“Negar el racismo es una manera ingenua de perpetuarlo”, dice investigadora cubana

Es Gisela Arandia, quien dedicó el acto de defensa de su tesis en opción al grado de Doctora en Ciencias al prócer independentista Antonio Maceo (1845-1896).

“No es posible encontrarle solución a un problema (el racismo) que no se reconoce plenamente, ni se somete a debate público”, argumentó Gisela Arandia.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 8 dic.- Como un ejercicio académico necesario, valiente y capaz de aportar a la trasformación social, definieron especialistas a una investigación filosófica debatida la víspera sobre el fenómeno del racismo en la nación caribeña.

Las afirmaciones tuvieron lugar ayer, en la Fundación Ludwing de Cuba, durante el acto de defensa del “Estudio teórico crítico del racismo, un modelo de análisis epistémico y político para el contexto cubano”, de la intelectual cubana Gisela Arandia, quien opta por el grado de Doctora en Ciencias Filosóficas.

El estudio “propone una síntesis que permita superar la negación del racismo como el obstáculo más determinante en un país donde la sociedad está aferrada a un imaginario que rechaza aceptar la presencia del racismo y la discriminación racial cuando aún se trata de un fenómeno cotidiano”, aseveró la autora de la pesquisa.

A su juicio, “negar el racismo es una manera ingenua de perpetuarlo, a partir de una actitud que compromete al proyecto mismo de la Revolución Cubana”.

"El racismo no desaparece por sí solo, sino que se requiere de una construcción filosófica, una acción práctica y educativa", dijo Arandia .

“El racismo no desaparece por sí solo, sino que se requiere de una construcción filosófica, una acción práctica y educativa”, dijo Arandia .

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Sostuvo, además, que “resulta difícil justificar la falta de prioridad institucional hacia la discriminación racial ante los avances obtenidos por otras discriminaciones que han encontrado espacio y formas organizativas para revertir esos males”.

Para ella, “la vigencia de la discriminación racial en este contexto, como parte de un conflicto relacionado con la justicia social, requiere de una atención política especializada”.

De igual modo, la investigadora, periodista y activista social argumentó que estudiar el fenómeno desde la filosofía “es un reto que debemos asumir para develar rutas de conocimiento que permitan fundamentar nuevas reflexiones críticas, consensos y movilización para romper los patrones de dominación”.

Al respecto, manifestó que su propuesta académica “tiene como propósito fundamental promover una polémica, avalada en la búsqueda de una producción de conocimiento capaz de aportar herramientas conceptuales para esclarecer la mentira filosófica de la superioridad racial”.

En su opinión, otro desafío es abordar correctamente el tema del mestizaje.

“Si bien se afirma con razón la trascendencia de las mezclas entre europeos, originarios y población afrodescendiente, el conflicto está en que esa metáfora ha fungido como pretexto para no reconocer las diferencias identitarias existentes”, dijo.

También subrayó que ese concepto “se ha convertido en una propuesta ideológica de dominación que rechaza y oculta las inequidades raciales”.

“Pero el aspecto más dañino del mestizaje es que ha sido utilizado como expresión de una conciencia nacional que impone la negación del racismo bajo el pretexto histórico de proteger la unidad de la nación”, puntualizó la autora del texto Población Afrodescendiente cubana actual (2012).

Para Arandia, el racismo es un tema insuficientemente tratado en la producción de conocimiento científico y con una baja representación en la agenda nacional.

Para Arandia, el racismo es un tema insuficientemente tratado en la producción de conocimiento científico y con una baja representación en la agenda nacional.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Sin embargo, remarcó que “la falta de consenso en la sociedad cubana para aceptar sin estridencias la presencia de la discriminación racial no debería constituir una amenaza a la unidad nacional, sino más bien la oportunidad de fortalecer el país actual”.

Aradia expresó que “conocer el pasado de la población afrodescendiente facilitará de modo coherente la presencia de políticas públicas inclusivas, ya que debido a la ignorancia de su trayectoria los estereotipos actúan a favor de la interiorización y de la subalternidad”.

Asimismo, instó a “incorporar la racialidad al paradigma emancipador creado por la Revolución como un camino para enfrentar la pobreza y las desigualdades sociales que han ganado espacio en el contexto actual”.cofradia

Por otra parte, “incluir el tema con fuerza en la agenda nacional sería una contribución al legado de Fidel Castro (1926-2016), que desde el 22 de marzo de 1959 hizo un llamamiento a eliminar el racismo en el país”, concluyó la integrante de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Reconocimientos

El tribunal encargado de valorar el ejercicio académico y el público presente, en su mayoría compuesto por académicos y académicas, artistas, intelectuales y activistas antirracistas, reconocieron los aportes de la investigación.

“Pocas veces en la academia se presentan este tipo de análisis filosóficos con problemas tan importantes, complejos y con falta de análisis en los espacios de debates de las Ciencias Sociales y Humanísticas”, comentó Georgina Alfonso, directora del Instituto de Filosofía de Cuba.

Opinó también que “argumentar desde el pensamiento, para luego poder transformar la realidad es importante y un déficit en el país, pues existe mucho empirismo y el conocimiento no siempre está acompañando los procesos de cambios”.

Silvia Calvo, profesora de la Escuela Nacional de Salud Pública, mostró preocupación con que la tesis “sea engavetada (no utilizada o guardada) como parte de ese extraño proceso de ocultamiento de evidencia científica que pudiera utilizarse bajo pretexto del ´bien´ de la sociedad”.

“Si se está investigando la realidad cubana con toda la seriedad y profundidad que amerita, tenemos que utilizar esa producción de conocimiento”, instó.

Entretanto, el politólogo Esteban Morales resaltó que Arandia “antes de dedicarse a la formulación de su doctorado acumuló una experiencia investigativa de casi cuarenta años en el estudio teórico y realizaciones prácticas en el tema”.

“Por esa razón pudo argumentar muy bien que el racismo no desaparece por sí solo, sino que se requiere de una construcción filosófica, una acción práctica y educativa específica para eliminar sus parámetros y secuelas”, sostuvo el catedrático. (2016)

Un comentario

  1. Jesús Zaldívar

    ¿Existe una problemática racial en Cuba?

    Desde la propia introducción de la tesis presentada se da por sentada “la conflictividad vinculada al color de la piel” o “las funciones en la sociedad que de hecho otorga a los cubanos el color de la piel” como si en realidad este hecho genético tuviera que ver con el racismo subyacente.

    La existencia de las razas es algo que no puede ignorarse, pues indudablemente existen grupos de individuos cuyos caracteres biológicos son constantes y se perpetúan por herencia. Con independencia de que el ADN pueda incluso hablar del origen común de los individuos ello al igual que con la propia evolución de las especies no deja de aportar a cada una de las razas características genéticas constantes de las que el color de la piel es una, aunque no la única particularidad.

    Ahora bien, mientras la raza, partiendo de su propia definición, puede ser un hecho científico el racismo es indudablemente un hecho cultural y económico porque justifica su discriminación en la inferioridad de un grupo racial respecto a otro.

    No existe una sola área del desarrollo humano en que no hayan alcanzado éxitos iguales individuos de cualquiera de las diferentes razas y eso es algo que en la actualidad no pueden negar ni los mayores fanáticos del racismo por lo que soslayo esta parte del debate al no tener en Cuba el menor interés para la discusión mucho más cuando las características étnicas de nuestra población no están tan genéticamente diferenciadas como para decir que alguno de nosotros pertenezca puramente a una raza u otra.

    Desde esa óptica la problemática cultural y económica vinculada al color de la piel en Cuba jamás debiéramos calificarla con propiedad como racismo porque realmente como dijera Martí, vivimos en un país de una sola raza de muchos colores.

    Cuando en algunas encuestas, artículos y ponencias de prestigiosas personalidades o incluso instituciones referidos a la población cubana se habla de determinados porcentajes de individuos de la raza blanca, negra o mestiza, no puedo dejar de cuestionarme cual es la escala de clasificación entre unos y otros grupos raciales. Es demasiado común entre nosotros permitirnos tales denominaciones siempre caprichosas pues carecen de la debida objetividad científica que se exige a cualquier muestra. ¿A quienes solemos llamar negros o blancos? Basta que casi cualesquiera de los cubanos considerados en Cuba como “blancos” visite países con predomino de la raza caucásica para que casi de inmediato nos llamen “negros” y esa expresión es mucho más reveladora que pretender que existe una problemática racial en Cuba. Existe si una deficiente orientación social y cultural que se queda en los slogans y alimenta la discriminación por factores sociales históricos que denota faltas en la educación general y no realmente problemas de racismo.

    El racismo en Cuba realmente no es un problema. Ningún juez condena con más severidad a nadie por el color de su piel, ni se pregunta tu raza para ingresar en las universidades o en cualquier centro de trabajo, club o teatro etc. etc.

    Tampoco la Revolución precisó dar a algún ciudadano o grupo en particular un trato privilegiado o diferencial porque desde su triunfo en 1959 se propuso abolir el racismo no simplemente en sus manifestaciones superficiales sino primordialmente en su esencia económica.

    Ha sido en ese aspecto económico de nuestro modelo de desarrollo donde se han visto desdoblados los problemas de índole social devenidos a partir de los 90 y no en el color de la piel.

    Si bien es cierto que como en las primeras décadas de La Revolución la mayoría de los emigrantes eran de piel más clara y con sus remesas favorecen a otras personas también de piel más clara ese no es un problema fundamental porque la realidad expresa que la inmensa mayoría de la población cubana, de cualquier grado de color en su piel no recibe dichas remesas. Esos problemas económicos que afectan al “negro” según el criterio de algunos, es igual para cualquiera del resto de la población, incluso para los médicos, ingenieros, maestros u otros muchos trabajadores, se percibe mayor la injusta diferencia de lo que se percibe y pueden significar en su nivel de vida estas remesas que la discriminación de ellas por el simple color de la piel.

    En cuanto el acceso al empleo en sectores emergentes como el turismo sucede otro tanto, Incluso también la mayoría de los empleos en estos sectores no se consigue en base una oposición justa sino que ha estado plagado de toda clase de favoritismos e incluso corrupciones que han sido analizados públicamente más de una vez.

    “Blancos” y “negros” estamos integrados objetiva y económicamente. A pesar de que existan manifestaciones de racismo en parte de la población cubana que siempre deben combatirse, no debemos engañarnos.

    Los problemas que confrontamos son en esencia económicos, y aunque puedan afectarnos más a unos que a otros estas afectaciones tienen poco que ver con el color de la piel.

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