El mulato y los mitos sobre la racialidad

Tras la asimilación positiva del mestizaje puede esconderse el fenómeno de la discriminación.

Archivo IPS Cuba

La revista La Gaceta de Cuba dedica dossier al tema de la raza

La Habana, 13 jul.- A partir de las reflexiones que se generan cada vez con mayor visibilidad en el campo intelectual cubano sobre el tema del racismo y la raza, aparecen nuevas aristas para interpretar el fenómeno en su historia y actualidad.

El rol del mulato y el mestizaje en la sociedad es uno de los filones que pretende rescatar en los debates la investigadora y presidenta del Instituto Cubano del Libro Zuleica Romay, cuyo texto “Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad”, recibiera el Premio Especial Casa de las Américas este 2012.

Un fragmento de su ensayo salió a la luz esta semana en el último número de la revista La Gaceta de Cuba, presentada en homenaje a los cien años del natalicio de su fundador, el poeta Nicolás Guillén, y como parte de las acciones conmemorativas por el bicentenario de José Antonio Aponte y el centenario de la represión contra el Partido de los Independientes de Color.

Dentro del dossier que la publicación de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) dedica a la problemática racial, el trabajo de Romay destaca por su postura frente a la apropiación de lo mestizo como símbolo o esencia de lo nacional. Según la autora, la versatilidad instrumental del mestizaje como elaboración ideológica sirvió para sustentar el genocidio contra los pueblos originarios de América Latina y tiene aún inmanencia y sostenibilidad.

A través de un recorrido breve por la historia de Cuba, Romay precisa que al fundirse el abolicionismo y el independentismo en un igual propósito liberador durante la etapa colonial “las representaciones sociales de lo cubano no requirieron constituirse en torno a un híbrido equilibrador de colores y culturas”.

Posteriormente –apunta la investigadora-, el proceso independentista, signado por el ideario de José Martí, dio por conquistada la armonía entre las razas, un argumento que se incorporó como “mito tranquilizador” por las clases detentoras del poder en la recién inaugurada república.

Romay señala que en el período posterior a 1902, la visibilidad política de los negros evitó que estos fueran ignorados, por lo que “lo mulato” se admitió sin que fueran omitidas sus raíces negras.

“Desde la prédica de Martí hasta la lírica de Guillén en Cuba el mestizaje es más sentimiento que teorización, pues se asume como prueba de la materialización de la democracia racial en los espacios privados de la sociedad y como expresión del persistente anhelo de unidad de la nación”, escribe la autora.

El texto recalca además el papel del determinismo biológico y geográfico que signó la interpretación metropolitana de las mezclas étnicas y de razas, en la creación de estereotipos que luego tuvieron eco en las ciencias humanísticas y la literatura.

“Desde entonces nuestra mulatez –explica Romay-, muy visible en el discurso cultural mientras se atenúa en el político y se desvanece en sus instrumentaciones bioantropológicas es como el fiel de una balanza: se desplaza en uno y otro sentido –negándola o afirmándola como condición esencial- en dependencia del contexto epocal y social”.

Finalmente, la ensayista expone su crítica en torno a la asimilación positiva del mestizaje como vía para combatir el racismo, señalando que, históricamente, la mixtura de los extremos en la escala de color no ha hecho sino incrementar la percepción de las diferencias. (2012)

Un comentario

  1. Liliana

    Interesantísimo. ¿Pueden enviarme más información?

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