Libro editado en Estados Unidos aborda la racialidad en Cuba

El volumen se titula “El poder de la raza en Cuba” y fue escrito por la investigadora Danielle Pilar Clealand.

Danielle Pilar Clealand desea traducir el libro al español, “porque ha sido escrito para Cuba y para las personas que en la actualidad están luchando por la igualdad racial en la isla”.

Foto: Tomada de Books & Books

La Habana, 1 dic.- El libro El poder de la raza en Cuba constituye un nuevo aporte a los debates sobre el problema racial en la sociedad cubana y otra muestra de los estrechos vínculos entre la isla caribeña y Estados Unidos, donde fue editado el volumen.

Publicado en inglés por el sello editorial de la Universidad de Oxford, el texto de 272 páginas lleva la rúbrica de Danielle Pilar Clealand, una investigadora del Departamento de Política y Relaciones Internacionales, en la Universidad Internacional de la Florida.

La obra examina la narrativa oficial sobre el tema racial en la nación caribeña, pero también tiene en cuenta las vivencias cotidianas de personas afrodescendientes del país, sus procesos identitarios, así como las formas en que han sido afectadas por el racismo.

“Quería contestar algunas preguntas a partir de datos empíricos, detallando las experiencias personales de la gente y analizar cómo la Revolución ha abordado este tema tan polémico”, dijo la autora a la Redacción IPS Cuba.

“Hay muchas investigaciones sobre el tema racial en otros momentos históricos, pero necesitamos más trabajo sobre lo que está pasando ahora mismo”, afirmó Pilar Clealand.

Foto: Tomada de Books & Books

Apuntó que en el país “existe muchísimo interés en hablar sobre raza y racismo, porque si bien hay un silencio público, en las casas y los círculos más privados abundan las conversaciones”.

A su juicio, “es muy difícil quedarse al margen y en silencio si alguna vez la policía te ha detenido, si te negaron un trabajo, si te han tratado de una manera por el color de tu piel o si tu mejor amiga es blanca, pero nunca podrías ser pareja de algún familiar”.

Manifestó que quizás “la gente en los barrios no conoce que hay organizaciones y activistas debatiendo el tema racial, pero sí se sientan afuera de sus hogares, con sus familiares y hablan de las experiencias de discriminación sufridas”.

Para la académica, aunque “no haya mucho diálogo público sobre el racismo, las sensibilidades raciales y racistas siempre están a plena vista”.

También afirmó que la negación y el silencio alrededor del tema “no va a hacer que desaparezca, sino al contrario, negar el racismo sirve para mantenerlo”.

Pilar Clealand realizó la mayor parte de la investigación entre 2008 y 2010, periodo en el cual viajó a Cuba con frecuencia e intercambió con especialistas, activistas y población en general, sobre todo en La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba.

En sus estancias, dialogó “con varias personas que están abordando este tema con mucha dedicación y son parte del movimiento antirracista cubano actual”, dijo.

Entre ellas, mencionó al intelectual Roberto Zurbano, la escritora y periodista Gisela Arandia, la cineasta y activista Gloria Rolando, además de los investigadores Tomás Fernández Robaina y Tato Quiñones.

“Hay grupos que hacen un trabajo importante, no solo desde la crítica y los análisis raciales, sino también en la construcción de espacios para promover el orgullo y conciencia negra, un aspecto esencial en la lucha contra el racismo”, comentó.

De igual modo, ponderó el aporte del movimiento cubano de hip hop al tema racial.

Y dentro de ese género urbano, la autora destacó “al grupo Obsesión, que ha hablado mucho del tema, tanto en sus canciones como en su trabajo comunitario”.

“Los grupos de rap están entre los principales mensajeros de la conciencia racial en Cuba”, acotó.

La catedrática aludió a algunas experiencias de ciberactivismo, que incluyen a “los blogs Afromodernidades y Negra Cubana Tenía que Ser, nuevos espacios que han ampliado las redes de información e intercambio”.

Por otra parte, el libro analiza el lenguaje racista y para ello citó frases comunes en Cuba como “tenía que ser negro” (para referirse a un mal proceder), “esa persona tiene el pelo malo” (patrones de belleza) o “es un negro fino o una negra rubia” (cuando describen a una persona negra con éxito).

Según la autora, “ese lenguaje crea una norma de inferioridad negra que también influye las prácticas racistas”.

“Por ejemplo, si la universidad tiene un número bajo de estudiantes no blancos en comparación con el porcentaje de la población, la explicación es: los negros y los mulatos no quieren estudiar, no quieren estar en la universidad, son vagos”, lamentó.

En su opinión, “precisamente una de las contribuciones principales del libro es demostrar que las experiencias de discriminación racial son frecuentes para la gente negra y mestiza en Cuba y que hay información suficiente para analizar las diferencias de oportunidades para las personas blancas, mulatas y negras en Cuba”. (2017)

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