Identidades de género cuestionan las políticas públicas

El activismo LGBTI es esencial para la inclusión social de este grupo, según especialistas.

Jorge Luis Baños - IPS

Entre otros asuntos, se reiteró la importancia de reconocer el carácter artístico del transformismo.

La Habana, 25 ene.- Las instituciones que trabajan por incluir las diversas identidades de género en las políticas públicas deben mantener siempre estrategias de participación social, según las y los asistentes a un coloquio cubano-francés.

“Tenemos que trazar una estrategia de participación popular permanente”, indicó Mariela Castro Espín, directora del estatal Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), en el encuentro titulado “Políticas públicas e identidades de género”. Solo así se logrará la aceptación de la diversidad sexual en la sociedad, abundó.

Misión

“Entre las cosas que he ido aprendiendo es que no somos portadores de soluciones”, amplió sobre la función de entidades como la suya. Por otra parte, Castro Espín llamó a “instituir la solidaridad como uno de los más importantes valores”, en la cita desarrollada el 23 de enero, gracias a la alianza entre el Cenesex y la Embajada de Francia en Cuba.

La sexóloga afirmó que aún no se ha desarticulado la cultura patriarcal y homofóbica, que impide el desarrollo, en todas las realidades, de la solidaridad hacia las personas con sexualidades no hetero. No obstante, “debemos hacerlo con los nuevos elementos que hemos ido aprendiendo”, dijo.

Por ello, el Cenesex trabaja desde 2008 en una estrategia educativa y de comunicación para promover el respeto a la libre orientación sexual e identidad de género, que involucra a instituciones estatales y no gubernamentales, así como a un número creciente de activistas, nucleados en las llamadas redes sociales comunitarias.

La también reconocida como luchadora por los derechos sexuales consideró que la contribución de su centro a la sociedad cubana ha sido identificar “aquellos espacios donde persisten discriminaciones y silencios, que han generado malestar” entre múltiples personas.

Entre esos ámbitos, destacó a la cultura, la salud pública, las leyes y la educación en todos los niveles de enseñanza.

Pertenecer o no al movimiento

A partir de una provocación hecha por el sociólogo cubano Ramón Rivero, el joven antropólogo francés Oliver Allard sostuvo que no tenía soluciones para lograr la adhesión de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI) a los movimientos de la diversidad sexual.

“Ante un discurso oficial que aboga por la integración”, sería “normativo u opresor” que la pertenencia al activismo fuera obligatoria.

Allard aseguró que “el derecho a la diferencia o la indiferencia” en la comunidad LGBTI transcurre por varias etapas. Mencionó el período en que deciden “luchar para construir una comunidad con autonomía política”. “Pero también tienen el derecho a disolverla en otros momentos”, contrastó.

Mientras, el activista y académico francés Alexandre Jaunait indicó que “se deben transformar algunas cosas en la educación”. Sin embargo, el autor de la conferencia “Las identidades del sexo y el pensamiento del Estado del género”, destacó que en el plano legislativo es “donde más hay que reforzar”.

Otra cultura

Desde la cultura, el crítico y profesor del estatal Instituto Superior de Arte Noel Bonilla consideró que para “tender un puente entre lo pautado, la práctica real y los intereses y necesidades expresivas de los artistas”, hay que “abrir las posibilidades de participación”.

Para el director del grupo de teatro El Público, Carlos Díaz, su puesta de “Las amargas lágrimas de Petra von Kant” -obra del dramaturgo alemán Rainer Werner Fassbinder- fue una manera de “demostrar que ser hombre o mujer es una ilusión discutible, que puede recomponerse de muchas formas”.

Algo similar sucede con el transformismo, a cuyos cultores el Cenesex considera parte de la diversidad sexual y más recientemente los ha reconocido como artistas.

Los transformistas, actores claves en la estrategia de sensibilización del centro dirigido por Castro Espín, han visto “dilatada su aceptación en el catalogo de artistas del Consejo Nacional de las Artes Escénicas”, aseguró Bonilla. “Es un poco complicado, porque seguimos prisioneros de muchas normas”, confesó el crítico.

Por su parte, Díaz cree “en el teatro como un espacio de libertad”. “Desde el escenario, me gusta discutir y estimular otras libertades”, reveló el director que ha incorporado al transformismo en sus puestas en escena.

El director teatral advirtió que “en la dramaturgia cubana contemporánea se debaten estas cuestiones con una intensidad que falta, por ejemplo, en nuestra televisión y en nuestro tímido cine nacional”.

Díaz fue iniciador del llamado teatro gay cubano al llevar a las tablas cubanas, entre 1990 y 1991 la Trilogía de Teatro Norteamericano, integrada por las obras “Zoo de cristal”, “Té y simpatía” y “Un tranvía llamado deseo”. (2013)

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