Cuba necesita mirada diferente a la natalidad

Lo esencial es que cada pareja tenga la descendencia deseada con las condiciones que considere óptimas.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS-Cuba

Buena parte de los hogares monoparentales con jefatura femenina son hogares de mujeres negras.

La Habana, 3 jun.- Sobre la natalidad en Cuba, la corresponsabilidad en las familias, el encargo público y la necesidad de crear condiciones para aquellas mujeres que decidan tener descendencia sin ser culpabilizadas por no hacerlo, debatieron integrantes del grupo Afrocubanas en su reciente tertulia trimestral Reyita.

El pie forzado para adentrarse en estos asuntos fue un artículo en el que la periodista Helen Hernández Hormilla cuestiona el enfoque de un reportaje de la televisión estatal cubana que responsabiliza a las mujeres por la baja tasa de fecundidad en el país y que tuvo amplia repercusión en las redes sociales virtuales.

Expertas indican que en Cuba el proceso de disminución de la fecundidad se remonta a la primera mitad del siglo pasado.

Ya en 1978 por vez primera el país estuvo debajo del  nivel de reemplazo: menos de una hija por mujer.

No obstante, las asistentes coincidieron en que la baja la fecundidad no es negativa, sino resultado de un proceso de desarrollo.

Presente en la tertulia, Hernández indicó que según estudiosos del tema, este fenómeno debe entenderse como lo que es: un índice de desarrollo, pero desde el discurso público y político se ve como un problema, al igual que el envejecimiento.

“De lo que  se trata es de cambiar la mirada, sin verlo como un conflicto irresoluble”, opinó.

Para la periodista, si todas las mujeres en edad fértil decidieran tener tres o cuatro hijos y estos al crecer emigraran, no se cambia nada.

“Debemos  pensar en lo que tenemos y, en nuestras circunstancias, optimizar la fuerza de trabajo, al igual que aprovechar la población que envejece, con su sabiduría acumulada”.

Las investigaciones, señaló Hernández,  muestran que la emigración cubana está feminizada desde los 70 del pasado siglo y al cierre de 2012 ellas fueron el 52 por ciento de quienes dejaron el país.

“Las mujeres postergan la maternidad hasta emigrar e insertarse en la sociedad de destino y terminan con hijos después de los 30 años”, dijo.

Al respecto, la profesora de la Universidad de La Habana Niurka Pérez apuntó que las mujeres jóvenes que salen del país generalmente no tienen más de dos hijos en el país de destino.

Según Yulexis Almeida, de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana (UH), debe darse una mirada a los problemas que acentúan la baja fecundidad, entre ellos la emigración y  un sistema de salud poco preparado para las actuales dinámicas.  

“La política, como una forma de ideología, para poder justificar algo debe buscar un culpable. Las mujeres aparecen como las responsables de la baja fecundidad”, opinó Oilda Hevia, profesora de la Universidad de La Habana.

Aunque cada persona tiene responsabilidades individuales y familiares, a las autoridades les toca pensar, consultar y escuchar a especialistas y buscar las soluciones en temas como la fecundidad y el envejecimiento.

A veces no se trata de dificultades económicas, sino que no se piensa en los detalles, indicaron asistentes.

Si bien no siempre son determinantes, en el imaginario social, las mujeres condicionan tener hijos a la situación económica, lograr cierto desarrollo profesional y tener una vivienda, entre otras garantías, destacó Almeida.

De acuerdo con Hevia, debe generarse una estructura económica de modo que haya una correlación entre el trabajo de las personas y las maneras en que están diseñadas sus comodidades y necesidades.

Las integrantes de Afrocubanas cuestionaron el hecho de que no haya estadísticas desagregadas por color de la piel, lo que consideraron un problema, toda vez que las cifras hablan de que buena parte de los hogares monoparentales con jefatura femenina son de mujeres negras, en ocasiones con situaciones de pobreza.

“No hay datos de cómo se mueve la fecundidad por color de la piel, por lo que estamos en una parte del problema que no tiene visibilidad”, dijo Almeida.   

A su juicio, es preciso que “las estadísticas por color de la piel empiecen a tener una mayor presencia en el contexto cubano, de lo contrario vamos a seguir teniendo problemáticas sociales que se están analizando de manera parcial y no tenemos una certeza de por dónde ir”.

Entre las preocupaciones de la escritora e investigadora Daisy Rubiera está el hecho de que los debates sobre estos temas –que tienen lugar desde hace muchos años-, queden en un reducido grupo de personas.

Al respecto, Almeida propuso como acuerdo de la tertulia elaborar en cada una de las sesiones minutas que puedan ser circuladas entre organizaciones como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y otras relacionadas con estos asuntos, así como a personas de diferentes espacios, para que estos intercambios lleguen a un público mayor. (2014)

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