Cubanos que retornan, ¿y?…

El tema de los “repatriados” es un “secreto” a voces que representa en sí mismo un cambio importante en la sociedad cubana de estos tiempos, incluidos exponentes de la música, que siguen creando aquí y allá.

Reunificación de una familia cubana.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Reflexionar acerca de las personas que retornan a su tierra natal -luego de una cantidad mayor o menor de años  de residencia en diferentes países-, no sería un ejercicio  extraordinario. ¿Qué de insólito puede haber en que alguien se reintegre a su lugar de origen? ¿El número de los que se van es superior al de quienes vuelven a nivel mundial? Las migraciones son un fenómeno antiguo, internacional y creciente. El retorno, menos común y numeroso,  parece ser percibido por las sociedades como el natural ejercicio de un derecho.

En Cuba, sin embargo, las percepciones  pudieran ser y han sido otras, si bien la isla no escapa en lo absoluto del éxodo de una parte de sus habitantes en busca del mejoramiento de sus vidas. Migrar, que comenzó antes de la llegada de Colón al mal llamado Nuevo Mundo, no se ha detenido. Las miradas contemporáneas en Cuba han estado condicionadas por las fluctuaciones de la política migratoria, a su vez dependiente de la política.

El tema de las migraciones, en sus múltiples aristas, ha ocupado un lugar importante en la labor de algunos académicos cubanos. Pero, curiosamente,en la actualidad no se divulgan estudios sobre los “repatriados”, según la clasificación popular, o “re-asentados”, de acuerdo con la denominación oficial y al parecer más adecuada.

El año 1959 marca un antes y un después en Cuba en materia de migraciones.  Con posterioridad al triunfo de la Revolución y, durante largos años por razones políticas, a los cubanos que se radicaban fuera de la isla, no les era permitido re-asentarse en su país, ni visitarlo de manera temporal. Quienes “abandonaban el país definitivamente”, a partir de entonces se llamaban así mismos exiliados. La mayoría pertenecía a la alta sociedad,  la clase media o eran profesionales identificados con el régimen precedente, cuya ideología disentía por completo de los postulados de la Revolución. El nada excepcional flujo migratorio de la isla adquirió un nuevo matiz.

Las posturas inflexibles de Cuba (país emisor) y el receptor, en particular en el caso de los Estados Unidos, singularizan una etapa atravesada por fuertes tensiones entre las naciones y las personas, quienes fueron colocadas repentinamente en dolorosas rupturas sentimentales, que fracturaron la unidad de la familia cubana. Mantener correspondencia con quienes dejaban el país era considerado un acto contrarrevolucionario.

Durante ese período también partieron no pocos artistas, la mayoría del ámbito musical, tanto instrumentistas como compositores e intérpretes, hecho que tal vez nunca debió estar permeado por las posturas políticas de aquí y de allá. El ir y venir de los artistas cubanos era (es) una práctica de vieja data, debida a la necesidad de difusión, apertura en el mercado y los circuitos internacionales. Muchos retornaban, incluso, con un nombre acrecido,como  Benny Moré, y Alicia y Fernando Alonso, por solo citar tres imprescindibles de la cultura cubana, aunque migraran eventualmente por razones distintas. Vaivén nada excepcional en la comunidad artística a nivel global.

A lo largo de los tiempos, han sido más los cubanos emigrados que los retornados. Una circunstancia en lo absoluto privativa de la isla, aunque aquí hubo no-aceptación del regreso por parte de las autoridades y renuncia de no pocas personas a venir. Las razones de ambos eran políticas. El país se defendía de las constantes agresiones de que era objeto,debido a su postura de abierto antimperialismo y libre ejercicio de su soberanía primero, y el carácter socialista del nuevo régimen, después. Los “exiliados”-por su parte-, proclamaban que no volverían a Cuba hasta que no cayera  “la dictadura de Castro” y financiaban o integraban,  diversas organizaciones  con el objeto de “liberarla Patria”.

Después de no pocas conversaciones e intentos durante muchos años para tratar de regularizar los viajes de los cubanos, en particular hacia y desde los Estados Unidos, 54 años después del triunfo de la Revolución, en enero de 2013, entraron en vigor  en la isla un grupo de medidas de flexibilización: los ciudadanos cubanos son autorizados a permanecer 24 meses fuera del país, sin perder su condición  de residentes; quienes posean pasaporte corriente no requieren permiso de salida del país, ni carta de invitación;  aumentan las causales de repatriación para las personas que salieron con menos de 16 años y aquellas con “una posición consecuente en la lucha contra el bloqueo y otras acciones a favor de la Patria”,también por razones humanitarias y se extiende de 60 a 90 días el tiempo de permanencia temporal de los emigrados de visita en el país.

Tres años después se ponen envigor otras medidas, relacionadas con la entrada al país de pasajeros o tripulantes de buques mercantes, cruceros y embarcaciones de recreo (yates).

Durante el pasado año 2017, retornaron y se re-asentaron en el territorio nacional 432. 784 migrantes cubanos. El principal país emisor fue Estados Unidos,  con 11.176  personas. La ubicación en los barrios ha sido aceptada de manera natural por sus compatriotas, aunque observen críticamente desde el silencio o el corrillo íntimo los problemas ¿éticos? que se derivan de una cierta presencia-ausente de muchos de estos “repatriados”, poseedores en su inmensa mayoría de una situación material y económica ventajosa en relación con los que no migraron. Se percibe a nivel barrial que la mayoría ni se va definitivamente del lugar donde vive hace años, sea España, México o Estados Unidos, ni se asienta por completo en Cuba. Se mantiene en una postura vacilante de ¿conveniencia?, ¿expectativa? Y esa sí es una diferencia en relación con quienes vuelven a sus terruños luego de años de ausencia y permanencia en otros países a nivel mundial.

En Cuba este año se han concedido otros derechos, como la eliminación del requisito de avecindamiento para obtener la ciudadanía y el documento de identidad a los hijos -nacidos en el extranjero-de cubanos residentes en el exterior; la eliminación de la “habilitación” del pasaporte para los viajes a Cuba de los emigrados cubanos;la autorización a cubanos residentes en el exterior para arribar a costas cubanas en embarcaciones de recreo, a través de las Marinas Turísticas Internacionales Hemingway y Gaviota- Varadero. Se espera que se extienda con posterioridad a otras instalaciones de ese tipo, cuando estén acondicionadas para ello; permitir la entrada en Cuba de los ciudadanos que salieron ilegalmente, excepto quienes lo hicieron a través de la Base Naval de Guantánamo.

¿Un problema?

Quienes retornan -según parece- se reintegran casi siempre en su lugar de procedencia (barrio, municipio, provincia). La actual ausencia de estudios publicados por los científicos sociales y de estadísticas públicas impiden a esta redactora el análisis sobre bases que permitan conocer con certeza quiénes son estos compatriotas que retornan, edades, profesiones, en qué territorios se (re)ubican y otros datos de interés. Información que no es suficientemente divulgada en la actualidad ni por la academia ni por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) y sí deben atesorar la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior y la Dirección de Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Una somera indagación entre ciudadanos habaneros arrojó las siguientes opiniones:

La profesora de Historia de nivel secundario, María Mercedes López Pineda, vecina del municipio Centro Habana, acostumbrada al ir y venir de turistas en las cercanías de su casa, enclavada  en un área con numerosos arriendos particulares, dice:

“Sé que hay cubanos regresando.  Conozco de cerca dos casos: el de un señor jubilado, que compró un apartamento en la calle Lagunas; o sea, su hijo lo compró con el dinero del señor. Vino porque está viejo y aquí tendrá apoyo familiar, medicina gratis y todos los beneficios que da la Revolución. Tengo entendido que ahora  tendrá que ir y venir a los Estados Unidos mientras pueda viajar y las cosas no cambien. Eso dice la gente. No lo sé. Los dos apartamentos, el del padre y el del hijo, están en el mismo piso del edificio. Lo vendió una persona que espera para irse a los Estados Unidos. Si es que se puede ir. A lo mejor se queda varada aquí y sin su apartamento. Una locura. Se compró un cuartucho. Es casi imposible ir ahora para los Estados Unidos, aunque te reclamen tus hijos. El otro caso es el de un tipo que abrió un (restaurante) paladar con todos los hierros, muy bonito,en la casa de su madre y hermano. No sé cómo hizo, porque después compró casas para ellos. Casas no, apartamentos. La familia atiende el negocio con otros empleados, y el repatriado va y viene. Todo lo trajo en un contenedor, desde los palillos de dientes hasta los manteles y copas.Eso es lo que se comenta en el barrio. Son dos casos distintos. El caso del señor, está bien, este es su país y está solo y viejo; pero este otro, el dueño del paladar, me parece un descarado. Ahora toda esa gente que regresa de mentira vive por encima de los que nos quedamos aquí, hemos estudiado, trabajado muy duro, sufrimos el período especial y tenemos que luchar muy duro dinero extra porque el salario no alcanza”.

Por su parte,  Juan Ramón Coutiño, bancario, residente en Santos Suárez, apunta:

“Este es un tema muy complicado. La hija médica de mis vecinos más cercanos se fue hace muchos años, casada con un médico español. Estuvo como 10 años sin poder entrar al país, razón por  la que sus padres comenzaron a viajar a España. Esta muchacha y el español se divorciaron, tenían bienes comunes. En la división, ella se quedó con una de las clínicas. Después,ella se casó allá con otro médico, un cubano de Matanzas, pues resulta que hace muy poco tiempo vinieron¡repatriados! Él compró casa allá en Matanzas y ella le compró la de  Santos Suárez a un tío. Será biplanta, ella vivirá en la casa de abajo cuando venga de vacaciones y los padres en la de arriba.  Creo que por las leyes de España no puede tener propiedades fuera del país o tiene que pagar allá o algo así. No sé. Me imagino que estará a nombre de los padres.Era una herencia de la madre y del tío al que le compró la propiedad. La casa les va quedar espectacular. Hasta cisterna están haciendo a la vista de todos; incluso de Aguas de La Habana, con los problemas de escasez de agua que tenemos los demás vecinos, pero el que puede, puede, ¿no? Cada vez hay más diferencias de niveles de vida en este país. Yo nací en el capitalismo, pero he vivido desde niño en Revolución y hay cosas que no puedo entender. Además, nadie dice ni te explica nada. Que vengan, está bien; que vivan por encima de uno, bueno qué le vamos a hacer, pero que además hagan lo que les dé la gana  fuera de  la ley porque tienen dinero, me parece muy mal.Eso es lo que me revienta: la diferencia, la impunidad, la corrupción”.

Por su parte, María Cecilia González Chaviano,  quiropedista particular, residente en Santa Fe, dice: “Estoy muy contenta. Mi  hija se ha repatriado, pero sigue viviendo en Vancouver,  ha invertido sus ahorros en un apartamento muy bonito cerca del Malecón que ahora alquila a turistas, casi todos canadienses, aunque le llegan de todas partes. Y mi hermana también vino después que se infartó. Ya no puede trabajar más en los Estados Unidos. Estoy recuperando a mi familia. La primera en venir fue mi madre, porque está tan mayor que ya no pueden cuidarla; allá time is money, muy distinto de aquí. Lo ideal es que la gente pueda estar aquí o allá, donde le plazca, sin tantos problemas. Me parece maravilloso. Ya era hora de que los cubanos que quisieran pudieran regresar a este, que es su país.”

Nadie se va del todo…

En medio de tanto silencio, el periodista cubano Joaquín Borges, doctor en Ciencias sobre Arte, ha publicado recientemente un ensayo sobre sus compatriotas músicos “transterrados” y la música que cultivan, tanto en América del Norte como en Europa e, incluso, la que hacen al re-asentarse en el país natal. Única reflexión pública en la isla sobre un segmento tan particular del entramado de migrantes / retornados cubanos.

Borges reflexiona con profundidad académica desde un lenguaje comprensible, alejado de categorías  y “palabrejas”, algo poco común en los textos de esa índole, y desbroza el poco, por no decir nada divulgado tema en Cuba de la música hecha por músicos cubanos en el exterior.

Nadie se va del todo. Músicos de Cuba y del Mundo  (La Luz, Holguín,  2017) es un texto  de 275 páginas que llena un enorme vacío informativo, al arrojar luces necesarias a los músicos en sí -migrantes o no-, los estudiosos del patio,  la diáspora y el público de aquí y allende la isla. El autor hace un recorrido por la obra de muchos de los músicos cubanos transterrados; de lo que él denomina Música Cubana Contemporánea y Música Cubana Alternativa,e incluye un interesante análisis sobre el llamado “sonido Miami”, tema absolutamente nuevo en el panorama nacional para la mayoría de los residentes en la nación caribeña, que no son los músicos y musicólogos, aunque sí grandes consumidores de música cubana e internacional.

Interrogado acerca de las motivaciones para hacerlo, explica:

“Cuando hice el doctorado, hubo un capítulo de la tesis dedicado al tema de los representantes en la diáspora de lo que di en llamar Música Cubana Alternativa, que era el tema de mi investigación. Con posterioridad, cuando escribí y publiqué el libro La luz, bróder, la luz. Canción cubana contemporánea, hubo un fragmento en el que abordaba lo sucedido con los trovadores y(o) cantautores cubanos transterrados. Silvio Rodríguez leyó el libro y me escribió un correo personal, que para mí es el mejor análisis que alguna vez se ha hecho de mis trabajos. Y no porque él coincidiese precisamente conmigo en muchas de mis afirmaciones. Una de las cosas que más le gustó a Silvio fue lo relacionado con la exégesis de los cultores de la canción cubana contemporánea en la diáspora. Todo eso me impulsó a escribir este libro y, por último, me animó a mandarlo al Concurso de Musicología de Casa de las Américas y, aunque no logré mi objetivo: ganar los 3.000 pesos convertibles que dan de premio, fue mención en 2012”.

¿Fue difícil acceder, no solo a la bibliografía, sino al intercambio con estudiosos y músicos “transterrados”, como les llamas a quienes viven y producen en otros países?

– En realidad, si digo que fue difícil acceder a la bibliografía y a los músicos transterrados estaría mintiendo. Por suerte, tengo muchas amistades en distintas universidades de todo el mundo, gente de mi generación, de la siguiente que se fue de Cuba y logró reubicarse en el ámbito docente universitario internacional. Gracias a esas amistades consigo numerosos libros disponibles en las bibliotecas de los centros docentes en los que trabajan. Con los músicos pasa otro tanto, mantengo estrechas relaciones con ellos y nos comunicamos con frecuencia.  Afortunadamente, las TICs han acortado las distancias y con la ayuda de la tecnología hoy se hace mucho más fácil acceder a materiales que antes demoraban años en llegar a uno.

¿A qué crees, sinceramente, que se deba el hecho de que hayas tocado a las puertas de todas o casi todas las editoriales de La Habana, que serían las naturales por ser tu provincia de origen y permanencia, y que ninguna haya decidido publicarlo? ¿Qué razones te dieron?

– Es un problema general que hay entre nosotros con los libros y las investigaciones sobre música. En Cuba, para el mundo intelectual y el académico, incluido el de las editoriales, la música suele ser vista únicamente como el jolgorio y la gozadera.  Hay un manifiesto prejuicio en cuanto a la seriedad con que puede ser analizada. Por eso, a pesar de la cuantiosa producción musical cubana, son pocos, muy pocos, los libros publicados sobre la materia; y menos aún, los que aborden lo contemporáneo. La justificación que me dieron fue que el tema de mi libro no era vendible, pero estoy convencido de que no es por razones de comercialización, sino porque se opina que el asunto, como otros tantos vinculados con lo musical,  no merece ser llevado a un libro. Nuestro mundo cultural y en general  sus dirigentes tienen una visión, en esencia, literaria y no de otra índole.

¿Perjudican el desarrollo  de los estudios culturales, las barreras de la política, del bloqueo interno y externo? ¿Hay un “bloqueo interno”?

-Yo creo que el problema para esta clase de estudios culturales no está hoy en lo que mencionas, para míse resume en una palabra: censura. El problema que más afecta es la falta de preparación y de voluntad de las personas para acometer aquí investigaciones que sean concebidas desde una perspectiva inter, multi  y, sobre todo,  transdisciplinaria. Y esa es una mirada de suma importancia en la actualidad para las ciencias sociales; sin embargo, paradójicamente, su presencia es muy escasa en nuestro medio. Otro asunto es el tema de la aplicación de los resultados de estos estudios culturales. Hay muchas dificultadesporque, pese a que desde los años noventa se hizo más evidente la urgencia de modificar la relación teoría social- práctica política, se sigue discutiendo si los resultados de las investigaciones sociales han contribuido a la toma de decisiones. Aún los problemas de conveniencia política gravitan fuertemente sobre las ciencias sociales y causan la posposiciónde temas. Por ese camino, aparecen los obstáculos de tipo ideológico-no de la ideología en general-, sino la (personal) de determinados funcionarios, quienes producen tendencias con carácter de ciencia oficial.

-Aunque el centro de tu libro  no sean los músicos cubanos que se establecen fuera de la isla y su obra, el título resulta algo “engañoso”,  ¿lo  elegiste para atraer lectores, querías anunciar subliminalmente que, de alguna manera, tratabas el tema?

-Me perdonas, pero el que se lea bien mi libro se dará cuenta de que el centro son los músicos cubanos establecidos fuera de nuestro país. No hay nada de “engañoso” en el título del libro, es la idea central que pretendo transmitir a los lectores. Lo que pasa es que yo no hablo de música desde el punto de vista técnico, a la manera en que lo haría la Musicología. A mí me interesa estudiar el hecho musical en relación con su contexto: establecer una perspectiva dialógica entre música y sociedad; en este caso específico, entre música y diáspora. Para ello, intento abordar el tema desde variadas aristas. Es la fórmula que hasta ahora he empleado en todos mis libros sobre música.

-Si la primera versión de tu libro es del año 2012 -cuando fue primera mención en el premio de Musicología de Casa de las Américas- y finalmente resulta publicado en ediciones La Luz, Holguín, en noviembre de 2017, ¿hiciste una relectura y le “pasaste la mano”? ¿Qué debiste profundizar más o se pudo quedar fuera? ¿Tienes en perspectiva seguir el tema o irás ahora hacia otras búsquedas?

-Sí, pude actualizar el texto y agregarle, por ejemplo, la nueva circunstancia que se creó con la modificación de la ley migratoria cubana, los cambios introducidos por Obama y los llevados a cabo por Trump. Entre la edición de mi libro en los Estados Unidos  en 2013 y esta de 2017 hay algunas diferencias, pero la esencia se mantiene. Ahora trabajo en un libro que tiene que ver solo con la escena de Miami, sobre todo lo sucedido entre fines de la década de los sesenta e inicios de los años setenta. Esta es una etapa muy interesante, musicalmente hablando, que ha sido muy poco estudiada. También estoy revisando un ensayo que escribí y trasciende lo musical para hablar en general de la producción artístico-literaria cubana actual que se hace fuera del país y cada vez más asume un carácter transnacional. Es posible que eso se convierta en un futuro libro.

¿Continuará?

Cuba vive, desde el 19 de abril, bajo la égida de un nuevo gobierno que tiene por delante no pocos retos, entre ellos el de  la promoción de una nueva Carta Magna, porque la vigente (24 de febrero de 1976)  ha caducado para bien en buena parte de sus articulados.

El país marcha, no se derrumba como muchos habían vaticinado. Se producirán cambios con seguridad, mientras tanto, el pueblo vive con normalidad (¿aparente?)en una suerte de expectación. Periodistas, analistas y científicos sociales deberán aplicarse en sus estudios en medio de esa circunstancia.

Entre las muchas preguntas que se hacen las y los cubanos, estas podrían ser algunas: ¿Continuarán regresando compatriotas a reintegrarse en la tierra natal? ¿Se normalizará la migración  hacia Estados Unidos?

Cabe pensar que el gobierno continuará permitiendo el retorno de los cubanos migrados a otros país escomo un derecho legítimo. Es significativo que ni la academia ni la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) divulguen el tema. En tanto, la ciudadanía lo acepta, con o sin críticas que no rebasan el marco de la intimidad. El tema de los “repatriados” es un “secreto” a voces que representa en sí mismo un cambio importante. Harina de otro costal continúa siendo la migración hacia los Estados Unidos, dependiente de la política estadounidense, muy endurecida (y hasta disparatada) por la administración Trump.(2018).

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