Red de Mujeres Cristianas pide desaprender la violencia

Las y los integrantes de la red coinciden en que la violencia contra las mujeres aún es un tema poco visibilizado en los espacios públicos.

Archivo IPS Cuba

Estudios demuestran que los maltratadores proceden sobre todo del ámbito familiar, donde se producen con más frecuencia actos violentos.

La Habana, 17 nov. – Tanto mujeres como hombres deben aprender a identificar la violencia porque podemos estar inmersos en ella a veces sin saberlo”, advirtió la socióloga Yuneisy Almeida, Máster en Estudios de Género y miembro de la Red de Mujeres Cristianas “Débora”, durante  un taller sobre el tema.

En este espacio abierto a cristianos y no cristianos, creado en 2009 bajo el auspicio de la Capellanía de Mujeres Episcopales, los participantes defienden el rol y lugar de la mujer en la sociedad cubana, por lo cual se han propuesto trabajar con mayor sistematicidad la temática de la no violencia.

En el encuentro realizado este viernes,  la socióloga Almeida, se refirió a la presencia de manifestaciones de violencia en el ámbito eclesial y explicó que se trabaja ahora en un proceso de educación para aprender la no violencia.

En tal sentido, recalcó la importancia de que personas con liderazgo dentro de las iglesias conozcan el tema y se conviertan en instrumentos liberadores.

La profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, también expuso que en el país la campaña por la no violencia se centra en las mujeres, porque ellas constituyen las víctimas más frecuentes  y afirmó que “todas las expresiones de violencia infringen la ley”.

A juicio de la experta, “cuando entendamos que la violencia es un delito, entonces la apreciaremos de otra manera”. Al respecto, comentó acerca del estudio realizado por una estudiante de Psicología que demuestra que los policías que reciben las denuncias en las unidades no poseen tal percepción del fenómeno y lo valoran como un problema entre marido y mujer.

Igualmente, indicó que las sanciones penales para los hombres son menores (alrededor de 14 años de cárcel) que las recibidas por mujeres (de 25 a 30 años), pues se alega que estas premeditan los asesinatos.

“No se comprende por las leyes el ciclo de la violencia”, consideró la especialista, quien estimó que debe aprobarse en Cuba la ley contra la violencia y el debate al respecto no alcanza suficiente nivel público. En tal sentido razonó que “el país tiene que avanzar  en el diálogo público sobre determinados temas que hoy se mantienen invisibilizados”.

Además, acotó que se desconocen las estadísticas sobre la ocurrencia del fenómeno y mencionó que las mujeres representan el 94,4 por ciento de las víctimas de violación, mientras los hombres son el 96 por ciento de los violadores. La cuarta parte de las cubanas son víctimas de agresión, en tanto la novena parte son agresoras.

“Solo en la década del 90, el 45 por ciento de las asesinadas en Ciudad de La Habana fue a manos de su pareja y el 52 por ciento en su propia casa”, afirmó.

Almeida se refirió además al concepto de indefensión aprendida por parte de las féminas, quienes casi siempre quedan aisladas cuando sufren agresiones en el seno del hogar,  debido a los cánones de la sociedad patriarcal que prevalece en la mayoría de los países.

En el caso cubano, la experta insistió en que “desde diferentes instancias sociales hay que fortalecer los mecanismos para cortar el ciclo de la violencia”, y acotó que las víctimas  buscan poca ayuda, dado el desconocimiento social de adónde dirigirse.

En su opinión, no se difunde lo suficiente la existencia de canales como el Grupo Nacional para la Prevención y Atención a la Violencia intrafamiliar, y de los Servicios de orientación y terapia sexual del Ministerio de Salud Pública, brindados en los municipios.

Según apreció, la atención de salud debe estar muy articulada con el sistema policial para denunciar los casos de mujeres violentadas.
 
Como conclusión señaló que los estudios sobre ese fenómeno, que cobró mayor auge en la década del 90, han atendido sobre todo el ámbito intrafamiliar, y aunque se ha investigado la violencia por acoso sexual en el espacio laboral, este constituye todavía un problema bastante invisibilizado. (2013)

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