Reconocer la violencia, un paso clave

Este fenómeno puede aparecer en todos los momentos de la vida de las mujeres, como el noviazgo y el climaterio, según especialistas.

Jorge Luis Baños - IPS

Prevenir la violencia en el noviazgo resulta clave en la lucha contra ese flagelo, alertó la investigadora Iyamira Hernández.

La Habana, 2 dic.- Palabras, gestos y hasta silencios pueden ser signos de alarma para detectar la violencia hacia las mujeres. No importa si ocurre durante el noviazgo o en la edad mediana, saber leer entrelíneas, descubrir y admitir su presencia son los primeros pasos para trabajar por eliminarla.

Sobre este y otros tópicos, entre ellos la sistematización del tema de la violencia en Cuba y las encrucijadas para el cambio, trató el panel “Violencia contra las mujeres. Temas a debate”, organizado el 30 de noviembre por la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad en la Casa del Alba Cultural, en La Habana.

Noviazgo

Al abordar cómo comienza a gestarse la violencia en las primeras relaciones de pareja durante la adolescencia, la investigadora Iyamira Hernández destacó que es preciso reconocer sus primeras señales, identificarlas como extrañas a nosotros y no esperadas, para poderlas frenar.

En un inicio, indicó en el encuentro realizado dentro de la Jornada Nacional por la No Violencia 2012, pueden presentarse acciones sutiles como retardos a las citas acordadas y rompimientos de contratos, seguidos de comentarios acerca del cuerpo de la mujer, de la manera de arreglarse o comportarse y comparaciones con otras mujeres.

“Estas actitudes atentan contra la autoestima femenina”, apuntó. Pero esos son solo los primeros signos, que van aumentando con el tiempo y llegan a los comentarios burlones, bromas para ridiculizarla, pellizcos  o manoteos, y más allá, amplió.

Para Hernández, al subir de tono estas conductas, la víctima “poco a poco se siente depresiva y cansada, hasta que pierde toda esperanza de cambio y termina por no reconocer y ser insensible a los golpes psicológicos y físicos  pudiendo llegar incluso a un abandono personal y a la muerte”.

A su juicio, para frenar la violencia en el noviazgo hay que “pensarla, identificarla para poder denunciarla, romper el ciclo de la misma y conformar una red microsocial, (familiares, amigos, vecinos), que represente un puerto seguro y confiable, dispuesto a colaborar en el proceso de separación de la persona violenta”.

La identificación del noviazgo violento seguido por la intervención estratégica son los pasos previos a la denuncia del agresor, destacó Hernández. Si se detiene un noviazgo de este tipo podrá evitarse el nacimiento de una nueva familia violenta, y a su vez el posible desarrollo de menores en un ambiente donde aprendan actitudes agresivas, sostuvo. 
Si bien en la etapa de la adolescencia es donde comienzan a verse las expresiones de la violencia, no puede determinarse con certeza cuando concluye, detalló.

Climaterio

Según la psiquiatra Ivon Ernand Thames, del Centro Nacional de Educación Sexual, los síntomas climatéricos constituyen un factor de riesgos, toda vez que las mujeres de la edad mediana se encuentran en una zona poco reconocida y atendida por la sociedad dentro del ciclo de vida femenino.

Entre las vulnerabilidades que experimentan las mujeres entre 40 y 50 años se encuentran su invisibilidad, el envejecimiento, la pérdida de atributos y capacidades y el desconocimiento de todas las maneras en que puede ser violentada, explicó la estudiosa.

Un estudio realizado por Ernand Thames con un grupo de mujeres climatéricas arrojó que la mayoría no conocía la amplitud del concepto de violencia ni sus diferentes manifestaciones, consideraba que no estaba sometida a ningún tipo de maltrato sexual y pensaba que la sexualidad no podía disfrutarse a plenitud en esta etapa de la vida.

Solo una minoría reconoció que era violentada en el medio familiar o laboral y consideró la práctica del autoerotismo como opción para el disfrute de la sexualidad compartida con su pareja o en solitario, reveló la experta.

En tanto, solo la mitad de las participantes calificó como violentas a las expresiones verbales o extraverbales de descalificación, crítica, silencios o burlas, reveló la psiquiatra.

Incluso, más de la mitad de ellas atribuyó los malestares que le provocaban las conductas violentas sufridas en el ámbito familiar o laboral, a los cambios emocionales y hormonales de la menopausia.

Develar la violencia

En el encuentro, como en muchos de los espacios adonde ha llegado la jornada nacional, se habló de la necesidad de visibilizar este tema y de articular el trabajo de todas las instituciones y personas relacionadas con este fenómeno.

En su trabajo “Sistematización del tema de violencia en Cuba”, la investigadora Sara Artiles, del Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe, explicó cómo se ha movido el tema entre 2005 y 2011. Apuntó que en ese período los aspectos más tratados fueron violencia hacia las mujeres, de género e intrafamiliar.

El público asistente al debate reiteró la necesidad de seguir trabajando el problema tanto desde la medicina, la educación, la familia, la policía, las leyes, organizaciones, instituciones estatales y toda la sociedad en su conjunto.

Sobre el tan debatido tema de la educación, Yoanka Rodney, del Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, explicó que existen proyectos de este tipo en el ámbito escolar. Ahora se implementa en 76 escuelas un programa sobre educación para la paz y los derechos humanos y se forma a psicopedagogos para la identificación de conductas asociadas a la violencia en el estudiantado, informó.

“Son pocos los pasos que estamos dando, pero hay que reconocer que en 2005 todavía no se hablaba sobre el tema. Ha habido una preocupación al respecto, se establece que se hable sobre la violencia en el currículo de todas las universidades y hay voluntad e intención por parte del Estado de corregir lo que está mal”, apuntó. (2012)

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