Iglesia católica apoya el desarrollo de la pequeña empresa

Comunidades religiosas de La Habana ofrecen cursos y talleres a personas interesadas en los negocios por cuenta propia.

Jorge Luis Baños

Fundamentados en la Doctrina Social de la Iglesia Católica, la ética empresarial es un punto clave en esos talleres dirigidos al emergente sector privado.

La Habana, 30 nov.- Varias congregaciones católicas capitalinas desarrollan proyectos de capacitación y asesoría para apoyar al emergente sector de trabajadores por cuenta propia, informó la más reciente edición de Palabra Nueva, revista de la Arquidiócesis de la Habana en un extenso reportaje sobre el tema.

Según el texto “Empujón a la pequeña empresa cubana”, la ampliación del cuentapropismo en este país es una de las reformas económicas con mayor impacto en la sociedad y cada vez un mayor número de personas apuesta por esa forma de gestión autónoma.

Precisamente, con el fin de ofrecer los conocimientos básicos necesarios en la conducción de una pequeña empresa, el arzobispado de La Habana creó el proyecto CubaEmprende, dirigido a la población cubana residente en el país que quiera comenzar o mejorar un negocio, explicó el director ejecutivo de esa iniciativa, Jorge Mandilego.

A partir de la experiencia de la mexicana fundación Proempleo, con su programa para personas de pocos ingresos emprendedoras de un negocio propio, se rediseñó una estrategia adaptada a las características del cambiante régimen legal cubano en lo referido al trabajo por cuenta propia, añadió.

Los talleres incluyen módulos de marketing y administración, contabilidad y finanzas -considerado por los estudiantes como el de mayor complejidad-, y otro de ventas y servicios al cliente, expuso Mandilego.

El tema de los costos y precios, los flujos productivos, las leyes tributarias y la formación de cooperativas también forman parte importante del programa, agregó el especialista.

Además, CubaEmprende acompaña el proceso de incubación de una empresa, ayuda a identificar dificultades en los pequeños negocios, guía en la búsqueda de soluciones y enseña a organizar el trabajo a partir de las necesidades de cada cual, precisó.

En los cursos surgen redes de confianza, pues la gente implicada trata de beneficiarse entre sí, por ejemplo, comienzan a trabajar juntos o crean estrategias para complementarse comercialmente, señaló Mandilego.

Según datos del proyecto, cerca del 45 por ciento de quienes egresan del curso ya tienen un negocio propio. En tanto, la mayoría de las nuevas matrículas tienen nivel universitario y son mujeres, aunque en los inicios predominaban los hombres.

En la capital, hay otros centros católicos que ofrecen este tipo de capacitación: la congregación de Los Hermanos de La Salle, en la Iglesia Jesús del Monte del municipio Diez de Octubre, y los padres jesuitas del Centro Fe y Cultura La Anunciata, en la Iglesia de Reina, en Centro Habana.

Los primeros ofrecen una diplomatura en Gestión de Pequeños Negocios y los segundos un taller denominado Gestión de una pequeña empresa, proyecto que comenzó inicialmente en la oriental provincia Santiago de Cuba y luego se extendió a la central Cienfuegos y esta capital.

En ambos se imparten clases de contabilidad y finanzas, administración y marketing, gestión del capital humano, negociación y ventas, junto a temas referidos al marco legal.

Según el actual director de la diplomatura, Martín Aurelio Gómez, el mayor problema del emprendedor cubano radica en sus fuentes de financiamiento, pues muchos estudiantes salen con una idea de negocio bien definida y viable legalmente, pero no cuentan con capital suficiente para abrir o mantener una pequeña empresa.

Además, muchas materias primas solo existen en mercados ilegales y no hay posibilidades de acceder a públicos más amplios por falta de mecanismos publicitarios y de promoción, objetó.

Predomina la mentalidad de productor y se dejan a un lado las necesidades del mercado, mientras las condiciones legales continúan inestables y no ofrecen las suficientes garantías, agregó el religioso.

Asimismo, los organizadores de esas iniciativas coinciden en apuntar que resulta imprescindible una mayor flexibilización de las nuevas formas de gestión por cuenta propia, las cuales cuentan ya con unos 436.300 trabajadores, según cifras oficiales (2013).

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