A debate

Gobierno electrónico en Cuba: retos y perspectivas

Norges Rodríguez Almiñán

Graduado de Ingeniería en Telecomunicaciones y Electrónica de la Universidad de Oriente en 2011 y Coordinador de la revista digital autónoma Yucabyte, proyecto comunicativo enfocado en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs).

Tanto la informatización como el gobierno electrónico son elementos importantes para cualquier sociedad del siglo XXI. En el caso de Cuba y debido a lo tarde que hemos llegado a estos procesos, adquiere mayor relevancia.

Cuba tiene los peores indicadores de conectividad del hemisferio y un aparato burocrático gigantesco, que ha demostrado ser ineficiente. Los cubanos lo vivimos diariamente cuando intentamos realizar un trámite en cualquier institución pública.

Aumentar los índices de conectividad y poner a disposición de la ciudadanía herramientas para facilitar la interacción con el gobierno contribuiría a disminuir la ineficiencia, pero no es suficiente; se requieren otros cambios que nada tienen que ver con la informatización y que están más relacionados con la profunda transformación económica, política y social que Cuba necesita para salir de la crisis en la que se encuentra.

El principal reto tecnológico es lograr que la ciudadanía se conecte y que sea masivamente. Para lograrlo, es necesario que el acceso se entienda como un servicio básico y no como un lujo, como creo que se entiende ahora mismo. El resto de los servicios básicos (electricidad, agua potable, gas y otros) no se ofertan del modo en que se oferta el acceso a Internet: la relación entre el precio de esos servicios básicos y el salario mínimo es muy diferente a la que existe entre estos últimos y los precios actuales del acceso a la Red de redes.

En cuanto a los retos organizacionales, uno de los más importantes es el que tiene que ver con la función de los gobiernos y el deber que estos tienen de rendir cuenta a la ciudadanía. En Cuba no existe, en muchas instituciones, el concepto de que se trabaja para la ciudadanía y que esta paga por eso con sus contribuciones al fisco. No existe, entonces, una cultura de transparencia administrativa; el Gobierno no siente la necesidad de demostrarles a sus mandantes qué está haciendo con el dinero que estos le entregan para que lo administre. Esto tiene que ver con un modelo en el que a la participación ciudadana y a la gobernabilidad democrática no se les da mucha importancia.

Creo que el aspecto positivo más importante es que se está hablando del tema. Lo malo es que se está asumiendo esto como una “tarea” que se debe cumplir a toda costa, aunque la calidad del resultado final no sea la mejor. La “presencia” en la web es importante, pero requiere que se comparta información pública, indicadores económicos de las localidades, los presupuestos desagregados y su ejecución, al menos, mensual. También es importante que se puedan tramitar muchos servicios por esa vía, para evitar las largas colas en las oficinas de trámites y que ello se pueda hacer de manera amigable.

 

Estas tecnologías reproducen en el mundo virtual lo que ya existe en el “mundo real”. Las infraestructuras son importantes, pero lo esencial es el respeto a la esencia de la democracia y a la participación ciudadana.