Machismo en el banquillo de los acusados

Testimonios de mujeres de La Habana evidencian la inequidad de género que persiste en la sociedad cubana.

Jorge Luis Baños - IPS

El municipio Centro Habana, donde se realizó la Corte de Mujeres, cuenta con mayoría de población femenina y altos niveles de participación de ellas como líderes y activistas comunitarias

La Habana, 10 ene.- Mujeres que han sufrido en carne propia la discriminación, la agresividad y la pobreza enjuiciaron la violencia de género durante la Corte de Mujeres por la Solidaridad, la Equidad de Género y la Justicia Social, realizada al inicio de un encuentro internacional sobre paradigmas emancipatorios.

Los retos que supone vivir con discapacidad, nacer en un hogar disfuncional, enfrentar las decisiones herradas de los hijos, la experiencia de la transexualidad, entre otras situaciones, fueron expuestos en los testimonios de siete mujeres de diversas edades que residen en el municipio de Centro Habana, el más pequeño y uno de los más poblados del país.

Como eje común, la resistencia y la capacidad de transformación a partir de las decisiones individuales primó en los relatos, pues en todos los casos se trató de mujeres que intentan superar la adversidad que las ha marcado e integran proyectos comunitarios o culturales.

El encuentro fue organizado por el Grupo de Estudio “América Latina: Filosofía social y Axiología” (Galfisa), del Instituto de Filosofía, en conjunto con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el Centro Martin Luther King y el gobierno municipal como acción inicial del X Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios que se extiende hasta el 11 de enero en La Habana.

Según explica la doctora en filosofía Georgina Alfonso González, las cortes de mujeres resultan procesos simbólicos, éticos y políticos para visibilizar y concientizar la resistencia y creatividad cotidiana de las mujeres en su lucha contra el patriarcado y por la equidad de género.

Desde hace varios años Galfisa trabaja con esta metodología y han realizado nueve cortes, dos de ellas en Cuba y el resto en otros países de la región. Estas son entendidas como espacios de articulación entre organizaciones y movimientos sociales latinoamericanos.

Para la presente edición se partió de experiencias previas realizadas entre septiembre y octubre en los barrios capitalinos de Los Sitios, Cayo Hueso, Colón, Dragones y Pueblo Nuevo, en las que compartieron su historia unas 21 mujeres y participaron casi 300 personas en el auditorio, en su mayoría residentes locales.

La selección de los testimonios correspondió a las propias comunidades de Centro Habana, un municipio donde las mujeres constituyen 65 por ciento de la población total y casi 57 por ciento de los delegados a la Asamblea Municipal del Poder Popular.

Desde el escenario del teatro se escucharon conmovedores testimonios como el de Yolanda Haten, madre desde los 16 años, quien producto de su contexto marginal, debió recurrir a la prostitución para sostenerse. Nacida en una familia disfuncional y marcada por el alcoholismo, fueron pocos los apoyos que encontró frente a todo tipo de agresiones machistas.

Sin embargo, por su propio esfuerzo logró superarse y hoy trabaja como asistente en un círculo infantil (guardería).

La falta de visión tampoco fue obstáculo para que Nubia Martínez, de 26 años, se graduara de psicología en la Universidad de La Habana; mas debió soportar la subvaloración y el maltrato en varios momentos de su vida estudiantil y profesional. Aunque actualmente ejerce su carrera en un policlínico de Centro Habana, los primeros contactos laborales se negaron a ocuparla y recibió el rechazo en múltiples ocasiones producto de su ceguera.

En opinión de Alfonso, los testimonios resultan voces que promueven la solidaridad, el trabajo colectivo, la integración social y todo lo que hace que mujeres y hombres crezcan en su autoestima y dignidad.

El objetivo central de las cortes es “promover las experiencias comunitarias desde testimonios de vida y hacerlas trascender a otros espacios nacionales y regionales, articulando las prácticas y la subjetividades de las mujeres que día a día protagonizan las razones para vivir y crear en nuestras comunidades”, señaló la organizadora.

También se trata de una invitación a ver a Cuba con sus luces y sus sombras, pues ellas “hablan de un sujeto mujer en revolución, que significa no dar por acabado la dignificación y emancipación de las cubanas, sino aprovechar las posibilidades que abre el actual proceso de actualización del socialismo en Cuba para reempoderarnos de los espacios públicos y privados y recuperar nuestra autoestima como mujeres”, concluyó (2013).

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