A debate

Gobierno electrónico en Cuba: retos y perspectivas

Fidel Alejandro Rodríguez Fernández

Periodista, profesor de la disciplina Comunicación Hipermedia, Tecnología y Sociedad de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana.

Ni la agenda de desarrollo de un gobierno digital, ni un programa de informatización de la sociedad pueden concebirse desvinculados de los objetivos de desarrollo social del país, que conciben una sociedad socialista, próspera y sostenible, por ende participativa, inclusiva y socializadora de la riqueza.

El desarrollo de una gestión de gobierno local y nacional más eficiente, más colectivo y en red, más transparente y con capacidad de transformación innovadora, es fundamental de cara a ese propósito de la nación. La creación de un gobierno digital o electrónico, según la forma de abordarlo, debe perseguir esos objetivos, no solamente convertir papeles en bytes, murales en páginas webs y carteles en imágenes en Facebook.

Es, además, de los programas de la informatización de la sociedad, el que pone una atención especial en la figura del ciudadano como productor y gestor de información, actor y sujeto de derechos.

Empecemos por las ventajas. Primero, voluntad política y permanente revisión de los avances de los resultados de esta agenda desde la máxima dirección del país.

Segundo, la transformación que comienza no está guiada solamente por la necesidad de ahorrar dinero a la gestión gubernamental, como ha ocurrido en muchos países de distintos grados de desarrollo.

Si algo es consenso en este tema, es la necesidad de comenzar un programa de cambio que empieza por lo digital, pero abarca múltiples áreas de la responsabilidad del servicio público. Los modos, alcance y temporalidades de ese cambio son los que están sujetos a discusión y negociación.

Los retos abarcan muchos órdenes y su complejidad es temeraria, pero a la misma vez apasionante y urgente. A muchas instancias les cuesta trabajo concebirse en una sociedad reticular, donde no tienen la voz predominante y necesitan construir diálogos y relaciones para poder hacer valer su gestión, porque esta es la que tiene el compromiso legal, político y moral de hacerse cargo de las dificultades de la vida de la gente y porque los problemas a los que nos enfrentamos son cada vez más complejos y no podrán resolverse solo desde comisiones de especialistas y la voluntad estatal.

En otros casos, tenemos necesidades de infraestructura y capacidades profesionales a mediano plazo. Si el desarrollo se empieza a gestionar desde el municipio, como prevé la Constitución, tendremos la necesidad de enriquecer infraestructural y profesionalmente sus estructuras administrativas y políticas. En esto hay que contar también con personas que conoces allí con una vocación y compromiso de servicio admirable.

Otro tema es concebir la gestión de gobierno hacia el trazado de políticas, no solo al chequeo administrativo que pone en jaque la cotidianidad de estos actores.

El principal éxito, como decíamos, es el consenso de que resulta indispensable una agenda de cambio. Eso parece evidente, pero no es lo mismo comenzar un proceso de transformación contra la marea que cuando todo el mundo, incluso intenta gestionarse su propio resultado, y la manera de hacerlo más integral.

El país ha adoptado una metodología de trabajo basada en etapas de desarrollo, que resulta funcional para las condiciones actuales y ya tiene resultados importantes a partir del aprovechamiento de la capacidad estatal de compartir conocimientos y plataformas de trabajo.

Sin embargo, corre el riesgo de que, en el afán de cumplimiento de metas, en su mayoría tecnológicas, se desplacen los objetivos principales que observábamos antes, que son de índole político, cultural, organizativo, profesional y que, por ende, terminan determinando los modos en que concebimos y usamos las plataformas tecnológicas. Hay varias provincias, municipios y empresas con experiencias muy alentadoras en pensarse este proceso de manera integral.

Por otro lado, la sociedad comienza un proceso de evolución rapidísima de sus formas de articulación y deliberación pública en redes digitales. La evolución en estos temas no es un proceso lineal ni garantiza progreso, solo constata movimiento y transformación permanente. El tornado en La Habana fue un ejemplo fascinante de las capacidades movilizativas de las personas de bien. En esas articulaciones, los responsables locales pueden servir como garantes, facilitadores, nodos de la gestión del bienestar común entre todos los interesados en lograrlo.

Esto es una pregunta recurrente en nuestro entorno, dadas a las condiciones de uso y acceso a las redes en el país. Por principio, hasta donde he visto, en ningún momento se ha planteado el diseño de ningún servicio de obligación legal como exclusivo del ámbito digital.

La creación de espacios atemporales y accesibles de cualquier entorno donde esté la información que debe ser de dominio común, la posibilidad de realizar un servicio ineludible o realizar una petición de atención, o de planificar por adelantado y en colectivo la solución de problemas a partir de la disponibilidad pública de los datos son sin dudas capacidades utilísimas, que pueden generar más inclusión que brecha.

Sin embargo, el país tiene muchísimos retos en torno a la consecución de un modelo de desarrollo tecnológico y del conocimiento que no sea excluyente a partir del costo, y que proyecte a corto y largo plazos la generación de su ganancia en múltiples formas, económicas, humanas y sistémicas. En esto se incluye, de manera fundamental, una agenda de gobierno digital. Si se concibe solo como servicio-inversión que necesita ser rentabilizado, se limitará su alcance y resultados.

Otro tema es un pospuesto programa de alfabetización digital que debemos pensar entre todos, para el cual contamos con el precedente tremendo de un país muy educado y con programas de aprendizaje tecnológico como los de los Joven Club. Pero, a la vez, tenemos particulares necesidades para aprender a solventar los retos de una sociedad en red, no solo desde la prevención de riesgos, sino también desde la creatividad y aprovechamiento de sus recursos para la transformación positiva de nuestras vidas.

De la misma manera, un esquema donde solo entendamos estos programas de gobierno, de alfabetización y estas plataformas como interfaces para dar servicios del gobierno a los ciudadanos y solventar exigencias de los ciudadanos al gobierno, no se ajusta a los retos que tiene la sociedad ni a las aspiraciones de una sociedad socialista. Esta necesita trascender la relación individuo-Estado hacia una relación individuo-sociedad y Estado. Es decir, hacer más énfasis en la capacidad de conectarnos, construir en común, cooperativizar y compartir, donde cada una de las partes tribute a eso. Así deben pensarse también estas temáticas y sus plataformas interfaces.