Investigador alerta sobre fanatismo religioso en Cuba

La isla tiene un panorama socio religioso compuesto por las denominaciones cristianas y los credos afrocubanos, judíos, musulmanes y budistas, entre otros.

El fanatismo y el fundamentalismo religiosos no gozan de buena reputación en Cuba, incluso dentro del ámbito de las y los creyentes.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La Habana, 10 oct.- Aunque las comunidades de creyentes conviven en Cuba en un clima de respeto, flexibilidad y tolerancia, el país tiene ejemplos en su historia reciente de manifestaciones de fundamentalismo y fanatismo religioso, alertó el investigador Johan Moya.

El ejemplo más cercano ocurrió en agosto de 2011, cuando alrededor de un centenar de fieles se recluyeron en la iglesia Evangélica Pentecostal Fuente de Vida de la denominación Asambleas de Dios, en la céntrica avenida capitalina de Infanta.

“Llama muchísimo la atención cómo este hecho ha pasado peligrosamente al olvido (…) un caso donde el fundamentalismo y el fanatismo religiosos se dieron estrechamente la mano como nunca antes había sucedido en Cuba”, lamentó Moya en el último número de la revista Espacio Laical, del Consejo Arquidiocesano de Laicos de La Habana.

Otros sectarismos cubanos

 

El artículo mencionó otros dos movimientos de carácter fanático en el país:

El primero ocurrió a mediados 1930. Se trató de Antoñica Izquierdo, quien vivía en la zona montañosa de Viñales, Cayos de San Felipe, en la actual provincia de Pinar del Río.

Izquierdo supuestamente recibió la revelación divina de cómo curar con agua.

La prensa de la época influyó en la propagación de la información de que había una curandera muy devota de Dios y de la Virgen que curaba con agua y rezos, ante lo cual su fama comenzó a expandirse y atraer personas de diversos puntos de la isla.

Investigadores y estudiosos coinciden en que se trató de una suerte de circo cuyas condiciones históricas objetivas se debieron a la crisis económica y política de los años 30 que sobrevino después del crack de 1929 en los Estados Unidos y la violenta salida del dictador Gerardo Machado en 1933.

El segundo caso es el de Miguel Alfonso Pozo, más conocido como Clavelito, quien recomendaba a sus oyentes a inicios de la década de 1950 poner un vaso de agua sobre el aparato de radio para poder canalizar las buenas energías que él transmitía.

Convertido en una leyenda urbana, sumó legiones de seguidores y fanáticos que comenzaron a creer en el “agua magnetizada”, a la cual atribuían milagros, curaciones, solución de conflictos matrimoniales, e incluso extrañas cábalas para adivinar los números de la lotería.

“Por otra parte, los sucesos que allí ocurrieron y sus respectivas consecuencias, no han salido a la luz pública, ni se ha hecho un debate esclarecedor sobre ello”, aseguró el especialista en el texto Fundamentalismo y fanatismo religioso en Cuba: una historia casi desconocida.

El articulista recordó que, desde 2010, las visiones y profecías del exreverendo Braulio Herrera, quien aseguraba seguir órdenes de Dios, comenzaron a crear problemas y divisiones internas en el seno de los feligreses, al proclamar con carácter profético una doctrina llamada de “la perfección”, contraria al corpus doctrinal de su iglesia.

Al agravarse el asunto, las máximas instancias de la congregación decidieron retirarle las credenciales como pastor y ordenarle a él y su familia (esposa y tres hijos) abandonar la vivienda que ocupaban en los altos del templo, a lo cual se negó.

“Aquí los problemas de orden escatológico del líder profético se mezclaron con sus problemas terrenales. Braulio y su familia no eran de La Habana y su única residencia hasta ese momento era la casa pastoral. ¿Estaba defendiendo Braulio un mandato divino o protegiendo sus intereses más básicos en el reino de este mundo, como el de un techo donde vivir?”, se preguntó el autor.

Durante semanas él y sus seguidores se enclaustraron en el templo. El grupo comenzó a adquirir rasgos de una secta, pues tenían al pastor como un profeta y sus criterios eran incuestionables.

Otro elemento distintivo que rápidamente emergió fue “el mensaje tremebundo impregnado de catastrofismo”, continuó Moya. El “profeta” anunció un evento apocalíptico que se cernía sobre Cuba “por sus pecados y pactos con el demonio”, señaló.

Según el texto, los sectarios abandonaron sus trabajos, muchos rompieron sus nexos familiares, otros vendieron sus casas; cortaron todo vínculo con la realidad, “se encerraron en una turbia burbuja de exaltación y pretendida iluminación divina”.

Aunque nada ocurrió en la fecha del supuesto apocalipsis, el colectivo acantonado continuó a la espera del juicio divino y fue postergando su fecha.

Explicó Moya que el asunto se zanjó con la intervención de las autoridades, quienes tomaron el templo y acabaron aquella historia de enajenación, de una manera en que “no hubo golpes ni agresiones físicas, y todo se filmó para que quedara constancia de la forma pacífica en que se desalojó a los sectarios”.

Al valorar la cobertura mediática del suceso, recordó que “los medios nacionales le dedicaron una nota oficial en el Noticiero Nacional de Televisión y en el periódico Granma, casi quince días después que la noticia había saturado las redes sociales del mundo”.

La nota habló de una “situación inusual” y de un “retiro a puertas cerradas”. En ningún momento se mencionaban términos como: sectarismo, fanatismo religioso o fundamentalismo, remarcó.

Estudiosos de grupos milenaristas y sectarios coinciden en que detrás de fenómenos como estos subyace una gran decepción por el orden sociopolítico y económico donde se desarrolla la vida de estas personas, así como una crisis de fe, que reclama una trascendencia en el plano espiritual, apuntó el autor.

A su juicio, tales hechos son la triste evidencia de que la fe puede ser desviada de su propósito trascendente y convertirse en un producto nocivo para la vida. (2016)

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