La bendición católica

En 2008 tuvo lugar una jornada de celebración por el décimo aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba.

Jorge Luis Baños - IPS

La Iglesia

LA HABANA, 27 feb (IPS) – La jornada de celebración por el décimo aniversario de la visita a Cuba del ya fallecido papa Juan Pablo II concluyó con los mejores deseos para el nuevo gobierno de Raúl Castro y la esperanza de que se haya dado otro impulso al trabajo de la Iglesia Católica en esta isla de régimen socialista.

“Al inicio de su nueva responsabilidad, le he deseado (a Castro) éxitos en esta misión al servicio de su país y le he confirmado el compromiso de la Santa Sede de promover el acercamiento del mundo a Cuba y compartir convergencias sobre temas internacionales”, señaló el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal italiano Tarcisio Bertone.

“Hemos hablado sobre la Iglesia, sobre Cuba y los cubanos en el momento actual, con particular referencia a los retos que presenta el mundo de los jóvenes”, comentó el prelado.

Agregó que, atendiendo a peticiones de muchas personas, “he expresado al presidente Raúl Castro la preocupación de la Iglesia para con los presos y sus familiares”.

Bertone, primer enviado de un Estado extranjero en ser recibido por Raúl Castro tras su nombramiento el domingo en el cargo, emitió una declaración final la noche del martes al término de una visita de seis días, la más importante presencia del Vaticano desde la gira en 1998 de Juan Pablo II, nacido en 1920 y muerto en 2005.

Aunque algunos sectores de la oposición esperaban más de esta visita, integrantes de las llamadas Damas de Blanco, el grupo de mujeres que reclaman la liberación de sus esposos e hijos presos desde la primavera de 2003, reconocieron el gesto de Bertone al dar a conocer que el tema de los presos había sido incluido en las conversaciones oficiales.

“Nosotras pusimos mucha esperanza en esta visita. Cuando vino el Papa liberaron alrededor de 200 presos, entre ellos unos 90 políticos. No podemos decir en estos momentos cómo va a ser. Sabemos que es un proceso. Tenemos esperanza”, dijo a IPS Laura Pollán, quien reclama la liberación de su esposo.

En tanto, Miriam Leyva, también fundadora del grupo que va a misa todos los domingos, reconoció a IPS su deseo de que las conversaciones del cardenal Bertone con las autoridades cubanas “hayan contribuido a la liberación de nuestros 55 prisioneros de conciencia de los 75 que aún permanecen en las cárceles” desde 2003.

La importancia de la visita del enviado del Vaticano fue reconocida por el gobierno cubano, que autorizó la transmisión por la televisión estatal de la primera misa de Bertone, celebrada en la Plaza de la Catedral de La Habana, y una cobertura informativa sistemática en los medios de comunicación, monopolizados por el Estado.

Fue “una visita afortunada”, dijo a IPS Roberto Méndez, escritor cubano y laico católico que estuvo entre los invitados a la conferencia dictada por el segundo hombre en importancia del Vaticano el día 25 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, en el mismo lugar donde Juan Pablo II tuvo un encuentro con el mundo de la cultura.

“Con habilidad y sutileza, supo mezclar el tono diplomático con el pastoral; la invitación al diálogo con las estructuras oficiales y la atención a la comunidad católica de Cuba”, añadió el intelectual.

En ese contexto, el diario oficial Granma publicó también una nota de prensa de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) que, con fecha 25 de febrero, reconoce la paz que sucedió en Cuba al anuncio de la enfermedad del entonces presidente Fidel Castro, el 31 de julio del año 2006.

Tras asegurar que esa paz posibilitó el debate de la población sobre los problemas del país, la COCC expresa su deseo de que el gobierno y el nuevo presidente de Cuba puedan impulsar de forma progresiva “las medidas trascendentales” que necesita el país y para empezar a satisfacer “las ansias e inquietudes expresadas por los cubanos”.

La publicación por el órgano oficial del gobernante Partido Comunista resultó de interés en un momento en que, precisamente, la Iglesia Católica renueva uno de sus más antiguos reclamos en la isla: el acceso a los medios de comunicación o, al menos, una mayor y mejor presencia en la cobertura mediática.

A esta necesidad, se suma el deseo de “poder ampliar sin límites” y con “la debida libertad” el “radio de su acción” en la isla, expresó el cardenal Bertone en su homilía ante las cientos de personal que colmaron la Plaza de la Catedral de La Habana, la noche del 21 de este mes.

La Iglesia “aspira a estar cada vez más presente y activa en medio de la sociedad, con las modalidades propias del mundo actual, llevando a cabo al mismo tiempo su apremiante misión de enseñar, sanar, asistir al pobre y promover la dignidad de todos los seres humanos, ya sean marginados, desplazados o encarcelados”, añadió ese día.

Como parte de su programa, el segundo hombre del Vaticano asistió a la inauguración de un conjunto escultórico en homenaje a Juan Pablo II, ubicado en una plaza pública de la central ciudad cubana de Santa Clara y fruto del trabajo conjunto de la Iglesia Católica y las autoridades cubanas.

Durante su visita, Bertone presidió tres misas, se reunió con la Conferencia de Obispos Católicos, tuvo encuentros con diferentes comunidades religiosas y un programa oficial con las autoridades del país que incluyó una visita a la Escuela Latinoamericana de Medicina y una conferencia en la Universidad de La Habana.

Fue un encuentro “con intelectuales, laicos comprometidos y autoridades académicas, para hablar de cultura y ética, de librar a la cultura contemporánea de un relativismo empobrecedor y hacer que el mensaje evangélico, sin pretender convertir a todos, resulte ‘fecundante’ para una cultura que debe renovarse, ser más humanista y abierta a lo trascendente”, aseguró Méndez.

Entre sus mensajes, el cardenal transmitió el “deseo” del papa Benedicto XVI de que “el pueblo cubano crezca unido y solidario gracias al diálogo paciente y perseverante, gracias a gestos de reconciliación y pacificación que comprendan a todos los sectores de la sociedad”.

Asimismo, recomendó, “el camino de la concordia y la comprensión” con la única “cura” para “las heridas provocadas por las tensiones del pasado” y, al despedirse en su declaración final, recordó nuevamente la visita de Juan Pablo II hace 10 años y afirmó: “la esperanza salva”. (2008)

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