1993: El Estado se repliega

Resumen económico anual

A nivel de proceso productivo, e incluso en muchos servicios, el Estado comienza a ceder terreno a otras formas y esquemas que en la situación actual del país, en plena crisis y sin apoyo externo, parecen mucho más realista.

Foto: Archivo IPS Cuba

La reforma impostergable

Si algo hay de común en las medidas dictadas en Cuba en 1993 es el repliegue estatal del protagonismo en la gestión económica, lo que anuncia un cambio de modelo aún dentro del mismo sistema socialista.

El modelo aplicado en Cuba, en buena medida copiado de la Unión Soviética, contaba con una omnipresencia estatal, criticada incluso por algunos dirigentes políticos del país, como Carlos Rafael Rodríguez.

No se trata de que el Estado haya renunciado o piense retirarse de la gestión económica, pues su presencia sigue estando como primer propietario y por lo tanto como controlador de la gestión.

Pero a nivel de proceso productivo, e incluso en muchos servicios, el Estado comienza a ceder terreno a otras formas y esquemas que en la situación actual del país, en plena crisis y sin apoyo externo, parecen mucho más realista.

Las reformas emprendidas en Cuba en 1993, tanto en el orden económico como en el político, tienen dos signos fundamentales: resultan impostergables por la presión (incluyendo social y política) que ejerce la crisis, y su rumbo va encaminado a preservar las líneas fundamentales del actual sistema.

Si algo parece definido en este convulso momento de cambios es que la economía mixta que está adoptando el nuevo modelo cubano pueda admitir más presencia, nunca determinante, de la iniciativa privada; pero su esencia está en la socialización, es decir, la cooperativización.

La creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), en que se dividió la agricultura estatal, apuntan en este sentido.

Conservando la propiedad estatal y por lo tanto la dirección de la gestión económica, esas UBPC son unidades menores autogestionadas en las que los nuevos cooperativistas, antes obreros agrícolas, son propietarios de la producción y de los instrumentos de trabajo.

Según muchos funcionarios estatales, la aprobación del trabajo por cuenta propia en alrededor de 140 oficios tiene por objetivo básico dar trabajo a una masa de personas cuyas fábricas o centros laborales cerraron por la crisis o realizaron considerables reducciones de personal.

Esos trabajos realizados en forma individual vienen a suplir problemas de servicios o producciones menores que el Estado fue impotente para garantizar aún en mejores condiciones económicas.

Durante la sesión de fin de año de la Asamblea Nacional, el presidente Fidel Castro admitió que otras actividades de servicios podrían cooperativizarse, aunque algunas como el comercio, debían permanecer en manos estatales, según su criterio.

Este repliegue estatal, que comienza a definir los contornos de un nuevo modelo para Cuba no es resultado de un experimento festinado, sino del camino lógico.

Cortados los suministros que durante décadas vinieron desde la desaparecida Unión Soviética y Europa del Este, la economía cubana reveló fuertes deformaciones.

Cifras recientemente reveladas por el gobierno indican que alrededor del 65 por ciento de la industria nacional, incluyendo la azucarera, resulta irrentable, y por lo tanto precisa subsidios del Estado.

En peores condiciones parece estar la agricultura, incapaz de producir los alimentos necesarios para la población ni la caña que precisa la capacidad industrial instalada en 156 centrales azucareros.

Ambos sectores, agricultura e industria, necesitaron durante años subsidios superiores a los mil 200 millones de pesos, cantidad que creció en los últimos tres años a más de siete mil millones y se convirtió en más del 50 por ciento del déficit presupuestal.

Modelos de autogestión se experimentaron en algunas grandes industrias como las acereras y la industria del níquel, y ahora buena parte de la industria parece destinada a iguales medidas, comportándose el colectivo obrero como una cooperativa.

Pero para definir ese nuevo modelo y tomar las medidas necesarias que conduzcan a él, se precisa antes rehabilitar las finanzas del país.

Una masa monetaria de 10 mil millones de pesos, cuyo monto normal debe ser alrededor de los tres mil millones, gravita sobre el resto de la vida económica provocando grandes desequilibrios y desajustes.

Entre esos problemas está un déficit presupuestario de cuatro mil 200 millones anuales, cubierto hasta ahora con nuevas emisiones de dinero, que aumentan un proceso inflacionario casi inmedible, la desvalorización del peso (85 pesos por dólar en el mercado negro), con un mercado legal desabastecido totalmente.

Ordenar las finanzas del país resulta un problema complejo, de un incuestionable costo social, pero impostergable. La Asamblea Nacional acaba de diferir el análisis para una sesión extraordinaria, que deberá celebrarse más temprano que tarde, si no se quiere acrecentar el problema.

Esta reforma ha tenido como telón de fondo el peor año de la economía del proyecto socialista cubano, que registró un decrecimiento del 23 por ciento, fuertemente castigada por fenómenos atmosféricos y epidemias que afectaron a personas y animales.

Precisamente los sectores y ramas de la economía donde se nota cierta reanimación y recuperación en el año, son aquellas donde el Estado ha transferido su gestión a colectivos obreros o ha concertado su dirección con capitales extranjeros, como el turismo, el níquel y el petróleo.

El Pleno del Comité Central del Partido Comunista, celebrado en diciembre, definió políticamente la dirección de los cambios y dejó a la Asamblea la misión de precisar derroteros.

Según la versión de prensa publicada, el Comité Central fue “unánime” al considerar las medidas y proyectarse “en la necesidad de continuar aplicando sin tregua, pero con el mayor orden y sin absurdas precipitaciones los pasos encaminados a reanimar la economía y producir más en condiciones del bloqueo económico y período especial”.

El Partido dejó claro que al problema del reordenamiento financiero debe dársele “un enfoque político y no tecnocrático”.

Para numerosos observadores extranjeros, 1994 depara una continuación, lenta y tentativa de la reforma, luego de poner en vías de solución el problema de las finanzas.

Pero ese camino estará marcado por un interés en preservar no sólo los logros sociales de estos años de socialismo, sino también los lineamientos generales del sistema.

Perdida toda referencia europea en el modelo, La Habana mira con atención a la reforma china, aunque delimita numerosas diferencias entre las dos realidades.

Cuba es un país mucho más pequeño que China, con otra realidad, otra cultura y cuya población mayoritaria radica en las ciudades, no en el campo, como sí ocurre en el país asiático.

Sin embargo, la similitud viene en que el proceso de reformas está controlado muy de cerca por el Partido Comunista, única organización política en ambos países.

A pesar de que el Comité Central dijo que es necesario aplicar “sin tregua” las medidas de reformas, no se descartan tanteos y retrocesos, como consecuencia del tránsito por terreno desconocido.

El año cerró con fuertes rumores de que una compañía extranjera había detectado un yacimiento de petróleo ligero, lo que sería un alivio en las condiciones de tensión que debe operar el gobierno.

Aún así, 1994 se vislumbra como un año mejor que el pasado, en lo cual, la naturaleza tiene mucho que decir.

Un año de catástrofes

Como reafirmando el refrán “las desgracias no vienen solas”, a la crisis económica cubana se sumó este año una larga lista de calamidades naturales, virus y plagas inexplicables, que hicieron recordar las bíblicas Plagas de Egipto.

A pesar de la ayuda internacional para paliar los daños, así como donaciones fundamentalmente de la Comunidad Europea (más de 12 millones de dólares) para enfrentar una epidemia, el país tuvo grandes pérdidas y que movilizar cantidades suplementarias de recursos.

Una inusual tormenta invernal azotó a la isla en la noche del 13 de marzo, barriendo ocho de las 14 provincias cubanas de Este a Oeste y dejando pérdidas superiores a los mil millones de dólares.

La denominada en Cuba “Tormenta del Siglo” trajo consigo fuertes vientos, penetraciones marinas y lluvias, que afectaron duramente a la agricultura (plátano, tabaco, caña de azúcar y otros), así como a diferentes instalaciones sociales y viviendas.

Numerosas familias perdieron sus viviendas o importantes efectos del hogar como cocinas, muebles, televisores, colchones y otros, que tuvieron que ser reemplazados en alguna medida.

Varias instalaciones sociales (hospitales y hoteles) resultaron seriamente afectados y su restauración fue costosa.

La Tormenta del Siglo dejó exhausta a la economía cubana y dio la primera estocada a una zafra problemática, paralizando los trabajos por varios días, provocando mayor humedad en los campos y bajando el rendimiento.

Sólo un mes después se desató un régimen de lluvias extremadamente elevado que castigó a las provincias orientales durante abril y mayo, provocando la paralización definitiva de la zafra.

La cosecha azucarera detuvo los molinos en 4,2 millones de toneladas de azúcar, la más baja producción en varias décadas. Se calcula que unos dos millones de toneladas de azúcar dejadas de producir, representó entre 400 y 500 millones de dólares dejados de ingresar al país.

El ciclo de desastres naturales se repitió en noviembre, cuando las provincias de Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo se vieron nuevamente bajo fuertes lluvias que dejaron un saldo de 22 muertos y centenares de millones de pesos en pérdidas.

Miles de casas fueron total o parcialmente destruidas, así como puentes y postes de tendido eléctrico y telefónico.

Sólo la provincia de Guantánamo reportó más de 200 millones de dólares en pérdidas.

En el plano sanitario, el gobierno reconoció a principios de año la existencia de una epidemia de neuritis, que sin causas precisadas afectó a más de 50 000 cubanos, dejando secuelas en algunos.

Todo el sistema de salud nacional se puso en tensión para enfrentar la epidemia, apoyado por la colaboración internacional.

Reconocidos científicos visitaron el país y prestaron su colaboración, sin que se hayan precisado las causas exactas de la enfermedad, asociada con problemas de nutrición, en específico con carencia de vitamina B.

Controlar la enfermedad, que se expandió durante meses, entregar una tableta de complejo vitamínico a cada habitante del país diariamente en forma gratuita y rehabilitar a los afectados, significó desembolsos no previstos en un año extremadamente difícil.

En mayo, el Instituto de Medicina Veterinaria alertó sobre brotes de la enfermedad hemorrágica viral del conejo, que afectó a varias provincias y dejó un saldo de 7 700 animales muertos.

Aunque la cría extensiva de conejos no resulta económicamente importante en el país, su práctica privada y personal significa un paliativo al déficit alimentario de la población.

El 26 de noviembre, la prensa anunció la detección de una epidemia porcina que afectó a dos provincias occidentales (Pinar del Río y La Habana) y puso en estado de alerta a otras dos (Ciudad de La Habana y Matanzas).

El cólera porcino, enfermedad viral del cerdo, es altamente contagiosa y fatal, que se encuentra bajo programa de vacunación en Cuba, no se presentaba en forma importante desde 1974.

Algunas de las ramas más importantes en el año

Turismo

El turismo sigue siendo la actividad más dinámica de la economía cubana. El gobierno mantiene el propósito de desarrollo en este campo con prioridad absoluta. Esta estrategia contempla que el turismo, actividad que puede ser altamente rentable si se logra eficiencia, aporte de manera rápida recursos para enfrentar la crítica situación económica y financiera del país.

Pero aparte de su importancia coyuntural actual, el turismo debe funcionar como “la locomotora” del resto de la economía, es decir, tirar de ella en todo momento.

El desarrollo turístico requiere de construcciones, servicios, insumos hoteleros y de tiendas, en fin, una gama amplia y diversa de artículos para un consumidor ávido.

Desde 1988 el país se trazó esta línea junto con otras actividades también priorizadas como la biotecnología, la industria farmacéutica y la de equipos médicos, cuyos desarrollos no son tan rápidos.

La meta cubana es llegar al año 1995 con 30 000 habitaciones en servicios, albergar ese año a un millón de veraneantes y casi duplicar los ingresos actuales.

Al cierre de octubre de 1993 habían llegado al país 501 000 veraneantes, lo que representa un crecimiento del 34,5 por ciento frente a 1992, cuando la isla recibió 488 000 turistas.

El número de turistas-día reportó un incremento de 26,2 por ciento. Si en 1992 había sido de 3 millones 400 000, hasta octubre de 1993 fue de 5 millones 29 000.

El total de ingresos de las instituciones vinculadas al turismo fue de 535 millones de dólares hasta octubre, para un incremento de un 30,3 por ciento frente al año anterior.

Los pronósticos para el año eran registrar un crecimiento de 46 por ciento con la recepción de 600 000 veraneantes e ingresos brutos por 700 millones de dólares, y aunque aún no están las cifras definitivas, se calcula que son cercanas.

Los ingresos brutos incluyen además de las captaciones monetarias de hoteles y centros turísticos, la transportación aérea, comunicaciones y servicios de la cultura asociados al turismo, entre otros.

Según estimados conservadores, el 30 por ciento de esa cantidad constituye las ganancias. En el mundo actual se toma como aceptable un rango de ganancias entre un 35 y un 50 por ciento.

Los gastos percápita de los turistas se ubicaron en 88,4 dólares, algo más de los 87,6 dólares del año anterior.

En 1993 se pusieron en funcionamiento unas 3 000 habitaciones con lo que se lleva la cifra de habitaciones en servicio a alrededor de 24 500, lo que hace un tanto difícil la meta de lograr 30 000 habitaciones en 1995.

Entre las instalaciones inauguradas, nuevas o remodeladas en el año se encuentran el Hotel Sevilla (Ciudad de La Habana), Guardalavaca (Holguín), Cuatro Vientos (Santa Lucía, Camagüey), la segunda fase del Guitart – Cayo Coco (Ciego de Avila) y Las Morlas, Barlovento e Internacional (Varadero).

Los especialistas estiman que esta rama seguirá siendo la más dinámica de la economía hasta 1995, a partir de cuándo su crecimiento sea menor, pero igualmente sostenido.

Tanto Osmany Cienfuegos, quien atiende esa actividad como vicepresidente del Consejo de Ministros, como el propio Presidente Fidel Castro, han anunciado en 1993 el propósito de seguir creciendo en el turismo, fundamentalmente con instalaciones en la cayería que rodea al país, hasta convertirlo en la primera fuente de ingresos.

La industria azucarera

La zafra azucarera siguió siendo la principal actividad económica del país, más aún cuando buena parte de la planta industrial cubana está paralizada parcial o totalmente por la crisis.

Pero la cosecha 1992-93 terminó en un verdadero “desastre” según lo reconoció el propio presidente Fidel Castro, cuando la molienda se detuvo en 4,2 millones de toneladas, una de las producciones más bajas de los últimos 50 años.

Varios factores conspiraron contra la producción azucarera: la falta de fertilizantes, combustibles, lubricantes e insumos; una insuficiente cantidad de caña y lluvias extemporáneas que primero provocaron un exceso de humedad en los campos, interrumpieron las labores y acabaron por paralizarlas.

Como consecuencia de la crisis económica y del cambio de los términos de intercambio que se mantenían con la Unión Soviética, Cuba se vio desprovista en los últimos años de una serie de insumos básicos para la zafra, y dinero para adquirirlos.

De un consumo anual de 750 mil toneladas de fertilizantes, la agricultura cañera vio reducida la disponibilidad del producto en 1993 a 95 mil toneladas, lo que se reflejó en los rendimientos de los campos.

Leonardo Martínez, Presidente de la Comisión Permanente sobre Actividades Productivas del parlamento cubano explicó en octubre que de junio a septiembre llegó a ser “crítica”, la disponibilidad de petróleo en algunas regiones, lo que repercutirá en la próxima contienda.

Laminados de acero, lubricantes, piezas de repuesto, y otros insumos también afectaron la producción en el año.

El déficit cañero de la anterior campaña se arrastra desde hace tres años, cuando se comenzó a cortar más caña que la sembrada para esa cosecha, restando de la próxima.

Cuba dedica 130 mil caballerías (1,7 millones de hectáreas) al cultivo de la caña de azúcar, equivalente al 45 por ciento de la tierra de labor de la isla.

Para enfrentar esta situación, el Ministerio de la Industria Azucarera decidió plantar este año entre 27 y 28 mil caballerías más (361 mil-375 mil hectáreas), un incremento entre el 30 y el 40 por ciento respecto al año precedente.

La Tormenta del Siglo, que a mediados de marzo barrió 8 de las 14 provincias cubanas, dejó un exceso de humedad en los campos de caña del centro y el occidente de la isla.

A fines de abril y principios de mayo, fuertes y continuos aguaceros afectaron las provincias orientales del país donde se libraban los últimos cortes de caña, lo que obligó al gobierno a paralizar definitivamente la cosecha.

Los resultados productivos quedaron muy por debajo del plan y el gobierno tuvo que operar su economía con 400-500 millones de dólares menos.

La presente zafra comenzó con muy pocas posibilidades productivas: poca caña y en mal estado.

A pesar de que el gobierno se apuró en crear antes de comenzar la contienda las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, estas no tendrán un desempeño importante en una zafra que estaba maltrecha antes de empezar.

El país arrastra aún el déficit de caña que sólo podrá ser eliminado a partir de la zafra de 1994-95, cuando el actual plan de recuperación cañera comience a dar frutos, contando con nuevos créditos y facilidades otorgados por Rusia.

El presidente Fidel Castro dijo a principios de año que se espera producir “unos cientos de miles de toneladas más de azúcar” que en la zafra anterior, aunque ello representa un reto, según el propio mandatario.

Hacer una zafra mayor que la anterior, es entendido por el gobierno como el comienzo de “revertir” la situación de crisis en el país.

Por otro lado, la lluvia afectó de antemano a la actual zafra. En épocas de siembra y cultivo, cuando es necesaria la lluvia se presentaron situaciones críticas de déficit en algunas regiones, mientras otras se afectaron por el exceso de lluvia, una vez comenzados los cortes.

No todos los centrales trabajarán en la actual cosecha, y otros lo harán a media capacidad. Según explicó el ministro del ramo, Nelson Torres, algunos de los 156 centrales que posee el país no entrarán en zafra por tener poca caña y ésta será desviada a otras fábricas próximas.

Igualmente fábricas con varios tándemes, sólo utilizarán los necesarios para moler la caña que tengan prevista, haciendo un ahorro máximo de energía y recursos.

Se espera que la zafra sea muy corta y eficiente, para dar paso a las labores de preparación de la próxima.

La exportación de azúcar sigue siendo la principal fuente de ingresos en divisas del país, sobre todo en momento de recuperación de los precios internacionales.

El gobierno decidió llevar a cabo un programa de recuperación cañera que se desarrollará en los próximos años y que debe terminar con los subsidios estatales a esta agroindustria.

Los especialistas no esperan que la recuperación azucarera en Cuba sea “explosiva”, sino paulatina en los próximos años hasta alcanzar los niveles productivos superiores a los 8 millones de toneladas, logrados en la segunda mitad de los años 80.

Niquel

La industria del níquel cumplió en 1993 sus 50 años de fundación en plena faena recuperativa, tras el golpe de la desaparición soviética que quebró sus bases y casi la paralizó.

Para los expertos, la industria del níquel fue la rama más afectada de la economía cubana por este fenómeno, pues buena parte de su tecnología y mercados dependían de los países socialistas de Europa del Este y la URSS.

Cuba tiene una capacidad productiva instalada de 70 000 toneladas anuales de óxido y sínter de níquel en tres fábricas: Pedro Soto Alba (Moa), René Ramos Latour (Nicaro) y Ernesto Guevara (Punta Gorda, Moa).

La primera tiene un proceso denominado lixiviación ácida, muy poco usual en el mundo, sólo apto para algunos yacimientos, pero con altos rendimientos. Las otras dos tienen el proceso más convencional, carbonato-amoniacal, hasta ahora muy consumidor de combustible, sobre todo la Guevara de tecnología soviética.

Una cuarta planta se construye hace años en Las Camariocas (Moa), pero fue detenida al retirarse la mayoría de sus socios, miembros del desaparecido Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).

La desaparición de la Unión Soviética significó también la pérdida del más importante mercado, sobre todo el sínter, por lo que la industria se vio próxima al cierre.

Dos factores lograron salvarla y regularizar su producción: un sistema de autofinanciamiento otorgado por el gobierno y los negocios cerrados con la firma metalúrgica canadiense Sherrit Gordon.

El acuerdo con la firma canadiense, por 15 años, aseguró mercado, abastecimiento de insumos necesarios para la producción y tecnología.

La producción más alta de níquel alcanzada en Cuba fue en 1989 con 46 mil 509 toneladas, la que cayó después a 40 mil toneladas, nivel de los últimos años, incluyendo el recién terminado 1993.

Fuentes oficiales señalan que se espera una recuperación en 1994, aunque los precios siguen su tendencia a la baja, fijándose en octubre a 4 487 dólares la tonelada, que en 1989 llegó a estar a 13 283 dólares.

Medios cercanos a la industria refieren que el sistema de autofinanciamiento implantado busca perfeccionar el proceso productivo, reducir el gasto de combustible, vincular el salario de los trabajadores a la producción y realizar mejoras tecnológicas y organizativas.

La industria espera también dar participación al capital extranjero en las fábricas Ramos Latour y Ernesto Guevara, así como encontrar un socio que aporte 60 millones de dólares para la terminación de la planta de Las Camariocas.

Actualmente se exporta níquel cubano a 25 países, a pesar de que Estados Unidos mantiene las restricciones sobre el resto del mundo de no comprar algún artículo que contenga níquel cubano.

Petróleo

El petróleo es una de las pocas ramas de la economía cubana donde reina cierto optimismo para 1994, pues las perspectivas parecen ser mejores.

El año cerró con fuertes rumores de la posible localización de un yacimiento de petróleo ligero, lo que sería un buen alivio para la economía del país.

El economista norteamericano Andrew Zimbalist, quien estuvo en la isla en diciembre de este año, dijo que en Cuba está sucediéndose una “lenta” recuperación económica.

Opinó que el proceso de salida de la crisis se aceleraría si fueran encontradas cantidades sustanciales de petróleo en la isla y otros bloques económicos se decidieran a desobedecer la aplicación extraterritorial del bloqueo norteamericano.

Pero al margen de esa posibilidad, el año cerró con una producción de crudo de 1,1 millones de toneladas, nuevo récord nacional después de las 938 mil toneladas de 1986.

Sin embargo, por falta de insumos y recursos, no se cumplió la meta anual de 1,3 millones, establecida en enero de 1993.

La producción cubana de petróleo se regularizó en la década de los 80 a nivel de las 800 mil toneladas, cifra que comenzó a bajar en los últimos años, como consecuencia de las malas condiciones de trabajo en el sector.

Ante la crisis energética que afecta al país, el gobierno comenzó a realizar inversiones y mejorar las condiciones de trabajo y la producción de crudo se recuperó hasta las 882 mil toneladas en 1992.

El petróleo crudo que se extrae en Cuba es pesado, de alto contenido de azufre, que no permite su refinación y es dedicado a quemarse en termoeléctricas, fábricas de cemento o a la producción de aceites y lubricantes.

Entre un 30 y un 40 por ciento de la actual generación eléctrica se produce con ese crudo, pero ello ha requerido una importante reparación y mantenimiento a la mayoría de las centrales termoeléctricas, erosionadas por el azufre.

Cuba ya había firmado convenios de riesgo compartido para la prospección petrolera en la plataforma insular con compañías de Francia, Canadá y Suecia. Este año firmó nuevos acuerdos en ese sentido.

Por otro lado, la empresa nacional CUPET lanzó en febrero una licitación en Calgary (Canadá) y Londres (Reino Unido) que comprendía 11 bloques en Cuba, tierra y mar, donde hay altas probabilidades de encontrarse petróleo.

La concesión de la licitación, que debía hacerse en septiembre, aún se mantiene bajo un manto de discreción y sólo el semanario “Granma Internacional”, habló de un bloque de 1 600 kilómetros cuadrados entregado a la firma francesa Geopetrol.

Jean Louis Remondin, directivo de esa firma, afirmó que por su ubicación en el Golfo de México y sus características geológicas y geofísicas, no hay razón para que no haya más petróleo en Cuba.

La afirmación del directivo de Geopetrol fue reproducida en Ginebra por la agencia OPECNA (de los países de la OPEP) y coincidió con afirmaciones del presidente cubano Fidel Castro relativas a la posibilidad de encontrar petróleo ligero en su país.

Muy importante también ha sido la participación de firmas extranjeras en la rehabilitación de pozos en producción lo que ha permitido aumentar la extracción.

Geopetrol dijo estar trabajando en ese sentido en pozos del Valle de Yumurí y Puerto Escondido, en Matanzas y en los yacimientos de Martín Mesa, en el Mariel, provincia de La Habana.

El gobierno se ha propuesto una meta discreta para la producción de crudo en 1994 con 1,2 millones de toneladas.

El consumo de petróleo en 1993 se calcula en 7,3 millones de toneladas, de las cuales 6,2 millones serían importadas de Rusia y otros mercados.

Se espera que para 1994 el consumo pueda crecer apoyado en los mejores precios del azúcar y los más bajos de los combustibles. Al cierre del año, Cuba y Rusia firmaron un convenio de trueque de 1,5 millones de toneladas de azúcar por 4 millones de toneladas de petróleo y derivados.

Citricos

Los cítricos, uno de los más importantes rubros de exportación de Cuba, parecen haber consolidado posiciones en 1993 para realizar un despegue de consideración.

Concebida como la productora de cítricos y sus derivados para los países socialistas, Cuba desarrolló una infraestructura en crecimiento destinada a un mercado poco competitivo y sin fondo, que asimilaría todo lo que produjera la isla.

Con ese propósito, la producción de cítricos se multiplicó por 12 entre 1959 y 1990, y ese año alcanzó su mayor cifra con un millón 17 mil toneladas, de las cuales 446 mil fueron exportadas como frutas frescas.

El país dedica alrededor de 114 mil hectáreas al cultivo de naranja, toronja, limón, lima y mandarina, más otras 30 mil hectáreas dedicadas al fomento.

Como parte de los propósitos expansivos fueron levantados 21 envasaderos con una capacidad total de 600 toneladas por hora y cinco frigoríficos, con una capacidad de almacenamiento de 30 mil toneladas.

También se construyeron tres combinados industriales con capacidad para beneficiar 96 toneladas métricas por hora, ubicados en la Isla de la Juventud, Ciego de Avila y Jagüey Grande.

Igualmente funciona una planta de aceites esenciales con una capacidad productiva de cinco toneladas métricas por hora.

Con la desaparición primero de la República Democrática Alemana y después de la Unión Soviética, Cuba perdió sus principales mercados para los cítricos, que por otro lado tuvieron que enfrentar condiciones muy diferentes para salir al mercado internacional.

Empresas chilenas comenzaron a ubicar toronjas cubanas en Europa con mucha aceptación mientras el país planeaba la fabricación de jugo congelado de naranja, por su mejor precio y la poca aceptación de la naranja cubana, muy dura para la mesa europea.

Problemas que van desde la presentación y el envase tuvieron que ser modificados, y ya en 1993 se conoció de la introducción de la firma panameña BM, que con capital israelí, opera parte de los campos cubanos.

En octubre, el gobierno cubano anunció la desaparición de la Unión del Cítrico, unidad dependiente del Ministerio de la Agricultura, y su sustitución por otra entidad mucho más pequeña denominada Cítricos, cuyo perfil es mucho mayor.

Esta medida obedece a una estrategia oficial de restructuración del aparato estatal para hacerlo más eficiente frente a la crisis y a los cambios que se operan en la economía.

La nueva entidad, con menos trabajadores, atiende el proceso agrícola, los combinados industriales, los frigoríficos y las actividades de exportación e importación, así como las relaciones con las firmas extranjeras que operan en esa rama.

“Esto es una muestra de cómo en aquellos casos donde estén las condiciones, en este ejemplo fruto de la asociación con capital extranjero, adaptamos la estructura a la realidad”, dijo Carlos Lage, el principal directivo de la economía cubana.

El 22 de noviembre arrancó una planta productora de jugos de fruta y agua mineral en Jagüey Grande, Matanzas, en asociación con la firma chilena Ingelco.

La fábrica, con una moderna tecnología sueca, trabajará para los frutos del combinado industrial de cítricos de esa localidad y envasará los jugos en cajas herméticas de cartón, aluminio y polietileno.

Esta técnica asegura una conservación de seis meses sin necesidad de enfriamiento y es competitiva con la más adelantada del mundo.

La asociación se propone producir de inicio 30 millones de litros al año, cantidad que debe triplicarse cuando se monten las otras dos líneas de la planta, que destinará su producción al mercado de Europa y América Latina.

Las medidas principales

El gobierno cubano dictó tres medidas principales este año en el plano económico: la liberación de la tenencia de divisas convertibles; la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa y la autorización del trabajo por cuenta propia.

Durante los dos últimos años ingresaron al país de forma irregular importantes cantidades de dinero duro, que de manera general se hallaban en manos de la población.

La primera fuente la constituyó el turismo, que además de los servicios ofertados oficialmente, comenzó con la entrega de propinas, regalías y otras dádivas a ciudadanos cubanos.

El “jineterismo”, una forma de prostitución practicada en el país de manera creciente, y otros servicios menores al turismo, realizados por particulares (alquileres de autos, casas y otros) también desviaron recursos.

Las firmas extranjeras y las sociedades mixtas aumentaron su presencia en Cuba y por lo tanto el personal extranjero residente, así como muchos nacionales que trabajan en ellas y que por algún concepto reciben dólares, resultaron otra vía de entrada.

Otra fuente importante era el envío de dinero, de forma ilegal, de cubanos radicados en el exterior a sus familiares en la isla, lo que hacían mediante viajeros que por turismo y otro concepto llegaban a Cuba.

Toda esta gama de actividades provocó un capital flotante que algunos calculaban en los 400 millones de dólares en manos de la población, que el gobierno, urgido de recursos por la crisis, se propuso rescatar.

Pero además, la posibilidad de aumentar los envíos desde el exterior mediante su legalización, permitía acrecentar la cuenta hasta cifras anuales que superaban con creces las captaciones hechas por turismo, o por venta de tabaco, cítricos y otros productos.

Los cálculos más optimistas llegaron hasta la posibilidad de captar 1 000 millones anuales.

El 26 de julio se hizo el anuncio y ante la presión popular el decreto salió finalmente en agosto, desatando una ola de compradores necesitados hacia los pocos establecimientos existentes.

El gobierno decretó un alza de precios del 50 por ciento para las tiendas especializadas en moneda dura, lo que frenó la cantidad de compradores inicialmente y sobre todo el volumen de las ventas.

En el orden político, la medida liberalizó el acceso a lugares “sólo con dólares”, con lo que se terminó el denominado “apartheid turístico”, un elemento muy usado por la oposición para criticar al gobierno.

Ciertamente también despertó, un renovado espíritu mercantilista en la población criticado por las iglesias católica y evangélica y abrió paso a un mercado negro en divisas.

Algunos funcionarios aseguran que las primeras captaciones por ese concepto permitieron aliviar la situación extrema de déficit de combustible y comida que vivió el país a mediados de año.

Junto con la despenalización del dólar, se abrió la posibilidad de que los familiares en el exterior enviaran a la isla cantidades de dinero y que cubanos escritores, músicos y artistas en general, recibieran sus derechos de autor en moneda extranjera.

Para algunos observadores, esto también abrió relaciones entre empresas del Estado en divisas, que permite otorgar más realismo a su contabilidad y costos, hasta ahora calculado sobre la base de un peso muy devaluado en la realidad, aunque oficialmente mantiene la paridad de uno a uno.

En el mercado negro se cotiza el dólar a 80-85 pesos en La Habana al cierre del año, mientras que en poblaciones del interior del país es aún mayor.

El Estado se propuso abrir unas 70 tiendas en todo el país para atender esa medida y hasta octubre la firma Cimex encargada del asunto, había puesto en funcionamiento unas 40.

Sin embargo, tal cantidad resulta insuficiente, pues las filas se mantienen largas, lentas y tediosas, y disminuye las posibilidades de ventas, ahuyentadas ya por los precios altos.

La mayor recaudación de divisas en el año 1994 dependerá del incremento del número de tiendas, mayor y más constante surtido, pues resulta insuficiente y deficitario, y de imprimir un espíritu de venta más ágil y rápido al lento y burocrático que rige actualmente.

No obstante, el gobierno espera que esta medida represente un aporte adicional de recursos en 1994, aunque su monto parece estar muy distante de los 1 000 millones que calcularon algunos inicialmente.

Otra medida importante aprobada durante el año fue la autorización del trabajo por cuenta propia.

Dos decretos consecutivos autorizaron la labor de unos 140 oficios a personas sin vínculos laborales o con centros de producción paralizados como consecuencia de la crisis. Se exceptuaron a los graduados universitarios bajo el criterio de que estos deben devolver a la sociedad el esfuerzo que esta empleó en prepararlos gratuitamente.

El decreto fijó pequeños impuestos por labor, pero advirtió que en un futuro éstos podrían convertirse en progresivos, relativos al nivel de ganancias.

Aunque la medida fue saludada desde su anuncio, recibió sin embargo el escepticismo de parte de la población, pues resulta que la inmensa mayoría de las materias primas y herramientas necesarias para trabajar en esos oficios, no es posible adquirirlas en el país, por lo que tienen que salir de los almacenes del Estado, muchas veces mediante el hurto.

Sin embargo, tal parece que las arcas estatales estaban cada vez mas presionadas por la cantidad de subsidios a pagar de obreros en sus hogares, que el gobierno decidió enfrentar el riesgo de la aplicación del decreto, a esperar más y seguir pagando.

No es la primera vez que se trata de regular el trabajo artesanal en Cuba y después se retrocede. Como en otras cosas, el desajuste en una actividad en Cuba no es enmendado con medidas de control, sino con la suspensión de la actividad.

A principios de diciembre, la Asamblea Provincial del Poder Popular de Ciudad de La Habana suspendió la labor de pequeños restaurantes privados surgidos al calor de la ley con el nombre de “Paladares”, en referencia a una popular telenovela brasileña. También suspendió los taxis privados y los floristas.

En una novedad en la Cuba revolucionaria, el Parlamento se detuvo varias horas antes de aprobar un decreto ley del Consejo de Estado y lo modifica antes de sancionarlo.

Los cambios fueron la eliminación de varios “etcéteras” que abrían espacio legal para diferentes modalidades. El Parlamento aprobó la ley y el presidente Fidel Castro, dejó algunas puertas abiertas a los “Paladares” y a los universitarios, pues no los vetó, sino que señaló ciertas limitantes.

El propio Castro fue quien más presionó para que el parlamento aprobara el decreto, pues según dijo, la motivación fundamental de esta ley es disminuir el desempleo y los subsidios estatales.

El presidente enfatizó que esos oficios son en estos momentos más importantes que en un futuro, desde la perspectiva anteriormente expresada.

Los especialistas estiman que la aprobación de la ley es además una renuncia del Estado al “timbiriche”, es decir a los pequeños servicios que nunca han podido satisfacer las necesidades a pesar de haberse aplicado varias variantes.

En la reunión de la Asamblea Nacional, Castro admitió que otras actividades pueden cooperativizarse y pasar a manos privadas, pero advirtió que algunas vitales, como el comercio interior, deben permanecer en manos estatales.

Se espera que en 1994 la ley sufra nuevos ajustes y que su ejercicio continuado tenga efectos políticos, pues los trabajadores por cuenta propia comenzarán a operar socialmente más como propietarios que como obreros.

La tercera medida, para algunos la más importante, es la reforma agrícola de dividir la tierra estatal en Unidades Básicas de Producción Cooperativa, tanto en el sector agropecuario no cañero, como en la agricultura cañera.

La medida busca elevar los rendimientos de la tierra vinculando el interés particular con el colectivo, comenzar a eliminar paulatinamente los millonarios subsidios estatales a la agricultura y resolver muchos problemas que pueden tener solución con el esfuerzo personal, pero no con medidas estatales.

Estas nuevas cooperativas autogestionadas son de propiedad estatal, y es el Estado quien fija qué debe cultivarse y cuánto, pero tanto los instrumentos de trabajo como los resultados de la cosecha, son propiedad del colectivo.

El tamaño de estas unidades está en relación a su especialidad, cantidad de cooperativistas y características del lugar y se trata de que corresponda un hombre por caballería (13,4 hectáreas) como promedio. El Ministerio de la Industria Azucarera realizó la división de la tierra y la creación de las nuevas unidades en forma urgente, y antes de comenzar la zafra estaban creadas las 1 645 con que cuenta la agricultura cañera.

El Ministerio de la Agricultura tomó mucho más tiempo, pues cuenta con diversas modalidades dadas por las diferencias de cultivos o de crías, en el caso de las pecuarias, y al cierre del año las creadas llegaban a las 700.

Esta reforma agropecuaria, según especialistas internacionales, debe rendir frutos no antes de los dos años; de todas maneras se espera que la respuesta que tenga la actual zafra sea mejor que si la tierra estuviera aún en manos de empresas estatales.

Los técnicos auguran que aún deben producirse muchos ajustes en este tipo de unidades, que se irán dando según las experiencias prácticas.

El sindicato agropecuario ha tratado de mantener la filiación de los cooperativistas, pero se espera que poco a poco estos se inclinen más hacia una organización como la de los pequeños agricultores, pues su conciencia de obrero agrícola varió con la reforma.

Los ajustes financieros pendientes

A pesar de que el tema fue estudiado con meses de antelación por la Comisión Económica Permanente de la Asamblea Nacional y por expertos del Comité Estatal de Finanzas, el parlamento decidió transferir para una sesión extraordinaria el programa de saneamiento financiero del país.

Un excedente monetario de 10 millones de pesos y un déficit fiscal de 4 200 millones anuales impiden al gobierno tomar medidas para reformar más la economía, pues ambos elementos introducen un desorden singular que se traduce en la devaluación real del peso, el aumento de la inflación, la carestía de los productos y la anulación de pequeños esfuerzos por tener alguna presencia de productos en el mercado.

De tal forma, el parlamento reconoció este problema como el fundamental en este momento y prácticamente ha detenido todo hasta dictar el programa de saneamiento, en una sesión que según rumores será en febrero.

Según trascendió antes de la sesión de la Asamblea, los técnicos manejaron varias posibles medidas para atacar al excedente monetario y al déficit fiscal.

Entre esas disposiciones estaban la eliminación de los subsidios a los precios minoristas y de la industria y la agricultura.

Se calcula que los subsidios a la población hayan alcanzado el orden de los 800 millones anuales, mientras que los otorgados a la agricultura y la industria los mil 200 millones anuales.

Otra medida posible es un recio sistema impositivo sobre la propiedad y la renta, así como la estimulación del ahorro, mediante el alza de las tasas de interés y la regulación de las extracciones de dinero.

Los técnicos también recomendaron la ubicación del peso cubano en su valor real frente a las divisas extranjeras, para poder medir costos productivos reales, así como valores de exportación y otros.

Todo ello implicaba algunas medidas de choque que se trataría de amortiguar su efecto mediante el alza de las pensiones y prestaciones de la seguridad social.

Es decir, eliminar los subsidios a nivel de la sociedad y subsidiar al individuo de menores ingresos.

También se incluía el cobro de algunos espectáculos deportivos, actividades culturales y de materiales gastables escolares, todo lo cual podría aportar unos 50 millones de pesos a las arcas del Estado, utilizando precios módicos.

Al parecer, el gobierno midió el costo social de este programa y sin descartar la necesidad de atender las recomendaciones de los técnicos, cada paso deberá evaluarse políticamente, midiendo sus efectos.

Incluso, la Asamblea tampoco se pronunció sobre la reestructuración estatal prevista, donde deberían unificarse varias carteras y desaparecer otras, de manera de hacer un aparato más pequeño y operativo.

Habrá que esperar hasta febrero para ver el curso de los acontecimientos, pero algunos esperan que las medidas, un tanto amortiguadas sean dictadas no en paquete, sino individualmente y pulsando sus efectos.

Si algo quedó claro es que las medidas que se tomen no podrán tener un carácter de choque, pues el gobierno, busca proteger a los sectores más vulnerables de la población y ser consecuente con la política de estos 35 años.

Un “paquetazo” a la usanza de América Latina, opinan los expertos, podría provocar una rápida reacción de la macroeconomía, pero tener un alto costo social.

En materia económica, el gobierno se halla ante dos disyuntivas políticas de envergadura: eliminar el igualitarismo es clave para el reordenamiento social, pero es a la vez eliminar lo que le ha permitido sustentar su base social en medio de la fuerte crisis. Sanear financieramente el país requiere medidas drásticas que lógicamente tendrán un costo social y contradirá la política socialista desarrollada hasta ahora. Tal es el dilema.

Conclusiones y perspectivas para 1994

Si la característica más importante de la economía en 1993 fue el repliegue del Estado del protagonismo económico, en 1994 se mantendrá y acentuará esta tendencia.

La estrategia general que va marcando los contornos de un nuevo modelo implica la ausencia cada vez mayor de los subsidios estatales a las diferentes actividades económicas, lo que significa autofinanciamiento y autogestión.

Esto no quiere decir en modo alguno que el Estado se retire, pues se mantendrá como propietario de los sectores fundamentales de la producción y los servicios, cumpliendo además un papel de trazador de política general y controlador.

Lo realizado en la agricultura en 1993 debe tener su expresión también en la industria, aunque quizás no exactamente igual, pero con un mismo sentido que permita eliminar los subsidios estatales, la carga que implica una administración “desde arriba”, logrando más eficiencia y productividad.

Los servicios no deben quedar al margen de este movimiento autogestionario, permitiéndose quizás la privatización de algunos pequeños, pero en líneas generales liberando al Estado de la carga.

Sin tener que pagar miles de millones de pesos anuales en subsidios, con un sistema impositivo que le permita recaudar recursos a la vez que controlar la masa circulante, el Estado estará en mucha mejor posición para trazar una estrategia real de conducir la economía y desarrollar sectores vitales como la educación y la salud.

Pero para continuar la línea de esta reforma económica, el país debe comenzar a solucionar el problema financiero. Sanear las finanzas del país es imprescindible, pues sin ello no se podrá obtener resultados en otros campos de la economía.

La conservación de tales desequilibrios introduce una serie de descontroles en el resto de la actividad con los cuales no es posible operar la economía.

Concebida la economía como un sistema, resulta imposible deslindar actividades, pues los resultados positivos obtenidos en alguna rama pueden malograrse por los negativos de otra.

Por ejemplo, elevar la productividad en cualquier rama requiere revalidar el salario, pero para que el salario sea un estímulo real para el trabajador, debe tener una respuesta en el mercado que satisfaga sus necesidades.

Cuba requiere muchos cambios para rehabilitar su economía y llegar a un nuevo modelo viable, que según el gobierno conserve los valores sociales del sistema actual.

Pero el cambio más importante y difícil que tiene ante sí es de mentalidad, de romper una inercia de más de 30 años de “sociolismo”, paternalismo, igualitarismo, y otros ismos que minaron las bases mismas del modelo en decadencia.

El año 1993 fue reconocido sin dudas como el más difícil del proceso revolucionario que comenzó en 1959, y todos esperan que 1994 sea mejor.

El gobierno, y en particular Fidel Castro y Carlos Lage han sido muy moderados a la hora de transmitir previsiones para el próximo año: no obstante las expectativas son más alentadoras que en 1993.

Del comportamiento de la naturaleza dependerá en mucho los resultados de la economía este año. Un invierno frío hasta ahora, parece un buen preludio para la cosecha de “frío” en la isla, que incluye todas las hortalizas, la papa y otros productos agrícolas importantes, prácticamente la mayor parte de la alimentación del país.

Si el invierno se prolonga los buenos resultados de la cosecha marcarán un signo alentador.

También tiene que ver el nivel de lluvias. Aunque el país comienza el año con buenas reservas de agua en sus embalses, el nivel de lluvia, tanto déficit como exceso, tendrá que ver con los resultados de la actual cosecha azucarera, incluso con la próxima.

Los resultados de la actual zafra deben superar los 4,2 millones de toneladas y marcar como señala el gobierno una tendencia a revertir la crisis.

Esos resultados permitirán cumplir con compromisos de 1,5 millones de toneladas de azúcar por cuatro millones de toneladas de petróleo y derivados, así como con otros acuerdos relativos a entregas de fertilizantes, piezas de repuesto y otros insumos para la zafra.

De forma general, cambios y reformas realizados en 1993 deben comenzar a ofrecer una mejor perspectiva en este año, sin que ello signifique que se constatarán resultados notables.

Tres mil nuevas habitaciones terminadas en turismo determinarán un crecimiento en esa actividad y una captación de divisas superior.

El petróleo aumentará su producción nacional, las importaciones podrán crecer o abaratarse como resultado de los menores precios y por lo tanto el país tendrá un respiro, al margen de que se puedan hallar nuevos e importantes yacimientos.

Sectores como la industria de materiales de la construcción, comienzan a romper su inmovilidad, exportar algunos materiales y entregar a las empresas nacionales otros.

La biotecnología y la industria farmacéutica deben tener un buen año tras estallar varias epidemias de meningitis en América Latina que han llevado a considerar la compra de la vacuna cubana, mientras que otros medicamentos como el PPG sigue ganando terreno con lentitud, por las presiones de las transnacionales.

El níquel y los cítricos deben seguir consolidando su producción y sus exportaciones, mientras se trabaja en otros minerales importantes como el oro y el cobre.

El tabaco, castigado en los últimos años por fenómenos atmosféricos, trata de mantener un alto nivel de comercialización y ventas anuales superiores a los cien millones de dólares, al igual que la pesca, fundamentalmente la exportación de mariscos.

Pero el problema de esos posibles avances significa que registrados en la macroeconomía, tengan muy poca o ninguna expresión en la microeconomía, o sea, en la canasta diaria de la gente.

Aunque el gobierno inició el año con nuevos llamados a la resistencia y a enfrentar la crisis, tiene la percepción del agotamiento social como consecuencia de los rigores de 1993 y de la necesidad de oxigenar la sociedad.

He aquí otra disyuntiva que debe enfrentar: desviar recursos para la población en el año significaría retrasar la recuperación económica general, no hacerlo sería llevar la caldera política a altos límites de presión.

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