El sistema educativo cubano a debate

El papel vertical y burocrático de los organismos centrales impide una gestión más eficiente en los diferentes niveles de enseñanza, señalan intelectuales.

Archivo IPS Cuba

Cuba fue uno de los primeros países en cumplimentar los objetivos de desarrollo en educación planteadas por la ONU para el 2015

La Habana, 2 nov.- Aunque la educación cubana posee indicadores de países desarrollados, la improvisación y rapidez al implementar estrategias unido a una débil relación con el personal docente de la base del sistema educacional, afectan hoy el desarrollo de este sector terciario, según la revista Espacio Laical.

En una de sus más recientes ediciones, la publicación digital del Consejo Arquidiocesano de Laicos de La Habana reunió en la sección Dossier las opiniones del investigador Ovidio D´Angelo, los académicos María del Carmen Barcia, Berta Álvarez, Leonor Amaro, Hiram Hernández y Julio Antonio Fernández y el estudiante Luis Emilio Aybar, sobre las debilidades y fortalezas de la educación pública cubana.

En la actualidad, el personal docente enfrenta una jornada laboral agotadora, no tiene suficiente tiempo para la superación profesional, recibe poca estimulación monetaria y moral y sus criterios no suelen tenerse en cuenta al diseñar las estrategias y políticas del ramo, expone Berta Álvarez, profesora de la Universidad de La Habana.

Según Hernández, entre los puntos críticos de las transformaciones recientes están la formación “instantánea” de maestros y maestras que debían impartir todas las asignaturas, con la consiguiente pérdida de la especialización y la sustitución del docente por el uso de medios audiovisuales como el televisor y el video.

Por su parte, Aybar valora como aspectos positivos que se disponga de medios audiovisuales para complementar las clases, la reducción del número de estudiantes por aula y la diversificación de las vías de ingreso a la enseñanza superior.

Además, resalta las bondades del último plan de estudios para la Universidad, que disminuye las horas presenciales en el aula y ofrece más libertades para que el estudiantado elija algunas de las materias a cursar.

Para Julio Antonio Fernández, la existencia de varios problemas en los contenidos y métodos establecidos en el sistema educativo nacional afectan la calidad de las clases. De hecho, precisa, en los últimos años surgió y se estableció una “educación paralela” pues cada vez es más usual que las familias recurran a las y los repasadores privados, cuya labor se legalizó con la ampliación del trabajo por cuenta propia realizada en 2010.

El investigador Ovidio D´Angelo considera que la oferta masiva de carreras en las sedes universitarias, durante sus años fundacionales, abrió nuevas posibilidades a las juventudes, que no tuvieron posibilidades en la red de universidades regionales del país.

A la vez, esta tendencia “se convirtió en un arma de doble filo al graduar a una parte de ellos sin la calidad necesaria”. Esta iniciativa, que llevó los estudios universitarios al ámbito más local, desde hace dos años redujo su número de sedes y contrajo su matrícula.

Asimismo, apunta que en la educación cubana se manifiestan “tendencias autoritarias que predominan en la sociedad”, como depender y esperar por las decisiones centrales, la falta de crítica, el exceso de voluntarismo en la toma de decisiones y en la ejecución de modelos.

Entre las propuestas de los especialistas se encuentran prestar mayor atención a las opiniones familiares, del estudiantado y los docentes, descentralizar los programas y dar protagonismo a las identidades locales, transformar algunos métodos pedagógicos, y ofrecer mejoras en la formación, el salario y las condiciones de trabajo de los profesionales del área.

Luego del triunfo revolucionario de 1959, el gobierno quiso elevar la cultura del pueblo y así dan fe la campaña de alfabetización, la educación pública y gratuita, el acceso a la universidad sin importar condición económica, color de la piel o género, la creación de centros de enseñanza especial, entre otros, recuerda Barcia.

Pero durante las primeras décadas revolucionarias, la intolerancia “primó de manera muy fuerte” e impidió al estudiantado expresar con libertad sus creencias religiosas, inclinaciones sexuales y criterios políticos, explica la historiadora Leonor Amaro.

Al sobrevenir la crisis económica de 1990, muchas instalaciones sufrieron un fuerte deterioro, perdieron sus laboratorios y bibliotecas, y algunos educadores migraron hacia esferas más rentables o se acogieron el retiro, destacan los especialistas. (2012)

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.