La atención integral de la violencia contra las mujeres: una experiencia comunitaria en Cuba

Es un resumen del proyecto “Experiencia Piloto de atención integral a la Violencia contra las Mujeres en el ámbito comunitario” y los principales resultados alcanzados.

Integrantes del Taller de Transformación Integral del Barrio de Alamar Este durante una sesión de trabajo previa a la Jornada por la No Violencia hacia las Mujeres y las Niñas 2018, como parte de los 16 días mundiales de activismo.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Los Talleres de Transformación Integral del Barrio (TTIB)[1] en La Habana, durante casi una década, han sido beneficiarios importantes de los procesos de sensibilización y formación comunitaria que han brindado diversas instituciones y organizaciones del país para fortalecer sus capacidades y lograr mayores niveles de equidad y bienestar social en cada uno de los territorios en los que inciden.  La preparación en los temas de género y violencia de género ha sido central, al tiempo que en la coordinación de esos espacios ha tenido un rol decisivo el no gubernamental Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR) y el Departamento de Sociología de la Universidad de la Habana.

Así entre los resultados más significativos alcanzados figura la sensibilización de actores locales en este problema, la potenciación de iniciativas comunitarias de prevención de la violencia, la realización de Jornadas por la No Violencia cada noviembre en casi todas las localidades de la capital, la generación de capacidades en actores locales para identificar a mujeres víctimas de la violencia de género y ofrecerles información sobre su condición de víctimas y orientarlas sobre la necesidad de poner fin a esa situación, entre otros.

Sin embargo, aún siguen siendo insuficientes las herramientas con las que cuentan dichos actores para ofrecerles a estas mujeres un servicio de atención efectivo e inmediato.

Los factores que inciden en este hecho son:

  1. La carencia dentro de las Estrategias de Desarrollo Municipal de líneas de trabajo que respondan directamente a los problemas de género. No se toman en cuenta las brechas aún existentes entre hombres y mujeres.
  2. La falta de un DPEG (Diagnóstico Participativo con Enfoque de Género) sobre la VCM (Violencia Contra las Mujeres) en la mayoría de los territorios involucrados en la propuesta, que permita conocer las peculiaridades de este problema social en los mismos y, en función de ello, crear una estrategia de trabajo.
  3. La inestabilidad laboral de actores sociales y especialistas del ámbito comunitario y municipal que han sido anteriormente sensibilizados y capacitados.
  4. La insuficiente articulación de actores locales que forman parte del sistema de atención primario en el trabajo de prevención y atención a la VCM.
  5. La carencia de bibliografía actualizada y materiales de consulta impresos, que faciliten la preparación de especialistas y de la comunidad en general respecto a este problema.
  6. La escasez de recursos para hacer sostenibles en el tiempo algunas iniciativas de prevención que han tenido alta incidencia en dichas comunidades.

Esta realidad atenta contra la seguridad, el bienestar y las posibilidades que tienen dichas mujeres para disfrutar de sus derechos y alcanzar, con equidad, las metas que se proponen. De igual modo, limita sus posibilidades de participar en los procesos de desarrollo local que se implementan en dichos territorios y que tienen entre sus objetivos potenciar su empoderamiento.

El proyecto

Sobre esa base, surgió el proyecto “Experiencia Piloto de atención integral a la Violencia contra las Mujeres en el ámbito comunitario”, que fue coordinado desde la Universidad de la Habana y financiado por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude). Se desarrolló en cinco comunidades de la capital cubana desde el comienzo de 2017 hasta principios de 2018.

Se basó en la formación especializada de actores locales y articulación de los mismos para el trabajo preventivo y de atención a partir de un modelo de actuación construido de manera conjunta y participativa. Estuvo enfocado en el fortalecimiento de las redes de apoyo, formales e informales, para una atención integral a las víctimas de este flagelo. La experiencia ya rinde sus primeros frutos.

Vale señalar que en todos los territorios seleccionados aparece la violencia contra las mujeres como uno de los problemas sociales a priorizar en el trabajo, por la alta incidencia que tiene y la existencia de un número significativo de mujeres que viven el ciclo de violencia conyugal. Sus voces quedan frecuentemente en el anonimato ante el desconocimiento de a qué lugar dirigirse y/o la pérdida de confianza en quienes tienen el encargo de su atención y seguimiento de sus situaciones. Del mismo modo, salió en los diagnósticos que en estos contextos periféricos existe prevalencia de religiones afrocubanas y de abakuas (hermandad religiosa masculina), que repercuten en la (re)producción de actitudes machistas y discriminatorias hacia las mujeres.

Siendo estos los antecedentes y el contexto base, el proyecto se propusolas siguientes metas:

Objetivo general

Potenciar el desarrollo local a partir de la creación de un sistema integral y articulado para la  prevención y atención de la VCM desde la actuación comunitaria en cinco territorios periféricos de la capital.

Objetivos específicos

  1. Elaborar un DPEG sobre la VCM actualizado en cada uno de los territorios que participan de la propuesta.
  2. Contribuir al fortalecimiento de capacidades de los actores locales y especialistas municipales que tienen como encargo social la prevención y atención de la VCM.
  3. Favorecer la articulación entre actores sociales, instituciones y organizaciones que tienen dicho encargo social.
  4. Formar promotores comunitarios “Por una vida en Paz”, que tributen a la visibilización, sensibilización y fortalecimiento de las redes de apoyo comunitarias.

La selección de los TTIB implicados se realizó teniendo en cuenta: las potencialidades para el trabajo (en términos de recursos humanos y de alianzas con las autoridades locales y en especial con la Federación de Mujeres Cubanas), la motivación que tenían respecto al trabajo de prevención y atención, los resultados alcanzados en términos de sensibilización y actuar a favor de la no violencia, el hecho de estar la mayoría ubicados en barrios periféricos de la capital y el no haber sido beneficiados directamente en otras iniciativas de capacitación avanzada sobre el problema impulsadas por OAR y el Departamento de Sociología de la Universidad de la Habana. Atendiendo a estos criterios se seleccionaron las siguientes comunidades: El Canal, Alamar Este, Párraga, Buena Vista y Ciudad Libertad.

Resultados alcanzados hasta la fecha

Antes de compartir algunos de los resultados más notables, resulta válido señalar que en la misma se implicaron un grupo importante de actores sociales pertenecientes a instituciones y organizaciones del ámbito comunitario y municipal, que tienen el encargo de prevenir y atender la VCM.

Tras un año de iniciada estamicroacción, se ha logrado una adecuada ejecución de las acciones planificadas. Esta primera fase de implementación estuvo destinada fundamentalmente a cubrir funciones relativas a la creación de capacidades y al intercambio de experiencias, siendo esta la antesala de la creación en cada una de las comunidades seleccionadas de un modelo de atención integral a la violencia contra las mujeres.

La propuesta de capacitación tomó como referente metodológico los principios básicos de la Educación Popular. Los talleres tienen como objetivo el establecimiento de aprendizajes desarrolladores, de modo que las y los participantes puedan, durante el curso, regresar a sus prácticas y, desde ellas, lograr de manera paulatina, integrar los conocimientos necesarios para afrontar situaciones de violencia contra las mujeres en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana.

Los contenidos incluidos en el programa de capacitación fueron impartidos de forma participativa, haciendo uso de materiales didácticos diversos y de las herramientas existentes para el desarrollo de un diálogo permanente entre las partes implicadas en el proceso. El proceso de aprendizaje estuvo apoyado por un conjunto de materiales tanto digitalizados como impresos que entregaron las facilitadoras a cada una de las/los participantes, estos quedarán plasmados tanto en la carpeta metodológica como en la multimedia que se les entregó al cierre del primer año de trabajo.

Se debe apuntar que la formación especializada de actores y promotores locales constituye una piedra angular en el fortalecimiento de las redes formales e informales de apoyo y la creación de un sistema integral  y articulado desde la comunidad para la prevención y atención de la VCM.Un hecho que reconocieron la totalidad de los actores locales vinculados a la experiencia, a partir de la coordinación a nivel de base por parte de los TTIB, respondieron de forma positiva a la convocatoria que se les realizara. Destacaron por su participación representantes de organizaciones de masa como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y los Comités de Defensa de la Revolución, autoridades de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), personal de salud, trabajadores sociales, funcionarios del gobierno local, profesionales de la educación, cultura, deporte y los Centros de Salud Mental. Todos expresaron la importancia y necesidad sentida que tenían en relación con este tipo de espacios, ya que las acciones de sensibilización y capacitación desarrolladas permitieron a los actores beneficiados estar en mejores condiciones para brindar asesoría y asistencia, tanto a las víctimas de la violencia como a sus redes de apoyo. Los espacios utilizados para este fin permitieron no sólo que se conocieran entre ellos, sino que establecieran y/o consolidaran alianzas para una actuación coordinada y efectiva.De alguna manera, llenó el vacío causado por la carencia de una estrategia nacional conducida por el Estado.

En la generalidad de las comunidades se logró una estabilidad en la participación de los actores sociales invitados a los espacios de sensibilización y capacitación creados para ese fin.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

A partir de la labor desplegada, las cinco comunidades implicadas hoy cuentan con equipos de trabajo que aúnan fuerzas para la prevención y atención de este problema social. Tienen accesibilidad total al diagnóstico participativo que sobre este fenómeno elaboraron en cada uno de los territorios, el cual constituye un punto de partida para encausar la atención integral en el corto y mediano plazo.

Balance de la implementación de acciones y alcance de algunos de los objetivos propuestos:

  1. Elaborado un DPEG sobre la VCM actualizado en cada uno de los territorios que participan de la propuesta.

El diagnóstico constituye el primer acercamiento al problema de la violencia contra las mujeres en los TTIB con carácter participativo y con una mirada de género. Por ello, los resultados obtenidos adquieren una mayor relevancia ya que no han sido realizados por especialistas sino por los propios integrantes de la  comunidad. Ellos han sido concebidos desde el inicio como los sujetos protagónicos de esta experiencia y han levantado información de mucho valor para las propuestas a desarrollar.

Los resultados muestran heterogeneidad y confirman que en los talleres donde hay mayor preparación las actividades realizadas son más completas y eficaces, por ejemplo en Buena Vista y Alamar Este. Ello confirma la trascendencia de la formación para el desarrollo de estrategias eficaces.

Los informes desarrollados por cada una de las contrapartes demuestran la necesidad de seguir perfeccionando la capacitación de los actores e instituciones ya que se evidencia un desbalance en la preparación y resistencia institucional a implicarse en el proceso de atención al problema de la violencia como parte del encargo social de las instituciones. En todos los diagnósticos se constata la presencia de violencia contra las mujeres en todas sus gamas, con énfasis en la psicológica y en la dependencia económica. Llama la atención que en algunos de los instrumentos aplicados ofrecen por cientos elevados de mujeres que son o han sido víctimas de la violencia.

Los resultados muestran que las víctimas realizan poca búsqueda de ayuda y que son escasas las denuncias formuladas. También se constata que un por ciento significativo retiran la denuncia. Ellas, por lo general, pueden reconocer la existencia de factores catalizadores del problema, sin embargo no lo asocian al reconocimiento de su situación de victimización.

Por otra parte, revelan que los decisores y especialistas que tienen la responsabilidad de prevenir la violencia carecen de la preparación necesaria para desarrollar una adecuada labor de prevención y atención. Estos resultados confirman la necesidad de continuar perfeccionando las acciones de sensibilización y capacitación, teniendo en cuenta que no existen estrategias integrales de atención y hay un escaso trabajo con las víctimas.

Los datos confirman el importante papel de los TTIB en la labor desplegada, pues estos han constituido un centro alrededor del cual se han nucleado un grupo significativo de actores locales.

Si los promotores no se apropian de las herramientas de género, no pueden ser agentes de cambio.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Las comunidades implicadas se caracterizan por la existencia de poblaciones con concentración de problemas sociales y materiales; así como por la existencia de una significativa presencia de familias monoparentales femeninas en situaciones de vulnerabilidad. Esta situación contribuye a la perpetuación de la violencia en todas sus manifestaciones. Sin embargo, a diferencia de otras manifestaciones, la violencia de género está naturalizada en el imaginario colectivo de las personas y por tanto goza de impunidad.

  1. Fortalecidas capacidades de los actores locales y especialistas municipales que tienen como encargo social la prevención y atención de la VCM.

Aunque algunos de los actores involucrados en la experiencia ya habían participado en espacios de sensibilización sobre la violencia de género, la mayoría de las y los participantes de los talleres realizados por primera vez accedían a formación sobre este tema.

Además de los aspectos conceptuales y prácticas relacionadas con la violencia de género como eje central de análisis para el trabajo, fueron abordados contenidos relativos al diagnóstico participativo con enfoque de género sobre la violencia, los principios éticos para la atención y acompañamiento de las víctimas, herramientas jurídicas para el tratamiento de la violencia en el contexto cubano, propuestas metodológicas para la articulación de actores y comunicación asertiva, entre otros.Se debe señalar que el programa de capacitación fue diseñadoteniendo en cuenta los contenidos que se requieren para una formación especializada en este tema y las necesidades particulares de cada territorio.

El mismo fue concebido no sólo para que ellos pudieran analizar y entender mejor las particularidades del contexto cubano, sino para el desarrollo de una mejor interpretación de su comunidad en aras de transformarla. A partir de los talleres impartidos, los y las talleristas se apropiaron de un instrumental clave para el trabajo que realizan, lo cual se evidenció en sus intervenciones y en la elaboración por parte de  cada equipo de un modelo único de atención ajustado a las particularidades de cada comunidad y a los recursos existentes.

Por último, aclarar que resultó muy oportuna la existencia de una concepción docente-metodológica que permitió a los actores transitar de la práctica a la teoría y de esta a una práctica transformada.

  1. Favorecida la articulación entre actores sociales, instituciones y organizaciones que tienen dicho encargo social.

Además de los contenidos abordados sobre la Violencia de Género, las y los actores de las comunidades participantes recibieron capacitación sobre el tema de la articulación, como antesala necesaria para el logro de una articulación real y el fortalecimiento de sus capacidades para ello.

Durante las sesiones de trabajo se realizaron entrenamientos para la identificación en cada comunidad de los actores sociales que trabajan en la prevención y atención en el ámbito comunitario y la relación existente entre ellos. Los ejercicios realizados permitieron analizar las fortalezas y debilidades presentes en esos lazos de trabajo, para finalmente establecer acciones que potencien  la articulación.

Se hicieron diversos ejercicios teóricos prácticos con los grupos participantes de las cinco comunidades, a través de los cuales se mostró cómo unas comunidades tienen mejores condiciones que otras para el trabajo articulado, tal es el caso de Alamar, que tuvo mejor representatividad de instituciones y organizaciones formales y cohesión de trabajo conjunto, sin embargo, para el tema de la violencia no se utilizaba como estilo de trabajo permanente. En el caso de Buena Vista, también se  mantuvo con buena representatividad y buena relación entre los actores pero no existe una práctica sostenida de integración y consenso para la atención- prevención de la violencia contra las mujeres. En cuanto a los TTIB El Canal y Libertad, varía su representatividad porque hay mayor presencia de actores informales vinculados a proyectos comunitarios y delegados/as que de una manera u otra consolidan el trabajo social de la comunidad. Párraga en particular por el  liderazgo del TTIB están vinculadas algunas que otras instituciones y organizaciones al trabajo comunitario pero no tienen una representatividad como el resto de las comunidades aunque sí existe una sostenibilidad en los actores que tradicionalmente apoyan el trabajo comunitario y nuevas incorporaciones impulsadas por el presente proyecto.

Las comunidades han dado cuenta que tienen condiciones objetivas y potencialidades en la que pueden  implementar la estrategia, el reto esta que cada una de estas mantenga el proceso promovido a través del proyecto. De la articulación de actores depende que la estrategia de prevención y atención concebida sea sostenible en el tiempo y que contribuya a identificar, atender, acompañar, recuperar a las víctimas y prevenir la violencia.

  1. Formados promotores comunitarios “Por una vida en Paz”, que tributen a la visibilización, sensibilización y fortalecimiento de las redes de apoyo comunitarias.

La formación de promotores/as comunitarios en cada uno de los territorios participantes de la experiencia resultó un propósito clave.Durante las sesiones de trabajo se pudo establecer cómo el promotor, luego de pasar un proceso de preparación, deviene un agente educativo no formal capaz de desarrollar un activismo que va desde compartir experiencias y conocimientos hasta la ejecución de estrategias locales de apoyo con el diseño y ejecución de actividades.

Se debe resaltar la importancia de la formación de los promotores, ya que si ellos no se apropian de las herramientas de género, no pueden ser agentes de cambio. Se trabajó en el desmontaje de los estereotipos y se les brindó herramientas para fortalecer su formación, en aras de fortalecer las redes de apoyo comunitarias.

En algunos ejercicios realizados con los y las talleristas, pudieron analizar sus propias vivencias y justo esa participación fundamentada en el diálogo y el intercambio les permitió percatarse de que muchas veces no se tiene plena conciencia y se naturaliza la relación desigual entrehombres y mujeres, pero también se invisibiliza  la violencia al hacerla parte de la vida cotidiana. Expresaron que haber tenido la posibilidad de  hablar discutir, compartir opiniones,  puntos  de  vistas  y  confrontar divergencias ha sido un aspecto básico para concientizar el valor de su labor como promotores/as.

Los TTIB tienen carácter participativo.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Hubo consenso en las cinco comunidades que se puede hacer mucho para la prevención y atención  de la violencia en este trabajo de promoción e influencia, desde ofrecer las herramientas para identificarla y reconocerla hasta la presentación de los caminos para la búsqueda de ayuda especializada, además de derribar mitos y estereotipos y desarrollar una cultura de la denuncia.

Como un aspecto significativo de este trabajo fue relevado que las personas formadas como promotoras consideran el conocimiento y las experiencias como un punto de partida esencial para la realización de acciones y actividades que conducirán de manera acertada a la atención articulada de la violencia hacia las mujeres.

Los talleres participantes en este proyecto coinciden en que dentro de la estrategia que dibujaron para la prevención y la atención a la violencia en sus localidades, la labor de los promotores y promotoras formadas constituyen un eslabón básico para el sostenimiento de las acciones programadas y aunque cada estrategia responda a las peculiaridades de los diferentes territorios, el sentido de activismo y la labor de influencia constituye una constante para el trabajo de todos.

Conclusiones preliminares

El esfuerzo desplegado permitió ejecutar las acciones previstas para esta primera etapa de trabajo. La consolidación de las alianzas y articulaciones de trabajo con los TTIB implicados, así como con los gobiernos, instituciones y actores locales participantes,contribuyó a consolidar la estructura del proyecto, obtener un sólido reconocimiento por parte de las autoridades y fortalecer las alianzas para el establecimiento de la estrategia integral comunitaria para la prevención y atención de la violencia de género pretendida.

Además de las acciones previstas, se realizaron las siguientes actividades:

  • Socialización sobre los objetivos del proyecto y los resultados del DPEG sobre violencia contra las mujeres elaborados en cada uno de los territorios con los gobiernos y líderes formales e informales.
  • Espacios de sensiblización y socialización de los principales resultados con actores comunitarios.
  • Presentación del modelo de atención integral a la violencia contra las mujeres elaborado según las características de cada una de las comunidades a líderes locales, funcionario y a mujeres víctimas y sobrevivientes

Resultó relevante la alta motivación de los equipos de trabajo en cada uno de los territorios donde se accionó, así como la sensibilidad de la comunidad en sentido general en relación con esta labor. Este sentir está directamente relacionado con la necesidad de acometer una estrategia para prevenir y atender este problema social, también ante una sensación previa de desorientación, desinformación y desconocimiento sobre este fenómeno y sus características, incluso por parte de especialistas que tienen el encargo social de atender y dar seguimiento a las víctimas de este flagelo.

Hasta la fecha, se han incorporado a la iniciativa más de 120 personas, que destacan por el protagonismo alcanzado en todos los municipios como los especialistas de los TTIB, trabajadores sociales, gobiernos, núcleos zonales, cultura, educación, salud pública y deporte. Un rol protagónico también lo tuvieron la FMC y la  PNR. Sin embargo, vale destacar que en comunidades como Párraga fue notable la ausencia de estos actores, pues constituyen un eslabón clave en el funcionamiento de la estrategia de atención integral.

Incidencia  en políticas públicas

Los cinco territorios disponen de un diagnóstico participativo con enfoque de género sobre las particularidades de este problema social en su entorno, así como con un modelo de atención integral creado en función de las características de cada una de las localidades y de los recursos disponibles para hacer frente a esta situación.

Se logró un mayor conocimiento por parte de los actores locales y directivos del ámbito local de las políticas sociales encaminadas a la prevención y atención de este fenómeno; así como del marco jurídico de protección a las víctimas y penalización de hechos violentos de todo tipo, en especial los amparados en la cultura patriarcal.

Quedaron formados equipos multidisciplinarios y multiactorales con alta motivación, compromiso y capacidades para atender la violencia contra las mujeres.

Y se ha fomentado el desarrollo de estrategias municipales y a nivel local destinadas a la prevención y atención integral de la violencia de género, un hecho que parte del reconocimiento por parte de líderes formales e informales de cada una de las comunidades participantes acerca de la necesidad de implementar este tipo de iniciativas, ante la ausencia de buenas prácticas en este sentido

Principales dificultades y retos

Aunque en la generalidad de las comunidades se logró una estabilidad en la participación de los actores sociales invitados a los espacios de sensibilización y capacitación creados para ese fin, en otras no fue constante su asistencia por la incomprensión de directivos de la importancia de la actividad.

En comunidades como Párraga y El Canal, actores clave como la FMC a nivel municipal estuvieron ausentes aun cuando fueron invitadas. Aunque representantes a nivel de base de la FMC participaron de la capacitación, se piensa que la incorporación de funcionarias municipalesresulta decisiva.

Aunque ha habido una creciente comprensión de la importancia de la articulación entre los actores y las instituciones, ese es todavía una meta pendiente en este trabajo. (2018)

Nota:

[1]Creados en 1988, los TTIB son instancias de trabajo social en barrios desfavorecidos de la capital, que se subordinan administrativamente al gobierno municipal.

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