Párraga, un barrio que rompe estereotipos

Un grupo de adolescentes y personas ancianas previene la violencia en su localidad, en la periferia de La Habana.

Archivo IPS Cuba

El intercambio entre personas jóvenes y adultas propició una mejor compresión de la violencia de género, según las y los participantes a los talleres.

La Habana, 3 dic.- En el imaginario popular habanero, Párraga suele aparecer como una comunidad violenta y marginal, un tanto ajena al ritmo de vida citadino. En busca de trasformar ese estereotipo, la Casa Comunitaria de esa localidad acoge a quienes sueñan con un entorno sin agresiones.

En ese reparto del municipio Arroyo Naranjo, a unos nueve kilómetros al sur del centro de la ciudad, los estudiantes de la escuela secundaria básica República Socialista de Vietnam junto a la Cátedra del Adulto Mayor realizan talleres semanales desde hace más de un año para debatir sobre la violencia en su comunidad.

“Lo más importante es que hemos logrado una acción transformadora y de prevención, pues el trabajo trasciende de cierta forma hacia otros espacios”, considera la maestra Mercedes Toyo, una de las fundadoras de este proyecto que cuenta con la asesoría del estatal Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas.

Poco a poco, “se dan cambios en las mentalidades, por ejemplo, al principio no existía una clara percepción de riesgo y ahora hay más conciencia al respecto”, añade.

Las reuniones integran a diferentes generaciones que en este espacio comparten libremente experiencias y opiniones, muchas de ellas divergentes, lo cual enriquece el debate, considera Matilde Crespo, de 72 años.

En tanto, Juan Baluja, uno de los más veteranos en estos encuentros, cree que la persuasión y la participación grupal son la clave del éxito. “El diálogo consigue llegar a donde fracasa la imposición”, asegura.

Pero todavía persisten incomprensiones y la agente adulta no toma en serio a los estudiantes, por eso es vital una mayor comunicación con toda la familia y otras personas ajenas a los talleres, opina Lázaro Morejón, de 12 años.

“Necesitamos que Párraga conozca nuestro trabajo contra la violencia de género pues aquí suele verse como algo normal ¡Tenemos esperanza de que cambie!”, destaca la adolescente Julia Proenza.

“Nadie tiene derecho a maltratar a otras personas. Por eso decimos no a la violencia física, psicológica y verbal. Quienes las sufren jamás podrán ser felices”, comenta Pedro Rodríguez, uno de los más jóvenes del grupo. Al imaginar una comunidad sin violencia, niños y niñas coincidieron en que su barrio sería “más alegre y tranquilo”.

Según Mayli Viera, psicóloga de la comunidad, este problema no debe percibirse como ajeno, porque hay manifestaciones de violencia que muchas personas son incapaces de reconocer como tales. Insiste también en incorporar a más familias en los talleres, sobre todo a las disfuncionales donde la agresión es una práctica cotidiana.

Si bien el proyecto suma a vecinos, estudiantes de escuelas cercanas e integrantes de la Cátedra del Adulto Mayor, necesita más vínculos y apoyos por parte de las instituciones gubernamentales, indicaron sus organizadores.

La poca divulgación de sus iniciativas, el casi nulo apoyo de los medios masivos de comunicación y la escasez de recursos, constituyen varias de las limitaciones que enfrentan sus participantes.

Asimismo, el proyecto se integró a la Jornada Nacional por la No Violencia 2012, que desarrollan organizaciones de la sociedad civil, gubernamentales y estatales, en ocho provincias cubanas durante noviembre y diciembre. Como parte del programa, realizaron un taller el 28 de noviembre sobre este tema en su sede. (2012)

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