La Habana, ciudad envejecida

La atención al envejecimiento de la población presenta un desafío para una ciudad también envejecida.

Archivo IPS Cuba

La ciudad actual no está estructuralmente preparada para dar respuesta a las demandas de la creciente población de adultos mayores.

Durante las últimas décadas la población cubana ha estado envejeciendo sostenidamente. La cantidad de personas mayores de 70 años en el país es ya el 17,4 por ciento, lo que la acerca a los dos millones de un total de poco más de 11. Este patrón de envejecimiento solo es superado en el continente americano por Uruguay. De acuerdo con los datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), para 2030 esta cifra deberá llegar a los 3,4 millones de adultos mayores, lo que convertiría a Cuba en el país más envejecido del continente y, para el 2050, en uno de los más envejecidos del mundo.

Este comportamiento de la población cubana, caracterizado por un marcado decrecimiento, más cercano al de naciones desarrolladas, es multifactorial. Uno de esos motivos es la alta incorporación de la mujer a la sociedad. El 56 por ciento de las cubanas tiene nivel secundario comparado con el 44 por ciento de los hombres. Las mujeres universitarias superan a los hombres en siete por ciento.

Otros factores considerables son la planificación familiar, la inestabilidad económica prevaleciente desde 1990 y la creciente escasez de viviendas como resultado de un también envejecido y deteriorado fondo que no ha permitido a parejas jóvenes independizarse. Estas y otras condicionantes han incidido en la reducción de las familias que, como promedio, se componen en el presente de 3,8 integrantes.

Actualmente, Cuba muestra la más baja tasa bruta de natalidad, con 10,5 nacidos vivos por cada 1.000 habitantes en el período 2005-2010. Tasa que se prevé siga cayendo entre 2010-2015. Por su parte, la tasa de fertilidad –hijos por mujer– ha venido decreciendo de 1,83 en 1990 a 1,70 en 2009, aún por debajo del 2,2 requerido para garantizar el remplazo. El número de niñas –tasa de reproducción bruta– ha bajado de 1 para situarse en 2009 en 0,82, lo que tampoco garantiza la reproducción de la población. Aunque el país muestra el más bajo nivel de mortalidad infantil de América Latina, con 4,8 por mil nacidos vivos, y una supervivencia del 99,4 por ciento para menores de cinco años, por una parte, y una esperanza de vida al nacer de 80 años para las mujeres y 76 para los hombres, por otra, esto no tendrá un efecto significativo en la tendencia actual hacia el envejecimiento.

A lo anterior hay que añadir el movimiento migratorio, en el cual 65 por ciento del movimiento al extranjero proviene de La Habana. Lo más significativo, sin embargo, es su composición, al tratarse de jóvenes entre 25 y 35 años, con educación media y superior. A diferencia de otros países en la región, cuya población en edad productiva crece, en 2009 había en Cuba 534 adultos mayores y menores entre 0-14 años por cada mil adultos entre 15-59 años, lo que manifiesta una tendencia al crecimiento, y a su vez mayores gastos en la seguridad social dentro de un esquema de población económicamente productiva, que se reduce constantemente. El creciente grupo de retirados sentirá lo efectos económicos provenientes del bajo poder adquisitivo de sus pensiones y retiros, que aun después de algunos aumentos aplicados en los últimos años, serán insuficientes para cubrir todas sus necesidades.

Las personas de la llamada tercera edad tienen además necesidades especiales determinadas por el proceso de envejecimiento que se expresa en crecientes limitaciones físico motoras, las cuales reducen su movilidad. A ello se suman enfermedades crónicas y psicológicas como la reducción de la autoestima por la creciente dependencia de los demás para su subsistencia y la gradual reducción de la capacidad mental, que se traduce en una carga para quienes los rodean.

Una ciudad de viejos, no para los viejos

Siendo el índice de población urbana de 75 por ciento en el país, es en las ciudades donde se aprecia una mayor concentración de los adultos mayores que constituyen, en el caso de La Habana, 19,5 por ciento de su población. Esto hace que el grupo de su población mayor de 60 años –418.000– sea significativamente mayor que el de cualquier ciudad del resto de la isla.

Población: La edad promedio crece

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Tomado de “La ciudad en que vivo”, conferencia del autor.

Desde el mismo comienzo del gobierno revolucionario, tras el triunfo de la Revolución cubana en 1959, uno de los objetivos prioritarios fue la reducción de los desniveles existentes entre la capital y el resto del país. Esto se tradujo, positivamente, en la reducción de la migración hacia La Habana hasta finales de la pasada década de los noventa, cuando repuntó fuertemente debido, entre otros factores, al despegue del turismo –51 por ciento de los ingresos del país — y la mayor concentración de remesas, factores que incrementaron nuevamente la disparidad entre la capital y el resto de la isla. Aun así, el crecimiento de la ciudad ha sido lento en comparación con otras ciudades latinoamericanas, al solo duplicar su población desde el triunfo de la Revolución en 1959; mientras que en otras ciudades en América Latina, como Lima, ese crecimiento se ha visto multiplicado nueve veces.

La ciudad actual no está estructuralmente preparada para dar respuesta a las demandas de la creciente población de adultos mayores. Cerca del 80 por ciento de la ciudad se construyó en el periodo que va desde principios del siglo XX y la revolución en 1959. Su crecimiento estuvo caracterizado por la adición de nuevos espacios más que por la sustitución de estos. Con el fin de reducir la brecha entre la capital y el resto del país, se puso el acento en los demás territorios, lo que fue en detrimento para el estado de conservación de la ciudad, que se vio prácticamente detenida en el tiempo.

Con los cambios estructurales introducidos a partir de la Reforma Urbana, en 1960, fue posible incrementar el número de propietarios de las viviendas hasta alcanzar actualmente 90 por ciento del fondo. De acuerdo con la actual ley de la vivienda, los propietarios son responsables de su mantenimiento, pero en una ciudad donde una parte considerable del fondo está muy envejecido, al presentar una edad media de 75 años, el mantenimiento de la vivienda se ha convertido en una tarea mucho más compleja y, por lo tanto, muy costosa para una significativa cantidad de los propietarios, quienes han visto reducido el poder adquisitivo de sus salarios con respecto a 1990 y no pueden enfrentar los actuales precios minoristas de materiales y componentes de construcción. Para una persona que percibe un ingreso mensual de 300 pesos cubanos (CUP) –equivalente a poco menos de 12 pesos dólares estadounidenses–, la adquisición, por ejemplo, de un galón de pintura de vinyl representaría 45 por ciento de sus ingresos.

Precios minoristas de materiales de la construcción

Salario mensual: 300.00 pesos cubanos (CUP) = 12.00 pesos cubanos convertibles (CUC)

Concepto

U.M.

CUC

CUP

% salario

Cemento Portland

saco

6,60

165,00

55

Pintura de vynil

galón

5,40

135,00

45

Azulejos 0.20×0.20

m2

14,00

350,00

116

Lavamanos

Udad.

25,00

625,00

208,3

Inodoro y tanque

Udad.

80,00

2.000

666,6

Llave de lavamanos

Udad.

9,00

225,00

75

Ventana de madera

Udad.

150,00

3.750,00

1.250

Interruptor/tomacorriente

Udad.

2,00

50,00

16,6

Lámpara de luz fluorescente 20W

Udad.

6,00

150,00

50

Fuente: Tomado de “La ciudad en que vivo”, conferencia del autor.

Esta situación se torna aún más difícil para el grupo de personas pensionadas y jubiladas, no obstante los aumentos a las pensiones y jubilaciones ya mencionados. A lo anterior se añade el insuficiente número de viviendas construidas desde el inicio de la crisis económica, resultante del colapso del bloque soviético en 1990. Ello ha significado un agravamiento en el déficit en una ciudad donde, por ley, nadie puede quedar desamparado.

Desde el triunfo de la revolución se estableció una equitativa distribución de servicios de salud y educacionales. Se construyeron círculos Infantiles, policlínicas, hospitales y escuelas en cada uno de los 15 municipios de la ciudad, de acuerdo con las demandas territoriales. No obstante, la distribución relacionada con otros servicios urbanos no se adapta, actualmente, a las nuevas demandas de la población, debido a sus cambios estructurales, en particular el de los adultos mayores. Se trata de una ciudad heredada con la característica concentración de servicios en las zonas centrales y su escasez en los municipios periféricos. Muchos de los centros culturales y de recreación en la periferia se han perdido, ya sea por deterioro o por su conversión para la realización de otras actividades, lo que reduce las posibilidades de acceso de las personas de la tercera edad a sitos de ese tipo, particularmente en las zonas centrales, dadas sus limitaciones para desplazarse largas distancias desde la periferia.

Por otra parte, la mayoría de las instalaciones de servicios existentes posee aún barreras arquitectónicas para personas con limitaciones de locomoción. Escaleras, baños y asientos fácilmente accesibles ya no pueden verse como necesidades de una minoría o de la población con capacidades especiales. La ausencia de estas facilidades, junto a las dificultades para transportarse adecuadamente, limita todavía más el acceso de las personas adultas mayores al entretenimiento y la cultura y contribuye a su aislamiento social.

Pensando en la ciudad y en los adultos mayores

La población del llamado baby-boom de comienzos de los años sesenta del pasado siglo pasará a retiro en los próximos 10 años. Este grupo social será muy distinto de sus predecesores en términos culturales y de salud: vivirá más tiempo después de su jubilación, dado el alto nivel de esperanza de vida que ha alcanzado la población cubana. Igualmente posee un nivel escolar más elevado, con mayores demandas de recreación calificada. Este pronóstico debe conducir a repensar la manera en que la ciudad deberá adaptarse a estos nuevos escenarios. Algunas experiencias recientes indican lo que pudiera hacerse en este sentido, sin el empleo de grandes recursos.

Población: Cada vez más viejos

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Tomado de “La ciudad en que vivo”, conferencia del autor.

Hasta el presente existen en la ciudad 37 hogares de ancianos destinados a personas sin familia o aquellas que no pueden valerse por sí mismas. En el caso de la vivienda, ya existe un conjunto de las llamadas viviendas protegidas, promovidas por la Oficina del Historiador de la Ciudad en el en centro histórico de La Habana. Son pequeñas unidades en edificios, con servicios de protección y asistencia médica, que pueden servir como un buen ejemplo de las alternativas para brindar a los adultos mayores una mejor calidad de habitación. Esta opción daría a las personas que viven actualmente solas –10 por ciento del total– la posibilidad de convivir con otras de su grupo etario y preservar su privacidad, a la vez que pueden ofertar su vivienda al fondo de la ciudad.

Las 25 Casas de Abuelos con que cuenta la ciudad son auspiciadas por el sector de la salud pública. En ellas la población anciana puede encontrar albergue, atención médica y alimentación, además de actividades recreativas. Estas casas son muy importantes para la atención de quienes viven solos o deben permanecer solos en casa, mientras el resto de sus familiares trabaja o estudia.

Un aspecto importante en la atención a las necesidades espirituales de este grupo es la Universidad del Adulto Mayor, una extensión de la Universidad de La Habana que cuenta en la actualidad con 600 aulas en todo el país para brindar, a nivel comunitario, la oportunidad de aprender, entre otros aspectos, cómo envejecer satisfactoriamente. De igual forma, los Círculos de Abuelos son un buen ejemplo de la atención que puede brindarse con pocos recursos a partir de organizar a los adultos mayores en las comunidades, con la atención del médico de la familia y los policlínicos. Los Círculos promueven la práctica de ejercicios físicos en grupos, mediante el empleo de espacios abiertos como los parques donde, bajo la supervisión de médicos y enfermeras, realizan movimientos que mejoran notablemente sus capacidades motoras, a la vez que les sirven de oportunidad para socializar entre ellos.

Los viejos y los viejos problemas

La atención al envejecimiento de la población presenta un desafío para la ciudad. Actualmente, uno de cada cinco de sus habitantes pasa ya de los 60 años, con una tendencia a seguir creciendo en un futuro cercano.

La atención a este problema complejo tiene que ser integral, ya que no tiene que ver, solamente, con una cuestión de salud. Se trata, además, de dar adecuada respuesta a sus necesidades de vivienda, los servicios de todo tipo, el transporte, la cultura y la recreación. De no adaptarse la ciudad actual, se convertirá en una barrera para este creciente grupo de personas, que se verían aisladas por las escaleras, sobre todo en las construcciones más antiguas, las de más alto puntal, que son las predominantes en las partes más antiguas –y más densamente pobladas– de la ciudad; o al vivir en pisos altos en edificios, sin elevador, con transporte y distribución de los servicios no concebidos para satisfacer sus necesidades espirituales y sus naturales limitaciones. La Habana, que cumplirá 500 años de fundada en 2019, tiene por delante un gran desafío, pero también una magnífica oportunidad de mostrar un rostro renovado para su envejecida población.

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