Ser o no ser de la afrocubanía

Intelectuales abogan por reconstruir la historia y cultura cubana sin rastros de racismo hacia las personas negras y mestizas.

Jorge Luis Baños - IPS

Los silencios y exclusiones de la cultura afrocubana constituyen actos de racismo, según especialistas cubanas como la investigadora Daysi Rubiera.

La Habana, 11 feb.- La ya vieja polémica sobre el uso en Cuba de los términos afrocubanas y afrocubanos sigue aportando criterios y sentimientos sobre la forma en que la población de esta isla caribeña vive su identidad étnica y arroja luz sobre no pocas contradicciones que subyacen en la sociedad actual.

“Cuando digan afrocubana, yo lo lamento, pero no voy a salir porque no me siento africana, como tampoco española. Ahora, cuando digan cubana, sí me voy a parar”, confesó la profesora universitaria Bertha Carricarte, quien aboga por reconocer, de igual manera, sus raíces de España y África.

Aunque reconoce la discriminación racial que persiste en Cuba, esta docente no se siente definida por el término “afrocubana”, una discusión que renació el pasado 9 de febrero en la última edición del espacio de debate sobre género y cultura “Mirar desde la sospecha”, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

Sin embargo, otras voces presentes en la sala aportaron diversas razones sobre la importancia de rescatar y reivindicar la herencia africana, incluso, de preponderarla cuando se declara la nacionalidad.

“Desde que se acuñó el término afrocubano por el etnólogo Fernando Ortiz (1881-1969) ha habido muchas opiniones al respecto”, detalló la escritora Inés María Martiatu sobre los orígenes de un debate que sucedió a los aportes del científico sobre cómo entender la etnicidad en el país. Reconocido como el tercer descubridor de Cuba, Ortiz publicó su primer estudio de este corte en 1923.

“Hubo un tiempo que yo me decía cubana nada más, porque pensaba que las dos raíces estaban ligadas. Ahora me doy cuenta de que no: en el ajiaco –caldo típico realizado a base de viandas y carnes- hay partes duras que no se han disuelto”, expresó la narradora y activista por la no discriminación racial, que se siente afrocubana.

En su intervención, aludió a la metáfora de Ortiz, quien comparó a la población cubana con un gran ajiaco, donde se unen diferentes etnias –fundamentalmente la blanca y negra-. Sin embargo, en su interior varios centros permanecen duros, sin mezclarse.

En tanto, la poeta y ensayista Carmen González, que aseguró tener en su sangre la unión de la fuerza aborigen, española y africana, asume “ser afrodescendiente”. Gracias a esta postura, pudo unirse “a personas que tienen esa misma realidad, y -como la comunidad gay (en referencia a las lesbianas, gays, bi, trans e intersexuales)- poder salir y decir: este es mi derecho”.

Para la especialista en literatura del Caribe anglófono, Ileana Sánchez, “hay que usar ese término por lo discriminada que ha sido la herencia africana” dentro de la cultura e historia nacional. “Hay que cargar en esa herencia para visualizarla” y “reescribir una historia de Cuba despojada del racismo”, conminó, quien también se ha cuestionado sobre la pertinencia de usar o no la denominación de afrocubanía.

En sus clases sobre literatura del Caribe, la estudiosa constató el nulo conocimiento de los estudiantes de la universidad cubana sobre la oralidad de los descendientes de África, sus leyendas e historias tradicionales, como los Cantos Patakíes –fábulas sobre las deidades del panteón yoruba-, recogidos en la literatura por intelectuales cubanos como Lydia Cabrera (1899-1991) y Samuel Feijóo (1914-1992).

A juicio de la psicóloga e investigadora de la problemática de la violencia, Mareleen Díaz, “reconocer nuestra diversidad es la manera de acercarnos más a la equidad. El respeto a la diversidad, a lo que las personas son y cómo se quieren nombrar, constituye un principio, una norma, una ética, algo inevitable para construir personas, grupos, familias, territorios, países y el planeta”.

“Mirar desde la sospecha”, que abordó esta vez el tema “Género y raza en la narrativa femenina contemporánea”, forma parte de un programa del no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero y cuenta con el apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación. Sus coordinadoras son la académica Danae C. Diéguez y las periodistas Helen Hernández y Lirians Gordillo. (2012)

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