Racismo, un problema por resolver

Entrevista con Esteban Morales, economista, politólogo e investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos.

“El tema racial ha resultado ser el  más soslayado e ignorado de la realidad social cubana. Nada lo ha superado en cuanto a una actitud prejuiciosa para su tratamiento”, alerta Esteban Morales, cuyas investigaciones y numerosos artículos y ensayos lo hacen voz autorizada en este asunto, de alta sensibilidad en este país socialista.

Para el autor de Desafíos de la problemática racial en Cuba, se trata de un tema que  debe ser estudiado y discutido sin medias tintas, e inclusive formar parte de la agenda política con vistas al VI Congreso del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC), en fecha aún por precisar.

Morales conoce con igual profundidad a Estados Unidos, desde donde unos 60 intelectuales, algunos de reconocido prestigio, acusaron al gobierno de Raúl Castro de perseguir y acosar a las personas por el color de su piel. En su opinión, esas acusaciones “desconocen” la realidad de su país y “están montadas en las mismas campañas que los gobiernos norteamericanos (de Estados Unidos) han hecho ya históricamente en contra de la  Revolución Cubana”.

“Nosotros hablamos de racismo y decimos que hay que perfeccionar los derechos civiles, democráticos, pero no sólo para los negros, sino de toda la sociedad. En esa lucha tenemos de aliados al más alto liderazgo político del país”, afirma. Sin embargo, el investigador admite que, en la actualidad, “la dificultad mayor” está en hacer comprender a muchos  que “el problema existe y que debe ser atacado fuertemente”.

Al conocer, a fines de 2009, las acusaciones de los intelectuales estadounidenses sobre racismo en Cuba, una joven profesional cubana percibió que le hablaban de un país que no era el suyo. Esto sin dejar de ser muy crítica con la discriminación racial que, en su opinión, subsiste en la sociedad cubana ¿Cuál es su percepción?   ¿Acaso no es lo mismo hablar de racismo en Estados Unidos o en Cuba?

Bueno, esa percepción es razonable. En primer lugar hay que decir que, realmente, se puede hablar en Cuba hoy de racismo, de estereotipos raciales, de discriminación racial, no como simples  lastres, sino como un fenómeno que la sociedad cubana, en su imperfección actual, es capaz de reproducir. Pero el racismo cubano, en la actualidad, no se parece al de Estados Unidos ni al que existe en otras partes de este hemisferio.

¿Cómo se explica esa diferencia?

Hay que hacer un poco de historia. La colonización española fue distinta a la inglesa. Dentro del sistema esclavista, en la sociedad norteamericana, lo existente entonces fue prácticamente un estado de  apartheid con el negro esclavo. Ellos no podían cantar sus canciones, hablar sus lenguas, ni practicar y desarrollar sus culturas traídas de África o sus creencias religiosas, tenían que hablar inglés y no podían mezclarse con el blanco, el único considerado como persona. La esclavitud inglesa apartaba fuertemente al negro. De un lado y del otro la relación era muy limitada y casi inexistente. Esta característica se debe a que los colonos ingleses llegaron con sus familias y no se produjo el natural fenómeno de que al venir hombres solos, y muy pocas mujeres, como fue el caso de Cuba, por razones naturales obvias los colonizadores se aparearon primero con las indias y después con las negras.

En el aspecto del comercio, la banca  y la participación en la estructura del poder político, la colonización española fue muy rígida, pero desde el punto de vista cultural y de las relaciones sociales con el negro, diría que fue un poco menos inflexible. Otro fenómeno importante fue que el  negro en Cuba, desde 1526, podía comprar su libertad,  mezclarse más con el blanco. Existía no solo la esclavitud de plantación, sino también la doméstica, en la que las relaciones dentro de la familia del hacendado con el negro eran menos rígidas que en la plantación. Al negro, no pocas veces, le enseñaban a leer, algunos modales de comportamiento, le daban un tratamiento más o menos familiar, sin que dejara de ser esclavo. Obviamente, el esclavo doméstico también vivía bajo la amenaza de que al menor problema de desobediencia podía ser enviado para el duro trabajo de la plantación o directo al castigo del cepo.

De todos modos, la esclavitud buscaba fuertemente la deculturación del negro, dejándole solo aquellos elementos de su cultura que contribuyeran a hacer más efectiva la explotación de su trabajo. La plantación terminaba siendo una verdadera cárcel, aislada de la vida urbana, en la que el negro recibía todo lo necesario para sobrevivir como fuerza de trabajo bruta. Por lo que la verdadera posibilidad de encontrar un lugar dentro de la sociedad, cuando por algún motivo lograba comprar o recibir de manos del amo la libertad, dependía de la edad que tuviesen. Si ya eran viejos, solo les quedaba echarse a morir a la orilla del camino. Muchos padecían el llamado fenómeno de la institucionalización: al salir de la plantación, habiendo recibido todo dentro de ella para sobrevivir como fuerza de trabajo, la mayoría no sabía qué hacer. Otros tenían menos mala suerte, algunos incluso llegaban a la ciudad, conseguían hacerse de algún oficio o de un trabajo cualquiera y, en su inmensa mayoría, se refugiaban en la marginalidad de los barrios más pobres, practicando no pocos el llamado cimarronaje urbano.

¿Así es como continuó la mezcla de negros y blancos?

Es más, yo diría que en Cuba surgió un fenómeno que es el llamado  fenómeno del blanqueamiento. El blanco hacendado algunas veces le compraba el título de blanqueamiento al hijo que tenía con una negra esclava y había que atenderlo cono si fuera un blanco. Incluso ese negro podía heredar. Hubo ocasiones en que, poco antes de morir, el hacendado concedía la libertad a su esclavo preferido, que le había acompañado durante muchos años. Una ironía, porque a veces ese esclavo era muy viejo, sin oportunidad práctica de gozar de esa libertad. Se trata del fenómeno que se conoce con el nombre de manumisión. Aunque también, como el negro podía comprar su libertad, ello funcionaba generalmente como un acicate para explotarlo más.

Fue surgiendo la mezcla. Para el mestizo, la esclavitud no fue tan fuerte como en las colonias inglesas, pero fue un régimen de esclavitud fuerte, que sobre todo duró tanto porque representaba mucha riqueza para España. El año 1886 es la fecha oficial de abolición de la esclavitud en Cuba, penúltimo territorio del hemisferio en abolirla. De modo que el racismo de nuestro país presenta sus peculiaridades a partir de las características de la esclavitud que hubo en Cuba, que llegó como una herencia del régimen colonial esclavista, hasta el año 1959.

Aunque el racismo no apareció con el capitalismo, durante la república desempeñó una función importante como instrumento de poder de las clases explotadoras. El racismo no surge con el capitalismo, pero tampoco se acaba con él. Cuba es el ejemplo más aleccionador en este hemisferio de que acabar con el capitalismo no significa el fin del racismo.

La colonización española fue relativamente diferente respecto a la inglesa, porque en Cuba hubo una fuerte corriente nacionalista antirracista-abolicionista en toda la segunda mitad el siglo XIX. Luego, el proceso social y político vivido por Cuba después de 1959 ha cambiado el país y ha influido bastante en las interrelaciones humanas y raciales, generando una cierta cultura antirracista y una ética antidiscriminatoria, algo no completado, pero que ha avanzado considerablemente de manera paralela a la lucha por la igualdad y la justicia social durante los últimos 50 años.

De acuerdo, pero ¿qué pasó con el tema racial en la era republicana?

Antes de 1959, en Cuba existía un racismo que venía de la colonia, con el fenómeno de la esclavitud y la trata, que es la combinación clave en ese proceso de la emergencia de este fenómeno en la sociedad cubana y que se reforzó hacia finales del siglo XIX y principios del XX, con la entrada de Estados Unidos, es decir, con la intervención de ese país en Cuba y el control que diseñaron los interventores sobre la república que entonces emergió, la que sin dudas comenzó siendo un protectorado.

A principios del siglo XX, en Cuba hubo lugares solo para blancos, así como intentos, que no fructificaron, de fundar un Ku Kux Klan en 1910. También existió cierto interés de algunas personas de volver a África, un poco copiando lo que pasaba en Estados Unidos durante esos años, aunque este último fue un fenómeno que no prendió en Cuba. Los cubanos negros estaban muy vinculados a la patria cubana. Lucharon desde ella, en las guerras de independencia, cifrando en estas sus esperanzas de libertad y mejor vida y no se generó ninguna ideología del retorno al África. Lo que sí hubo fue un gran proceso de frustración, que afectó muy seriamente a los negros, en primer lugar, como resultado de haber emergido de la contienda independentista, sin tierras, muchos de ellos analfabetos y sin posibilidades de obtener un empleo decente.

Pero hay que decir que la situación del racismo en Cuba nunca fue como en Estados Unidos, no llegó a ese estado de agresividad, de continuada depredación, de apartheid contra las personas negras. Aunque en 1912  tuvo lugar el fenómeno del Partido Independiente de Color, con la entonces llamada Guerrita del Doce, con lo cual el racismo que ya existía se exacerbó y todavía estamos averiguando cuántos asesinados hubo por aquello de los ataques contra los miembros del  Partido Independiente de Color y su contradicción con la llamada Enmienda Morúa [1].  Todo indica que hubo más de 3.000 o 4.000 asesinatos. Fue algo muy fuerte, que afectó mucho la situación de la población negra cubana, asunto poco conocido y prácticamente no estudiado en nuestro sistema nacional de educación.

¿En qué falló el proyecto social de la Revolución Cubana que no logró eliminar las desventajas de su población negra?

Al triunfo de la Revolución, la política social no hizo diferencias. Todos los pobres fueron tratados por igual, no hubo distinciones por el color de la piel, lo que debió haberse hecho porque esa es, en Cuba, una fuerte variable de diferenciación social. El blanco llegó por voluntad propia, con un proyecto de vida que no pocas veces realizó, mientras el negro fue traído obligado, en los barcos negreros. Las consecuencias de esa situación no se pueden eliminar en 50 años de Revolución. Tales puntos de partida, de los diferentes grupos raciales que componen la población cubana, se hacen sentir hasta hoy.

Pero también, dentro del proceso revolucionario, se cometieron errores. El primero fue no diferenciar por el color de la piel, dentro de la política social. Se partió de atacar la pobreza y de que esta última era igual para todos los grupos raciales que componen la sociedad cubana. Por lo que, aunque todos los pobres elevaron su nivel y, entre ellos, los negros llegaron a tener una posición mucho más favorable, cuando llegó la crisis económica del llamado período especial nos dimos cuenta de que esos puntos de partida actuaban. Pudimos constatar que la gente que más sufría el impacto de la recesión eran precisamente los negros y mestizos y que, entre la gente que no había logrado forjarse un proyecto de vida, era el negro el que había quedado en más desventajosas condiciones para lograrlo. Eso es lo que se pone de manifiesto en Cuba ahora. Fenómeno que Fidel Castro ha caracterizado como “discriminación objetiva“ [2].

El segundo error fue inducido por la propia situación de la Revolución Cubana, desde el mismo año1959. Se trata del enfrentamiento con el Imperialismo, en particular con Estados Unidos. La agresión económica de Estados Unidos, desde el principio: bandas contrarrevolucionarias prácticamente en todas las provincias, sabotajes, asesinatos, una invasión mercenaria en 1961, el llamado Plan Mangosta y una confrontación en 1962 por la que Cuba estuvo a punto de verse envuelta en una guerra nuclear.

Durante el  propio  año 1962,  después de  que Fidel había criticado fuertemente el racismo, especialmente  en marzo de 1959,  habiéndolo declarado como una lacra social que debía ser solucionada, se dio como un problema resuelto. Se quería evitar que el componente  de división, subyacente en el problema racial, se pusiese de manifiesto, en medio de una situación en la que se consideraba que los cubanos debíamos estar muy unidos  para enfrentar los serios problemas de la contrarrevolución.

Hubo entonces un largo período de silencio, que se justificaba por algunos criterios relativos al mantenimiento de la unidad, porque hablar de esas diferencias era como hacerle el juego al enemigo. Por tanto, en medio de las fuertes presiones sociales del momento, a quienes  hablaban de esos temas se les acusaba de racistas y divisionistas.

Se vivía en medio de una situación de búsqueda de la igualdad y de la justicia social para todos, también de igualitarismo, que aliviaba fuertemente las diferencias, aunque no las solucionaba todas, pero acciones en fin que generaban entonces un ambiente social y político represivo ante cualquier intento que pretendiera sacar de nuevo a flote los problemas del racismo y la discriminación racial.

Hubo algunas personas, intelectuales sobre todo, que continuaron hablando del tema, entre ellos Walterio Carbonell y otros, que sentían disgusto por ese silencio respecto al asunto. Pero, en realidad, fueron más bien actitudes aisladas que, aunque tuvieran la razón, no encontraban mucho coro ni aceptación. Pensamos  que estaban en lo cierto, el tema no debía ser olvidado, pero el ambiente de entonces no les era propicio.

Si aun en los días que corren hay quienes reaccionan mal ante el tema y se asombran tanto de que se diga que en Cuba hay racismo y discriminación racial, imaginemos cómo sería en medio de los años sesenta y setenta, cuando realmente las preocupaciones eran fundamentalmente otras, cuando no se quería hablar de algo que algunos pensaban como resuelto y que se consideraba nos dividía, con una idea predominante para entonces de  que el asunto racial no se hacía sentir de manera suficiente. Aun hoy, la dificultad mayor con que tropezamos es hacer comprender a muchos que el problema existe y que debe ser atacado fuertemente.

Volviendo a la acusación de los intelectuales estadounidenses, entre quienes hay varios de renombre. ¿Usted dice que están equivocados completamente?

Lo afirmo. No pocos de ellos han apoyado históricamente a la Revolución Cubana, pero ahora se les manipula haciéndoles firmar un documento que no expresa la realidad interna cubana respecto al tema racial. Algunos han solicitado que, finalmente, se quite su firma de ese documento. Lamentablemente, la persona que ha liderado esta acción es Carlos Moore, cuya actitud mercenaria en África está más que aprobada, al haber sido traductor de Holden Roberto, jefe del denominado FNLA; acompañando a este en sus viajes a Washington y haber permanecido a su lado durante el exilio de Roberto en los Estados Unidos. Sabiéndose, además, que las llamadas Alianza Afrocubana,  la Asociación de Encuentro de la Cultura Cubana y las Bibliotecas “Independientes” por Cuba, lideradas por Moore, han sido continuamente receptoras de fondos de la NED, dispositivo creado por el gobierno norteamericano para canalizar los fondos de la CIA hacia la actividad subversiva contra Cuba.

Por eso, este documento tiene sus peculiaridades, no está asentado única y exclusivamente en dar una interpretación de la situación racial en Cuba, sino que se trata de  una campaña de algunas personas en Estados Unidos que hacen una crítica al racismo en Cuba (apoyándose en algunos problemas de nuestra realidad ), montándola en otros pilares. Critican la discriminación y el racismo, pero no como lo hacemos nosotros, que luchamos por los derechos civiles de los negros; hablamos de racismo, de discriminación, estereotipos, de asuntos que hay que resolver aquí, en Cuba, con las dificultades propias de que, durante mucho tiempo, no le dedicamos atención al tema, nos atrasamos en su tratamiento.

En segundo lugar, cuando observas la crítica que ellos hacen, dicen que este señor [3] está preso no por haber cometido un delito, sino porque es negro y es un luchador por  los derechos civiles de los negros; y eso no es así: ese señor no es un luchador por los derechos civiles de los negros en Cuba, más bien es un desconocido dentro de la lucha que estamos librando internamente en Cuba, dentro de un tema que nuestra sociedad debe superar definitivamente.

Ellos, sin embargo, parten de la base de que el racismo y la discriminación en Cuba es culpa de la dirigencia política del país, montando la crítica sobre los mismos parámetros con que han hecho sus acusaciones a Cuba las diferentes administraciones de Estados Unidos. Según ellos, no hay derechos humanos, no hay derechos civiles, no hay libertades para los negros, y ello –por tanto– los hermana fuertemente tanto a los mercenarios internos, como a la critica contrarrevolucionaria que se hace desde Miami, desde los grupúsculos políticos de la llamada disidencia interna y desde Washington. Los que hacemos esas críticas desde aquí no las montamos en esos parámetros; no se habla de dictadura totalitaria, ni de falta de democracia y de derechos civiles para los negros en Cuba. Hablamos de una lucha que debe librar toda la población cubana para perfeccionar el proyecto social de la Revolución, que siempre ha sido un proyecto de igualdad y justicia social para todos.

Estos críticos del llamamiento tratan, al mismo tiempo, de inmiscuirse en la crítica en Cuba, para darle una orientación “disidente”, contrarrevolucionaria. Aunque estoy seguro que muchos de ellos, de tener un contacto exacto con nuestra realidad, se asombrarían de la profundidad y fortaleza de nuestra postura. La nuestra es una crítica desde la Revolución, que asumimos casi como una autocrítica, porque estamos conscientes de que, aunque haya muchos problemas, los negros no hubiéramos podido llegar a donde no pocos hemos llegado si no hubiera sido porque en Cuba hubo una Revolución. Y eso es lo que hace nuestra realidad profundamente diferente a cualquier otra.

Por tanto, seríamos muy tontos los que en Cuba libramos estas batallas contra el racismo y la discriminación racial, si nos dejáramos llevar por los “cantos de sirena” de que, fuera de la Revolución cubana y bajo otro régimen político u otros liderazgos, vamos a encontrar algo mejor que lo que hoy tenemos en este país. Sería preferible que esos que nos critican, desde fuera, emplearan sus fuerzas para luchar contra el racismo y la discriminación dentro de la sociedad norteamericana. Para ver si tendrían entonces las libertades y el apoyo para hacerlo, como nosotros lo tenemos en Cuba.  Porque nosotros, en Cuba, no necesitamos ese tipo de defensa que ellos quieren desarrollar, supuestamente, en favor nuestro.

Yo dije en una entrevista en el semanario Trabajadores  (14 de diciembre de 2009) que hay que perfeccionar la democracia,  los derechos civiles, pero no solo para los negros, sino para toda la sociedad. Porque en Cuba el racismo no es institucional, no es un problema de sectores. Aunque en algunos casos pueda adoptar formas institucionales, no lo ejercen las instituciones a sabiendas y por mandato del Partido Comunista de Cuba (PCC) y del gobierno, sino que es un fenómeno cultural, social, económico, político, tiene todas esas manifestaciones. Se trata de un fenómeno que atañe a toda sociedad y la característica principal de la lucha es que tiene como aliados al gobierno y al PCC. Y el primer aliado es Fidel Castro; el primero que habló del tema en 1959 y quien también lo retomó después que resurgió, durante el período especial, abordándolo en los congresos de pedagogía, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y otros encuentros.

Sí, usted ha aclarado en más de una ocasión, que en Cuba el fenómeno del racismo no es institucional, pero también ha dicho que en este país se educa a las personas “para ser blancas”. ¿Cómo explica esa contradicción?  ¿Cree justo considerar este tipo de contradicciones una forma “institucionalizada” de racismo?

Sí, es una cierta forma institucionalizada, pero no por directiva política  consciente, sino derivada de fallas y errores en el proceso educacional. Entre otros, porque en la educación no se menciona el color, y hay muchas deficiencias en la enseñanza de la historia (falta mucho el estudio de África, Asia y Medio Oriente), falta aún mucha representatividad racial en nuestros libros de texto y en nuestra bibliografía en general, sobre todo en los libros de historia. Pero son problemas que no tienen que ver, simplemente, con el organismo de Educación, sino con errores y fallas de la vida social, disfunciones sociales, junto a deficiencias administrativas, por lo que las cosas no funcionan como debe ser. Pero no porque haya una conciencia superestructural, una ideología organizada para ejercer el racismo desde una institución determinada.

¿En concreto, cómo se manifiesta esta educación para ser blanco?

Tenemos que resolver algunos problemas de occidentalismo en nuestra educación, que arrastramos y no pocas veces reproducimos; debemos profundizar en la enseñanza de la historia, en la representatividad racial en nuestra bibliografía. Tenemos que llevar el debate de la discriminación racial a la escuela, para que cuando el muchacho salga a la calle y se tope con una expresión racista esté en condiciones de reaccionar adecuadamente en defensa de nuestra cultura multicolor. También porque debido a insuficiencias en la enseñanza sobre África, Asia y Medio Oriente, el muchacho sale de la escuela sin conocer suficientemente y a fondo las raíces de la cultura cubana. ¿De qué cultura cubana, general e integral,  vamos a hablar, si los estudios sobre la esclavitud quedan casi siempre en el siglo XIX y no se estudian las profundas consecuencias de ese fenómeno presentes aún en nuestra sociedad?

En realidad, no debiéramos educar para ningún color. Pero, si al educar dentro de una sociedad multirracial, multicolor, aún de hegemonía blanca, dejamos el color fuera de la educación, en la práctica estamos educando para el color que aún ostenta la hegemonía: el blanco. Sobre todo, si tomamos en consideración que todavía existen otros asuntos que conspiran contra una educación equilibrada en cuanto al color.

No es difícil percatarnos de que resulta muy poco lo que se enseña sobre la cuestión racial en las escuelas. Dentro de ello, se repiten algunas frases de José Martí, como “hombre es más que negro, más que mulato…”, sin ir muy al fondo de lo que ello significa, y dejándolo solo en una cuestión ética [4].

Como resultado de todo ello, el pensamiento de José Martí respecto a la raza está menos en la escuela cubana que las tesis de José A. Saco, con su no aceptación del negro y su famosa idea  de “…blanquear, blanquear, blanquear y luego hacernos respetar”. Es más, Saco se sentiría muy apoyado, dentro de nuestra realidad social actual, al existir aún el “blanqueamiento”, la famosa tesis del “adelanto de la raza” y la tendencia existente todavía dentro de Cuba de “siéndolo, no auto asumirse como negro o negarlo”. Lo cierto es que no atacamos, todo lo fuerte que debiéramos hacerlo, los estereotipos, la discriminación y el racismo.

Nos preguntamos entonces qué pensamiento tiene mayor presencia dentro de nuestra realidad, respecto a los problemas de la raza, si nosotros no asumimos el tema en la educación de nuestras nuevas generaciones; si en las escuelas no se menciona el color; si el estudio de la esclavitud, dentro de nuestro sistema de educación, llega apenas hasta finales del siglo XIX; si en nuestra enseñanza apenas abordamos África, Asia y Medio Oriente, y si dentro de nuestro trabajo científico apenas asumimos la investigación de los problemas raciales. Si es apenas, en los últimos 20 años, que volvemos a hablar de la cuestión racial y es aun tímidamente que hemos comenzado a asumir el tema.

Entonces, la conclusión es muy evidente. No es que tengamos solo un problema, al no asumir el tema racial; sino algo aún peor: es que el pensamiento dominante sobre la raza en Cuba, hoy, parece ser aquel que dentro del siglo XIX asumían los liberales del período, liderados por José A. Saco. Pensamiento al que los contemporáneos le hemos permitido irse por encima de aquel pensamiento nacionalista y antirracista que combatió contra la colonia y el racismo, por la abolición de la esclavitud y la independencia de Cuba desde mediados del siglo XIX.  Por lo que las consecuencias de no abordar el tema racial son más negativas de lo que hubiéramos podido imaginar.

En el aspecto cultural, a veces queda la impresión de que lo negro, la negritud, se convierte en algo folklórico.

No solo eso. Está también la discriminación de las religiones africanas, a las que no pocas veces se les considera, por muchas personas, como oscurantismo, no la ven como un patrimonio ético, cultural y de la educación filosófica para  la vida, que está presente en esas  religiones, como en la regla de Palo Monte, Ocha y otras. Mis abuelas tenían un concepto de la educación, de la alimentación, de la salud, del buen comportamiento, un sentido ético; y no lo tenían a partir de una educación occidental, ni siquiera por haber ido mucho a la escuela, sino por haber bebido, dentro de la tradición familiar, de ciertos criterios éticos, a partir de sus propias creencias religiosas y de muchos valores que venían a veces de la propia esclavitud. Pero demasiadas personas ven todavía esas religiones como oscurantismo, aunque, para vergüenza de no pocos, ellas hayan logrado imponerse y sean hoy la clave de la religiosidad del cubano, blanco, mestizo o negro.

Todo ello es fruto también de fallas institucionales, pero no se trata de un racismo institucional, sino de insuficiencias y errores que traen como resultado que las mismas instituciones hagan su aporte negativo para la existencia del racismo.

Pero eso que explicamos no es lo que existía antes. En el capitalismo cubano, el negro no podía trabajar en compañías y oficinas bancarias, industriales, de servicio, o en las grandes tiendas de La Habana. Y aunque a eso la Revolución le puso un valladar, no quiere decir que ello no pueda ocurrir hoy como un hecho aislado, aunque la Revolución lo haya convertido en algo ilegal e incorrecto. Entonces, al combatirlo, hay que llevarlo a la vida cultural, a la contradictoria dinámica económica y política de la sociedad; puede ocurrir que un jefe de cuadros de cualquier empresa eche a un negro o no le dé la oportunidad, pero no dice que es por negro. Por lo cual nosotros planteamos que hay que crear mecanismos para que nadie se pueda dar el lujo de hacer eso, porque el Estado, nuestras leyes, lo condenan. Para que no suceda hay que crear mecanismos que eviten que ocurran esas prácticas discriminatorias en la dinámica práctica de la vida, no dejándolo solo a la conciencia, a la subjetividad o a la espontaneidad.

¿Considera usted que las propias personas negras desconocen cómo hacer valer sus derechos?

Por supuesto, porque en Cuba uno de los problemas que tenemos es la falta de conciencia racial. Tal parece como si estuviéramos planteando retroceder. Para el llamado blanco eso no es tan importante, porque siempre estuvo en el poder, eso es un problema principalmente para el negro, que debe de tener conciencia de que tiene que pelear por sus derechos, de que debe tener conciencia racial para luchar contra el racismo y pelear por su lugar dentro de la sociedad cubana. Ser consciente de que puede  luchar por todo, pero también por su identidad como negro y, en la práctica, ser suspicaz para darse cuenta cuándo me discriminan si soy negro; porque en mi identidad, por derecho y realidad histórica, entra  el ser negro.

El negro en Estados Unidos no está protegido, ni desde el punto de vista institucional, ni en el empleo ni en la administración de justicia, ni en nada. Aquí, en Cuba, decimos que hay que buscar más esa protección, fortalecerla no solo a partir de la institucionalidad revolucionaria, sino también de la individualidad.

En Cuba aún hay racismo y sin conciencia racial no se puede luchar contra eso. Tengo que estar consciente de que no vivo en una sociedad perfecta, donde todos están dispuestos a respetar mis derechos; no, debo tener la conciencia de que, desde mi individualidad, más allá de lo que el Estado, el gobierno y toda la institucionalidad revolucionaria me puedan defender, yo también tengo que luchar porque se respeten mis derechos.

En la televisión cubana hay dos canales educativos y, hasta hace muy poco tiempo, no aparecían caras negras y mestizas. Hay camarógrafos que nos han dicho, en discusiones con ellos, que el negro no “televisa” bien. En los casting eligen a veces solo a blancos y en las novelas no aparecen prácticamente caras negras y mestizas. Es algo en lo que se ha comenzado a avanzar un poco, pero aún es muy insuficiente lo que se ha logrado. Hasta no hace mucho tiempo, había programas infantiles donde no pocos niños, sino todos, eran blancos, rubios y de ojos azules. Es algo que también hemos comenzado a superar, pero todavía de manera insuficiente.

¿Diría entonces que el racismo es un asunto pendiente de solución en la sociedad cubana?

Sí, porque se trata de un fenómeno que persiste en la conciencia de la gente, en la familia, en las instituciones y en las relaciones personales de la gente, aunque esté penado desde el punto de vista  moral y social. Siendo algo que no se puede resolver en 50 años, sino con cada generación, con la educación, hay que hacer un trabajo cultural fuerte y a la vez atacando aquellos enclaves en los cuales, administrativamente, el racismo puede aparecer. Sin olvidar tampoco la parte de las oportunidades económicas para todos por igual. Porque hoy todavía hay muchos lugares donde a los negros no se les ve desempeñando papeles protagónicos de cierta jerarquía, ejemplo claro de lo cual es la llamada economía emergente: la del dólar, el turismo y las corporaciones.

¿Si el racismo se manifiesta de tan distintas maneras en la sociedad cubana, a contrapelo de un rechazo institucional, qué ha faltado o qué falta por hacer?

Falta mucho por hacer, porque algo que nos pasó a nosotros con el tema es que, al declararse resuelto en el 1962, no le prestamos atención específica y suficiente durante muchos años después. Yo diría que es en los últimos 20 años cuando hemos venido poniendo de nuevo el tema en la picota. Pero aún falta mucha actividad práctica. Aún falta entrar en algunos patios particulares, romper algunos colectivos excluyentes, que se cohesionan fuertemente, para evitar a los “de afuera”.

¿Se declaró resuelto el problema, sin estarlo?

Sí, por un error de idealismo y voluntarismo, presionado por una circunstancia política, porque se pensaba que eso podía resquebrajar la unidad, por la realidad política de ese momento. Acepto que esos momentos, de los años sesenta y setenta, eran realmente críticos para la supervivencia de la Revolución. Acepto al mismo tiempo que el debate hay que orientarlo muy bien, porque el tema tiene un alto componente de división social. Pero pienso que hace falta, después de esa circunstancia vivida, que la gente sepa que el problema existe, que interprete bien cuáles son sus manifestaciones, cómo nos afecta y el daño que hace al proyecto social de la Revolución. Que la gente entienda bien que los cubanos no somos iguales. Somos iguales ante la Ley, pero la igualdad social es algo mucho más complejo; no se trata de un fenómeno puramente económico, político e ideológico, sino multidimensional, que lo abarca fuertemente el fenómeno cultural y también el de la identidad.

Debemos partir de que la desigualdad existe, porque la igualdad es el proyecto, la desiderata, mientras la desigualdad y la diferencia son aquellas cosas con las que te tropiezas todos los días. Tenemos que ganar conciencia de eso para poder luchar contra la desigualdad. Solo con una conciencia clara de las desigualdades aún existentes es que se puede alcanzar la igualdad verdadera y, sobre todo, duradera.

Si creemos que todos estamos parados sobre la misma cuerda, estamos muy equivocados; hay que tener conciencia de que la desigualdad existe y, aunque se ha luchado contra ella hasta el mismo borde del igualitarismo, nuestra sociedad todavía presenta serias desigualdades, como herencia y al mismo tiempo como fenómeno que si no se atiende se reproduce, como resultado de las imperfecciones de nuestro modelo social, que debe ser perfeccionado, porque en su interior persisten disfuncionalidades, aspectos que no avanzan como deben y que no mejoraran por sí solos.

Quiere decir que hay fenómenos dentro del modelo social que, aunque nosotros tengamos como proyecto la igualdad para todos, no avanzan hacia la igualdad. Cuestiones que no podemos resolver sino, a veces, solo tratar de equilibrarlas, como es el caso de que unas personas reciban remesas y otros no; eso no lo podemos resolver. En Estados Unidos, más del 80 por ciento de la población cubana emigrada es blanca, más o menos un 15 por ciento de la población es negra y mestiza. Son los blancos los que más remesas mandan, porque los negros llegaron tarde a Estados Unidos y, en general, sin apoyo que los ayudara a encontrar las posiciones menos desfavorables.

Yo he pasado por Miami en más de 40 ocasiones y en la fila del aeropuerto, para tomar el vuelo de regreso para Cuba, si acaso, te encuentras con dos o tres familias negras que vienen. Se trata de una rareza. Eso te dice que quienes más remesas reciben son los blancos. Que los negros son los que en menos condiciones están de ayudar a sus familias en Cuba. Los cubanos blancos llegaron a Estados Unidos desde  1959, por lo general, con apoyo de otros familiares; mientras los negros solo lo hicieron masivamente a partir de la década de los ochenta, en las oleadas de los llamados “marielitos”, principalmente, y ya no llegaron en el momento de mayores oportunidades; el pastel ya estaba repartido, precisamente de manera mayoritaria entre aquellos que discriminaban racialmente a los negros en Cuba, y entonces estos últimos no tienen los mejores empleos, ni las mejores condiciones de vida, ni las mismas oportunidades para enviar paquetes y remesas a su familia, lo cual se notó más que todo en el período especial.  Son los blancos e intelectuales los que más remesas reciben. Los que menos las reciben son los negros y los obreros.

¿Por qué la marginalidad y la pobreza se reproducen mayormente en sectores negros de la población cubana si la política educacional, por mencionar aquella que puede abrir oportunidades de avanzar en la escala social, es gratuita y favorece a todos por igual?

Porque los puntos de partida del negro con respecto al blanco están muy detrás y son también culturales. El negro es el menos culto y el de menor autoestima, el que menos sabe vivir, el que partió de más atrás en la escala social. Cultura es saber vivir y el negro es el menos culto para saber vivir, el que más problemas de autoestima tiene. Es el que más sufre el fenómeno de que, al no poder muchas veces alcanzar las oportunidades para destacarse por lo positivo, decide a veces destacarse por lo negativo.

El negro ha sido, históricamente, el grupo  social que menos acceso ha tenido a la cultura y que más ha vivido enclaustrado en su ámbito cultural, dentro de una sociedad de hegemonía cultural blanca. Es el que menos oportunidad ha tenido de prepararse para acceder a la revolución científico técnica. A lo que se le ha agregado el haber sido, históricamente, el menos aceptado en los mejores empleos y en las posiciones más ventajosas, el discriminado por su color, el que arrastra aún parámetros de vida más desfavorables: vivienda, espacio de vida, barrios donde vive, si tiene o no una computadora, si tiene o no una familia que lo estimule a estudiar, si tiene más o menos acceso a los bienes materiales necesarios. Por eso Fidel se refiere a la discriminación objetiva, hablando de un fenómeno que está asociado a la distribución de conocimientos y niveles de vida.

Hubo un momento determinado en que yo discutí bastante este aspecto. Por ejemplo, había un trabajo que se presentaba anualmente sobre pobreza en La Habana y yo lo criticaba,  y le decía a los autores: hasta que ustedes no midan la variable color de la piel no estará completo, porque no van a encontrar realmente la pobreza. Y, cuando lo hicieron, llegaron a una conclusión diferente y precisa: no es lo mismo ser pobre y blanco que ser pobre y negro y si, además de eso, eres mujer negra, tienes las tres cruces.

¿Qué sucedió entonces con los proyectos sociales de la Revolución?

Los proyectos sociales, durante años, no tuvieron en cuenta el color; lo tienen en cuenta ahora, porque nos percatamos, en el período especial, de que a pesar de todo lo hecho en los campos de la educación, la cultura y la tecnología, los negros siguen por debajo. Ahora, si vas al Centro de Ingeniería Genética, ves muchos negros doctores, especialistas, investigadores, pero si vas a ciertos barrios populares, vemos más negros jugando dominó, bebiendo, matando el tiempo, en la marginalidad, y el fenómeno de que estén más en las cárceles viene de ahí. El negro, por múltiples desventajas sociales que aún arrastra, está más cerca del delito. No por tener la piel negra, sino por haber sido quien más arrastra aún los puntos de partida de la esclavitud, el racismo y la discriminación racial que la República reprodujo y que aún, después de 50 años, la Revolución no ha podido eliminar.

¿En qué momento se comenzó a tener en cuenta este problema?

Desde el mismo período especial se orientó tener en cuenta eso. Fidel lo orientó personalmente. En la capital había 80.000 jóvenes  que no trabajaban ni estudiaban y la inmensa mayoría eran negros y mestizos; de ahí viene el Programa de los Trabajadores Sociales y otros que le siguieron, que han contribuido mucho a encaminar las soluciones para un conjunto de problemas. Yo tenía un aula de 70 alumnos al principio del período especial, donde había 14 negros y mestizos. La Universidad, en el período especial, empezó a blanquearse. De mis 14 alumnos negros en un semestre, cuando terminó quedaban seis y se trataba de seis etíopes que estaban estudiando en Cuba. Los cubanos negros tuvieron que salir corriendo a buscar cómo sobrevivir y ayudar a la familia; es un fenómeno que se arrastra y que, en alguna medida, si no se le ataca fuertemente, se reproduce de generación en generación.

El único intelectual en mi familia soy yo. Ya mis hijos son universitarios, porque sus padres también lo son. Pero, en mi familia, el único que pudo hacer estudios superiores fui yo. Mi padre era carpintero; mi madre, ama de casa; mis abuelas fueron empleadas domésticas. De mis hermanos ninguno llegó a terminar la Universidad. Mi padre era un magnífico hombre, me quería mucho, pero vivíamos cinco en un cuarto y a las 10 de la noche había que apagar la luz, porque él debía levantarse a las cuatro de la mañana y no lo dejaba dormir; yo tenía entonces que sentarme bajo el único bombillo en el patio del solar o buscar una vela para continuar estudiando.

¿Cuál es su experiencia personal respecto de este asunto?  ¿Se ha sentido marginado o discriminado en algún momento de su vida por el color de su piel?

Hay que decir que en Cuba, después de 1959, pudo haber uno u otro momento en que yo me sentí discriminado. Pero antes de 1959 tuve una terrible experiencia. Gané una beca para estudiar en una escuela católica de mi pueblo, por un concurso de oposición; había que hacer una composición sobre Martí. La planilla de inscripción al concurso no llevaba foto, pero cuando me avisan que había ganado y me presenté ante el tribunal, sentí el murmullo. Eso fue en 1953. Me mandaron a salir y había uno en el tribunal que conocía a mi abuela y parece que esa persona, caballero católico, que era el esposo de la señora de la casa donde mi abuela trabajaba como criada, discutió y entonces me aceptaron por los argumentos que ese señor dio allí en el tribunal.

Yo vivía en un cuarto, era de familia pobre. Tuvieron que darme la beca para estudiar desde preuniversitario hasta bachillerato en los Trinitarios  de Cárdenas; había curas que me llevaban a patadas, me discriminaban. Hubo un cura italiano que me trataba  bien. Cuando salí de eso,  a partir de  1959, vinieron los tiempos de la Revolución, la experiencia de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, la de haber ido como maestro voluntario a Minas del Frío, en la Sierra Maestra; el trabajo como maestro en Holguín, la experiencia universitaria, estuve movilizado durante la crisis de octubre como artillero e ingresé en la Universidad en un momento en que entraban muchos hijos de obreros y campesinos. Yo no sentí entonces el fenómeno de la discriminación y al pasar de los años no he podido sentirla tampoco, por una razón de desarrollo intelectual que, aunque hubiese alguien que quisiera  discriminarme, no lo puede hacer. Esa es mi historia personal.

Sé de otros que por hablar del tema fueron reprimidos, sacados de sus trabajos y trasladados a otros puestos. En mi familia, otro que pudo estudiar en la Universidad fue un tío mío cuyo padre era prestamista, garrotero, porque había que ir desde Cárdenas hasta La Habana y tenía que pagar pasajes, ropas, hospedaje, matrículas y por eso ningún pobre podía darse ese lujo. Por lo general ningún negro o pobre, aunque fuera blanco, podía venir a estudiar a la Universidad antes de 1959. Porque estamos hablando de raza, pero no olvidemos nunca el asunto de clase. Lo que pasa es  que el negro, sobre todo, si es pobre, resulta doblemente discriminado. En el mismo Estados Unidos el asunto de reunir dinero para la entrada a la Universidad es un tema permanente. Inclusive se aborda mucho en sus películas.

¿Por qué hay tantos negras maestras y negros maestros?, porque era una de las formas de conseguir trabajo con una profesión decente, pasando la escuela normal. Era una manera de tener acceso a un empleo de cierto nivel, sin tener que estudiar tanto tiempo. Médicos o abogados negros había muy pocos.

Según el último censo, el 10 por ciento de la población cubana se reconoce como negra y cerca del 25 por ciento, mulata o mestiza.  Pero otras versiones aseveran que la población negra es mayoritaria y afirman que constituye más del 62 por  ciento. ¿Qué dicen sus investigaciones al respecto?

Tengo, en el campo racial, muchas contradicciones con las estadísticas del censo. No hace mucho publiqué un trabajo que se llama “Color de la piel y estadísticas”. Vamos a tomar un ejemplo: el caso de Estados Unidos. He estudiado mucho la economía de ese país y, cuando tomas su tasa de desempleo federal y la caracterizas más profundamente, son diferentes, de acuerdo con los estados. Pero cuando tomas la estructura socio-demográfica de la sociedad estadounidense, la tasa de desempleo actual, que es 10,2 por ciento la federal, digamos, entre los hispanos es 20 por ciento y entre los negros, 30 por ciento. En tanto, entre los negros de entre 25 y 35 años puede ser hasta de 40 o 50 por ciento. Por eso creo que nosotros debemos depurar nuestras estadísticas y tomar en cuenta no solo el color de la piel, sino también otros parámetros sociales. Falla por la que te dicen que en Cuba hay 35 por ciento de negros y mestizos y es más, dicen que en Cuba hay solo un 10 por ciento de negros. Hay una cierta tendencia a la mezcla, por eso en las estadísticas el mestizo sube y el negro baja, pero yo considero que, realmente, en Cuba, la población no blanca es de más de 60 por ciento. Está demostrado que Cuba es uno de los países de este hemisferio donde la presunción de blancura se aparta más de la realidad de cuantos  realmente son blancos o negros dentro de la población. Sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de personas que, sin ser blancas, no se asumen como negras o mestizas. No se toma el dato del color de los que nacen. Si ves una foto mía cuando nací, yo era blanco, pero mis dos padres eran negros.

¿El mestizo se admite como tal o más bien se reconoce como blanco?

En Cuba existe el fenómeno del blanqueamiento, que tomó mucha fuerza, sobre todo, con las tesis de José A. Saco, para el cual el negro no entraba en su proyecto de nación, con el “gracias al sacar”, durante el siglo XVIII. Hay muchas personas que siendo negras no se asumen como tal. Hay otros fenómenos, como el llamado “adelantar la raza”. Además, durante largos años, en las encuestas o planillas no se tomaba color de la piel. En el censo de 1970 tomamos color de la piel y no se procesó. Por supuesto, se trata de una barbaridad. Después de 1981 sacamos una separata de la población cubana por el color de la piel; pero, cuando revisas, muy poco te ayuda para hacer comparaciones de algún tipo. Mi hijo mayor, típico mestizo, perdió el carné de identidad y cuando llegó a hacerse el nuevo pedían color de la piel y él dijo que era negro y le dijeron que no podía ser negro y él dijo que pusieran mestizo, le dijeron, eso no existe, y le pusieron blanco en el carné de identidad. La cantidad de prejuicios que se esconden detrás de estos fenómenos son muy grandes, y todos ellos se reflejan en nuestro censo.

Tenemos muchos prejuicios con el tema del color en nuestras estadísticas. Basta observar las estadísticas sociales que nosotros enviamos para Naciones Unidas. Todos esos anuarios estadísticos están citados por mí en un ensayo que se titula “Color de la piel: nación, identidad y cultura”. Que no me digan más que en Cuba hay un determinado porcentaje de desempleados, lo que quiero saber es de qué color son esos desempleados y dónde viven. Pues parto de la base de que, si tenemos un proyecto social, su avance debemos medirlo desde los más atrasados, que son los que marcan el paso de la guerrilla, el que va de último. Aún no existe entre nosotros suficiente conciencia, parece que ni entre quienes hacen las estadísticas, de cuán engañoso puede ser analizar un problema cualquiera de nuestra sociedad, sin tomar en consideración el color de la piel [5].

Cuando se hacen estudios específicos, el problema se manifiesta y está siempre presente en la vida común. En el nivel de la vivienda, el empleo, el nivel del ingreso, si recibes remesas o no, nivel educacional, hasta en el fenómeno de la muerte; en todo eso está presente. Esas diferencias existen y es una diferenciación que el color de la piel tipifica, por una razón muy simple: el estatus social que se afincó y trasladó de generación en generación, a partir de la esclavitud del negro, es un fenómeno social que se arrastra hasta hoy; lo que pasa es que en los estudios de la esclavitud, salvo honrosas excepciones, nos hemos quedado en el siglo XIX y no hemos visto, realmente, las consecuencias de ese fenómeno para el siglo XX y lo que va del XXI.

Las consecuencias de la esclavitud están aquí todavía, después de 50 años de Revolución. En La Habana, antes de 1959, existían unos 800 solares y ahora hay más de 2000. ¿Por qué razón?, porque el problema es que hacia La Habana ha tenido lugar una afluencia de emigrados que son, mayoritariamente, de la región oriental: negros y mestizos por lo general, que se trasladan para la capital, a vivir en lo que encuentren. Lo que nos llevaría a tratar de profundizar entonces en cómo es el problema en las provincias.

Eso quiere decir que hay un fenómeno a depurar y que solo se puede hacer por separado, construyendo separatas estadísticas, en las que se tome en consideración la variable color de la piel: vivienda, empleo, remesas, ingresos, actitud ante la salud, violencia familiar, etc. En todo hay que tener en cuenta el color. Pero, como entre nosotros existe la tendencia a la mezcla, olvidamos el color; aunque, mientras mayor es la muestra, más se ve que los negros están abajo, los mulatos en el medio y los blancos arriba. Esa estructura sociodemográfica no ha podido ser superada.

¿Usted propone una política específica para la población negra?

En Cuba tenemos una cierta política de “acción afirmativa”, es decir, la aplicamos, pero no la llamamos así. A partir de investigar a fondo la situación de la familia, los problemas de los niños, los discapacitados y otros grupos sociales, llegamos en la práctica a hacer acciones afirmativas, con las personas históricamente menos beneficiadas, más afectadas. Dentro de las cuales, la mayoría son negros y mestizos. Seguimos atendiendo la pobreza, pero se presta una atención especial a los que en peores condiciones están y, entre ellos, a negros y mestizos.

¿Entonces, usted considera vulnerable al sector negro de la población?

Los negros son los más vulnerables. Si se parte de la base de una situación de empleo entre un negro y un blanco, en iguales condiciones de idoneidad, el negro debe tener prioridad. Raúl Castro dijo que fue un error el problema de las cuotas, esa no es una acción afirmativa, no es la forma de resolver el problema. En  Estados Unidos se fijan porcentajes en las universidades, para negros y otras minorías, pero no es la forma adecuada. La fórmula de acción afirmativa que nosotros aplicamos es la de los trabajadores sociales, se les prepara y da empleo, una vez terminada su capacitación. En la Universidad norteamericana entra un porcentaje de negros y de otras minorías, previamente fijado. Eso es una forma de discriminación, que algunos llaman racismo al revés, y se discute  mucho sobre eso en los Estados Unidos. No se trata de decir: usted entra a la Universidad porque es negro; creo que esa no es la forma de resolver el problema. El sistema de cuotas no puede ser nuestra variante de solución.

¿Si hasta el propio presidente de Cuba menciona este problema, por qué no hay un debate más profundo?

El debate está tomando fuerza en el ámbito intelectual, el comunitario, en las casas de cultura. En octubre de 2007 se publicó una entrevista que me hicieron en la revista Alma Mater, pero no la ve mucha gente. Ahora salió otra en el periódico Trabajadores y ese lo compra todo el mundo. Se está produciendo y publicando mucho más sobre el tema. La sociedad cubana tiene que tener conciencia de que el racismo es un problema cuya solución depende de todos. Y hay que empezar a atacar muchas aristas, hay que comenzar por la educación, para sembrar la ética antidiscriminatoria en los muchachos desde la escuela. Lo que no entra en la escuela, no pasa a la cultura. Además, el debate tiene que ser en la familia, en el centro de trabajo, debe estar presente en las organizaciones políticas, de masas y sociales del país. Eso es lo que reclamamos.

Tengo amigos negros, militantes del Partido, que dicen: mi hija no se casa con un blanco y viceversa, porque el problema del racismo del negro viene siendo como una reacción ante el racismo del blanco, pero que con el tiempo se instaura como una parte de la cultura del negro y este asume los parámetros del concepto y termina convirtiéndose en un racista también. Nuestros medios tienen que trabajar fuerte en eso, fundamentalmente la televisión.

¿No puede ocurrir lo mismo que sucedió en otras ocasiones, que se piense que debatir este tema puede crear división y ser manipulado en contra de la Revolución?

Al contrario, lo que realmente nos puede dividir  y afectar seriamente el nivel de cohesión social y política logrado es no tratar el problema. Lo que está siendo utilizado en las campañas del enemigo es nuestro atraso en traer el tema a discusión .Lo que realmente nos agrede políticamente, tanto desde el punto de vista de la imagen externa como interna, es tener un discurso que no se corresponda con la realidad. Hasta el otro día decíamos que no había problemas raciales en Cuba. Eso es absurdo.

Muchos amigos de Estados Unidos traducen y distribuyen mis artículos y libros para que vean que ese asunto se trata desde hace tiempo en Cuba. Pues, de lo contrario, lo que hacen es tomar nuestro discurso sobre el problema racial y convertirlo en un discurso disidente, llevándolo al conflicto Cuba-Estados Unidos, tomándolo como un instrumento más de agresión y subversión. Digo que si no hubiera habido una Revolución en Cuba, los negros la hubiéramos tenido que hacer para llegar a donde no pocos hemos llegado. Llevarlo al conflicto social, a la política de la disidencia, tomarlo como un elemento de agresión y subversión, no lo vamos a permitir. Ese es un tema de nuestra realidad, por lo que podemos incluso compartirlo con amigos, pero jamás soslayar la responsabilidad de tratarlo nosotros mismos. Porque no podemos permitir que otros hagan nuestra historia por nosotros, porque quien controla el pasado, controla el presente y te diseña el futuro.

¿Usted rechaza la participación de la disidencia interna en este debate?

En Cuba los llamados sectores “disidentes” no tienen cabida en este debate porque lo montan sobre una base contrarrevolucionaria. Si este país ha llegado a donde ha llegado con el tema  racial es porque hay una Revolución y hubiéramos llegado aún más lejos si no nos hubiéramos retrasado en tratar el tema. Lo que sí nos divide ahora, en esta época, es no tratar el problema, que hace sufrir a mucha gente, no solo a negros sino también blancos, porque la Revolución ha logrado, a pesar de todo, sembrar una ética antidiscriminatoria.

Es absurdo hablar de una cultura general e integral, dentro de una sociedad en que todavía se discrimine por el color de la piel. ¿De qué verdadera democracia podemos hablar, incluso, si se discrimina? La igualdad no puede ser absoluta, pero las posibilidades sociales de alcanzarla tienen que ser iguales para todos. La Revolución le ha puesto oportunidades al negro y mestizo, pero por los puntos de partida históricos, los errores cometidos, las imperfecciones actuales de nuestra sociedad y la desatención del tema racial, no pocas veces no las ha logrado alcanzar.  

¿Cree usted que este debate debe formar parte de una agenda política?

Por supuesto que sí. Por eso hay un grupo de estudios sobre la racialidad, como parte de una comisión del PCC que dirigió Esteban Lazo durante muchos meses y que ahora continúa en la Biblioteca Nacional. También existe una comisión de carácter permanente en la UNEAC para luchar contra el racismo y la discriminación racial. Su objetivo principal es realizar acciones y llevar a cabo un debate para convertirlo en agenda política.

En estas comisiones hay blancos y negros, y se circunscribe a personas que trabajan el tema o son especialistas. El hecho de que Raúl Castro haya mencionado el tema el día 20 de diciembre, en la Asamblea Nacional, para mí quiere decir que este asunto figura entre los temas de la agenda del próximo congreso del PCC. Y si así no se considerara, mi opinión, de todos modos, es que debe estar en la agenda del Congreso.

Hay que divulgarlo más, eso tiene que ayudar a convertirlo en agenda política e insistimos en que una comisión del parlamento estudie ese tema. Está claro que se tiene aún muchos prejuicios con este asunto, pero no tantos como antes. He escrito varios ensayos, un libro y un segundo libro que se va a publicar en Estados Unidos y Venezuela. Hay muchas personas que tienen el libro. En nuestra televisión  aún se habla muy poco del tema.

Estamos en un debate Malecón [6] adentro, en realidad. Ese tema en Cuba no estaba siendo tratado como respuesta a nadie. Pero ahora tiende a tomar más fuerza. Por lo que creo que, si la intención de los críticos fue perjudicarnos, ha ocurrido todo lo contrario: ahora hay más entusiasmo, porque nuestros críticos lo han tratado de convertir en parte de la lucha política contra la Revolución, y eso ya no es cosa de juegos.

También está muy activa la Cofradía de la negritud, un proyecto comunitario que tiene muy buen enfoque. Recientemente impartí una conferencia en su asamblea de balance y hay que decir que el enfoque es muy bueno y mueve a la comunidad. En su seno hay intelectuales y mucha gente de pueblo que le pone un tono muy fresco y directo al tema. Trabajan mucho en crear conciencia y han realizado debates barriales en torno al documental Raza, del joven cineasta cubano Eric Corvalán.

Ese material se ha exhibido también en Estados Unidos y otros países. Otro elemento interesante es que lo que escribimos se está publicando. Recientemente salió a circulación una antología de artículos sobre raza y racismo, un libro producido por el  Centro Martin Luther King, Jr., coordinado por Esther Pérez y Marcel Lueiro. En la Feria Internacional del Libro, efectuada en febrero de este año en La Habana, hubo varias presentaciones e inclusive un panel que fue muy exitoso. El tema avanza con fuerza.

Notas:

[1] La Enmienda Morúa fue una legislación introducida entonces por el Senador Martín Morúa Delgado, que tenía como objetivo impedir la formación dentro del mecanismo político electoral de cualquier partido político sobre la base de filiación racial o de grupo social. (Para ampliar, ver: Martin Morúa Delgado: Integracion cubana y otros ensayos, Publicaciones Comisión Nacional del Centenario de Don Martin Morúa Delgado, La Habana, 1957, pp. 241-245).

[2] Dice Fidel: “La califico como discriminación objetiva, un fenómeno asociado a la pobreza y a un monopolio histórico de los conocimientos”, en Fidel Castro: Las Ideas son el Arma Esencial en la Lucha de la Humanidad por su propia salvación, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2003, pp. 28-29.

[3] Se refiere al opositor Darsi Ferrer, preso desde el 21 de julio de 2009, acusado de adquirir en el mercado negro materiales de construcción, presuntamente robados. En su comunicado, los afroestadounidenses lo consideran un luchador contra la discriminación racial en Cuba y demandan su excarcelación.

[4] No debiéramos permitir que esto ocurriera, sino que la cuestión racial, más que una cuestión ética –lo cual también es muy importante– debiéramos terminar de asumirla como un asunto político. Como algo por lo cual hay que combatir para lograr, definitivamente, como predicaba José Martí, una sociedad “con todos y para el bien de todos.” Pero, para lograrlo, hay que asumir el tema del racismo, los estereotipos raciales y la discriminación como algo existente y que debe ser eliminado del modo de vivir de todos los cubanos.

[5] En ninguno de los anuarios estadísticos que Cuba envía a Naciones Unidas, referidos a la cuestión social, la población es clasificada según color de la piel. Algo absurdo porque en ellos se pudiera manifestar claramente los avances sociales de la población no blanca en Cuba. Se observan entonces, en esas estadísticas, los avances sociales generales; pero, al no estar clasificados por color de la piel, ello no nos permite observar en esos anuarios cómo la población que de mas atrás viene ha logrado avanzar con la política social de la Revolución. El prejuicio de ocultar el color es tan grande, que nos impide mostrar la obra de la Revolución.

[6] Muro que bordea varios kilómetros de costa en la capital cubana.

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