Foro analiza la participación social en Cuba

La participación es un medio para lograr proyectos sociales, políticos y comunitarios, defiende el educador popular Ariel Dacal.

Archivo IPS Cuba

Potenciar la participación social es uno de los tantos retos del proceso de cambios que vive Cuba, según especialistas.

La Habana, 24 may.- En qué momento se encuentra la participación social en Cuba y cuáles son los desafíos a enfrentar al respecto en medio de las transformaciones que vive el país, son asuntos de actualidad que desvelan a investigadores sociales y activistas de la nación caribeña.

Por ello, un grupo de estudiosos, profesores y estudiantes se reunieron la víspera para debatir sobre el tema en el espacio del Foro Permanente, que cada mes convoca el no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero” (OAR) para brindar instrumentos de análisis sobre la realidad cubana y latinoamericana.

Como un primer paso en el acercamiento al problema, el auditorio definió que participar significa “decidir, dialogar, compartir, involucrar, estar, reflexionar, opinar y tener espacio en la toma de decisiones”.

De acuerdo con el profesor Juan Valdés Paz, la participación social es casi nula en el nivel más alto de la institucionalidad cubana, los organismos y organizaciones nacionales y la administración estatal central; y el intermedio, los niveles medios de dirección y sistema empresarial. Resulta muy limitada en la base, continuó.

Según la estructura vigente en la nación caribeña, los recursos y el poder se concentran en los dos primeros niveles, explicó. Apuntó también que la centralización y el verticalismo que han imperado durante décadas reducen la participación en los espacios donde se mueven los ciudadanos.

En el nuevo escenario que vive el país, se comienza a hablar más de términos que implican más participación como autonomía empresarial, territorialidad y municipalización que requieren de mayores definiciones, añadió Valdés Paz.

Alcanzar más claridad al respecto resulta imprescindible ya que, en la práctica, resultan confusos para quienes deben cambiar el funcionamiento institucional.

Asimismo, insistió el estudioso, es preciso determinar si las estructuras existentes a nivel de barriadas (consejos populares y circunscripciones) y municipios son suficientes para garantizar la participación, toda vez que la inoperancia de años ha generado apatía en no pocas personas que optan por mantenerse al margen.

La sociedad cubana necesita definir un modelo económico, de participación, autogestión e inteligencia colectiva, apuntó, en referencia al proceso de cambios económicos que encauza el gobierno de Raúl Castro desde 2008.

Para Ariel Dacal, del no gubernamental Centro Memorial Martin Luther King Jr., la participación es una categoría ideológica y para entenderla es preciso indagar a qué noción del poder sirve, entre otros aspectos.

De acuerdo con el joven que trabaja en diferentes comunidades siguiendo la metodología de la educación popular, la participación no es un fin sino un medio para lograr proyectos y constituye, a su vez, un proceso político de socialización del poder.

En sus reflexiones “Participar desde los afectos y la conciencia”, Dacal indicó que una de las características de los procesos participativos es que están acompañados de alegría, felicidad, empatía, afecto y disfrute, algo que generalmente queda fuera de las investigaciones de las ciencias sociales.

“Los procesos formativos deben tener en cuenta también los procesos afectivos, que son una necesidad humana”, precisó.
Seguidamente, el tema generó un rico y profundo debate.

Para Niruka Pérez, investigadora del espacio rural, la sociedad cubana requiere de un proceso de autocrítica de sus errores, deficiencias y virtudes.

En tanto, Ovidio D´Angelo, del estatal Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, apuntó que, pese al desgaste y la apatía de las personas, deben crearse espacios para movimientos sociales, donde participen quienes quieran seguir cambiando el estado de las cosas.

En esa cuerda se pronunció el joven David Barrera, quien recordó la importancia de las manifestaciones populares en los primeros años de la Revolución Cubana de 1959. “Esa libertad popular se perdió”, expresó Barrera, a la vez que instó a recuperarla.

A juicio de Mareelén Díaz Tenorio, de OAR, la labor realizada por proyectos comunitarios que aspiran a potenciar la participación ciudadana no es estéril. Sin embargo, “es preciso reconocer cuánto cuesta cambiar al interior de las familias y los individuos”, apuntó.

OAR, un grupo de inspiración cristiana que acompaña a comunidades de todo el país por la equidad de género, la participación ciudadana y una cultura de paz, entre otros, organiza desde 2011 el espacio del foro permanente para debatir sobre problemas sociales de Cuba y América Latina. (2013)

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