A debate

Mujeres y cambio climático en Cuba

Ángela Corvea

Bióloga marina y directora del proyecto ambiental Acualina

Ante el peligro de desastres o de cualquier otro tipo, pienso que los hombres y mujeres, como seres humanos, reaccionamos igual, con idéntico miedo. Ahora, depende del tipo de desastre, no es lo mismo un terremoto que te sorprende en minutos, a un huracán que nos permite atemperar el miedo y enfocarnos en salvarnos y proteger nuestros recursos, y lo hará cada cual, independientemente de su sexo, de la mejor forma posible.

Exactamente, las mujeres en sentido general estamos recargadas de trabajo y ante un desastre todo se magnifica: el cuidado de los hijos y adultos mayores, la escasez de alimentos, el agua… El sexto sentido que nos atribuyen se enciende con más potencia de lo normal y no nos queda de otra que actuar. Al final, terminamos más cansadas que los hombres. Ellos se ocupan y nosotras nos preocupamos y nos ocupamos, doble trabajo.

El principal obstáculo a superar por casi todas las mujeres de nuestras socie­dades latinas es vivir aún en el patriarcado. Cualquier logro, resultado o premio alcanzados en la vida profesional de una mujer debería ser reconocido doblemente pues, en la mayoría de los casos, debe compartir las tareas del hogar con su desempeño profesional.

Tener que convivir con las incomprensiones de esposos e hijos, que preferirían que nos dedicáramos a ser perfectas amas de casa, es uno de los principales obs­táculos y retos que enfrentamos hoy día las mujeres.

Por ser mujer y estar sobrecargadas de trabajo, cada triunfo o resultado se disfruta aún más, porque en lo más hondo sabemos cuánto nos ha costado llegar a donde queremos, para poder lograr nuestras metas.

En Cuba las mujeres tenemos una amplia participación activa en todas las actividades sociales de cualquier tipo, porque una gran mayoría de las cubanas vivimos solas, envejecemos y tenemos que enfrentar toda la carga cotidiana a que estamos sometidas. El enfrentamiento a desastres es algo desmedido y adicional que duplica o triplica nuestros esfuerzos. Merecemos muchos más honores y medallas que nuestros compañeros, así pienso.

Me enfoco en mi proyecto de educación ambiental, Acualina, que recién cumplió 15 años de creado y nace en una comunidad costera al norte de La Habana, sometida a vulnerabilidades climáticas: contaminación, principalmente, por la desembocadura de un río y una costa abierta, que provoca —ante eventos extremos— inundaciones y penetraciones del mar o el río. Asimismo padece por la visita de personas ajenas al barrio que cometen actos de indisciplina, que afectan la tranquilidad ciudadana.

Esta es mi forma de desarrollar, voluntariamente, capacidades organizativas para proteger el medio ambiente, adaptarnos y mitigar los efectos del cambio climático. Esta experiencia la desarrollamos de muchas formas, con la participación en diferentes escenarios: asesorías, actividades comunitarias, charlas y festivales acuáticos.

El ámbito de comunicación es muy importante porque nos permite llegar a todos los públicos, pero en especial a niños, niñas y sus familias, mediante mensajes de bien público transmitidos por la televisión, las publicaciones (folletos, tarjeta telefónica propia, cajas de fósforos, carteles, postales digitales, pegatinas, calendarios), además de ser activos en las redes sociales.

El propósito del proyecto siempre ha sido sensibilizar a las personas mediante acciones y mensajes, para conseguir pequeños pero reales cambios, que ayuden a movilizar mentes a favor de la conservación del medio ambiente y de nuestra propia supervivencia como seres humanos.

Es un poco incómodo hablar de una misma, pero para responder esta pregunta tengo que referirme a mi propia experiencia personal como creadora del proyecto Acualina. Mi protagonismo nace de mis conocimientos y de la decisión de luchar por las ideas que siempre he promovido, junto a todas y todos los que participamos en este independiente, reconocido y voluntario proyecto ambientalista. La imagen que nos identifica es la de una niña inteligente vestida a la usanza griega. O sea, este proyecto es 90 por ciento femenino.

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