Mujeres creadoras: conciliar el trabajo y el hogar

El espacio “Mirar desde la sospecha” celebra el Día Internacional de la Mujer con un debate crítico sobre inequidades de género y labor profesional.

Dalia Acosta - IPS

Las mujeres del panel y el público compartieron sus alternativas para mantener una vida profesional activa y el cuidado de su familia.

La Habana, 11 mar.- Las vivencias de cubanas creadoras e intelectuales de distintas generaciones frente al conflicto de intentar negociar el tiempo dedicado al trabajo profesional y artístico con el no remunerado del hogar, centraron los debates de la última edición del espacio Mirar desde la sospecha, realizado en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

Celebrada el Día Internacional de la Mujer, la cita propuso esta vez el tema “Mujeres creadoras: el arte de la conciliación” y convocó a un panel, conducido por la académica Danae C. Diéguez e integrado por la escritora Laidi Fernández de Juan, la cineasta Marilyn Solaya, la realizadora Magda González y la economista Teresa Lara.

Además de su experiencia en el cuidado a solas de sus hijos y en sostener un cargo de dirección durante más de 30 años, Lara compartió sus conocimientos sobre economía del tiempo. Las investigaciones realizadas en el país sobre el tema desde la década del 80 del siglo XX a la actualidad coinciden en señalar que las mujeres trabajan más que los hombres, reveló.

“En Cuba, las mayores inequidades de género se encuentran en el hogar”, enfatizó la estudiosa, quien aboga por reconocer como trabajo a las labores domésticas, ofrecer servicios de apoyo para no limitar el potencial femenino e incorporar el enfoque de género a la hora de destinar los presupuestos públicos de la isla caribeña.

Ante la disyuntiva de dedicar tiempo en la casa al trabajo profesional y creativo y cumplir con los roles asignados de cocinar y limpiar, por ejemplo, generalmente triunfan estos últimos, en detrimento del proyecto personal, lamentó la investigadora. Cada una debe compartir con la familia el triunfo y el costo que ellas deben pagar para descollar en el ámbito laboral, dijo.

Por su parte, González puntualizó que, en general, muchos sectores de la población cubana no perciben a la creación artística como trabajo. “Si quien lo hace es una mujer, resulta mucho peor”, opinó. Asimismo, explicó que en el ámbito laboral “no hay la menor conciencia de que las mujeres tienen una doble jornada”.

Por esa razón, y la no distribución de las tareas en la familia, muchas se limitan a la hora de asumir puestos de liderazgo, sobre todo en el sector cultural. Esta desventaja imposibilita a la sociedad de beneficiarse del potencial femenino. “Las mujeres somos muy buenas dirigentes: organizadas y preocupadas por el confort del colectivo”, expresó.

De acuerdo con la realizadora de dramatizados para televisión, las creadoras se enfrentan ante la encrucijada de potenciar su labor y su participación en la gestión hogareña, sin perder de vista valores esenciales como el amor, cuidado y unión de la familia. En muchos casos, “se da la no posibilidad de conciliación”, matizó.

En tanto, Fernández de Juan, médica y autora de relatos sobre el mundo femenino, confesó que “no puede escamotearle el tiempo que demanda su familia para hacer literatura”. “Escribo a pesar de mí”, sentenció, quien decidió sostener a la vez una alta carga de trabajo en el hogar y en su profesión.

Así, especificó en el caso de aquellas que se debaten entre el cuidado de los hijos y sus padres en la tercera edad. “Hay reclamos muy dolorosos (por parte de sus seres allegados) para una mujer que decide concentrarse en la creación”, abundó la narradora, sobre los entramados sentimentales que se atraviesan en situaciones de este tipo.

En tanto, la cineasta Marilyn Solaya contó cómo piensa las escenas de sus documentales y películas mientras lava, plancha, friega o cocina. A ella no le alcanza el tiempo: solo duerme cuatro horas diarias y el resto lo destina a la creación y el cuidado a solas de sus dos hijos.

Con respecto al asunto de la conciliación, la artista consideró que la cultura machista condena a las mujeres a estar en el rol de “víctimas o victimarias”, es decir, siempre ser culpables por los caminos que sigan, ya sea en pro de su proyecto personal o familiar. Para Solaya, hasta que la sociedad y las instituciones no subsanen todo lo que ellas trabajan “no hay nada que hacer”.

“Mirar desde la sospecha” es un espacio del programa de Género y Cultura del no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero” que cuenta con el apoyo de la Uneac, la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, la Agencia Española para la Cooperación Internacional y la Consejería Cultural de la Embajada de España. Sus coordinadoras son la académica Danae C. Diéguez y las periodistas Helen Hernández y Lirians Gordillo. (2012)

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