Tatuadores de Cuba buscan conectar con América Latina

Cada vez más personas se tatúan, los medios de prensa estatales abordan el tema desde el punto de vista artístico y médico, y a lo largo del país se realizan presentaciones en vivo y festivales en entidades públicas.

Artistas del tatuaje posan en la entrada del Estudio de tatuajes La Marca, en La Habana, Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

LA HABANA, 29 oct 2019 (IPS) – Revistas, bocetos de dibujos y reconocimientos internacionales, decoran la habitación que el tatuador cubano Agustín Mederos, Agusink, dispuso en su casa para ejercer un arte y pequeño negocio que por la falta de legalidad se desconecta de América Latina.

De muchas maneras, Mederos, de 41 años, resume el contraste entre esperanza y escepticismo de los artistas que hace 20 años llevaron a un nivel superior el arte corporal en Cuba, viven su fuerte crecimiento actual y siguen a la espera de la seguridad legal para una industria creativa en expansión en América Latina.

En auge mundial como movimiento artístico y fenómeno estético-cultural, el tatuaje y la perforación son también un negocio lucrativo, que en la región latinoamericana es liderado por México, con 450 millones de dólares de facturaciones en 2018, seguido por Brasil, Colombia, Chile, Argentina y Perú, según la firma de análisis de mercado Ibis World.

Y las proyecciones de crecimiento de la compañía estadounidense son de 7,7 por ciento anuales, para una industria que en todo el mundo está engrosada por pequeños emprendimientos creativos promotores del intercambio artístico internacional, otras manifestaciones culturales y el activismo social.

“El mundo del tatuaje tiene instituciones y organizaciones que permiten la legalidad: arrendar un local, pagar impuestos y solicitar la licencia sanitaria”, dijo a IPS Mederos, que rompió con los fuertes estigmas de entonces, cuando con 15 años comenzó a tatuar con la técnica manual conocida por “a muletas”.

Famoso por haber tatuado en La Habana al futbolista argentino Diego Armando Maradona, Agusink formó parte del jurado de la sección competitiva de la primera Convención de Modificación Corporal. Arte, Cultura y Sociedad, que del 25 al 27 de octubre tuvo lugar en el balneario internacional de Varadero.

Agustín Mederos conversa con IPS en su estudio de tatuaje en el municipio de Playa, en La Habana.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Con la asistencia de artistas de seis de 15 provincias cubanas, el encuentro incluyó conferencias sobre dibujo y normas sanitarias, exposiciones fotográficas, concursos y shows, además de servir de foro para impulsar más un proyecto de oenegé por el que cabildean desde 2017.

Mederos, en La Habana, y el abogado y promotor cultural Vitelio Manuel Ruiz, desde la segunda ciudad en importancia de Santiago de Cuba, en el oriente cubano, coordinan el proyecto de Asociación Cubana de Artistas de Tatuaje y Perforación (Acatp), que organizó la convención de Varadero como parte del trabajo para formar el gremio.

“No existe una asociación que aglutine a los tatuadores en Cuba, que estimo en al menos mil”, dijo Ruiz a IPS. “Hasta ahora tenemos registrados casi 300, en las provincias de La Habana, Matanzas, Villa Clara, Las Tunas y Santiago de Cuba, y se multiplican”, apuntó.

El interés de Ruíz por el tatuaje creció cuando en 2014 visitó Buenos Aires y conoció al afamado Diego Staropoli, quien en su estudio Mandinga Tattoo realiza gratis la reconstrucción de aureolas mamarias a mujeres sobrevivientes del cáncer. Y Staropoli lo conminó a hacer una convención internacional en Cuba y participar en la de Argentina.

A su regreso, el abogado chocó con el limbo legal del arte corporal cubano y pospuso su meta de conectar a la isla con la región latinoamericana. Contó que pasó a reunirse con artistas para elaborar una propuesta de ley de salubridad de estudios de tatuaje, los estatutos por una asociación y un censo nacional sin precedentes, que aún no concluye.

Así en 2017 nació el proyecto de la Acatp y Ruiz envió la documentación respectiva al Ministerio de Salud Pública, Ministerio de Cultura, Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento unicameral) y Consejo de Estado.

El tatuador David graba una de sus obras a una clienta en el Estudio La Marca, en la capital de Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Incluso presentó la propuesta en la consulta popular de 2018 sobre el proyecto de la Constitución, vigente desde abril.

“Es increíble el boom que hay entre los adolescentes y jóvenes del tatuaje, y no solamente ese grupo. Vemos en la televisión que los actores y músicos cubanos están tatuados”, describió. “Es contraproducente que Cuba sea potencia médica mundial y en el ámbito doméstico no tenga control de la salubridad en ese sentido”, lamentó.

De hecho, hasta ahora el mayor logro del trabajo legal por la Acatp consiste en un dictamen, con fecha del 6 de noviembre de 2017, mostrado a IPS, de una comisión del ramo sanitario, donde reconoce su deber de “proponer regulaciones higiénico-sanitarias que llenen el vacío legal existente” para el tatuaje y la perforación en Cuba.

Y el pasado septiembre, Ruíz aseguró que requirió otra vez una respuesta del Ministerio de Cultura, que resulta imprescindible para solicitar el registro como asociación en el Ministerio de Justicia, que de lograrse repararía las demandas de legalización reiteradas a las autoridades por más de 20 años.

“En cualquier momento puede venir alguien y cerrarte el estudio porque la actividad que realizas no se puede llevar a cabo”, compartió Ailed Duarte, una comunicadora social que junto a su esposo, el artista Leo Canosa, fundó en 2015 La Marca, el primer estudio-galería profesional de arte corporal, en La Habana Vieja.

“Estamos trabajando como taller de artistas, pero lo que hacemos no está legal ni ilegal. Tampoco hay un reconocimiento por parte de ninguna institución cultural”, lamentó Duarte, que mantiene su empleo estatal y es además manager del estudio, con seis artistas, que estuvo entre los auspiciadores de la convención de Varadero.

Gran parte de los obstáculos y crecimiento autogestionado de estos emprendimientos creativos en Cuba puede contarse a través de La Marca, que hasta ahora ha organizado más de 300 actividades, entre talleres, exposiciones, conciertos, presentaciones de proyectos y audiovisuales. Destaca por sus cursos gratuitos sobre arte corporal.

Canosa junto a Hans León lograron en 1998 que la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que agrupa a artistas menores de 35 años de todas las manifestaciones, incorporara el proyecto “Lienzos Vivientes”, que existió por 15 años y es considerado un paso clave del movimiento en Cuba por legalizar el arte corporal.

Cuando sus integrantes pasaron los 35 años dejaron de pertenecer a la AHS, que sigue siendo la única organización en brindar apoyo al tatuaje, incluso en las provincias. Y en mayo de 2015 retomaron las reuniones de los artistas y asistencia legal, luego que las autoridades multaran y confiscaran equipos a varios tatuadores de la capital.

“Ahora se está apostando por demostrar que el tatuaje cubano, además de artístico, también influye socialmente y puede hacer estudios profesionales como en el mundo”, consideró la abogada Camila Alonso, que a pesar de los riesgos emprendió Pincha Tattoo, donde trabajan solo mujeres.

“Permite un contacto cercano con las personas”, dijo Alonso, sobre lo que la motivó a invertir en un negocio que calificó de “lucrativo dentro de los estándares de Cuba y que cada vez más busca la profesionalidad y exquisitez”. “Duele ver todo lo que socialmente puede hacer y que no esté legalizado”, lamentó.

Una decena de artistas y otros trabajadores consultados por IPS remarcaron las dos caras contradictorias causadas por la postergada legalización.

Cada vez más personas se tatúan, los medios de prensa estatales abordan el tema desde el punto de vista artístico y médico, y a lo largo del país se realizan presentaciones en vivo y festivales en entidades públicas. Incluso este año, una policlínica habanera realizó un curso sobre normas de higiene para tatuaje y piercing.

En contraste, ninguna tienda estatal vende los insumos para el tatuaje y la aduana impone restricciones para su importación al país, se carece de un registro artístico y sistema de certificación que dé seguridad al emprendedor y al cliente, y están desprotegidos laboralmente.

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