Revista analiza la cultura del debate en Cuba

La población cubana gusta de la polémica, aunque hoy este tipo de intercambio no se realice cotidianamente, según un artículo de Antropológicas.

Jorge Luis Baños - IPS

“Es muy necesario llevar a la práctica el ejercicio de la polémica, del debate, pero con el debido respeto al criterio del otro”

La Habana, 6 ene.- Intelectuales y periodistas señalan las limitaciones de gobernantes y la ciudadanía para encauzar el “debate honesto y respetuoso”, imprescindible para lograr el desarrollo político, económico y social de Cuba, en el último número de la revista Antropológicas.

“Desde hace no poco tiempo el debate fue mermando en la casi totalidad de nuestros espacios”, indica el artículo “Antropología del debate” de la publicación electrónica editada por la Cátedra de Antropología “Luís Montané” de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana.

Sin embargo, su autor, el profesor Antonio J. Martínez, explica que el intercambio de ideas y la polémica constituyen una vía fundamental para lograr una mayor participación ciudadana.

A través del análisis de artículos periodísticos publicados en 2012, el presidente de la mencionada cátedra responde a interrogantes como “¿tenemos los cubanos una cultura del debate?”, “¿qué lastres conspiran contra este propósito?”, “¿a quiénes beneficia el debate y a quienes no?” y “¿se debe normar?”, entre otras.

En ese sentido, el artículo señala que muchas personas han perdido “la confianza en la efectividad de los planteamientos” porque “se dicen las cosas y no hay respuestas en ocasiones ni soluciones” y “se teme de ser tildado de problemático, inconforme, contestatario, hipercrítico, conflictivo e incluso hasta de detractor”.

Asimismo, continúa, atentan contra el fomento de una cultura del debate la escasez de espacios para intercambiar ideas y la existencia de normativas que regulan la expresión ciudadana.

Para analizar este tema, citó un trabajo del periodista Luis Sexto publicado en el diario de alcance nacional Juventud Rebelde.

“Quizá medio siglo levantando la mano y exaltando la unanimidad, también considerada necesaria en circunstancias de resistencia, disminuyó nuestro interés por enjuiciar democráticamente aspectos trascendentes del discurrir ciudadano”, indica Sexto.

El también escritor valora que muchas personas de Cuba carecen del talento para debatir y recurren al insulto como el mejor argumento cuando las ideas o las palabras no alcanzan.

Antropológicas también refiere el artículo “Autoridad de la discrepancia”, publicado en el diario oficial Granma y firmado por Anneris Ivette Leyva, donde la autora profundiza en las causas de la apatía de la población a la hora de discordar en público.

Teniendo como punto de partida los criterios de Leyva, el artículo de divulgación científica identifica como otro factor determinante de la poca disposición ciudadana a expresar criterios adversos al temor a represalias y acusaciones por parte de individuos e instituciones.

El análisis incluye un texto del investigador Carlos Alzugaray publicado en 2009 por la revista Temas, sobre ideología, cultura y sociedad.

Desde ese entonces, el especialista indica que muchos dirigentes consideran que el único objetivo de un debate es convencer a los ciudadanos de aceptar como “verdaderamente revolucionario” el curso de acción trazado por las instancias superiores.

Además, asegura que “los intentos temerarios de análisis al margen del discurso oficial son estigmatizados como inmaduros, ingenuos, incautos o simplemente provocadores”. La casi ausencia de polémicas y diálogo en Cuba es particularmente sensible para las jóvenes generaciones, “más educadas y cultas”, concluye.

A su vez, Antonio J. Martínez enfatiza que “es un imperativo de la vida y del bienestar común la aceptación de la diversidad en este convulsionado mundo del tercer milenio”.

“Debemos desarrollar las diversas culturas que preciamos en nuestra sociedad, del debate, del respeto, el trabajo, la cooperación, cultura ecológica”, entre otras. (2013)

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