Racismo, otro prisma para hablar de violencia de género

El grupo Afrocubanas, que une feminismo y antirracismo, trabaja por más equidad social.

Jorge Luis Baños

Afrocubanas comenzó siendo un blog colectivo para mostrar la obra de escritoras negras y mestizas.

La Habana, 1 dic.- Un anuncio que circula en esta capital convocando a jóvenes blancas y mestizas entre 19 y 24 años a formar un grupo folclórico puede no despertar cuestionamientos en la mayoría de las audiencias. Sin embargo, este mensaje segrega a las mujeres negras.

Para develar la discriminación adicional que para la población femenina puede implicar el color de la piel, el grupo Afrocubanas se reunió en La Habana en el espacio Tertulia de Reyita, dedicado esta vez a analizar la violencia de género, en especial hacia las afrodescendientes.

“La discriminación racial es también una forma de violencia, junto a otra muy sutil que sufre la mujer negra: la invisibilización de su rol en la sociedad”, dijo Daisy Rubiera, una de las autoras del volumen “Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales” (Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2011), cuya publicación condujo a la fundación del grupo.

El encuentro partió de la proyección del documental “Palimpsesto” (2010), de la realizadora Aylée V. Ibáñez y formó parte de la Jornada Nacional por la No Violencia hacia la Mujer 2013, que realizan hasta el próximo 10 de diciembre organizaciones de la sociedad civil, estatales y gubernamentales.

El audiovisual, con la voz de una víctima de la violencia de género, que describe el encierro y las golpizas que sufrió a manos de su ex pareja, motivó reflexiones sobre la necesidad de una respuesta integrada desde la sociedad, el derecho, la medicina y la policía, hasta de redes sociales como familia, amigos y vecinos.

Por ser un asunto multifactorial, cuyo origen radica en las relaciones asimétricas de poder entre mujeres y hombres en sociedades patriarcales y machistas, a las personas maltratadas les resulta difícil salir de ese tipo de relación de pareja por razones económicas, de vivienda, baja autoestima y presión social, coincidieron varias participantes.

La historiadora Rubiera destacó que, si bien la violencia ocurre contra todas las mujeres, no puede perderse de vista la discriminación por color de la piel. Por ello, Afrocubanas persigue mostrarles a las personas cómo detectar las diferentes y a veces sutiles formas de marginación.

Un ejemplo de esas situaciones es cuando le dicen a una mujer negra que no pueden emplearla porque “la recepcionista es la cara de la empresa”.

De acuerdo con Irene Esther Ruiz, de Afrocubanas, “hemos estado discriminadas como mujeres, pero la mujer negra se encuentra en una posición invisibilizada, lo que representa una doble segregación”. Ahí radica la importancia del grupo, enfatizó.

“La discriminación ha sido tanto para negras, mestizas como para blancas, pero en el caso de las mujeres negras no ha habido un reconocimiento de toda la historia de lucha y resistencia que han tenido el devenir histórico del país. El discurso patriarcal y hegemónico cuenta solo lo blanco”, enfatizó Rubiera.

Sonia Moro, historiadora y experta en género, destacó que mientras existe una línea de ayuda para el virus de inmunodeficiencia humana causante del sida, un fenómeno relativamente reciente, ni siquiera contamos con un servicio anónimo y confidencial para los casos de violencia de género.

“Tenemos una falla en nuestro Código Penal”, dijo sobre la ley vigente, que no reconoce explícitamente el maltrato de género.
“Nuestras instituciones y estructura social, es decir, todas nosotras debemos seguir trabajando y visibilizando este fenómeno que no tiene rostro, edad, nivel educacional ni raza”, destacó.

En esta ocasión, estuvieron presentes en el encuentro mujeres estadounidenses que participaron en el IX Taller Internacional Mujeres en el siglo XXI, organizado por la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana, que sesionó del 25 al 28 de noviembre.

La estadounidense Pamela Taylor señaló que en su país la policía tampoco está lo suficientemente preparada para tratar estos casos y lo asocian a asuntos domésticos. Asimismo, la mayoría de las mujeres que están en prisión por asesinato mataron a sus parejas tras años y años de maltrato, agregó.

El grupo de mujeres Afrocubanas, cuyo único requisito de adhesión es comprender el fenómeno histórico de la discriminación racial, tiene varias líneas de trabajo, entre ellas, el género, con el objetivo de crear una mirada amplia e inclusiva.

“Este se convierte en un espacio de debate y reflexión para aportar a la construcción de un mundo con mayor equidad, desde un posicionamiento mutidisciplinario, intergeneracional y comprometido con la identidad racial”, dijo Rubiera.

Otro de los objetivos del grupo es dejar para las nuevas generaciones un material historiográfico, documental y artístico –a través de libros, artículos, folletos-, que sirva de paradigma y puedan continuar el camino iniciado por Afrocubanas, pioneras en revelar los aportes y problemas de las cubanas negras.

La Tertulia de Reyita, que toma su nombre de la historia de una mujer negra que sufrió las durezas del racismo en la pareja, la familia y la sociedad de su tiempo, estuvo dedicado a la luchadora afrofeminista cubana Inés María Martiatu.

Lalita, como todos le decían a Martiatu, fue una activista afrodescendiente convencida, que falleció en julio pasado. (2013)

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