Voces de la sociedad civil cubana en Cumbre de las Américas

Una amplia representación de organizaciones institucionalizadas participa en el foro de la sociedad civil

Foto: Tomado de Cubadebate

La Habana, 8 de abr .-  Desde organizaciones de masas nacidas con el proceso revolucionario clubes de motos clásicas, defensores de derechos de minorías, variadas denominaciones religiosas hasta personas agrupadas por su orientación sexual conforman, entre otras,  la cambiante sociedad civil cubana presente en el  foro previo a la VII Cumbre de las Américas.

Limitado generalmente a espacios académicos y al interior de agrupaciones que funcionan en el marco legal de la Ley de Asociaciones, el tema llegó en esta ocasión a los medios de comunicación durante los preparativos de la cita continental prevista el 10 y 11 de abril, en Panamá.

Algunas de las voces que se harán oír entre este miércoles y jueves,  en encuentros previos a la Cumbre, compartieron sus visiones con la Redacción de IPS Cuba.

Según Liliana Núñez, de la  ambientalista Fundación Antonio Núñez Jiménez de la naturaleza y el hombre,  en Cuba existe “una rica sociedad civil que tiene una tradición incluso desde antes del triunfo de la Revolución y muchas de las organizaciones acompañaron ese proceso”.

Para Joel Suárez, del Centro Memorial Martin Luther King, la crisis recesiva iniciada en los 90 del pasado siglo aportó a la emergencia de organizaciones vinculadas a la cooperación, al trabajo social y comunitario y “más recientemente, conviven formas institucionalizadas, formales, legales, con otras auto organizadas a nivel de la ciudadanía, no interesadas en su legalización”.

Esto, opina, está vinculado a “una ampliación de los derechos democráticos que se dan de manera creciente dentro de la sociedad cubana y también son el estímulo de los espacios de debate e intercambio de ideas”.

Algunas de estas agrupaciones o temas que empiezan a marcar dinámicas de auto organización en la sociedad cubana  tienen que ver con zonas de dolor social, con problemas no resueltos, donde debemos avanzar más como en los temas asociados al patriarcado,  señala.

Mónica Baró, periodista y educadora popular,  ve la participación de organizaciones en el Foro de la sociedad civil de la VII Cumbre como “un espacio donde deberá llegar una representación de la Revolución cubana en toda su complejidad, lo más diversificada, fiel y honesta del país que somos hoy”.

A su juicio, “la experiencia de la revolución nos ha dicho que la participación no se agota en las instituciones tradicionales que han tenido su protagonismo y función histórica en determinados procesos, y toca también preguntarse y pensar qué  podemos hacer en la sociedad civil”, fuera del ámbito institucional.

Para Baró todo lo que construye sentido es político y “si desde el Scrabble se logra generar y construir sentido de solidaridad, aprendizaje, respeto al otro, eso también se inserta en el proceso político emancipatorio”.

“El día en que empecemos a abrirnos a otras experiencias, vamos a ver cuánto se está construyendo desde ahí”, sostiene la joven que sueña “con una sociedad civil mucho más activa y empoderada, con mucha iniciativa”.

Incluso para las organizaciones consideradas “oficiales” el camino no ha estado libre de obstáculos y suspicacias.

Sergio Pastrana, presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, ve el valor del trabajo como sociedad civil en “el desarrollo de una capacidad propia de pensamiento y de voluntad, marcado por la búsqueda del acompañamiento de proyectos que puedan desarrollar rápidamente la sociedad, la economía  y el país en su conjunto, incluso en medio de incomprensiones y choques tremendos desde el Estado y del gobierno”.

Uno de los reclamos de algunos grupos es el reconocimiento de actores surgidos al calor de las transformaciones en curso en el entramado de la sociedad cubana, entre ellos los trabajadores por cuenta propia (no estatales).

Carlos Veranes Carrión, presidente de la cooperativa no agropecuaria Veranes, de Santiago de Cuba, señala que en el mundo existen criterios erróneos sobre el tratamiento  de estos trabajadores en Cuba.

“Creo que no existe diferencia alguna, tenemos la oportunidad de trabajar en obras sociales, hospitales y viviendas. En el foro podremos mostrar nuestro ejemplo de cómo los trabajadores no estatales tienen los mismos beneficios que cualquier otro”, dijo.

Un reciente debate sobre sociedad civil y propuestas para una ley de asociaciones,  convocado por  Cuba Posible, proyecto independiente de análisis y diálogo, aportó profundidad al tema, más allá del binarismo de sociedad civil oficial y no oficial.

Según Lenier González: comunicador y vice-coordinador general de Cuba Posible, en medio de los micro-cosmos “oficial” y “anti-oficial”, existe hoy un grupo grande de actores sociales para los cuales el mundo ya no funciona desde la perspectiva dicotómica del conflicto nacional revolución versus contrarrevolución.

Al respecto, la investigadora y socióloga Ailynn Torres acota que la existencia creciente de actores diversos debe entenderse como una posibilidad democrática, y no como un paso atrás en proyecto unitario alguno.

Para González, la sociedad civil en Cuba tiene el desafío de participar del debate nacional colocando temas en la agenda pública y haciendo propuestas concretas sobre diversos ámbitos nacionales.

Agrega que el país necesita “una Ley de Asociaciones más abarcadora y flexible, que permita institucionalizar a la gran multiplicidad de actores que hoy vive en una especie de clandestinidad consentida y que, además, permita la creación de  marcos operativos más amplios para que las instituciones ya existentes puedan trabajar de forma más plena”.

A su vez, Torres ve necesaria y urgente una reforma de la Ley de Asociaciones, que debería hacerla flexible, dialógica y democrática, al interior de las asociaciones y de cara a la sociedad cubana y sus necesidades.

“No se trata solo de habilitar la posibilidad formal de organización de grupos sociales en la forma de colectivos legalizados, sino, también, de repensar las asociatividades existentes, para hacerlas también más democráticas a su interior”, indica.

Para  Ovidio D´Angelo, investigador y sociólogo, esa nueva ley deberá garantizar que la soberanía del pueblo sea salvaguardada “de la acción de élites, clientelismo y burocracia”, los cuales “no pueden enajenarse como entes independientes que trazan la política del país por encima de los intereses nacionales de la ciudadanía o asumiendo que los defienden”.

Por su parte, Dmitri Prieto, jurista y antropólogo, considera que “una nueva Ley de Asociaciones podría ser una herramienta eficaz para rediseñar positivamente el ejercicio democrático al interior del país, pues permitiría ensanchar el consenso político interno y, por transitividad, impedir la intromisión de poderes extranjeros en nuestros asuntos”. (2015)

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