Foro acoge experiencias comunitarias por la paz

Las intervenciones en la comunidad, formación y atención a víctimas requieren sistematicidad y profundidad.

Foto: Jorge Luis Baños, IPS-Cuba

Las comunidades religiosas de Cuba ostentan un trabajo sostenido en la prevención y atención de la violencia de género.

La Habana, 23 nov.- Llegar a espacios comunitarios para sensibilizar, capacitar y atender la violencia hacia las mujeres es algo que tienen en común el Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero” (OAR), en La Habana, y el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD-C), de Cárdenas.

A difundir estas experiencias, estuvo dedicada la última edición del espacio de debate Foro Permanente de OAR, con el tema “Violencia de género y el escenario religioso cubano. Buenas prácticas por la no violencia”.

El tema fue desarrollado por las ponentes Valia Solis y Janettee García, del CCRD, y Mareelén Díaz, de OAR, en la cita celebrada el 20 de noviembre.

“Nos pareció importante rescatar un tipo de práctica, con resultados positivos, realizada en los espacios religiosos, lo mismo desde la visión religiosa o dirigidas a personas no creyentes”, reveló Díaz.

A su juicio, la violencia de género, y específicamente hacia la mujer, es un asunto que debe ser asumido por el Estado como la atención a las personas con el virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida, o el consumo de drogas, entre otros problemas de la sociedad cubana.

“Resulta imprescindible la atención estatal y centralizada. Pero el problema no quedaría ahí resuelto. Se requiere además de que múltiples instituciones y organizaciones hagamos nuestro este problema social, de salud y derechos humanos”, dijo la psicóloga.

“Aunque el CCRD-C ha trabajado la atención de la violencia desde hace varios años, nos dimos cuenta que las acciones eran insuficientes. Comenzamos a desarrollar iniciativas específicas a partir de la solicitud de líderes de algunas denominaciones religiosas de comunidades rurales”, explicó Valia Solís.

Realizaron un diagnóstico a partir de entrevistas a actores religiosos y sociales sobre su percepción de este fenómeno en sus comunidades.

Con esa base, desarrollaron una metodología de investigación-acción participativa desde las vivencias de los individuos y con las mujeres violentadas y sus familias como población meta, agregó.

En la primera fase de sensibilización, se unió la capacitación de los líderes que solicitaron intervención en sus localidades. Se conformaron redes de apoyo para crear lugares a donde pudieran acudir las personas en situaciones de maltrato.

Por su parte, la estrategia de OAR promueve relaciones equitativas de género en la sociedad cubana contemporánea, desde una espiritualidad comprometida con la solidaridad, la pluralidad y la participación, explicó Díaz.

Para ello desarrollan líneas de trabajo como formación, experiencias de transformación social, comunicación social y atención.

Bajo esta sombrilla, abundó, han surgido prácticas como la articulación de una Campaña Nacional por la No Violencia hacia la Mujer, la Plataforma de Hombres por la No Violencia, la Red Nacional por la No Violencia de Género y el propio Foro Permanente.

Desde 2011, anualmente se convoca al ciclo de talleres sobre violencia de género “En busca de una estrategia para el cambio”, con universitarios de cuarto año de las carreras de Comunicación Audiovisual, Comunicación Social, Periodismo  y Diseño. De ahí, nacen las propuestas para elegir la campaña del próximo año.

Las acciones de OAR se desarrollan en los ámbitos comunitario, institucional, religioso, universitario, cultural y a lo interno del grupo, continuó Díaz.

Entre los retos para el trabajo futuro se encuentran lograr sistematicidad y profundización de la formación, articulación de actores en la atención a la violencia como problema social, visibilizar los vínculos entre género y violencia de género en ámbitos de las comunidades religiosas y la relación entre equidad de género y equidad social, así como abarcar más regiones del país y zonas rurales.

En el debate, se habló de la carencia de datos nacionales sobre violencia de género y en específico hacia la mujer, el mito de que no existe violencia en espacios y familias religiosas y la complejidad del asunto, porque suele ser escondido por las propias víctimas y la sociedad.

Díaz resaltó que los investigadores siempre encuentran “la violencia porque ocurre en cualesquiera de los grupos humanos, no es privativa de familias no religiosas, ni pobres, ni negras, abarca todos los estratos sociales”.

A su juicio, los mitos son los sostenedores y reproductores de la violencia. “Mientras sigamos viendo el asunto lejos de nosotros no podrá erradicarse. Está tan naturalizada que nos parece que viene en el ADN, pero no, la violencia se aprende”, concluyó. (2014)

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