Diálogo en espera de un programa

En los últimos tiempos, la Iglesia Católica y el gobierno de Cuba crearon un clima que favoreció el acercamiento.

Jorge Luis Baños - IPS

Los obispos católicos cubanos plantean que el tema religioso puede esperar y es mejor dialogar con las autoridades sobre cuestiones que afectan a toda la población

La Habana, 25 ago.- Como parte del proceso de cambios económicos y sociales que hoy experimenta Cuba, la relación entre la Iglesia Católica en la isla caribeña y su gobierno -marcada por tensiones desde 1959-, también debe ser “reformada” o “actualizada”, según la sección En Diálogo, de la revista Espacio Laical.

Esta publicación del Consejo Arquidiocesano de Laicos de La Habana, reprodujo en su más reciente edición una conferencia del comunicador Orlando Márquez y el debate que suscitó entre el público que la escuchó el 30 de junio de este año, en el Centro Cultural Padre Félix Varela,

A continuación, la Redacción de IPS en Cuba resume alguno de los aspectos analizados en el texto, titulado “La Iglesia como puente de acercamiento”, y las personas asistentes a la cita:

Primeros pasos: A fines de abril de 2010, se abrió un diálogo entre el cardenal Jaime Ortega y el presidente cubano Raúl Castro, después que el prelado denunciara actos de maltrato hacia las Damas de Blanco, un grupo femenino que se nucleó originalmente para demandar la liberación de sus esposos, hijos o padres, opositores presos en 2003.

Este suceso inédito desde 1959 dejó abierto el camino para que la jerarquía católica y las autoridades discutieran sobre temas sociales y de interés ciudadano, valoró Márquez.

Inclusión: Asimismo, Márquez propuso que las autoridades del país deben “poner fin, y desestimular todo acto de violencia que enfrenta a ciudadanos entre sí por razones políticas o de otro tipo”, promover más la participación ciudadana, prestar mayor atención a las minorías (culturales, religiosas, políticas…) y garantizar sus derechos.

Disidencia: Para el comunicador, es importante que quienes disientan, de forma organizada o individual , “asuman en toda su magnitud y alcance la acción pacífica, que implica también abandonar la violencia verbal, la descalificación y el desprecio” y “consideren que un número no despreciable de cubanos continúa, y continuará, dando su apoyo al gobierno actual, aunque demande cambios socioeconómicos que mejoren su calidad de vida”, entre otros aspectos.

Reformas: Según Márquez, se debe “continuar de modo aún más decidido las reformas, cada vez con más transparencia, haciendo partícipes a los ciudadanos de las metas concebidas”. “El tiempo desempeña aquí un papel de primer orden, pues se trata del tiempo de las personas, tanto de los ciudadanos comunes como de aquellos que gobiernan. No hay en este mundo más que una oportunidad de vivir”, acotó en ese sentido.

Retos: Pese a los avances alcanzados, el diálogo corre el riesgo de continuar dependiendo de las relaciones interpersonales si no logra institucionalizarse ni generar “regulaciones definidas”, “un programa” o “unos pasos concretos” que permitan su extensión y difusión en toda la isla, manifestó Márquez, director de la revista Palabra Nueva, de la Arquidiócesis de La Habana.

En este proceso, corresponde a las personas laicas facilitar “el contacto con el mundo exterior, con la sociedad cubana, con la cultura, con la ciencia”, por ejemplo, mediante las publicaciones católicas (todas bajo dirección laica) donde convergen creyentes, no creyentes y una pluralidad de posturas políticas y de formas de pensar, añadió.

Según la historiadora Leonor Amaro, hoy es necesario “descentralizar el diálogo” y “establecerlo de manera horizontal en los espacios que existen”, como Salud Pública, donde la Iglesia cuenta con el reconocimiento oficial y de la población. Para el consultor económico Manuel Alonso, las experiencias de diálogo no llegan a amplios sectores de la población y “se mantienen generalmente a puertas cerradas”. (2012)

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