Grupo rescata legado de sacerdote comandante

Sardiñas fue capellán del Ejército Rebelde, donde bautizó, alfabetizó y recibió el “grado militar” en reconocimiento a sus méritos.

Se le considera un precursor de la corriente militante que más tarde se denominaría Teología de la Liberación.

La Habana, 17 dic.- A las interrogantes de quién fue, qué hizo y cuál es su legado respondió un panel sobre la vida y obra  del sacerdote comandante Guillermo Sardiñas (1917-1964), organizado por el Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero” (OAR) en conmemoración al medio siglo de su deceso.

La actividad, celebrada la víspera, incluyó además la presentación de un documental sobre diferentes aspectos de la vida del padre, hoy casi desconocido por la población del país caribeño insular.

Sobre sus relaciones con la Iglesia Católica y la Revolución Cubana (de 1959), disertó Yolanda Portuondo, autora del libro de testimonios “Guillermo Sardiñas Menéndez, El sacerdote Comandante”.

Mientras el padre Isidro Hoyos, sacerdote párroco de la Iglesia San Martín de Porres del barrio capitalino de Alamar, habló del sacerdote desde su percepción de cura obrero, en la última edición del espacio de debate mensual Foro Permanente organizado por OAR.

Sardiñas nació el 6 de mayo de 1917 en Sagua La Grande, en la región central de Cuba. Cursó sus primeros estudios en el colegio Sagrado Corazón de Jesús, en su ciudad natal. Cuando cumplió los 12 años de edad ingresó en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio para estudiar la carrera eclesiástica.

Según Portuondo, el joven seminarista fue seleccionado para estudiar en la Universidad Gregoriana de Roma por la excelencia de sus calificaciones y comportamiento.

“Cuando regresó, para sorpresa de muchos, fue designado en pueblitos desconocidos de la antigua provincia de Las Villas (hoy la central Villa Clara). Y casi siempre fue así, porque entonces la curia española concentraba en sus manos los mejores cargos y las iglesias más ventajosas”, dijo la estudiosa.

Era de baja estatura pero apasionado y de temperamento fuerte, describió. “Era un cura muy político, muy criollo, de ahí que se interesara por nuestra historia y lo que estaba sucediendo en el país, algo que no pasaba con los curas españoles”, añadió.

Cuando le solicitó al obispo Eduardo Pedro Martínez Dalmau (1893-1987) autorización para postularse como alcalde de Palmira, este le dice que no, alegando que esa no era la función de un cura. En otra ocasión, lo invitaron a postularse nuevamente y el obispo accedió porque consideraba que no tendría muchas posibilidades.

En los pueblos donde fue designado se distinguió por acercarse al pueblo, frecuentar las fondas e interesarse por el centro de veteranos de la guerra de independencia (1895-1898). En tiempos de ciclones, cuentan que acondicionaba la iglesia y la casa parroquial para evacuar a las familias con viviendas precarias.

Según testimonios recogidos por Portuondo, por diferentes problemas con el obispo fue trasladado a La Habana y luego a Quivicán, donde también protagonizó hechos inéditos como poner una bandera detrás de la efigie de la Virgen de la Caridad del Cobre, Santa Patrona de Cuba, jugar a la pelota y participar en los trabajos voluntarios para la construir el estadio de béisbol local.

Con su actitud, señaló la escritora, rompió todos los esquemas posibles, algo que miraba con recelo la clase pudiente. Subrayó que respetaba mucho todo lo referente a su oficio.

Sardiñas no ocultaba su pensamiento revolucionario. Utilizó el púlpito para condenar la tiranía del Fulgencio Batista (1901-1973). Se unió  al Ejército Rebelde, comandado por Fidel Castro y permaneció durante un año y medio en la Sierra Maestra.

Fue capellán de los guerrilleros, bautizó a los habitantes de las zonas  montañosas y alfabetizó. Recibió el título de comandante en reconocimiento a su jerarquía y sus méritos.

“Sardiñas subió a la Sierra cuando el destino de la guerrilla era bastante incierto, en junio de 1957. Pasó casi toda la guerra allá arriba, sin saber si iba a prosperar o no”, precisó la autora del libro sobre el sacerdote que, tras el triunfo revolucionario en 1959, vestía una inusual sotana verde olivo, el color del uniforme guerrillero.

Por su parte, el sacerdote obrero español Hoyos calificó a Sardiñas de persona valiente, “no solo por haberse ido a la Sierra, sino por su actitud coherente con la situación que en ese momento libraba el pueblo cubano”.

Juan Ramón de la Paz, sacerdote episcopal, señaló que la sotana verde “es un símbolo de que el cristianismo y la profundamente ecuménica iglesia cubana han tenido figuras entregadas a este pueblo”.

Consideró que Sardiñas, con su sinceridad, sencillez y entrega, fue un precursor de la más profunda corriente profética de la Teología de la Liberación, que después retomaron los grandes teólogos de América Latina.

Asimismo llamó a rescatar el conocimiento sobre el sacerdote comandante al igual que de otros curas y pastores que se entregaron a la causa de la independencia de Cuba a finales del siglo XIX, en lo que calificó de “suerte de ecumenismo patriótico”.

“Detrás de la figura del padre Sardiñas, está toda la esencia simbólica del pasado glorioso de unión entre fe y Patria, fe y cristianismo, fe y socialismo de la más pura esencia utópica, porque siempre hay algo que construir y reformar”, opinó el párroco.

Desde el auditorio, las personas recordaron anécdotas personales relacionadas con el padre y reiteraron la necesidad de hablarles a las actuales y futuras generaciones de cubanas y cubanos sobre Sardiñas.

“Es importante rescatar toda esta historia y mostrarla como un hombre vivo, sencillo, humilde, travieso y valiente. Hay que dar a conocer la diversidad de personas que hicieron la revolución”,  dijo Tania María Jiménez.

Otras actividades recordarán al sacerdote comandante, entre ellas una exposición de fotografías en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, un conversatorio con estudiantes coordinado por OAR junto a la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana; una peregrinación y ofrenda floral en el cementerio de Colón y una misa en su memoria en la Iglesia parroquial de Cristo Rey, donde ejerció el sacerdocio. (2014)

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