Un taller ecuménico analizó la Cuba que recibirá al Papa

El tercer viaje de un jefe de la Iglesia Católica a Cuba en 17 años.

Trabajadores, religiosos y fieles alistan las plazas e iglesias de las tres ciudades donde el pontífice oficiará misas.

Foto: Jorge Luis Baños

Varadero, Cuba, 14 sep.- Las comunidades cristianas quieren entender mejor los cambios vividos en la nación caribeña, que abre de a poco su economía centralizada, restablece relaciones con su vecino Estados Unidos y recibirá por tercera vez la visita de un Papa.

Con ese objetivo, el no gubernamental y ecuménico Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD-C) realiza un encuentro bienal de fortalecimiento institucional, cuya segunda edición tuvo lugar del 9 al 11 de septiembre, en el hotel Roc Arenas Doradas de este balneario internacional, a 121 kilómetros al este de La Habana.

Su directora, Rita María García, indicó en la apertura que mediante “una sistemática y necesaria actualización sobre los procesos de carácter religioso, económico, social y cultural que se vienen escenificando en nuestro país” se capacitan ejecutivos y la junta directiva del centro, sito en la ciudad de Cárdenas, vecina de Varadero.

Con el tema “Reflexiones sobre nuestros procesos sociales”, la cita reunió a un grupo de 48 investigadores, artistas, microempresarios, agricultores, representantes de la cooperación internacional, creyentes y no creyentes, para debatir sobre los movimientos religiosos, experiencias comunitarias, cine, racismo, derecho y desigualdades.

El impacto de la llegada del Pontífice Francisco I a tierra cubana, el próximo 19 de septiembre, estuvo presente en todos los momentos del taller.

“El Papa va a traer un mensaje de esperanza, pero van a quedar muchas personas desencantadas porque no va a responder a su expectativas necesariamente”, opinó el padre jesuita Alberto García, quien ofreció el primer conversatorio, sobre los nuevos movimientos religiosos, junto al reverendo bautista Alberto González.

Por su parte, González planteó tres preocupaciones sobre las misiones en Cuba: la emigración, integridad y limitación.

Destacó en primer lugar el éxodo de ministros religiosos hacia otros países, en busca de mejor calidad de vida. Lamentó que, por esa causa, muchos grupos cristianos “hoy están acéfalos”, en “una sociedad que necesita ayuda espiritual”.

El pastor se preguntó si la comunidad e instituciones cristianas están viviendo los mismos males de la sociedad actual como la simulación y doble moral. Observó la tendencia a promover la espiritualidad mediante slogans, es decir, de manera muy superficial, y que algunos movimientos son más empresariales que religiosos.

Aunque calificó de “más libre” el ejercicio de culto en Cuba desde que en 1992 pasó a ser un Estado laico, el pastor remarcó la persistencia de limitaciones como más acceso a los medios masivos de comunicación para llevar el mensaje cristiano dentro de la población de 11,2 millones de habitantes.

“Fue muy fuerte la enseñanza atea”, enfatizó sobre el período previo a 1992, cuando por constitución la nación caribeña fue un Estado ateo y ser creyente pasó a ser un estigma.

Por esa razón, González realiza desde 2009 un pequeño programa diario sobre doctrina cristiana, “Mensaje de fe y esperanza”, en una emisora de radio internacional, que se sintoniza en Cuba. “Tengo muchos seguidores, sobre todo en el oriente del país”, aseguró el reverendo, que hoy se dedica a su espacio radial y la docencia.

Tres experiencias de acompañamiento a comunidades desfavorecidas de la provincia oriental de Holguín, a 689 kilómetros al este de La Habana, trajo a debate la socióloga Evelyn Peña, quien trabaja en la universidad de este departamento.

“Se requiere de un trabajo comunitario más específico” en la región oriental, propuso Peña, quien resaltó la situación más precaria que vive esa parte del país, integrada por cinco provincias y conocida por ser la de más bajo índice de desarrollo.

Mientras el analista Patricio Zamorano, de origen chileno y radicado en los Estados Unidos, brindó una mirada externa sobre la significación del deshielo entre Cuba y su vecino del norte en las relaciones hemisféricas de las Américas.

También valoró que la nación caribeña tiene “una oportunidad de oro” para mejorar su economía en crisis por más de 20 años a la par de mantener sus políticas de cobertura social. Invitó a mirar las experiencias de varios países latinoamericanos, que construyen sus propios modelos de democracia y economías menos neoliberales.

Los juristas Michel Fernández y José Walter Mondelo, respectivamente de La Habana y Santiago de Cuba, esta última en el oriente cubano, coincidieron en la urgencia de establecer más disciplina en la manera de hacer las leyes, un procedimiento que en la actualidad no está normado.

Resumieron que la institucionalidad cubana tiene que aceptar e incluir la diversidad de actores emergentes en la sociedad, como los propietarios y trabajadores privados. Además, conminaron a elevar la educación cívica en todos los niveles de la enseñanza formal, que desde 1961 es universal, pública y gratuita en este país.

En un panel junto con el súper premiado escritor Leonardo Padura, el crítico de arte Gustavo Arcos alertó que “el cine cubano no pasa por su mejor momento”.

Entre otros problemas, señaló que apenas se estrenan películas nacionales, se pierde el patrimonio cinematográfico y las salas de cine están en pésimas condiciones constructivas, en especial las de los barrios, que casi desaparecieron, a su juicio “un fenómeno de impacto cultural extraordinario en nuestras comunidades”.

Y todavía las autoridades no cumplen con el pedido del gremio audiovisual de establecer una Ley de Cine, sostuvo.

Informó que el g-20, una asamblea de cineastas que en 2013 comenzó un diálogo inédito con las autoridades culturales para actualizar el sector cinematográfico, ya trabaja, con asesoría legal, en la redacción de un proyecto de Ley de Cine que será presentado al ramo de la cultura.

Por su parte, Padura, cuyas obras hoy son traducidas a 21 lenguas, opinó que en el país funciona “una política editorial con limitaciones económicas pero sin un criterio comercial”. Ejemplificó con que hoy las librerías están llenas de libros que nadie compra pero faltan los títulos más perseguidos por las y los lectores.

En el cierre del taller, la socióloga Mayra Espina defendió que Cuba sí vive un cambio, algo que cuestionan observadores fuera y dentro de la isla.

Analizó fortalezas como una mayor autonomía de los gobiernos locales, el crecimiento del sector privado-cooperativo y la “ampliación de la sociedad civil”, junto a algunas debilidades de las transformaciones económicas, políticas y sociales encauzadas desde 2008 por el gobierno de Raúl Castro.

Mientras algunos grupos sociales con capital financiero y fuertes redes de relaciones elevan sus ingresos y calidad de vida, otros están sobrerrepresentados en la pobreza como las mujeres, personas no blancas, de la tercera edad y que habitan en la región oriental, insistió.

“La reforma está todavía incompleta”, aseguró la experta en desigualdad y pobreza, un fenómeno calificado en Cuba de “con amparo” por el acceso gratuito a la salud, educación y otras asistencias sociales.

Amplió que el paquete de cambios plantea la idea “vieja” de solucionar primero los problemas económicos y luego los sociales, le faltan instrumentos afirmativos que busquen más equidad social y subvalora la pobreza, que sufre al menos 20 por ciento de la población urbana, según las últimas cifras públicas de 2000.

Guiadas por el lema de “Si no somos parte de la solución entonces somos parte del problema”, unas 70 personas trabajan hoy en el CCRD-C, que cuenta con una sede central donde ofrece ayuda a grupos vulnerables, capacitaciones y espacios de intercambio, y una finca agroecológica.

La parcela nombrada El Retiro sirve de autoconsumo a la institución y para impulsar proyectos de desarrollo rural como el uso de biogás, la reforestación, conservación de alimentos, recuperación de especies autóctonas y una mayor incorporación de las mujeres al sector productivo. (2015)

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