La lectura en Cuba desde un enfoque local

Motivaciones, hábitos y preferencias literarias en un grupo de niñas y niños de Centro Habana.

El fomento y creación de competencias literarias en los niños resulta una tarea compleja.

Foto: Cortesía de la autora

Cuba constituye una referencia en el desarrollo de campañas a favor de la lectura. La anual Feria Internacional del Libro, que se inicia en La Cabaña y se extiende luego al resto de las provincias de la isla representa un magno evento que es secundado cada año por otra serie de actividades de promoción del libro y la lectura, entre las que pueden citarse La noche de los libros, Lecturas frente al mar, Leer la historia, El libro y la montaña, entre otros.

Estudiar con mayor detenimiento las prácticas de consumo de literatura de un grupo de niñas y niños en una comunidad urbana o rural especifica contribuye a conocer mejor sus gustos, intereses y preferencias, lo cual puede servir de referencia para el desarrollo e implementación de políticas educativas, sociales y culturales que se ajusten y satisfagan las preferencias y necesidades de este grupo poblacional y permitan que la lectura gane en importancia y la literatura, frente a la televisión, el cine y los juegos electrónicos, pase a un lugar primario entre las formas de recreación del individuo.

La selección de un grupo de veinte infantes de sexto grado (diez niñas y diez varones) se fundamentó a partir de las ventajas que esto proporcionaba: ya constituía un grupo formado y consolidado desde grados anteriores donde podían observarse, con más claridad, la organización y las dinámicas interpersonales del propio grupo (liderazgo, condicionamientos, influencias, criterios de los amigos y compañeros).

En tal sentido se estudió el tema en el barrio de Cayo Hueso, que ocupa una extensión de 0.81 km², con 39 000 habitantes. La locación está ubicada en el noroeste del municipio de Centro Habana, limita al norte con el Malecón habanero, al sur con la calle Zanja, al este con la calle Belascoaín, y al oeste con la Calzada de Infanta.

Tiene una ubicación geográfica central dentro de la ciudad y gran riqueza cultural e histórica, que lo hacen muy apreciado por sus habitantes y muy transitado por turistas y pobladores de otros barrios de la capital. Cuenta con una población de más de 9.000 niños.

El fomento y creación de competencias literarias en los niños resulta una tarea harto compleja en tanto son los adultos (padres, abuelos, maestros, promotores culturales) quienes fungen como mediadores entre el receptor y la obra literaria: es la familia, en primera instancia, quien elige y adquiere el libro que luego obsequiará y/o leerá (en el caso del lector preescolar) al niño, por tanto, los textos seleccionados están sujetos a sus gustos estéticos y a lo que, de modo muy particular, conciben como “correcto” y “apropiado”.

Para María GuadalupeChávez Méndez, investigadora del tema en México:

“Si de verdad interesa que el sujeto se acerque a los libros, necesitamos romper con las estructuras de un sistema obligatorio que compensa con muy poco disfrute los deberes. En ese sentido, los libros se perciben más como artículos de rechazo, de miedo, de flojera y hasta de aburrimiento que como objetos de deseo, situación que acarrea un enorme distanciamiento hacia estos por parte del sujeto. Esto mismo garantiza una falta de hábito incorporado desde el nicho familiar”.

No abundan las investigaciones sociales que ahonden en el consumo cultural (incluido el literario) en los niños: resultan mucho más frecuentes las muestras que abarcan a los individuos de 15 años en adelante. Asimismo predominan las investigaciones con muestras nacionales o provinciales. En menor número también se encuentran aquellas que eligen lo local como escenario de sus análisis.

 

En el estudio se tuvieron en cuenta los siguientes indicadores:

 

  •             Posesión de medios literarios: Se refiere a los medios con los que cuenta el sujeto para realizar la lectura, ye sean textos impresos o en formato digital.
  •            Preferencias e intereses literarios: Son las elecciones voluntarias generales que realiza el sujeto para consumir tipos determinados de medios literarios.
  •              Necesidades que satisface el consumo: Responde al ¿para qué se lee?, o sea, qué necesidades, en un sentido amplio, quedan satisfechas con el uso de medios literarios.
  •            Sentidos psico-sociales otorgados al consumo: Responde al ¿qué significa leer? O cuáles son aquellos referentes psicológicos y sociales que conducen la realización de esta actividad.
  •           Hábitos: En tanto organización del tiempo, espacio y modos cotidianos en función de la actividad de leer. También responde al cómo leer un texto, el orden de lectura, la selección u omisión de párrafos determinados, etc.
  •           Motivaciones: ¿Qué motivos mueven la lectura, por qué se lee?
  •           Mediaciones: Los factores que delimitan y configuran la relación entre los productos culturales y la apropiación y uso de los mismos. Es decir, aquellos elementos que intervienen en la relación emisor-receptor, que van a influir significativamente en las lecturas del mensaje.

El proceso de diagnóstico arrojó, en sentido general, que tanto niñas como niños valoran la lectura como algo importante y necesario en sus vidas y la asocian a ideas y calificativos como los siguientes: interesante, linda, esencial, instructiva, refrescante, medio de aprendizaje, enseñanza, entre otros.

No obstante, la inmensa mayoría de los niños demostraron pobreza de lecturas desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo. La Edad de Oro constituyó el texto más citado, amén de que fueron mencionados, como libros, diversos relatos o poemas de la propia publicación, por ejemplo: “Bebé y el señor don Pomposo”, “Los zapaticos de rosa” y “Meñique”. Minoritarios fueron los casos que citaron otros volúmenes como Cartas desde la selva, Alicia en el país de las maravillas y El principito.

Ante la consigna de “Me divertí mucho cuando”, que debía ser completada por los alumnos de sexto grado, no se observó ningún caso en el que fuera identificada la función lúdica del libro. El esparcimiento se asociaba, en la mayoría de los criterios, a acciones y actividades propias de espacios exteriores, como salir a pasear, ir al parque Lenin, a la playa o algún museo, conocer nuevos amigos, ir a una piscina o jugar a las bolas y a la pelota en la calle.

En La investigación participaron diez niñas y diez varones de sexto grado.

Foto: Cortesía de la autora

Por el contrario, las valoraciones acerca de la computadora sí mostraron un especial énfasis en las posibilidades de recreo y esparcimiento de este medio tecnológico. En esta sentido existió una tendencia a identificarla con el juego y la diversión, mientras que solo fueron casos puntuales los que la describieron como “un aparato especial para documentarnos” o “una máquina que guarda muchas informaciones”.

La gran influencia de los medios audiovisuales se vio reflejada, de modo muy marcado, en las distintas respuestas de los niños ante la incógnita de decir cuál era su personaje y su libro favoritos. En cuanto a los textos reiteraron algunos de los pertenecientes a La Edad de Oro y que son estudiados y mencionados frecuentemente en las clases, como “El camarón encantado”, “La muñeca negra” o “Meñique”, además de otros títulos que eran citados constantemente en los talleres, a saber, Corazón, El principito, Alicia en el país de las maravillas, Mujercitas o Elpidio Valdés.

Entre sus personajes predilectos fueron escasísimos los pertenecientes a la literatura cubana o internacional y sí notablemente frecuentes los extraídos del universo audiovisual, cinematográfico o televisivo. La generalidad de las figuras citadas fueron Pocahontas, Charles Chaplin, Mikey Mouse, Antonio Banderas, Las Prats, Mente Pollo, La sirenita Ariel, Spiderman, El rey León, entre otras.

El acto de leer representa una práctica aceptada y bien valorada socialmente. En este sentido los alumnos de sexto grado apuntaron que en sus respectivas casas los libros “son las cosas más importantes”, “son los mejores amigos”, “resultan muy interesantes”, “se guardan con mucho cariño”, “están siempre a la mano” y “son un gran tesoro”. Ninguno describió una experiencia negativa o poco agradable, a pesar de que, como se verá más adelante, varias de las entrevistas a las familias proyectaron aristas opuestas de este fenómeno.

La influencia del grupo incide, de forma significativa, en los títulos, temas y formatos preferidos para leer. Así se observó que, por ejemplo, un libro destinado al lector joven o adulto, como Lil, de los ojos color del tiempo, gozaba de gran popularidad entre las niñas del aula, a partir de las recomendaciones de algunas de ellas que ya lo habían leído y se lo sugerían, con mucha insistencia, a sus amigas. De forma análoga otro volumen pasaba de mano en mano, sin que fueran necesarias las reiterativas orientaciones de la maestra. El texto que despertaba el interés en todos los estudiantes, sin excepción de ninguno, era sobre los cambios propios de la pubertad y su relación con la sexualidad, de lo que se infiere la relevancia que posee esta temática en la elección de libros por parte de los niños.

La aceptación y la regularidad en el hábito de lectura mostrada en las primeras técnicas de trabajo en grupo difieren de los resultados arrojados por los registros de actividades desarrolladas durante los fines de semana, en los cuales fueron muy aislados los ejemplos de acciones cotidianas vinculadas con el libro o la literatura. Entre las disímiles formas de ocupar el tiempo libre predominaron: las visitas familiares o a casa de los amigos, las salidas al Coppelia, al cine, al circo, a una piscina, al parque Lenin, al Malecón, a una fiesta, a la playa, al barrio chino, la permanencia en la casa para ayudar en las tareas domésticas, escuchar música, ver películas o poder jugar en la computadora. Numéricamente menor son otro tipo de actividades como realizar las tareas de la escuela, asistir a clases de pintura, guitarra o piano o ir a la Feria del Libro, pese a que una parte de la investigación coincidió con las fechas de desarrollo de este importante evento cultural.

Entre las actividades deseadas o soñadas por los niños para los próximos fines de semana ocuparon un lugar preponderante aquellas referidas a salidas o paseos a espacios exteriores al ámbito hogareño, como ir a la piscina del hotel Riviera, al barrio chino, a un parque de diversiones, a la playa, a la calle Paula, al Coppelia, montar bicicleta y patines, viajar a una isla donde nadie obligue a estudiar y donde poder jugar con la computadora, visitar a los abuelos y primos, comer con la familia fuera de la casa o quedarse a descansar en ella.

En mucha menor cuantía estuvieron los anhelos individuales de ir a la Feria de Libro, permanecer leyendo novelas en casa o comprar libros de historietas que los divirtieran o textos interesantes que incrementaran la inteligencia de sus lectores.

El grupo también evaluó los formatos, géneros y temas que más preferían y aquellos que desdeñaban. A partir de sus criterios, el medio favorito por el cual quisieran que les relataran las historias es la computadora, mientras que los menos gustados son el teatro, las revistas y los periódicos.

Aquí es necesario precisar que los entrevistados, en su mayoría, demostraron desconocer las publicaciones periódicas destinadas al nivel primario, tales como Zunzún y Pionero, lo cual puede deberse a la lamentable escasez de fondos de la biblioteca de la escuela que debería paliar la ausencia que sufren estas publicaciones en los estanquillos y librerías de la ciudad. Los libros, por su parte, recibieron, en esta escala de preferencias, una evaluación de regular, es decir, ni de absoluto gusto ni de total rechazo. Este resultado diverge, en cierta medida, de la atracción expresada en técnicas grupales anteriores, pero puede explicarse a partir de la comparación lamentablemente desventajosa con la computadora: al ser evaluado él solo, el libro ocupa altos niveles de predilección que se ven disminuidos, en la generalidad de los casos, al competir con la experiencia audiovisual que ofrece una computadora.

En cuanto a los géneros literarios la novela fue la elegida por la mayoría de las niñas, por el contrario los varones prefirieron, casi unánimemente, la poesía, mientras que un grupo menor de ellos expresó inclinarse más por el cuento. La predilección por el género poético estuvo basada, según los propios niños, en su gusto por la música y la rima. El teatro, en este sentido, quedó desierto. Llama la atención que en el apartado “Otros géneros” fue mencionado, en reiteradas ocasiones, El padrino, referido tanto al libro, como a la película y al juego electrónico.

Los temas más atrayentes para ellos son los siguientes: aventura, romántico, naturaleza, detectives, historietas, fantasía y científico-técnica. Al pedírseles que apuntaran otras no señaladas, los niños refirieron temas que hablan, por sí solos, del alto impacto que tienen en ellos los medios audiovisuales, a saber, mafia, ciencia ficción, terror, acción, historia universal, Segunda Guerra Mundial, informático, películas, shows y nintendos y, en menor medida, apuntaron el teatro.

Los temas que recibieron más aprobación tanto en niñas como en varones, fueron la historieta, la fantasía y la aventura. Por su parte los textos científicos, en su gran mayoría, fueron preferidos por los varones.

Entre los elementos que más le llaman la atención en un libro la mayoría señaló el tamaño del volumen (tanto los libros muy grandes como los pequeñísimo que venden las editoriales extranjeras durante la Feria del Libro) y las ilustraciones de la cubierta y del interior del texto.

La cantidad de páginas, el tipo de papel, la calidad de la encuadernación, el nombre del autor, la temática o la editorial responsable de la publicación constituyeron índices frente a los cuales los niños no mostraron curiosidad ni interés.

Una de las dinámicas grupales más interesantes desarrolladas con los niños fue, sin dudas, la referida al estado actual de la biblioteca de su escuela. En el ejercicio participativo ellos debían imaginar que eran magos con poderes infinitos para quitar o agregar lo que consideraran necesario en la biblioteca. Sus sabias sugerencias van desde las soluciones más prácticas hasta las más fantasiosas, típicas de esa edad:

–              quitarían a la bibliotecaria

–              pondrían libros nuevos

–              quitarían los libros viejos que nadie lee

–              pondrían libros de poesía

–              pintarían las paredes con colores alegres

–              cambiaría la pizarra por una nueva

–              pondría un televisor

–              llenarían de magia la biblioteca

–              traerían una bibliotecaria joven y otra mayor que le transmitiera experiencias

–              pondrían música

–              cambiarían las ventanas

En el logro de esta meta la familia desempeña un rol esencial, a partir de la insoslayable función educativa que ella tiene. A través de sus normas y valores se potencia el desarrollo de la personalidad de sus miembros, actúa como agente creador, mediador y transmisor de intereses culturales e interviene, de modo preponderante, en la atribución de valores culturales y espirituales.

Las entrevistas a las distintas familias de los alumnos de sexto grado develaron a los padres y abuelos como los agentes de mayor influencia en los hábitos de lectura de los niños.

La mayoría de los interrogados expresaron su gusto por la lectura, aunque una minoría admitió que no lo hacían con mucha frecuencia por falta de tiempo. Entre las temáticas más buscadas por ellos estuvieron: policiaco, amor, psicología, educación, ciencia ficción, historia, libros sobre sus profesiones, o “cualquier cosa que les caiga en las manos”. Los géneros preferidos fueron la novela, en primer término, el cuento y la poesía, en menor grado.

Como parte de los textos que habitualmente les recomiendan a sus hijos se destacan: Corazón, Simbad, el marino, el libro de texto de español, ciencias naturales o historia, y aventuras. Muy reducidos fueron los casos de familias que les sugerían a los niños poesía o textos a partir de los cuales pudieran contrastar las historias vistas a través de películas o programas televisivos.

Con respecto al precio de los volúmenes hubo muchos criterios, aunque la generalidad aludió a la imposibilidad de adquirir los atractivos libros en moneda libremente convertible. En este sentido argumentaron que gran parte de los títulos más llamativos desde el punto de vista visual y temático se vendían a un precio inalcanzable para los trabajadores que solo viven de su salario, situación que se agudiza si se tiene más de un hijo.

Entre el libro, la computadora, el cine y la televisión un grupo importante de padres refirió que sus hijos preferían jugar en la computadora (aunque la mayoría no tiene máquinas en sus casas pero utilizan las de los amigos o asisten al Joven Club). El resto de las familias señaló que sus niños no tienen una preferencia determinada sobre alguno de estos medios sino que los van alternando según tengan más o menos interés. Así leen, juegan en la computadora, van al cine de la localidad y ven televisión.

El hábito de lectura constituye una práctica muy bien valorada socialmente y estimulada con gran frecuencia a través de los medios de comunicación masiva. Esto representa la causa esencial por la cual todas las familias entrevistadas, independientemente de leer o no leer o de tener hijos lectores o carecer de ellos, defendieron el libro como medio de educación y esparcimiento, por encima de la computadora o la televisión.

Como sabiamente apuntaba Eliseo Diego (1920- 1994) :

“Existe un recurso mágico para pacificar al grupo de niños más impetuoso; un recurso sencillo, que no cuesta nada, y que puede ser un gusto para el propio maestro –o mejor, que debe serle un gusto, porque si no lo es, de nada le valdría. Ese recurso, como todo remedio mágico, comienza con un ensalmo: “Había una vez”. No bien lo escuchan, parece como si los niños se volviesen de piedra. ¡Al fin se están tranquilos!

“Compárese la actitud mental de quien escucha un cuento con la del que contempla una cinta cinematográfica. Este último no tiene nada que hacer: las imágenes se suceden ante él y no le exigen más que registrarlas. En cambio, ¡qué distinta la situación de quien debe suplir, a cada estímulo sonoro, su propia imagen! Aquí todo es actividad. Incesante movimiento. Al conjuro de la palabra es preciso crear todo un paisaje, las escamas del dragón, la penumbra del castillo, el vuelo del hada y el cucurucho de la bruja, las botas que devoran leguas y el magnífico sombrero de un gato que habla. Nada está dado, todo es posible, naciente, y todo – he aquí lo más importante– es nuestro”. (2017).

Un comentario

  1. Reynaldo

    Es un excelente trabajo. Considero que hay que seguir día a día haciendo un trabajo intenso y muy necesario para incrementar la lectura en los jóvenes, es un reto grande en la sociedad cubana desde la primaria hasta la universidad.
    Formar en los niños el habito de lectura contribuirá a que los jóvenes que logran acceder a los estudios universitarios ya tengan un hábito, habilidades y deseos de leer y aprender cada día. Felicitaciones para la autora de este trabajo.

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