Antigua fortaleza colonial de La Habana será un museo moderno

Se trata del Castillo de Atarés, que hasta hace muy poco cumplía funciones militares.

Entrada del Castillo de Atarés donde antes hubo un puente lavadizo.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 4 sep.- Una de las antiguas fortalezas militares del sistema defensivo de La Habana colonial, el Castillo de Santo Domingo de Atarés, se convertirá en un museo de nuevo tipo para el 500 cumpleaños de la ciudad, en noviembre próximo.

Construido entre 1763 y 1767, la restauración del castillo “es una de las obras principales de la Oficina del Historiador de la Ciudad (OHC) por el aniversario. Será un museo de sitio, un concepto donde el principal objeto museable es la edificación en sí”, explicó Andy Gómez, especialista principal de los museos arqueológicos.

Previsto para abrir sus puertas en noviembre, la fortaleza tendrá como principal colección El genio de Da Vinci, con modelos a escala real de muchos de los dibujos del genio italiano Leonardo da Vinci (1452-1519).

Según Gómez, contará también con una sala monográfica, que incluye audiovisuales sobre la historia del castillo y las construcciones militares de la etapa colonial.

“Los visitantes podrán acceder a una tableta y, mediante códigos QR, consultar la información de cada uno de los espacios, imágenes de castillos en Cuba y otras partes del mundo y videos explicativos. Junto al Segundo Cabo y el Memorial de la Denuncia, se encuentra entre los primeros museos del país en utilizar la tecnología como nuevos códigos comunicativos y museológicos”, abundó.

Reparación de una de las garitas, dos de ellas deberán ser reconstruidas debido a los daños sufridos durante el ataque de 1933.

Foto: Archivo IPS Cuba

Primeras piedras

Ignacio Suárez, especialista del estatal Instituto de Historia de Cuba y experto en historia militar, indicó que las fortalezas del Morro, la Punta y la Real Fuerza no pudieron impedir en 1762 la toma de La Habana por los ingleses, que fue canjeada por La Florida en 1763, por acuerdo de las majestades de Inglaterra y España.

El rey español Carlos III nombró gobernador de la isla de Cuba al conde de Ricla, con la misión expresa de refortificar La Habana y hacerla inexpugnable, para que los sucesos de 1762 no se repitieran.

Con Ricla, agregó el historiador, llegaron ingenieros, maestros constructores y recursos. Primero, repararon las fortalezas dañadas, comenzaron la construcción de San Carlos de la Cabaña y, a finales de 1763, el Castillo de Santo Domingo de Atarés, que fue concluido en 1767.

“Una carta al rey, fechada el 4 de octubre de ese año, da cuentas de que ya el castillo estaba prácticamente terminado y en funciones”, dijo el historiador.

La edificación se nombró en honor al padre de Ricla, el conde de Atarés. Contaba con un foso seco, un puente levadizo, dos cuarteles –infantería y artillería-, capilla, polvorín, aposentos del comandante de la fortaleza, salas de avituallamiento, cocina, almacenes, calabozo, dos aljibes y una pequeña plaza de armas.

Sin embargo, explicó Suárez, en la arquitectura renacentista, un castillo era una fortificación con más de tres baluartes salientes para realizar fuego de plano.

Larga historia

Cuando el castillo pasó a ser una obra de segunda línea, se convirtió en un polvorín y entre 1850 y 1868, en la ladera de la loma, se estableció un cementerio para víctimas de una epidemia de fiebre amarilla, según documentos históricos.

Luego de la guerra hispano-cubana-estadounidense, se convirtió en cuartel y, en 1901, se emprendieron modificaciones, la apertura de lucernarios para incrementar la iluminación y la ventilación, que destruyeron el patrimonio original.

 

En la primera década del siglo XX, fue reclusorio correccional, cuartel de caballería, centro de tortura y asesinato durante el gobierno de Gerardo Machado, escuela de oficiales y, desde 1948, un museo y centro de información militar.

De acuerdo con el historiador, “tras la toma de La Habana por los ingleses, es la única fortificación colonial que recibió fuego de combate, cuando en la década del 30 del pasado siglo recibió disparos desde los cruceros Patria y Cuba y otros emplazamientos de las cercanías”.

En la etapa de la Revolución de 1959, acogió sucesivamente a varias instituciones vinculadas a la vida militar, entre ellas, la quinta comandancia de la Policía Nacional Revolucionaria, el centro de entrenamiento de las Milicias Obreras Gráficas, un batallón de la Marina de Guerra y, en 1994, pasó al Ministerio del Interior.

“Hace unos cuatro años fue entregado a la Oficina del Historiador y se iniciaron los trabajos de restauración interior”, destacó el experto.

Manos a la obra

De acuerdo con la ingeniera Elizabeth López, inversionista residente en la obra de la Oficina del Historiador de la Ciudad, el castillo se encontraba en mal estado, con algunas bóvedas rajadas y con peligro de derrumbe.

Las acciones han sido profundas e implicaron intervenciones en las redes sanitarias y eléctricas, que fueron asumidas por la empresa estatal Puerto Carenas, a la que se sumó recientemente una cooperativa no agropecuaria, explicó López.

En la actualidad todavía se trabaja en el interior de la edificación, se limpian las paredes y se colocan los pisos, para una vez concluida la obra civil pasar al montaje de las colecciones.

De acuerdo con los especialistas, en la segunda etapa continuarán los trabajos en las áreas exteriores. (2019)

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