Intelectuales analizan nueva institucionalidad para Cuba

Espacio Laical publica intervenciones en un panel dedicado a profundizar en el proceso de reformas en el país.

Tomado de la web de Espacio Laical

La cita sesionó a puertas cerradas a la prensa del 6 al 8 de marzo pasado en el capitalino Centro Cultural Padre Félix Varela.

La Habana, 31 jul-. Las nuevas formas de institucionalidad de la sociedad cubana suscitan múltiples análisis en medio del proceso de reformas económicas dispuestas por el presidente Raúl Castro, muchos de ellos recogidos en el último número de la revista Espacio Laical.

La publicación de la Arquidiócesis de La Habana dedicó su edición 38, disponible desde esta semana en su sitio web, a recopilar las intervenciones de especialistas y participantes a la conferencia “Fe religiosa, institucionalidad nacional y modelos sociales”.

La cita sesionó a puertas cerradas a la prensa del 6 al 8 de marzo pasado en el capitalino Centro Cultural Padre Félix Varela.

Académicos radicados en Cuba, de la diáspora y personalidades extranjeras compartieron sus opiniones, valoraciones y propuestas sobre la denominada actualización del modelo socioeconómico cubano.

En este sentido, la mayoría de los ponentes coincidieron en que los profundos cambios que exige la sociedad cubana pudieran enrumbarse a partir de las mejores experiencias de otras naciones enfrentadas a similar proceso, pero apegados a la tradición política de la nación caribeña.

Para Monseñor Juan de Dios Hernández, obispo auxiliar de La Habana, el ordenamiento del país “debe generar, además, una puesta al día en todos los órdenes de la sociedad, de sus ciudadanos y de sus instituciones” con el fin de promover un “cubano de manera integral”.

Vegard Bye, del Instituto Noruego de Relaciones Internacionales, abogó por que Cuba refuerce el principio de transparencia durante los procesos de toma de decisiones y se abra a un sistema de rendición de cuentas por parte de los gobernantes a sus ciudadanos.

Un referente de particular interés para encontrar un nuevo marco político-institucional pudiera ser el llamado neo-constitucionalismo que se ha implementado en Venezuela, Ecuador y Bolivia, y ahora se considera en Brasil y Chile, sugirió.

En este sentido, Sergio Bitar, secretario de Relaciones Internacionales del Partido por la Democracia, de Chile, explicó que pudieran servir de referente para Cuba algunas de las reformas al modelo democrático, aplicadas en su país después de 1990.

Según Bitar, en la nación andina se recuperó un sentido de unidad nacional, inclusión y respeto a los derechos de todos, incluidos los adversarios, así como las garantías de libertad y pluralidad de los medios de comunicación, derechos de la mujer, autonomía real y calidad del sistema judicial para garantizar los derechos humanos y procesar a los responsables de violaciones a esos derechos y la corrupción.

También se buscó desde un comienzo la reforma del sistema electoral, avanzar en la aprobación de tratados internacionales que consagran derechos universales y pasar a formar parte de la legislación nacional y sostener un diálogo y creación de consensos políticos para lograr, aunque lentos, importantes cambios.

A juicio de Rafael Hernández, director de la revista Temas, en Cuba existe un consenso político alterado, contradictorio y heterogéneo, en cuya reproducción convergen viejos y nuevos sujetos sociales, que marcan una nueva demografía política.

Ello exige que el reordenamiento institucional de la nación responda a esa realidad, mediante la implantación real de una práctica política que marque el funcionamiento del sistema, más que de la simple virtud de automatismos constitucionales o atribuciones otorgadas, señaló.

A propósito, el académico cubano Arturo López-Levy, radicado en Estados Unidos, opinó que con o sin partido único, la estructura institucional vigente en el país tendrá que ajustarse drásticamente, pues los modos de autoridad legítima del actual sistema no son reproducibles bajo las nuevas condiciones que tendrán lugar.

Variables como la pérdida del liderazgo carismático y su necesario reemplazo por estructuras de liderazgo colectivo e institucional, la inevitable adopción de un modelo económico más orientado al mercado, con mayores desigualdades; así como la mayor influencia de factores externos en la política cubana, influirán en los nuevos escenarios.

Para el ensayista Víctor Fowler, la institucionalidad que decida darse el pueblo cubano debe posibilitar el suficiente marco de estabilidad y coherencia, como para que los proyectos del individuo puedan ser realizados dentro de la corriente mayor de los grandes proyectos sociales de su tiempo.

Por su parte, el economista cubano residente en Colombia Pavel Vidal, apuntó que más de 20 años de estancamiento económico, con deterioro de los servicios sociales y un duro reflejo en la cotidianidad, van en contra de la legitimidad de las estructuras imperantes.

Subrayó que el gran reto es subvertir la decadencia de la eficiencia dinámica de las instituciones cubanas, las cuales se han mostrado resistentes a adaptarse a los cambios del entorno internacional luego de la caída del campo socialista y las innumerables muestras de ineficiencia estructural del modelo socialista de corte estalinista.

Mauricio de Miranda, otro economista cubano residente en Colombia, alertó sobre la necesidad de efectuar una reforma a la constitución que fortalezca y trace nuevos roles a las instituciones, “donde se estimule el debate, el disenso, porque eso es lo que construye, lo que enriquece y nos permitirá tener mejores leyes”.

Es inconcebible que el parlamento siga tomando decisiones unánimemente, resaltó.

El exdiplomático de La Habana, Carlos Alzugaray, abogó por cambiar las formas en que las autoridades ven a la emigración y su relación con Cuba, dejar de ver a los residentes en el extranjero como un tema de seguridad nacional o consular para atraerlos como motores de la actualización del modelo.

Mayra Espina, socióloga e investigadora cubana en temas de pobreza y desigualdad social, defendió el rol de las instituciones. Argumentó que las reformas económicas e institucionales deben implementarse fortaleciendo grados altos de equidad e integración social para resultar efectivos.

Mientras, el jurista Julio Antonio Fernández y Roberto Veiga, entonces editor de la revista laica, compartieron un panel sobre la reforma constitucional.

Aunque ambos autores defendieron procedimientos y alcances diversos para afrontar la actualización de la Carta Magna, coincidieron en que es urgente realizar transformaciones en el documento base de la república cubana.

Durante las jornadas del panel, se presentaron tres libros: la compilación “Por un consenso para la democracia” (La Habana, 2012), “Cuba en la era de Raúl Castro” (Editorial Colibrí, Madrid, 2012), del profesor Carmelo Mesa-Lago y “La verdad no se ensaya” (Editorial Caminos, La Habana, 2013), de Julio César Guanche.

La cita intelectual cerró con una sesión abierta para el público habanero. (2014)

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