A debate

Gobierno electrónico en Cuba: retos y perspectivas

Yanira Amoroso Fernández

Profesora de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y presidenta de la Sociedad Cubana de Derecho e Informática, de la Unión de Juristas de Cuba.

Tiene una importancia vital, porque permite la creación de nuevos canales de comunicación entre el gobierno y los ciudadanos, por donde la información fluya con mayor transparencia. Favorece un mayor nivel de participación en el planteamiento de problemas, permite la búsqueda de soluciones conjuntas y la toma colegiada de decisiones.

La informatización es un proceso dinámico y multifactorial muy complejo. Debe ser transformador y, a su vez, retroalimentarse constantemente para su evaluación permanente, así como para gestionar su sostenibilidad. No se trata de automatizar o digitalizar todos los procesos y procederes que se hacen manualmente en una organización. Se trata de determinar la factibilidad de reformularlos de manera que, al realizarlos mediados por tecnología, se eleve la eficiencia y la eficacia, e implique un nuevo valor para el desarrollo social.

Informatizar es, en esencia, un proceso de gestión de cultura e inteligencia organizacional, el cual tiene en cuenta el conocimiento funcional. Se requiere crear las condiciones de interacción que permitan promover la inteligencia colectiva y la innovación social; impulsar transformaciones organizacionales para perfeccionar la gestión y servicios públicos, los cuales por largo tiempo han sido diseñados bajo la égida y garantía de una cultura del papel.

Para realizar la informatización de los procesos se impone conocer su origen, finalidad y utilidad. Igualmente, se debe diagnosticar y evaluar su comportamiento, con el fin de decidir qué procede evolucionar o mutar del proceso a la hora de ser realizado en un entorno digital. De este modo se preserva su equivalencia funcional, con plenas garantías de evidencia, transparencia y seguridad jurídica. Por eso, debe preverse con una visión sistémica y trabajarse en equipo multidisciplinario, y en él debe primar el espíritu de cooperación, complementariedad y sentido de oportunidad.

La participación social es un elemento clave, si se quiere alcanzar la transformación digital de la sociedad y trascender la mera informatización de procesos ya establecidos. La transformación digital debe ser el horizonte deseable del futuro construido entre todos, donde las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) se convierten en el soporte y en la oportunidad para el desarrollo y el bienestar social sostenible, inclusivo y participativo.

Vencida la primera fase del gobierno electrónico, ahora corresponde sistematizar las acciones y perfeccionar lo hecho, porque el gobierno electrónico es más que páginas web. Hay que avanzar en la interoperabilidad, en la disponibilidad de datos y su reutilización. Seguir gestando una cultura de empleo responsable de las TICs y una ciudadanía digital. Hay que perfeccionar y completar el orden legal para incentivar, ordenar, viabilizar y respaldar todo este proceso.

Hay que estimular el consumo de contenidos y servicios nacionales. El comportamiento cívico en línea, la seguridad de los datos y la gestión de la privacidad.

Como se conoce, la realización de la política de informatización se ejecuta en un contexto de bloqueo (política impuesta a la isla por el gobierno de los Estados Unidos desde febrero de1962 que prohíbe las relaciones comerciales, económicas y financieras entre ambas naciones y que, desde 1996, alcanza un carácter extraterritorial) y limitación de recursos, lo que se refleja en el estado actual de nuestra infraestructura, los altos costos de acceso y de operación. Este es un reto que hay que gestionar con la mirada centrada en el ciudadano, para cumplir los objetivos de la realización plena del gobierno electrónico y avanzar más en el derecho a acceder con calidad a servicios de valor y contenidos.