A debate

Ley de prensa en Cuba: en el banco de la espera

Paula Companioni Reyes

Periodista y comunicadora popular. Actualmente labora desde Cuba en la Agencia de Comunicación de los Pueblos Colombia Informa. Es miembro del Grupo América Latina Filosofía Social y Axiología (Galfisa)

Primero me gustaría aclarar que hace como más de tres años ejerzo periodismo solo en los medios que elijo. Entendí a las malas que trabajar en un medio es “militar” con sus ideas. Creo que, por desgracia, el periodismo que se hace hoy en Cuba es desde una orilla oficialista o desde otra extremista. Tal cual se vive el ejercicio de la política que a Cuba inmiscuye. En la actualidad me dedico al periodismo con una visión “desde abajo y a la izquierda” en medios militantes latinoamericanos. Entonces, lo que puedo responder ante esta pregunta es más desde mi visión de observadora no participante.

Partiendo de este punto, obviamente el no contar con ninguna disposición legal actualizada que ampare el ejercicio de una profesión tan polémica como es el Periodismo y la Comunicación es un vacío, problema, tensión enorme. En el espacio estatal, porque no tienes con qué exigir tangencialmente el acceso a una información que es pública, pero que conveniencias equis deciden “guardar”; y en el privado, porque tampoco tienes esa misma herramienta ni otra con la cual constituirte como una corporación, entidad, empresa, grupo, organización o lo que decidas. Sin embargo, en ambas sigue primando más la opinión de quien paga el medio y no así de quienes lo hacen o lo siguen.

Igual, esta pregunta me lleva a pensar en una historia que incluye otra pregunta al final para la cual no tengo respuesta. Este sábado 1 de julio de 2017, en la Agencia Colombia Informa —donde trabajo y de la cual soy editora— una de nuestras compañeras cubría una protesta social contra una empresa estatal en una comunidad y llegó la policía antidisturbios, que no solo intentó quitarle su cámara, golpeándola fuertemente en el rostro —lo cual es anticonstitucional: lo de la cámara, para no hablar del golpe—, sino que, además, aunque ella estaba debidamente identificada como prensa (con un chaleco que portamos para estas ocasiones) y presentó sus credenciales legales para ejercer esta misma profesión, la policía antidisturbios —hablo de hombres onda Hulks— la apresó por más de 24 horas.

Es decir, en Colombia y cualquier otro país hay establecidas normas para que exista un medio abierto legalmente, aunque en oposición al gobierno. Pero solo en papeles. Se sigue impidiendo el ejercicio del periodismo con la cárcel, el exilio o la muerte. ¿Puede amparar nuestro ejercicio solo con una Ley como tal o necesitamos repensar el sistema completo de producción de comunicación haciendo que todas las personas se sientan parte?

Obviamente, sí. Creo que más allá de un mecanismo jurídico que establezca límites, por ejemplo, en cuanto a la propiedad, pagos, espacios a los que llegar… (porque es otra la realidad y discusión en Cuba hasta ahora), hace falta un mecanismo jurídico que hable de una voluntad e intencionalidad política de entender el ejercicio de la prensa como un sistema de producción de comunicación e información desde el derecho humano fundamental a la comunicación.

Hasta ahora el espacio comunicativo en Cuba es atípico en cuanto a modelos actuales, en la producción, recepción, uso y consumo de comunicación. Por lo tanto, tiene la gran oportunidad y el deber de pensar un sistema propio que se adapte a sus necesidades e historias. Personalmente, esperaría que fuera un modelo de comunicación popular, es decir, de construcción popular. Haría falta, por supuesto, una ciudadanía educada en construcción popular. Pero creo que soñar hasta ahora es lo único que no cuesta.

Sí. Todas las personas tienen derecho a comunicar. Incluso cuando comuniquen algo con lo que no estemos de acuerdo.

Nuevamente, no pertenezco a una prensa estatal ni privada en Cuba; pero, desde lejos creo que están teniendo el efecto de llevar el ritmo en alguna carrera que no sé bien a dónde se dirige.

Para alguien poder ejercer un derecho, primero tiene que saber que, efectivamente, ese es un derecho. Yo no sé si solo en Cuba o a nivel mundial, de ese tercer mundo mundial, sabemos que es nuestro derecho el estar informados. La mayoría de las personas en Cuba hoy no nos conectamos a Internet para consumir medios de prensa. Hacemos un uso de la web diferente. Más dirigido a suplir nostalgias que la ausencia familiar impone o a “resolver” trámites de cualquier índole. Pero no veo a mucha gente en las zonas wifi preguntando cómo abrir el New York Times, por ejemplo. Basta abrir un foro debate de cualquier medio en o acerca de Cuba y se verá que la mayoría de los que allí participan o dejan comentarios son personas que viven fuera de la isla o tienen su tiempo laboral dedicado a esto. Entonces, desde una visión que no es “especializada”, creo que el escenario actual de consumo de los medios de comunicación es casi “virgen” y disponible para poder lograr una educación en la recepción y consumo diferentes de la comunicación.