva psicológica, sociológica, educativa, cultural, etc. En lo que si hay coincidencia es en considerarlo como una relación antagónica, un desacuerdo entre dos o más actores por la existencia de actividades incompatibles. Se trata de una tensión que surge cuando las aspiraciones, las metas, los valores y los intereses entre las partes se contraponen, o son excluyentes entre sí.

Los acercamientos al conflicto y los estilos de intervención varían con la cultura. Se manifiestan a través de reacciones que van desde la ayuda, la cooperación, el altruismo, hasta la intimidación y las agresiones. En casi todas las sociedades es común la tendencia a negar o evadir el conflicto, aunque algunas prefieren el enfrentamiento directo y abierto. En cambio, en otras se acude a terceros para solventar las diferencias. Los conflictos se han abordado, históricamente, de múltiples maneras, a través de concejos de ancianos tribales, formas parlamentarias, monárquicas o estados democráticos.

La manifestación de los conflictos posee una connotación cultural muy peculiar: los estilos de dirección verticalistas, la educación autocrática, los prejuicios raciales, sexuales y enfoques inadecuados de género, aportan razones abundantes para que se manifiesten.

Se expresa a través de diferencias en símbolos, valores e ideas, o mediante conductas agresivas, tanto de tipo físico como simbólico. ¿Quién no ha sido víctima de la violencia en algún momento, y quién no ha hecho uso de ella también? Otras formas de enfrentarlos incluyen comportamientos de diálogo que favorecen el entendimiento y el respeto. Estas expresiones son asimiladas culturalmente y trasmitidas de padres a hijos, de jefes a subordinados, en el ámbito familiar, laboral y comunitario. Asimismo, las formas en que se atienden, manejan o resuelven se asocian a aspectos legales, económicos, políticos y éticos, por solo citar algunos.

El conflicto social procede de la propia estructura de la sociedad; se presenta cuando transciende lo individual. Se caracteriza porque es un proceso que ocurre en el ámbito público e involucra acciones colectivas, grupos de personas con diferencias de valores, percepciones o significados. Posee un desarrollo temporal, e implica una dinámica de oposición, controversia, disputa o protesta entre actores.

De este modo, existen conflictos en las escuelas, los centros de trabajo, en la familia, con la pareja, los amigos y también en la esfera ambiental. Estos últimos constituyen un tipo particular de conflicto social; se presentan alrededor de la propiedad o posesión sobre los recursos que necesitan las personas, comunidades y naciones para producir bienes y servicios que satisfagan sus necesidades.

En la actualidad existe una tendencia al incremento de los conflictos ambientales. Esta situación obedece a que el ambiente está cada vez más deteriorado por la explotación intensiva, el consumo desmedido, el acceso inequitativo a los recursos, el crecimiento poblacional, la desigual distribución de ingresos, la escasez o ausencia de políticas públicas adecuadas, entre otros.[1]

Ni mejor, ni peor; solo auténticos

El conflicto se ha valorado, tradicionalmente, como algo negativo por la forma en que es usual resolverlo. Ello significa un empleo considerable de energía y tiempo. Además, la educación recibida no está dirigida a enfrentarlo de una manera positiva, por lo que se carece de herramientas y recursos para ello.

Para transformar el conflicto en algo positivo se debe partir de reconocer que es inevitable, inherente y necesario en las relaciones humanas; debe ser apreciado como una expresión de necesidades, como oportunidad de desarrollo personal y de mejorar la convivencia. A fin de cuentas, el problema no es la presencia de conflictos, sino lo que se hace cuando aparecen, la respuesta que se les da.

El conflicto no es antagónico a la paz, ni favorable ni perjudicial; es un componente de la cotidianeidad. Del mismo modo, no es solución evadirlo para no provocar confrontaciones. Los especialistas se refieren a dos maneras fundamentales de abordarlos:

        Manejo de conflictos: cuando la atención se centra en los problemas de comunicación que limitan el entendimiento y la cooperación entre las partes.

        Transformación de los conflictos: aborda los desbalances del poder y las implicaciones que de ello se derivan; opresión, injusticia, discriminación, entre otras. Cuanto más equitativo sea el poder de una relación, más estable y productiva será esta, aunque a veces las partes no están conscientes de su propio poder.

Estas vías no son excluyentes, si bien en el trabajo se puede privilegiar unas u otras, según sean las necesidades y particularidades del caso.

La salida que se le dé al conflicto depende de las causas que lo provocan, qué es lo que está implicado y cuán importante resulta para cada una de las partes involucradas.

Algunas acciones que ayudan a favorecer el entendimiento, la toma de decisiones consensuadas y la transformación del conflicto en una oportunidad de cambio incluyen:

             – La atención a la comunicación, la transparencia, ayudar a que el diálogo fluya sin agresiones, culpar a los demás o asumir una postura falsa, con dobleces.
             – Tener bien definidos los problemas principales, evitar la mezcla de temas.
             – El compromiso de los actores a participar en la solución de sus problemas.
             – El equilibrio de poder entre las partes, para que no se beneficien unas a costa de las otras.
             – Empoderar a los actores a través del acceso a la información, la creación de capacidades y de mecanismos de participación en la toma de decisiones.
             – Construir las soluciones a partir de la diversidad de percepciones e intereses de los propios actores.

Componentes del conflicto: problema-proceso-actores

Los conflictos se originan por desacuerdos, diferentes expectativas e interpretaciones, cuando la comunicación es deficiente y existen diversos sistemas de valores. En la mayor parte de los casos, las relaciones de poder entre las partes no están niveladas, se presentan desequilibrios en la disponibilidad de recursos materiales y humanos, o en la tenencia del poder político, económico o social.

Al analizar la estructura del conflicto, se identifican tres componentes bien definidos: problemas, procesos y actores [2].

El problema es la situación, daño, carencia o punto de vista causante de las incompatibilidades y diferencias que separan a las personas. Se manifiesta en los distintos intereses y necesidades. Se agudiza en situaciones de mala comunicación, desinformación, percepción equivocada y estereotipos. Tiene una influencia mutua sobre las diferencias de opinión, el poder de decidir, la capacidad para otorgar recursos, o diferencias de valores y luchas por la posesión de bienes materiales.

El proceso expresa la ruta seguida, tiene que ver con la transformación y la salida que se asuma. Los conflictos nacen, crecen y se desarrollan. Se inician a partir del momento en que se identifica el desacuerdo; a este nivel, los involucrados colaboran. Luego, según aumentan los roces, se buscan culpables y razones, se ataca a la persona, no al problema que los separa, lo que aumenta la confusión. Los problemas se multiplican, se deteriora la comunicación, se habla del problema, pero no con quien se debe. y se pasa del antagonismo a la hostilidad.

¿Los actores? Cualquier grupo de personas, representante de determinada actividad socioeconómica o habitante de una comunidad es participante directo o indirecto, primario o secundario de un conflicto. Las formas en que evolucionan los conflictos, el modo en que se manifiestan los actores, cómo defienden sus intereses y refuerzan sus posiciones a lo largo del tiempo es objeto de trabajo educativo.

Herramientas para trabajar conflictos

La intervención en un conflicto presupone, como punto de partida, el análisis del problema, el contexto y las causas que lo determinan. Estos elementos se concretan en las diferentes percepciones del problema. También hay que valorar qué posición ocupan los actores, cuáles son sus intereses, cuáles sus necesidades y de qué forma se manifiestan sus vínculos con el poder. En síntesis, los pasos para intervenir adecuadamente en un conflicto se basan en:

        Identificar el (los) problema(s) objeto de desacuerdos.

        Discernir claramente los asuntos o diferentes áreas de incompatibilidad.

        Equiparar necesidades a lo indispensable, lo mínimo para satisfacer a un actor.

        Aclarar las posiciones, cómo perciben los implicados su situación en un determinado momento. La postura que cada actor defiende no es discutible.

        Indagar en los intereses, que son las verdaderas motivaciones detrás de las posiciones y es lo que realmente se trata de conseguir.

        Identificar las fuentes de poder y la forma en que es desplegado por las partes.

        Descubrir la esencia del problema, el asunto que causa la discrepancia entre las partes.

El tratamiento de los conflictos se enfoca hacia dos estrategias básicas: el manejo y la transformación. Se trata de buscar una comunicación adecuada que permita construir y comprender la realidad, además de nivelar los desequilibrios de poder.

Un enfoque adecuado del conflicto requiere:

Separar las cuestiones personales de los problemas. Se recomienda ser suave con las personas, pero duro con el problema, evitar la ira, culpar, usar la escucha empática, reconocer y comprender las emociones de la otra parte, dejar que se desahogue y legitimar sus intereses.

La identificación de intereses. Se sugiere preguntar por qué y por qué no después de cada proposición, analizar las consecuencias de convenir o rehusar la posición de los demás, buscar las preocupaciones múltiples. También es aconsejable listar las preocupaciones y sugerencias para resolverlas, legitimar los intereses de cada parte, y ser flexibles para ayudar a generar opciones que satisfagan a todos.

Pasar de las posiciones a los intereses. Es conveniente comenzar por explicar sus intereses y preguntar por los de los otros, explicar con claridad a dónde le gustaría llegar, sin menospreciar los intereses de la otra parte. Los intereses no afloran en un primer momento, se debe buscar en el fondo cuáles son las verdaderas motivaciones.

Generar alternativas de solución. Se trata de conjugar las necesidades de los actores; algunas herramientas útiles son la lluvia de ideas, usar las diferencias en beneficio de ambos, reforzar los puntos de convergencia, buscar alternativas atractivas, que sean económicas, viables, creativas y facilitar la toma de decisiones, entre otros.

El análisis de los conflictos se ha desarrollado de forma tradicional, mediante procesos de adjudicación por las vías legales, en los tribunales; las vías consensuales son preferidas en la actualidad, tal es el caso de la negociación, la mediación y la concertación para la toma de decisiones.

Estrategias de trabajo con los conflictos

Un problema fundamental es la falta de capacitación para trabajar conflictos. No es un tema que forme parte del currículo de las asignaturas de ciencias sociales; en los estudios de Derecho, Comunicación y Psicología se ofrecen algunos elementos, pero no un análisis integral de estos. Temáticamente, pueden ser del interés de múltiples profesionales: psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, educadores ambientales, activistas culturales, ambientalistas, manejadores de áreas protegidas, periodistas y líderes comunitarios. Por ello se abordan desde diferentes perspectivas, en la esfera educativa, el contexto familiar, comunitario y ambiental.

El análisis de los conflictos, según su esfera de influencia, se materializa en el desarrollo de diferentes iniciativas, asociadas a grupos pacifistas opuestos a la guerra y comprometidos con la no violencia, proyectos educativos que se vinculan a la capacitación, también a través del trabajo comunitario y la gestión empresarial, así como las investigaciones, particularmente en el campo de la resolución de conflictos.

El Centro de Investigación para la Paz (CIP-Ecosocial), en España, surge en 1984 como un espacio de reflexión, encuentro y debate, por la amenaza que suponía la Guerra Fría. Con el paso de los años, ha abordado la globalización, el sistema multilateral, los derechos humanos, la ecología, las migraciones, las identidades y la educación para la paz y el desarrollo[3] .

En el contexto comunitario, se han ofrecido en Panamá diversos cursos sobre mediación dirigidos a la mediación comunitaria de problemas que afectan la convivencia y buenas relaciones interpersonales ([4]), en España se publica la revista e-Mediación, con información sobre los conflictos, y en México existe un Instituto de Mediación que también trabaja en este tema.

El Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID) en Canadá propició un proceso intercambio y capacitación a nivel mundial, que culminó con un taller internacional y la publicación del libro Cultivar la Paz, (Buckles, 2000), que marcó un hito en el desarrollo del tema ([5]).

Es casi imposible establecer una frontera entre lo ambiental y lo comunitario. Este es el caso de varias iniciativas en Latinoamérica, asociadas al desarrollo de proyectos de investigación y la creación de capacidades. La   Universidad para la Paz (UPAZ) de las Naciones Unidas, radicada en Costa Rica, ha tenido un papel meritorio en la creación de capacidades. Otro aspecto importante ha sido el trabajo desarrollado por las ONGs, en particular la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (Chile), la Fundación Cambio Democrático (Argentina), la Red COLABORA en Honduras, además de la creación de la Red Mesoamericana de Manejo de Conflictos Ambientales. En Ecuador, la Fundación Futuro Latinoamericano ([6]) desarrolla un papel destacado en la formación de capacidades para el tratamiento de los conflictos en la región.

En Cuba, el Centro Félix Varela ha ofrecido capacitación sobre manejo de conflictos a través de diversos cursos desarrollados por especialistas en la materia. En ellos se han abordado temas de mediación y concertación, fundamentalmente. También se publicó un libro que sistematiza las experiencias en mediación y concertación en las provincias de La Habana, Cienfuegos y Holguín (Bellón, de la Torre y Moleón, 2012). Desde el centro se coordina el trabajo de la Red de Cultura de Paz, con alcance nacional ([7]).

Como se aprecia en esta muestra de referencias, las estrategias desarrolladas han sido múltiples y diversas, de acuerdo al tipo de conflicto y las particularidades del contexto. No hay recetas. Las acciones a emprender son diversas: capacitar a las personas implicadas; concienciar la situación causante del conflicto; propiciar una participación efectiva de las comunidades, a un nivel decisorio; tratar de empoderar a los más débiles; reconocer los derechos y las obligaciones de cada parte involucrada y respetarlos, aun cuando no se compartan los criterios; mejorar la comunicación; asumir una actitud empática, son algunas de las vías que se han emprendido.

En las organizaciones laborales, estudiantiles y comunitarias no deben ocultarse o evadirse, tampoco temer a reconocer la existencia de conflictos. No es algo denigrante, ni constituye un estigma; otro tanto para la esfera personal. Lo importante es prepararse para darles una salida positiva, pues no es una deshonra expresar en la empresa, en la escuela o en el hogar: “Sí, yo tengo conflictos”. (2013)

*La autora es bióloga e investigadora titular del Centro de Estudios y Servicios Ambientales de Villa Clara. Se especializa en el trabajo comunitario en áreas protegidas y el manejo de conflictos.



[1] Correa, Hernán Darío; Rodríguez, Iokiñe: Encrucijadas ambientales en América Latina: entre el manejo y la transformación de conflictos por recursos naturales, Costa Rica, Universidad para la Paz, Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, Canadá, 2005  http://www.upeace.org/cyc/libro/index.htm

[2] Lederach, Juan Pablo: El análisis del conflicto.  http://www.es-scribd.com/doc/7244000

[3] Lobera, J., P. Arrojo, M. G. Rivera y García, E.: La conflictividad que viene. Selección de Centro de Investigación para la Paz. Recursos: CIP-Ecosocial, 2002, www.cip.fuhem.es

[4] Mediación comunitaria.  http://procuraduria-admon.gob.pa/mc-index.php.

[5] Buckles, Daniel: Cultivar la Paz: conflictos y colaboración en el manejo de los recursos naturales, Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, Ottawa, 2000,  http://www.idrc.ca/openebooks/939-9/

[6] Fundación Futuro Latinoamericano.  http://www.ffla.net

[7] Centro Félix Varela.  http://www.cfv.org.cu

   
   
   
   

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