Iglesias instan a prevenir la violencia

Líderes y creyentes coinciden en que deben efectuar más acciones para evitar cualquier tipo de maltrato hacia la mujer.

Jorge Luis Baños

En el IV Encuentro de Reflexión Pastoral trascendió que la principal forma de violencia de género que prevalece en el país es la psicológica.

La Habana, 23 nov.-“Cuestionar la violencia como una realidad que enferma gravemente a las mujeres, combatirla y dar una respuesta teológica adecuada a este problema, forma parte del anuncio del Evangelio y la edificación de la comunidad cristiana”, aseguró la activista Midiam Lobaina, durante una reunión pastoral.

El IV Encuentro de Reflexión Pastoral con enfoque de género. Salud sexual y su relación con la violencia de género, se desarrolló el 22 de noviembre, gracias a la coordinación de la Pastoral de la Mujer y Justicia de Género del Consejo Latinoamericano de Iglesias, el Programa Mujer-Género y Diakonía, del Consejo de Iglesias de Cuba.

Así, reunió a cristianos y no cristianos en la Iglesia Episcopal, en esta capital, para confirmar su voluntad de luchar por la no violencia hacia la mujer y de lograr una cultura de paz.

Al respecto, Lobaina, coordinadora de la Red de Mujeres Cristianas “Deborah”, destacó que el Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias ha pedido “dejar de ser simples espectadores de la violencia o únicamente quejarnos al respecto. Debemos esforzarnos para erradicarla tanto dentro como fuera de los muros de la iglesia”.

Durante el estudio bíblico dirigido por la también Máster en Estudios de Género, ella refirió que el decenio ecuménico de Solidaridad de la iglesia con las mujeres, proclamado en 1998, puso a la violencia contra la mujer en el orden del día en los templos de todo el mundo.

“Desde entonces, se ha mantenido en la agenda de los movimientos ecuménicos e iglesias”, aseguró.

Según Lobaina, nunca antes se había denunciado la existencia de violencia en este ámbito.

En su intervención, la lideresa cristiana recordó que lo más importante de la creación es el ser humano y que “cuando violentamos a alguien dentro de la Iglesia, estamos violentando el templo de Dios”.

Asimismo, ejemplificó cómo en la Biblia aparecen historias de mujeres valientes que demandan, entre otros, derechos de vida y religiosos.

No obstante, observó que debe estudiarse con mirada crítica la palabra de Dios, pues algunos pasajes bíblicos refieren la violencia y, en ocasiones, quienes los leen pueden aceptarlos sin cuestionarse los comportamientos agresivos descritos en dicho texto.

También aclaró que “las leyes eclesiásticas se hicieron no para cautivar al ser humano, sino para liberarlo”, y advirtió que “el sexismo, las discriminaciones y la violencia, nunca constituyen un mensaje de Dios (…) no puede haber justicia sin equidad, si no somos iguales delante de Dios”.

Por último, significó que el 25 de noviembre, declarado por Naciones Unidas como el Día Internacional de Eliminación de la Violencia hacia la Mujer, no debe considerarse solo como una jornada por la no violencia, pues posee un alcance mayor.

En tal sentido, estimó que el pueblo de Dios debe tener cultura de la no violencia, “ver cómo actuamos en favor de la vida y de la no violencia”.

Finalmente, llamó a ser agentes de denuncia de la violencia contra la mujer, que es un delito, precisó.

Por su parte, Yulexis Almeida, profesora de Sociología en la Universidad de La Habana, destacó en su conferencia sobre el maltrato de género que uno de los pilares de la Campaña global Únete, de Naciones Unidas, convoca a la prevención de este fenómeno bajo el lema “Ni una más”.

“Eso significa ni un abuso más, ni una mujer más maltratada, ni un espectador o espectadora pasiva de la violencia (…) porque una mujer maltratada es una vida en peligro y otras muchas vidas en peligro”, afirmó la experta, sobre la iniciativa internacional donde participa Cuba.

Luego, en la sesión de la tarde, se realizaron talleres para tratar temas como la influencia de los estereotipos de belleza femenina en la relación de pareja, la tercera edad y la discriminación racial y de las personas con VIH, el virus causante del sida.

Entre las múltiples recomendaciones de las y los participantes, trascendió la necesidad de armar Pastorales de trabajo para transversalizar el enfoque de equidad de género, integrar a la iglesia a mujeres discriminadas por ser portadoras de VIH y promover más aún el tema de la no violencia. (2013)

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